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Antimilitarismo y feminismo: las mujeres, la insumisión y 25 años desobedeciendo (I)

En ’Mujeres, regulación de conflictos y cultura de la paz’ (1999)

Sección:Mujeres y antimilitarismo
Miércoles 1ro de diciembre de 2004 0 comentario(s) 3344 visita(s)

ANTIMILITARISMO Y FEMINISMO: LAS MUJERES, LA CAMPAÑA INSUMISIÓN Y 25 AÑOS DESOBEDECIENDO* Primera parte

Josemi LORENZO ARRIBAS Universidad Complutense

SUMARIO: 1. Problemas añadidos a la relación feminismo-antimilitarismo, 2. La insumisión: origen y concepto, 2.1. Presencia de mujeres en el MOC, 2.2. Presencia feminista en el MOC, 2.3. Los primeros fanzines, 2.4. La cuestión feminista y la campaña Insumisión, 2.5. Mujeres de negro: teoría y práctica antimilitarista feminista, 3. Ni reposo del guerrero ni novias de insumisos, 4. Una reflexión sobre el orden simbólico y conclusión.

Parece claro que la violencia forma parte necesariamente de los sistemas de dominación que autoproclaman la primacía absoluta de una parte de la sociedad sobre el resto de la misma, de cuya explotación se beneficia el colectivo opresor. En un sistema de dominación como el patriarcado, metaestable en palabras de Celia Amorós1, es decir, que se adapta a las históricamente cambiantes estructuras económicas y políticas para permanecer igual, la violencia hay que presuponerla continua y ubicua. Es más, la violencia, en este sistema que trata de someter al imperio masculino y masculinista a la mitad de las personas que componen la sociedad (las mujeres y algunos varones degenerados), ha de conformar una constante omnipresente que sitúe más allá de lo pensable su propia condición de posibilidad. No se debe poder imaginar un mundo sin violencia. Por ello, el discurso sobre la existencia de la violencia humana tenderá a naturalizarse precisamente para deslegitimar las propuestas realmente transformadoras que la cuestionen a fondo. Igual que hasta hace poco tiempo el género era una categoría exenta de toda historicidad y ajena a posibles desarrollos culturales, con la reflexión sobre la naturaleza y causas de la violencia ha ocurrido algo similar. Ya en la forma reaccionaria de la guerra como motor de progreso2, ya en la forma marxista que la sustituye por la lucha de clases, el principio animador de ambos metarrelatos es el mismo: la necesariedad de la lucha armada para avanzar hacia las respectivas metas teleológicas.

El colectivo de varones, en cuanto detentador de la violencia estructural de género, que distribuye en diferentes dosis sobre otros varones y sobre todas las mujeres, ha modelado el concepto a imagen y semejanza suya; hay una complicidad estrechísima de contenidos entre violencia y virilidad3. Estoy de acuerdo con el movimiento antimilitarista feminista cuando afirma que ambas tendencias, antimilitarismo y feminismo, son las dos caras de una misma moneda. Sensu contrario: patriarcado y militarismo se imbrican de tal manera que se confunden, lo cual no implica que éste no pueda coexistir y participar de algunas propuestas de cierto feminismo. Es decir, no toda sociedad donde se cumplan satisfechas las reivindicaciones feministas de igualdad han de ser necesariamente sociedades desmilitarizadas4. Pero, ¿por qué feminismo luchamos?

El origen de las diferentes explotaciones (países empobrecidos, mujeres, etnias minoritarias, Naturaleza, opción sexual...) seguramente responde, en origen, al mismo esquema. Por ello, observo con optimismo los estudios que se están haciendo para denunciar cómo la propia concepción de la ciencia tal cual la entendemos hoy está transversalmente impregnada de patriarcado, y por tanto de militarismo5. Especialmente afortunada me parece la siguiente cita de la ecofeminista Maria Mies: “La crítica feminista de la ciencia -sobre todo después de Chernobil- ha dejado muy claro que toda la ciencia y la tecnología actuales son ciencia y tecnología militares en un sentido muy fundamental, y no sólo cuando se aplican a las bombas y misiles”6.

La reflexión que se sigue en estas páginas van a tratar de vincular, por lo tanto, dos expresiones de resistencia que, en mi opinión, son inseparables: feminismo y antimilitarismo. Sorprende la carencia de reflexiones teóricas sobre este segundo campo, tan bien representado, paradójicamente, en el Estado español en estos últimos 25 años. Comenzaré exponiendo algunas premisas que sirvan para explicar esta distante relación epistemológica, trazando posteriormente un panorama sobre su efectiva imbricación en el plano social y político tanto antes como después del comienzo de la campaña Insumisión. Finalmente, expondremos algunas de las autocríticas que el propio movimiento antimilitarista se hizo con respecto al tratamiento de temas como la participación de las mujeres, el machismo, el sexismo..., para acabar con una reflexión en torno a las implicaciones actuales de la “cultura de la paz”.

1. PROBLEMAS AÑADIDOS A LA RELACIÓN FEMINISMO-ANTIMILITARISMO

No se trata de recordar la posible existencia de nuevos matrimonios mal avenidos entre los emparentables con el feminismo como movimiento político y epistemológico. Ya se hizo por extenso con el marxismo7 y también se está poniendo en tela de juicio con la postmodernidad8. Con el antimilitarismo no ha ocurrido lo mismo, ni se pretende, debido en parte a la ausencia de un constructo teórico similar al desarrollado por las anteriores tendencias. Los problemas cotidianos han ocupado a su militancia en otros menesteres menos eruditos9. El antimilitarismo se ha movido más en la calle que en los recintos académicos, centros estos últimos donde se dilucidan unos problemas teóricos (necesarios) que el trabajo político cotidiano muchas veces no llega a problematizar. En este sentido, también enlaza con el feminismo, cuyo origen no está en los gabinetes sino en las demandas políticas de mujeres organizadas para reivindicar públicamente algo muy propio de estas dos ideologías: el sentido común.

Escarmentadas de tantas relaciones “amigables” con otros proyectos políticos o teóricos mientras el feminismo les hacía falta a los primeros, para después prescindir de feminismos (y de las mujeres) cuando tales ideologías se habían consolidado, uno de los temores constantes al que se enfrentan algunas corrientes feministas es a la doble militancia, en previsión de que, a la postre, nuevamente la causa de la liberación de las mujeres sea “la cuestión siempre aplazada”. Sólo así se entiende que teóricas tan finas y sensibles como la citada Celia Amorós, que analiza y deconstruye minuciosamente muy diferentes cuestiones de la filosofía occidental patriarcal, den un gigantesco salto epistemológico y político, sin ningún pudor, cuando se trata de relacionar feminismo y antimilitarismo. Al parecer “los pacifistas nos imponen -explica C. Amorós- el ‘atajo’ hacia un mundo sin guerras por la prescripción de que nos abstengamos de participar en ellas en razón de las características genéricas que nos adjudican; sin embargo, nadie pretende que los ecologistas y los pacifistas estén obligados a serlo qua varones ni que le deban contrapartidas de prestación al movimiento feminista si éste colabora en sus objetivos”10. Plantear el problema en términos de contrapartidas supone colaborar a mantener ambos movimientos sociales como compartimentos estancos. Además, las mujeres, precisamente qua mujeres, son las privilegiadas víctimas del militarismo en todas sus formas, como acertadamente han visto otras feministas11.

En esta comunicación vamos a tratar de poner de manifiesto cómo ésta no es sino una visión reduccionista y simplista en el enfoque del problema. De entrada, el uso de la palabra “pacifismo”, versus “antimilitarismo” por ejemplo, comienza por ser ambigua e indefinida, sorprendente en una filósofa que aquilata al máximo la propiedad semántica de los términos que emplea. Incluso pensadores ajenos al movimiento antimilitarista apreciaron, hace años, claramente esta distinción12. Entrando en cuestiones más de fondo, el movimiento antimilitarista persigue algo más complejo e inmediato que “un mundo sin guerras”. Como ya se apuntó en la Declaración Ideológica del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) de 1986, este colectivo se propone combatir “las raíces del militarismo y no se plantea exclusivamente la reforma de sus consecuencias más escandalosas (...), busca la transformación tanto en las estructuras económicas y en sus modelos de producción como en lo ideológico y cultural, partiendo de las iniciativas de base y de las luchas y necesidades cotidianas. En este contexto el MOC se compromete en la lucha por superar la actual situación de opresión que se ejerce sobre la mujer potenciando tanto el trabajo feminista que en él se desarrolla como un espíritu renovador y no machista en las relaciones personales. Asimismo, el MOC se empeñará en la crítica y denuncia de la función del ejército y del militarismo como transmisor y exaltador de valores machistas y patriarcales”13.

De hecho, muchas de las primeras mujeres que comienzan a desarrollar su trabajo en grupos antimilitaristas provienen de una militancia feminista anterior que no abandonan. Antes bien, advierten la necesidad de unir ambos campos para hacer un trabajo más coherente, completo y coordinado con otros sectores sociales14. Y es que, posiblemente, y apunto el problema, la falta de entendimiento y alguno de los recelos hacia el antimilitarismo no vengan sólo del justificado temor a repetir experiencias previas, sino de la propia concepción de cuáles deben ser los contenidos que informen el feminismo contemporáneo. Es decir, se puede focalizar en última instancia la discusión en torno a la presunta irreductibilidad de las posiciones conocidas como feminismo de la igualdad y feminismo de la diferencia. Desde unos presupuestos basados en la primacía del valor igualdad como valor absoluto, toda actividad que tienda a restringirlo es per se menos deseable que la que lo potencie, vaciando de contenidos la finalidad última de dicha igualdad. Así, la posibilidad de la incorporación de las mujeres al ejército sería, axiológicamente, más beneficiosa para las propias mujeres que su imposibilidad. Esta postura, lógicamente, se defiende con vehemencia desde el feminismo institucional, más preocupado por mantener el statu quo actual (del que el Ejército, no lo olvidemos, junto al Capital, es el principal garante) que por cuestionar los verdaderos pilares de la injusticia social (comenzando con el fabuloso gasto militar sostenido por la misma Administración que ha admitido una cuota de feminismo para integrarlo, por ejemplo)15. Parece que no se contempla cómo dicha incorporación también viene condicionada por las falta de efectivos masculinos, por lo que las mujeres vienen, una vez más, a sacar del atolladero a las instituciones masculinas, en este caso al militarismo, es decir, el patriarcado16. En este sentido, la colaboración con un movimiento firmemente radical ni beneficia ni conviene a este feminismo con vocación de estatal.

El feminismo de la diferencia se ha mostrado, en cambio, mucho más cercano y en sintonía con el movimiento antimilitarista, circunstancia reconocida explícitamente por las mujeres del MOC desde hace muchos años17. Calificar el patriarcado como “cultura de la muerte”, basada en la valoración simbólica de la “destrucción de la obra de la madre” (cuerpos y relaciones), supone un espaldarazo teórico a prácticas asumidas intuitivamente por el movimiento antimilitarista desde hacía mucho tiempo. “Creemos que la lucha por la liberación de la mujer, logrando más parcelas de poder, no consiste en asumir los roles y esquemas machistas que interpretan los hombres18 (...) ¿Qué significa la igualdad que ellos dicen? ¿Que nos dejen participar en algo que ellos ya han decidido qué, cómo y cuándo?”19. Este planteamiento, en las voces de las mujeres antimilitaristas, dista mucho de argumentaciones biologicistas o esencialistas. No se oponen al militarismo porque las mujeres sean por naturaleza más pacíficas ni porque estén dotadas de un sentimiento pseudoinnato que las impida ser como los hombres20. Sencillamente, rechazan ese modelo masculino aludiendo a valores universales.

Es en estos años de trabajo cuando comienza a verse claramente cómo el desterrar de nuestras vidas la cultura, las expresiones y el imaginario militarista debía ser obra de varones y mujeres, ambos espoleados por motivaciones diversas en primera instancia. Los primeros en tanto en cuanto, como género, eran los protagonistas de los aspectos más crueles del militarismo, amén del “impuesto de sangre” que suponía cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, necesario rito social de tránsito a la edad adulta. “En la “mili” te hacías/hacían hombre”. Pues bien, muchos varones decidieron llevar la coherencia de sus convicciones a la práctica comprometida, negándose a cumplir con el Ejército (o con las formas sustitutorias inventadas para no cuestionar la institución militar). Las mujeres, en cambio, sufrían el militarismo de una manera más mitigada en apariencia, al estar excluidas de la obligación militar. Pero un análisis del contexto social en que ellas mismas vivían denunciaba cómo los valores cuarteleros (jerarquía, disciplina, exaltación de la fuerza, culto a la virilidad, obediencia...) regían en las relaciones interpersonales e institucionales (machismo y patriarcado). Ante esta situación, pedir el ingreso en las Fuerzas Armadas contribuiría a legitimar la institucionalización de la violencia como medio privilegiado de regulación de conflictos; contribuiría también a reforzar la ideología, y su principal institución, que más tenía que ver con la subordinación de las mujeres: la militar. En el mejor de los casos, un grupo minoritario de hombres y mujeres explotaría por (la amenaza de) la fuerza al resto de la sociedad. Esta presunta igualdad no era querida, como tampoco se ha reivindicado nunca la “paz de los cementerios”. Consecuentemente, una verdadera profundización en los valores del feminismo conllevaría la reivindicación de la desaparición de los ejércitos y del militarismo en nuestra sociedad. El silogismo sería el siguiente: la igualdad en lo indeseable envilece a la especie humana (en nuestro caso, que todas/os pudieren ingresar en el Ejército), ergo la igualdad en lo deseable la enaltece (que nadie ingresara en el Ejército, lo que equivaldría a su abolición). Por ello, mujeres y varones deberíamos trabajar conjuntamente para conseguir ese objetivo21. Esto no implica renunciar en bloque a toda la tradición de pensamiento ilustrado, ni reivindicar una feliz Arcadia preindustrial, ni tampoco reafirmar el rol tradicional de las mujeres en el patriarcado22. Significa reconocer que vivimos en un mundo de profundas desigualdades sociales que a la vez derrocha ingentes cantidades de dinero en preparar la destrucción y la muerte, al margen de que ésta la gestionen ellos o ellas. Como siempre, los y las más débiles son las primeras víctimas. Por ello no es extraño que la Asamblea Feminista de Madrid participara en una iniciativa del antimilitarismo madrileño que agrupó a muy diferentes sectores sociales para proponer alternativas sociales al uso del dinero invertido en Gasto Militar previsto en los Presupuestos Generales del Estado para el año 199723.

No se trata de unir antimilitarismo y feminismo indefectiblemente, ni de establecer unas prioridades estratégicas o ideológicas que supediten uno al otro. No se pretende que uno de los dos movimientos sociales pierda su autonomía en beneficio del otro. Simplemente, comenzaríamos por reconocer en el modelo occidental de organización político-social una manifestación bifronte patriarcal y militarista. Después de esta constatación, el mutuo conocimiento y la coordinación haría el resto para universalizar el feminismo y el antimilitarismo.

2. LA INSUMISIÓN: ORIGEN Y CONCEPTO

La insumisión, en palabras del abogado del MOC Juan Carlos Rois, es “el ejercicio radical y genuino del derecho de objeción de conciencia (...) de los resistentes a la guerra, que aspira a la superación de las causas de la guerra y a la abolición de los ejércitos”, la insumisión un “derecho que opta por la vida y no por la muerte (...) por todo ello, supone una radicalización de propuestas políticas basada en la solidaridad, la justicia y las aspiraciones a un orden internacional alternativo”24. Es decir, la insumisión es una expresión más de las numerosas que ha adoptado el sentir antimilitarista.

Por ello, y antes que otra cosa, la insumisión es una expresión de desobediencia civil25, con lo que ello implica: actuar a través de comportamientos ilegales, colectivos, públicos, noviolentos, transformadores políticamente, de conciencia, cuyos efectos recaen sobre la/el activista etc.26. Como es sabido, la insumisión consiste en la negativa a cumplir con las obligaciones militares que el Estado impone a los varones jóvenes, tanto en su versión castrense (Servicio Militar Obligatorio), como en su versión civil (Prestación S. Sustitutoria)27. El hecho de que esta obligación sólo afectase a los varones (el Estado español democrático no instituyó un Servicio Civil para las mujeres como en otros países) y la ausencia de un movimiento político que aglutinase coordinadamente a los afectados hizo que hasta la aparición del primer objetor de conciencia por motivos políticos (1972) el problema se intentara presentar como fruto de un conflicto personal, provocado, a lo sumo, por motivos religiosos (Testigos de Jehová)28, cuando no como una patología médica o una desviación propia de un demente. En toda la bibliografía que se ocupaba del tema de (la entonces) objeción de conciencia el tratamiento suele ser desde el punto de vista jurídico o ético, sin que las mujeres aparezcan por ningún lado, reducido su papel en la Defensa Nacional al de “descanso del guerrero”.

2.1. Presencia de mujeres en el MOC

El antimilitarismo, trabajado a medio o largo plazo, no ha sido una oferta atrayente en sí misma para las/os jóvenes que deciden militar en algún grupo del amplio espectro social de la izquierda no partidista. Por lo cual, el perfil de la persona que comienza a trabajar en algún grupo antimilitarista se ha podido diseñar con cierta precisión: varón de izquierdas en edad militar. Es un buen ejemplo para ilustrar cómo la vivencia de una situación condiciona una u otra militancia. Este hecho explica en buena parte por qué las mujeres han sido minoritarias en relación a los varones, no ya sólo en el MOC, sino en todo el movimiento antimilitarista, y especialmente en campañas específicas anti-mili. La naturalidad del proceso también justifica la gran cantidad de varones que se ha vinculado coyunturalmente con el movimiento, hasta que acaba su peripecia particular (proceso judicial, juicio, clandestinidad, cárcel...) y se “desengancha” del activismo antimilitarista cotidiano. Se puede afirmar, por tanto, que la desproporcionada ratio hombres/mujeres viene determinada en este caso por factores externos a la dinámica interna del grupo, formado en sus primeros años por gentes que provenían de tradiciones políticas no dogmáticas y más sensibles a los planteamientos feministas que otros colectivos similares.

Dicho esto, es de justicia reconocer que una de las grandes novedades, y logros, del movimiento antimilitarista con respecto al debate sobre la objeción de conciencia ha sido la capacidad para implicar en la crítica antimilitarista a gran parte del espectro social “alternativo”, incluso a la hora de enfrentarse a una práctica considerada delictual por el Estado que, en cuanto tal categorización, intenta sustanciarla de la manera más personalista y “apolítica” posible. Desde el principio, como veremos al analizar los primeros fanzines del MOC, las mujeres participaron en los grupos de objeción de conciencia realizando la misma labor que sus compañeros: difusión, acciones directas, debates, tareas para el funcionamiento del grupo, asistencia a asambleas de coordinación..., si bien eran menos. En otras expresiones antimilitaristas, como educar para la paz, objeción fiscal..., la presencia femenina ha sido mayoritaria y, en ocasiones, casi exclusiva. Pero las mujeres antimilitaristas no quisieron quedar al margen de ningún frente abierto en la disidencia frente al militarismo del Estado. Y el más comprometido y arriesgado era la insumisión. Evidentemente, las antimilitaristas siguieron colaborando en los grupos como lo habían estado haciendo desde el principio, pero técnicamente las mujeres no podían “insometerse”, al no tener la obligación de realizar la prestación militar por razón de su sexo. Una solución fue la creación de “grupos de apoyo”, compuestos por amigas/os, militantes, familia..., de cada insumiso y activos durante la duración del proceso judicial/penitenciario. En ellos la proporción sexual de las/os integrantes fue más equilibrada y funcionaron como auténticos núcleos difusores de la campaña. Pero la solución encontrada para radicalizar la solidaridad, tomar la palabra y demostrar que la “mili”, al contrario que el Soberano, no era sólo “cosa de hombres” fue la estrategia de autoinculpaciones, es decir, la denuncia a sí misma/o en un juzgado alegando haber participado responsablemente a la hora de decidir a que el insumiso x tomara su decisión, animándole a insometerse (a delinquir, para el juez), así como acusándose a sí misma/o de haberle ocultado en su casa para retardar la acción de la Justicia29. Lo que se buscaba era la corresponsabilidad penal con el insumiso, con el fin de bloquear la institución judicial y penitenciaria30.

Cuantificar el número o porcentaje de mujeres en los grupos es una tarea prácticamente imposible, habida cuenta de que el MOC no tiene registros o nóminas de las/os militantes, no expide carnets de ningún tipo y basa su funcionamiento en un asamblearismo radical. Pero sí se puede afirmar que siempre ha sido ampliamente mayoritario el número de varones en relación al de mujeres en los grupos dedicados a trabajar la insumisión, circunstancia fácilmente explicable por ya comentada generización de la obligación conscriptoria31. Este déficit de mujeres se ha visto, y se sigue valorando, como una carencia importante, porque “la cultura y los valores feministas son parte consustancial del antimilitarismo”32. No obstante, también hay que reconocer que en el movimiento antimilitarista español han participado tradicionalmente muchas más mujeres que en los respectivos de Europa33.

2.2. Presencia feminista en el MOC

Conscientes desde el principio que el militarismo afecta perversamente a toda la sociedad en general (y no sólo a los varones en “edad militar”), y a las mujeres en particular (en cuanto que la violencia institucionalizada es la expresión patriarcal más nociva), estas mujeres antimilitaristas preinsumisas deciden colaborar con los grupos que ya estaban funcionando (MOC principalmente), o crear secciones aparte dentro de los mismos para ocuparse de temas específicos feministas. Fruto de ese protagonismo buscado por las mujeres a la hora de mostrar su repulsa al militarismo es su aparición en las diferentes publicaciones que con el transcurrir del tiempo se fueron editando, tanto en forma de boletines internos de información y discusión, como en forma de libros. Poco a poco, la inquietud feminista se iba dotando de instrumentos para la reflexión y el debate, si bien es verdad que a partir de materiales escritos en el extranjero y traducidos para la ocasión. En los archivos del MOC-Madrid se guarda un cuadernillo titulado Feminismo y no-violencia, maquetado en el tradicional formato de folio doblado por la mitad34, del que no tenemos más datación que las fechas ad quem que nos refieren las ediciones originales de dos de sus cuatro contribuciones, 1975 y 197635. En una brevísima introducción se manifiesta el deseo de contribuir a profundizar en las relaciones de explotación y violencia más allá de las estructuras sociales y políticas; en concreto, trasladarlas a las relaciones que se dan entre el hombre y la mujer, entroncando con unas reivindicaciones feministas a las que se les reconoce poco eco social, pero que, a juicio de la redactora anónima del cuadernillo, suponen “una verdadera Revolución”36.

Lo más relevante quizá sea la sensibilidad demostrada hacia el tema feminista en las grandes asambleas donde se elaboraron las grandes líneas ideológicas y estratégicas del movimiento. Así, el I Congreso del MOC tiene lugar en Landa (Navarra) en agosto de 1979. Fruto de esta asamblea extraordinaria será la Declaración ideológica del citado colectivo, donde se abordan los principales temas que, a su parecer, tiene ante sí el movimiento antimilitarista. Entre esos grandes apartados ya figura la cuestión de la mujer37. Es en este momento cuando el MOC, por entonces “Movimiento de Objetores y Objetoras de Conciencia”38 se define antimilitarista y asume la estrategia noviolenta. En el segundo párrafo de la “Declaración” ya aparecen el machismo y las relaciones interpersonales autoritarias, represivas y violentas como “valores militares introducidos en el comportamiento humano”39, y a erradicar, por tanto.

Hay una referencia obligada al referirnos a la presencia feminista en el MOC: el Grupo de Mujeres Antimilitaristas, formado a finales de los años ochenta y disuelto a principios de la década siguiente. Hasta ahora, ha sido el colectivo feminista de mujeres más duradero y activo dentro del antimilitarismo. En Madrid, otros grupos han venido después, sin que hayan logrado una estabilidad suficiente, por lo que acabaron desapareciendo40. También merece una mención separada AMPOI (Asociación de Madres y Padres de Objetores Insumisos) y, en realidad, compuesto exclusivamente por mujeres, que llevaron desde el principio el peso de dicho grupo. Parten de la experiencia que les supone ver a sus hijos encarcelados o perseguidos para, desde ahí, articularse políticamente como mujeres y como madres que rechazan el militarismo y apuestan por la desobediencia civil.

2.3. Los primeros fanzines.

Los primeros boletines del MOC salen en forma de fanzine, revista mecanografiada, fotocopiada y grapada. Coincidiendo con el final del Congreso de Landa se produce una floración de ellos que reflejan bien los problemas ante los que se enfrentaba el incipiente, pero serio y organizado, movimiento antimilitarista. En 1979 se publica el nº 1 de Caracol, primer “boletín informativo del Movimiento de Objetores de Conciencia (MOC)”, fanzine muy rudimentario que combinaba noticias internas del colectivo con breves artículos teóricos41. Va a ser un medio donde recurrentemente se entrevere el feminismo con los problemas del antimilitarismo de la época. Veamos unos ejemplos que demuestran cómo desde la creación del MOC la reflexión específica feminista ha estado presente e informando las estrategias desobedientes. Ya desde el primer número se advierte un especial cuidado en utilizar la fórmula os/as para los artículos y adjetivos que no sean de género neutro, a la vez que una lectura minuciosa nos revela una tendencia consciente a emplear el término “personas” en vez del genérico masculino como universal42. Esta pionera tendencia de planteamientos que sólo se manifestaron de forma abierta en la sociedad española tres lustros más tarde no dejó de irritar a algunos personajes ilustres del movimiento pacifista español, como a Gonzalo Arias, que responde perplejo y algo irritado a las innovaciones “chistosas” de las jóvenes insumisas43. En el tercer número de la “revista” se incluye un pequeño artículo de autoría masculina titulado “Las mozas en los grupos de objeción”44, un material de reflexión extraído de “las reuniones de machismo que hicimos en el grupo de Bilbo, reuniones sólo para tíos”. Con talante muy autocrítico se exponen problemas todavía muy actuales en los grupos de izquierda relativos a la dificultad de los varones que militan de asumir el feminismo más allá de la retórica45. Finalmente, otra publicación de similar naturaleza, El galgo46, en su número 11 incluyó un artículo de Hanne Birkenbach titulado “Mujeres y Ejército: no es cosa de hombres” 47, que incidía en la responsabilidad de las mujeres a la hora de educar a los hijos.

2.4. La cuestión feminista y la campaña Insumisión

Pero las referencias más explícitas al feminismo vienen recogidas en la renovada Declaración Ideológica que el MOC suscribe en su II Congreso (Madrid, mayo 1986)48, vigente hasta el día de hoy. En su primer párrafo, y tras explicar brevemente qué es el Movimiento de Objeción de Conciencia, se lee: “el MOC se compromete en la lucha por superar la actual situación de opresión que se ejerce sobre la mujer potenciando tanto el trabajo feminista que en él se desarrolla como un espíritu renovador y no machista en las relaciones personales. Asimismo, el MOC se empeñará en la crítica y denuncia de la función del ejército y del militarismo como transmisor y exaltador de valores machistas y patriarcales”, para desarrollar la actividad antimilitarista, además de en otros cinco puntos, “en el replanteamiento de los roles sexuales que supere el patriarcalismo (sic)”49. Es también éste el congreso donde se decide adoptar la insumisión como campaña de desobediencia civil noviolenta, abandonando ya toda referencia a posibles Servicios Civiles Sustitutorios. Esta Declaración supone el punto de partida de la que, seguramente, es la campaña de desobediencia civil más espectacular que ha conocido el Estado español en el siglo XX50. Una de las sesiones previstas en este II Congreso fue “Mujer y militarismo”51. Significativamente, era el único “Debate político” de los seis presentados que no se refería a cuestiones específicas de funcionamiento interno u organización52. Es decir, suponía reconocer la centralidad de esta cuestión dentro de lo que era la estructura del MOC. La ponencia, que venía firmada a la par por la Comisión de Mujer y Antimilitarismo del Grupo de Noviolencia del MOC-Avilés, se tituló La mujer en el MOC. Feminismo y antimilitarismo. Al final de la misma se incluía una bibliografía específica que reunió 92 entradas, separadas en nueve grupos temáticos53. Entre la documentación presentada para su discusión figuran dos breves comunicaciones relativas al tema que nos interesa. La primera se debe a Elisenda y Puri, de Mili-KK de Barcelona y l’Assemblea de Dones Joves de Barcelona respectivamente. El descriptivo título “¡Con nosotras que no cuenten!”54, lema de las expresiones antimilitaristas de rechazo que tuvieron lugar en 1988 con motivo de la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas, responde a un texto más bien panfletario que no introduce puntos novedosos de reflexión. Otra crítica al machismo y al patriarcado viene en esta ocasión de la mano de dos objetores homosexuales catalanes que constatan el feliz acercamiento mutuo de ambas militancias55.

Los libros comienzan a aparecer más tarde. El más destacado, sin duda, y una de los primeros editados desde el MOC fue un monográfico preparado por el Grupo de Mujeres Antimilitaristas del MOC y publicado por esta organización56. Sale a la luz en 199057, constando de 71 páginas, entre las que se incluyen noticias sobre las mujeres y el trabajo por la paz, la situación actual de la participación de las mujeres en las Fuerzas Armadas del Estado español y en otros países, críticas a la incorporación de las mujeres al ejército y unas “Perspectivas hacia una nueva ética feminista”, entre otros contenidos. En realidad es más un dosier que un libro tradicional, si bien el formato es de este último. Al año siguiente, en febrero de 1991 se publica Objetores, insumisos58. Además de los autores, figuran como colaboradores otros cinco varones, más una autoría colectiva: la correspondiente al mencionado Grupo de mujeres antimilitaristas que se encarga de redactar el IV capítulo, “El papel del militarismo en la marginación de la mujer”59. Este mismo texto será reproducido tal cual, pocos meses después, en un libro editado por el activo movimiento antimilitarista cordobés60. Estas mujeres parten del hecho de la necesidad de “una confluencia de las filosofías feminista y antimilitarista”, partiendo de un análisis de la realidad sociológica que demuestra la discriminación de las mujeres en distintos planos (social, laboral, educativo). Aquí, el militarismo representa la continuidad y garantía de dicha situación. Repasan la vinculación de la mujer al ejército español en el siglo XX, el reciente acceso de las mujeres a las Fuerzas Armadas (Real Decreto-Ley 1/1988) y destacan cuál ha sido el papel de las mujeres en el trabajo antimilitarista desde un plano internacional y estatal. Echan en falta una tradición de mujeres antimilitaristas organizadas, al modo del mítico Campamento de Mujeres de Greenham Common61.

Finalmente, y lo que más nos interesa, realizan unas “reflexiones sobre una estrategia feminista/antimilitarista” en las que exponen lúcidamente la controversia igualdad/diferencia. Reconocen el carácter igualitarista del feminismo histórico (del siglo XX), guiado “por el ímpetu de conquistar todas aquellas parcelas culturales, políticas y sociales que a lo largo de la historia han estado reservadas para el hombre. Ciertamente, el feminismo nace bajo el signo de la igualdad con el hombre, como criterio regulador de su teoría y de su práctica”, consiguiendo de este modo algunas mujeres acceder a puestos militarizados durante las dos guerras mundiales62. Pero, en sus palabras, el análisis de esa experiencia las lleva a rechazar el dictado “de seguir miméticamente el modelo masculino”, porque no es posible la liberación dentro de esos moldes. Aquí es donde hay que saberle extraer al feminismo toda su potencia liberadora, nos dicen. Este punto de partida les lleva a rechazar, por regresiva, la incorporación de las mujeres a las Fuerzas Armadas en pos de una igualdad con el hombre que no entienden que las haga más libres y autónomas, sino al contrario63. Lo que con esta valoración se está poniendo en tela de juicio es la propia incuestionabilidad del modelo masculino de organización social y de Estado (cuando ya hay varones que lo impugnan, aun a costa de ser encarcelados). La colaboración de las mujeres en la perpetuación de un sistema de dominación diseñado entre, por y para los hombres, que ya se sabe a qué intereses sirve (racistas, genéricos, clasistas, militaristas...) no se entiende que sea avance alguno, más que para la propia institución militar.

Resumiendo, “el feminismo se convierte en un desafío a la acción antimilitarista, ya que amplía el debate político al cuestionar las normas y valores patriarcales. Por eso, la participación de las mujeres en el movimiento antimilitarista no sólo es necesaria porque los mismos objetivos de este movimiento no pueden llevarse a cabo sin la implicación de las mujeres, sino también porque el planteamiento de una sociedad jerárquica y noviolenta debe ir unido siempre a la liberación de las mujeres de todo tipo de opresión”64.

2.5. Mujeres de negro: teoría y práctica antimilitarista feminista

El tema de las mujeres y la violencia producida en contextos bélicos, en concreto guerrilleros, han inspirado en estos últimos años algunos libros interesantes y esclarecedores65. A la vez, hay señalados ejemplos internacionales de grupos de mujeres que luchan activamente por la paz y por la desmilitarización social, desde situaciones políticas y culturales diferentes. En España los más cercanos y conocidos son los de mujeres centro y sudamericanas como las Madres de la Plaza de Mayo (Argentina), las Chonas (Honduras) o Comavigua (Guatemala). Pero la unión más potente de feminismo y antimilitarismo ha llegado a los colectivos antimilitaristas españoles a través de un grupo de mujeres que deciden, en el tremendo dolor de la guerra en la ex-Yugoslavia, desobedecer las consignas belicistas y nacionalistas de sus respectivos gobiernos: son las Mujeres de Negro66. En Belgrado, mujeres de todas las nacionalidades y religiones en conflicto se unieron en 1991 para protestar en cuanto mujeres en silencio y públicamente (en la calle) por la continuación de la guerra, denunciando a sus cabecillas y la complicidad internacional, criticando el ominoso papel de los cascos azules de la misión UNPROFOR67 etc. Principalmente se han centrado en denunciar las consecuencias de la guerra para el colectivo de mujeres, en develar los discursos que los líderes militaristas y nacionalistas construyen sobre ellas durante el contexto bélico68, en formar redes de apoyo y solidaridad para mujeres y desertores... En el Estado español se formaron diferentes grupos de “mujeres de negro”, vinculados al MOC, con objeto de amplificar la protesta de las mujeres yugoslavas y solidarizarse con su protesta noviolenta, feminista y antimilitarista. Simultáneamente, las propias mujeres de negro yugoslavas se solidarizaron y apoyaron públicamente la insumisión en el Estado español, así como todas las campañas desobedientes contra la guerra y las causas que la producen.

[...]

Notas primera parte

1 AMORÓS, Celia: “Notas para una teoría nominalista del patriarcado”. Asparkía. 1 (1992), p. 52.

2 En este sentido la historia militar y bélica sería la prototípica de un hacer historia generizada desde el punto de vista masculinista (BOCK, Gisela: “La historia de las mujeres y la historia del género: aspectos de un debate internacional”. Historia Social. 9 (1991), p. 70).

3 MORENO, Amparo: “Violencia, virilidad y feminidad”. En SEGURA, Cristina y NIELFA, Gloria (eds.): Entre la marginación y el desarrollo: Mujeres y hombres en la historia. Madrid, Instituto de Investigaciones Feministas-Ediciones del Orto, pp. 43-52.

4 Un ejemplo: al final del libro 10 palabras clave sobre Mujer: AMORÓS, C. (dir.). Estella, Verbo Divino, 1995, en la entrada correspondiente a “Pactos entre mujeres”, de Luisa POSADA (pp. 331-365), se propone la experiencia concreta del feminismo político noruego como ejemplo de acceso de las mujeres a las instituciones del Estado. Pues bien, el Estado noruego en las fechas en que se publicaba el anterior libro destinaba el 3,11% del PIB al Presupuesto de Defensa, unos 3.420 millones de dólares, según la medición OTAN (FERNÁNDEZ VARGAS, Valentina: Las militares españolas. Un nuevo grupo profesional. Madrid, Biblioteca Nueva, 1997, pp. 154-5). Compárese ese porcentaje (3,11) con los destinados ese mismo año por otros países del entorno: Bélgica 1,73; Canadá 1,7; Dinamarca 1,8 ó España 1,7. Desde 1985 las mujeres noruegas también pueden incorporarse “en régimen de igualdad” a los hombres a los puestos de combate de su ejército (Ibid., pp. 154-5).

5 MIES, Maria: “Investigación feminista: ciencia, violencia y responsabilidad”. En MIES, Maria y SHIVA, Vandana (eds.): Ecofeminismo. Teoría, crítica y perspectivas. Barcelona, Icaria, 1997, pp. 59-83. Citando a Carolyn Merchant, afirma: “el nuevo principio epistemológico en el cual se basa, desde Bacon, el método científico es la violencia y el poder” (Ibid., p. 73).

6 Ibid., p. 79 (el subrayado es suyo). En otro lugar afirma: “muchas empezamos a ver cada vez con mayor claridad la vinculación entre ‘los misiles de medio alcance y las relaciones amorosas’ -como lo expresó Helke Sander-, esto es, la relación hombre-mujer entre el militarismo y el patriarcado, entre la destrucción técnica y la dominación de la naturaleza y la violencia contra las mujeres (...). Las mujeres, la naturaleza y los pueblos y países extranjeros son las colonias del Hombre Blanco” (p. 69).

7 HARTMANN, Heidi: “Un matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo”. Zona Abierta. 24 (1980), pp. 85-113; PARAMIO, Ludolfo: “Feminismo y socialismo: raíces de una relación infeliz”. Teoría. 6 (1981), pp. 49-71; Women and Revolution: A Discussion of the Unhappy Marriage of Marxism and Feminism. En SARGENT, L. (ed.). Boston, South End Press, 1981; BATYA, Weimbaun: El curioso noviazgo entre feminismo y socialismo. Madrid, Siglo XXI, 1984.

8 BENHABIB, Sheyla: “Feminismo y Posmodernidad: Una difícil alianza”. En AMORÓS, Celia (coord.): Historia de la teoría feminista. Madrid, Instituto de Investigaciones Feministas, 1994, pp. 241-256; BIRULÉS, Fina: “Indicios y fragmentos: historia de la filosofiía de las mujeres”. En RODRÍGUEZ MAGDA, Rosa Mª (ed.): Mujeres en la historia del pensamiento. Barcelona, Anthropos, 1997, p. 29. Un buen resumen de este desencanto: “no es de extrañar que la teoría feminista tenga un curriculum de amores ingratos y desdichados difícil de superar -situación que tiene su correlato práctico en las recurrentes alianzas políticas ruinosas en que el feminismo como movimiento se ha visto implicado: el movimiento obrero nos traiciona y pacta con los patronos (...), los negros, como es sabido, dejan en la estacada a las abnegadas sufragistas; ahora, los ecologistas se empeñan en que las mujeres qua tales debemos ‘remendar la capa del ozono’, por aquello de operari sequitur esse...” (AMORÓS, Celia: “Feminismo, Ilustración y Post-Modernidad: Notas para un debate”. En AMORÓS, Celia (coord.): Historia de la teoría feminista. Madrid, Instituto de Investigaciones Feministas, 1994, p. 343). La relación continúa con los pacifistas (cuyo comentario lo haremos a continuación), los foucaultianos y el psicoanálisis.

9 El ejemplo más claro lo constituye la campaña Insumisión, nacida como tal en 1989. Un fenómeno social de desobediencia civil que ha conllevado el paso por la cárcel de más de mil jóvenes antimilitaristas. La cantidad de fuerzas que consume el peso cotidiano de una represión tan fuerte explica, en parte, la ausencia de trabajos más teóricos.

10 AMORÓS, “Feminismo...”, p. 343.

11 Por ejemplo, Lourdes Benería alude tangencialmente a la cuestión denunciando, al margen de la valoración ética, cómo las enormes inversiones de la carrera de armamentos emplean menos manos de obra femenina. La solución que apunta no es la reivindicación de una cuota igualitaria en esta prolongación laboral de la estructura militarista, sino a “un análisis integrado [que] facilita la universalización de los intereses feministas dado que se centra en la multiplicidad de factores que contribuyen a comprender la problemática de la mujer y, por tanto, permite situarla en un marco más general (...) [porque] no es una casualidad que todas las versiones del feminismo coincidan en su oposición a lo que es un asalto constante a los valores feministas más básicos”, como la carrera armamentística, la deuda externa etc... (BENERÍA, Lourdes: “¿Patriarcado o sistema económico? Una discusión sobre dualismos metodológicos”. En Mujeres: ciencia y práctica política. Madrid, Universidad Complutense, 1987, p. 53).

12 Como Fernando SAVATER en su opúsculo “Las razones del antimilitarismo”, escrito hace 14 años y ahora nuevamente reeditado: Las razones del antimilitarismo y otras razones. Barcelona, Anagrama, 1998, pp. 83-127, especialmente 85-7, donde distingue entre “no violencia”, “pacifismo” y “antimilitarismo”.

13 Cit. en AJANGIZ, R., MANZANOS, C. y PASCUAL, J.: Objetores, insumisos. La juventud vasca ante la mili y el ejército. Vitoria-Gasteiz, Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 1991, pp. 68-9 (el subrayado es mío. De ahora en adelante lo citaremos por: VVAA: Objetores...). Para abundar en este tema vid. de esta misma publicación su capítulo V: “El militarismo en la sociedad actual”, para sensu contrario analizar la función política, económica y simbólica del antimilitarismo entendido como sistema de pensamiento (pp. 117-132. También reproducido en IBARRA, Pedro (ed.): Objeción e insumisión. Claves ideológicas y sociales. Madrid, Fundamentos, 1992, pp. 239-264. El contenido teórico de este libro es el mismo que Objetores..., si bien con algunas partes un poco resumidas).

14 VVAA: Objetores..., p. 112.

15 Esta maniobra de reconducir los movimientos que amenazan con socavar la legitimidad del Estado ha sido denominada, en palabras de las mujeres de la LIBRERÍA DE MUJERES DE MILÁN, la trampa del “más poder” (El final del patriarcado (ha ocurrido y no por casualidad). Barcelona, La llibrería de les dones, 1996, p. 11). Sobre gasto militar, sin ir más lejos, son significativas estas dos comparaciones, entre otras muchas que podrían hacerse: mientras la inversión prevista para promocionar a la mujer en los Presupuestos Generales del Estado para 1998 asciende a 2.606 millones de pesetas, sólo el crédito del Ministerio de Industria para sufragar la participación española en el avión de combate europeo, Eurofighter, se eleva a 70.251 millones; el Gasto Militar para este mismo ejercicio supondrá sólo en 71 % de los presupuestos de los ministerios de Educación y Cultura, Medio Ambiente, y Agricultura, Pesca y Alimentación juntos (JIMÉNEZ, J. Javier y TORIBIO, José: La socialización del miedo. Un análisis del gasto militar y del control social. Madrid, Los libros de la catarata, 1998, pp. 78 y 93).

16 Además de otras razones, también esgrimía ésta Concha MARTÍN, del Colectivo de Mujeres del MOC, para oponerse a una futura ley de incorporación de las mujeres al Ejército: “La mujer y la Objeción de Conciencia”. En Mujer, paz y militarismo. Madrid, Fundación de Investigaciones Marxistas, 1984, p. 15. En el mismo sentido se pronuncia otra de las mujeres participantes en las Jornadas que transcribe la publicación antedicha (Ibid., p. 49).

17 En “Con nosotras que no cuenten”, un artículo preparado para la prensa con motivo de la incorporación de las mujeres a las Fuerzas Armadas, que ésta no llegó a publicar, las Mujeres Antimilitaristas del MOC decían: “nosotras defendemos una confluencia entre la filosofía antimilitarista y el feminismo de la diferencia (...) No deseamos identificarnos con el hombre, ni competir con él (...) [habiendo de dejar] de lado los modelos y puntos de referencia masculinos, que especialmente en el caso de los ejércitos, tanto por su forma, como por su fondo y función no hacen sino impedir el verdadero desarrollo de nuestra condición de personas y sobre todo de nuestra especificidad de mujeres” (La Oveja Negra. 39 (1988), pp. 9-11). Ya el nº 36 de esta publicación se hacía eco de esta campaña. En el nº 38 se presentaba el manifiesto “Con nosotras que no cuenten” (p. 7).

18 “Informe MOC”. 1988/3, p. 1. En portada de este informe, del mes de abril, aparece el que fuera un conocido cartel editado por las Mujeres Antimilitaristas del MOC, donde puede leerse el lema de la campaña: “Con nosotras que no cuenten. No a la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas”.

19 Ibid., p. 2.

20 “Dosier II Congreso estatal del MOC”. 1986. p. 81.

21 Lo cual no significa que desde el antimilitarismo se quiera perpetuar esta discriminación porque sea favorable a las mujeres, como desacertadamente afirma Valentina FERNÁNDEZ VARGAS (Las militares..., p. 46). Las/os antimilitaristas buscan que toda la sociedad se acerque a ese minus de militarización directa que tenían las mujeres antes de su incorporación, como primer paso hacia metas más lejanas. En este sentido la desaparición del Servicio Militar Obligatorio se debe entender como una conquista social conseguida principalmente gracias al movimiento antimilitarista (AGIRRE, X., AJANGIZ, R., IBARRA, P. y SÁINZ DE ROZAS, R.: La insumisión. Un singular ciclo histórico de desobediencia civil. Madrid, Tecnos, 1998, pp. 158-163. De ahora en adelante: VVAA: La insumisión...).

22 Como sostiene, a mi parecer, equivocadamente Mª Luisa CAVANA hablando de “ecofeminismo” (en la entrada “Diferencia”, 10 palabras..., pp. 110-4). Tampoco el antimilitarismo reconoce “de repente en las mujeres el sujeto revolucionario, a la vista de las grandes catástrofes originadas por el varón”, acusación que apunta irónicamente dicha autora refiriéndose a “no pocos pensadores”. Afirmaciones como éstas, tan genéricas, referidas a corrientes transformadoras y criminalizadas como el antimilitarismo (otra vez confundido terminológicamente aquí con pacifismo) o el ecologismo, mistificadas con movimientos tan poco politizados como New-Age, espirituales..., sólo contribuyen a una mayor confusión, ante la complacencia del patriarcado.

23 ASAMBLEA FEMINISTA: “La discriminación de la mujer”. En Gasto Militar y alternativas sociales (1997). Un análisis del Gasto Militar y las propuestas de los movimientos sociales. Getafe, s.f. [1996], pp. 47-56. Participaron también grupos como AEDENAT, CODA-CEPA, SODEPAZ, Radical Gai...

24 “La insumisión como ejercicio radical y genuino del derecho de objeción de conciencia”. Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. 84, pp. 536-537.

25 PÉREZ, José Antonio: Manual práctico para la desobediencia civil. Pamplona-Iruña, Pamiela, 1994, pp. 97-104.

26 Para diferentes taxonomías de la desobediencia civil, entre la enorme bibliografía existente: FERNÁNDEZ, Eusebio: Teoría de la justicia y derechos humanos. Madrid, Debate, 1984, pp. 230-233.

27 Vid. “La P.S.S.: intento gubernamental de someter a la disidencia”. En. VVAA: Objetores..., pp. 84-88).

28 En un libro apologético del militarismo publicado en 1974, el mismo año de la marcha internacional a la prisión de Valencia pidiendo la libertad para Pepe Beúnza, cuando el caso Beúnza estaba, por tanto, de plena actualidad internacional (que no nacional por la censura), se resalta precisamente cómo el citado objetor “se muestra contrario a cumplir el servicio militar no ‘en cuanto católico, sino en cuanto no violento’, siendo tal vez el primer ejemplo de objetor por motivos filosóficos presentado en nuestra patria” (MUÑIZ, Gonzalo: Los objetores de conciencia ¿delincuentes o mártires?. Madrid, Speiro, 1974, p. 36).

29 VVAA: La insumisión..., p. 55.

30 Todo esto para responder a la denominada represión selectiva, estrategia del Estado consistente en juzgar y encarcelar a un porcentaje muy pequeño de insumisos para que cumplieran un papel disuasorio de cara al resto, mientras a la inmensa mayoría les “congelaban” los procesos judiciales abiertos. Las autoinculpaciones, en principio cuatro por insumiso, pretendían denunciar esta hipocresía, al grito de “o todos/as o ninguno”. De haberse aplicado con rigor, hubieran podido ser unas 60.000 personas las potencialmente encarceladas por este motivo. El umbral máximo que permitió Instituciones Penitenciarias no llegó a los 400 presos, reclusos que, por razones obvias, siempre fueron (y continúan siendo) muy molestos intramuros de la cárcel.

31 En la ponencia La mujer en el MOC. Feminismo y antimilitarismo presentada al II Congreso del MOC (1986) se pide una reflexión del porqué en muchos de los MOC’s no hay mujeres y en las asambleas estatales raramente sobrepasan el 10 % (“Dosier II Congreso estatal del MOC”. 1986, p. 80).

32 VVAA: La insumisión..., p. 166.

33 Idem.

34 Mecanografiado y fotocopiado. Consta de 20 páginas.

35 Los cuatro trabajos que se presentaban traducidos son: “¿Empieza el imperialismo en casa?. Una contribución teórica a la liberación de la mujer”, de Else Skj(nsberg; “Feminismo y no-violencia”, de Ann Morrissett Davidon, miembra de la WRI (War Resisters International); “‘El macho’: un obstáculo para la paz”, también de Ann Morrissett; y “Casi todo sobre el sexismo”, texto de la Campaign for Homosexual Equality.

36 Ibid., p. 1.

37 VVAA: Objetores..., p. 52.

38 Cinco años más tarde, en abril de 1984, se aprueba en la asamblea extraordinaria de Vallvidrera (Barcelona), además de la “Declaración colectiva de rechazo a la recién aprobada Ley de Objeción de Conciencia”, que la ‘O’ de las siglas MOC responda no ya a “objetores/as”, sino a “objeción”, para eliminar resabios de corporativismo en la propia nomenclatura del grupo (Ibid., p. 60).

39 Idem.

40 Muy destacable es, en cambio, la permanencia del Colectivo Noviolencia y Educación, del “entorno MOC”, grupo veterano, con diez años de trabajo en su haber, que desde el principio le ha dedicado una parte preferencial de sus actividades al tema de la relación de las mujeres con la noviolencia, la militarización, el ejército etc., apostando decididamente por una línea muy cercana a los planteamientos del feminismo de la diferencia.

41 Caracol tiene formato de folio, y salió siempre sin fecha, aunque el nº 1 es de 1979. A raíz de una filtración a la prensa ciertas informaciones restringidas a la militancia más cercana, se recuerda que Caracol se trata “única y exclusivamente de un boletín de información interna. Que en ningún momento era un boletín de cara a la opinión pública. En el “Caracol” se habla de cuestiones que atañen sólo al MOC, por lo tanto está reservado a la gente que pertenece al MOC, a los militantes, se queréis decirlo así” (Caracol. 4 [1979], p. 12). Este carácter estrictamente interno denuncia la verdadera importancia que para el movimiento tienen los temas incluidos en dicho boletín.

42 En este primer número se hacen especialmente patentes estos “detalles”, que revelan también una línea política, ya que aun cuando el resto de la tipografía y redacción del texto es muy descuidada se mantiene la diferenciación genérica.

43 Efectivamente, las acusa de confundir entre género gramatical y sexo, achacando el error a que “en euskera no hay género gramatical, como en inglés. ¡Felices lenguas, que nos evitan conflictos!. La lengua castellana es en cambio de las que tienen un fondo histórico machista, de acuerdo. Pero me temo que no vais a tener éxito en vuestro intento de rectificar esa injusticia histórica de una manera distinta a como lo están haciendo todos los pueblos castellanoparlantes”, que no era otra que “convenir” hacer los plurales genéricos con sufijo os, es (Caracol. 5 [1979], folio sin paginar entre las pp. 16-17). El malestar por el planteamiento de un problema novedoso le hace acuñar también la expresión “hembromachismo”, aplicable “cuando una hembra trata de hacer suyos los aspectos más negativos del macho” (Idem). Ni siquiera respuesta mereció en los números siguientes del Caracol.

44 Caracol. 3 [1979], pp. 9-10.

45 Esta queja sigue presente en 1986 (“Dosier II Congreso estatal del MOC”, p. 80).

46 El galgo. Boletín de debate teórico fue un fanzine cuyo nº 1 se editó el 29 de febrero de 1980 por el “Movimiento de Objetores y Objetoras de Conciencia-MOC”, cumpliendo el mandato de “un acuerdo del congreso de Landa” (p. 1).

47 El galgo. 11 (20 de enero de 1981), pp. 6-12.

48 Bajo el lema: Vamos contra el militarismo: desobediencia civil.

49 Ibid., pp. 68-9.

50 “La insumisión ha constituido un fenómeno excepcional en el espacio europeo. Nunca, en Europa, en los últimos años, existió un movimiento tan enfrentado al Estado y -simultáneamente- tan extensamente apoyado por la sociedad” (VVAA: La insumisión..., p. 9).

51 Desarrollada el viernes 2 de mayo de 12,00-14’00 h., en el segundo día de Congreso.

52 “Formas de organización”, “Formas de trabajo”, “Relaciones a nivel internacional”, “Relaciones con otros movimientos y organizaciones sociales” o “Análisis de la situación política; estrategia a corto y medio plazo del MOC”. Estos seis debates se realizaron en sesiones no públicas, restringidas sólo para militantes. En régimen abierto tuvieron lugar otros tres “debates sobre campañas y actividades”, en concreto: “Objeción colectiva y servicio militar”, “Objeción fiscal y gastos militares; objeción laboral y producción militar” y “OTAN y lucha por la paz”.

53 “Dosier II Congreso estatal del MOC”. 1986, pp. 99-113.

54 Ibid., pp. 27-8.

55 “Gai y objetor”. En Ibid.: Barcelona, abril de 1986, pp. 29-30.

56 Mujer y Antimilitarismo: [Madrid], s.f.[1990], [MOC].

57 El libro carece de fecha y de cualquier registro legal. En El Boletín del MOC . 6 (julio 1989), se anunciaba la pretensión de tenerlo preparado para finales de ese mismo año, después de un encuentro al afecto de mujeres militaristas en Cantabria, y convocando el siguiente en Llanes (Asturies) para el mismo mes de julio (p. 17).

58 Vid. supra nota 13.

59 VVAA: Objetores..., pp. 101-116.

60 Historia de la Objeciónde Conciencia en el Estado español... Una alternativa de paz. Córdoba, Comisión de Paz y Objeción de Conciencia del Consejo Local de la Juventud de Córdoba. 1991, pp. 47-66. No es el único texto prestado del citado libro. También los capítulos I y II de Historia... transcriben los correspondientes I y V de Objetores...

61 VVAA: Objetores..., p. 111. Dicho campamento, establecido en 1981 en la localidad británica de Berkshire, y activo durante una década, osciló entre las 60 y 300 mujeres que protestaban por la instalación de 96 misiles Cruise y pedían el desmantelamiento de la base militar (Mujer y antimilitarismo, pp. 15-7). La experiencia de estas antimilitaristas británicas no sólo ha actuado como referente teórico o nostálgico. Fue el germen de la creación de colectivos como DOAN (Dones antimilitaristes), a partir de contactos con las mujeres de Greenham. Desde entonces, se han destacado en acampadas en centros catalanes que apoyan al militarismo (en 1987 también participaron 13 mujeres catalanas en el campamento inglés), campaña anti-OTAN, protestas contra la guerra del Golfo y coordinación con las Mujeres de Negro yugoslavas (Una amplia reseña en la revista Duoda: 7 (1994), pp. 167-173).

62 VVAA: Objetores..., p. 112.

63 Ibid., p. 113.

64 Idem.

65 Por ejemplo, entre la numerosa bibliografía última: VÁZQUEZ, N., IBÁÑEZ, C., y MURGUIALDAY, C.: Mujeres-montaña. Vivencias de guerrilleras y colaboradoras del FMLN. Madrid, horas y HORAS, 1996, libro basado en los testimonios orales de unas sesenta ex-guerrilleras; ROVIRA, Guiomar: Mujeres de Maíz. México, Era, 1997, sobre la influencia del alzamiento zapatista en las mujeres, tanto las guerrilleras, como las que se quedaron en los pueblos.

66 Como tales Women in Black nacieron en 1989, cuando 6.000 mujeres palestinas, israelíes, europeas y americanas, vestidas rigurosamente de negro, atravesaron juntas Jerusalén, de Oeste a Este, para protestar por la ocupación israelí, ante una policía estupefacta, pero fuertemente armada, que acabó interviniendo. No obstante, el contacto español llega a través de Belgrado.

67 El movimiento antimilitarista español ha publicado varios libros de Mujeres de Negro. Destaco ZAJOVIC, Stasa (coord.): (ene za mir. Mujeres por la paz. Belgrado, Mujeres de Negro, 1995.

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