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Antimilitarismo y feminismo: las mujeres, la insumisión y 25 años desobedeciendo (y II)

En ’Mujeres, regulación de conflictos y cultura de la paz’ (1999)

Sección:Mujeres y antimilitarismo
Jueves 2 de diciembre de 2004 0 comentario(s) 2045 visita(s)

ANTIMILITARISMO Y FEMINISMO: LAS MUJERES, LA CAMPAÑA INSUMISIÓN Y 25 AÑOS DESOBEDECIENDO* Segunda parte

Josemi LORENZO ARRIBAS Universidad Complutense

SUMARIO: 1. Problemas añadidos a la relación feminismo-antimilitarismo, 2. La insumisión: origen y concepto, 2.1. Presencia de mujeres en el MOC, 2.2. Presencia feminista en el MOC, 2.3. Los primeros fanzines, 2.4. La cuestión feminista y la campaña Insumisión, 2.5. Mujeres de negro: teoría y práctica antimilitarista feminista, 3. Ni reposo del guerrero ni novias de insumisos, 4. Una reflexión sobre el orden simbólico y conclusión.

[...]

3. NI REPOSO DEL GUERRERO NI NOVIAS DE INSUMISOS

Las mujeres antimilitaristas evidentemente rechazan el rol de “reposo del guerrero”, papel que ha servido para sostener los conflictos bélicos a lo largo de la historia. Se rechaza porque ante los “guerreros” se adopta una actitud desobediente, de no colaboración, negándoles por tanto las actividades de mantenimiento (afectivo y material) necesarias para perpetuarles. En cambio, muchas de las mujeres llegan al antimilitarismo por motivos coyunturales, que suelen coincidir con el proceso de negativa a cumplir con las prestaciones militares (castrense o civil) de sus compañeros afectivos69. Las preguntas que nos planteamos son: ¿continúan las mujeres aquí subordinadas a la experiencia masculina, antimilitarista en este caso, o proponen, con la misma autoridad que los chicos, también líneas y estrategias a seguir por el movimiento?, ¿cómo se vivió dentro del MOC la participación de las mujeres? La falta de cualquier acercamiento desde la investigación a este aspecto nos lleva en esta ocasión solamente a apuntar la detección de estas carencias dentro del MOC por parte de sus propios miembros, cuando la reflexión específica sobre estos temas estaba muy lejos de estar extendida fuera de los grupos feministas.

En un pequeño artículo publicado en Caracol, “Las mozas en los grupos de objeción”, de autoría masculina70, se resumen, como expuse antes, las conclusiones obtenidas “de las reuniones de machismo que hicimos en el grupo de Bilbo, reuniones sólo para tíos”. Principalmente se trabajaron en dichos encuentros los argumentos machistas manejados por los varones “progres” para autojusticarse: uno era que “somos machistas, pero no tanto como los tíos de la calle”; el otro, “somos machistas, pero hay tías que son peores que nosotros, ¡y eso que son tías!”. Se reconocían los problemas añadidos que tenían las antimilitaristas a la hora de la militancia, por ser mujeres: principalmente, falta de reconocimiento y necesidad de que las mujeres se comporten como los hombres (en el peor sentido) para hacerse oír. El comunicante anima a dar una visión de la objeción de conciencia que no excluya a las mujeres, a igualar el papel de chicos y chicas en los grupos y crear grupos de estudio específicos de este problema.

Ya unas jornadas organizadas por el MOC, previstas para el 7, 8 y 9 de noviembre de 1986, bajo el lema “Mujer y antimilitarismo” incluyen la novedad de un subapartado sugerente: “El machismo en el MOC”71. Entre el material de archivo que hemos consultado no hemos encontrado las Actas de estas Jornadas ni noticia alguna posterior, aunque no sería muy arriesgado suponer que las críticas serían parecidas a las que ya otras veces las mujeres enunciaron y enunciarán dentro del propio grupo.

Dos años después, “Andrés” firmaba un pequeño apunte titulado “MOC y sexismo” acusando a la militancia del movimiento de utilizar un lenguaje sexista-machista que él lo relacionaba con la represión estatal a la homosexualidad72. Estas reflexiones, todavía aisladas, nos llevan a pensar que las mujeres tuvieron que negociar su espacio en el MOC de forma similar a como se podía hacer en la sociedad, arrastradas por la mayoría masculina y por la primacía de los problemas (grandes) de sus compañeros a raíz de su NO al ejército. No obstante, es significativo que muchos varones se vieran impulsados a pedir reflexión sobre las relaciones de género en los boletines propios, reflejo de una sensibilidad mayor que la habitual. La creación de comisiones separadas de mujeres antimilitaristas dentro del MOC responde, a su vez, tanto a la necesidad de abordar temas específicos como a la búsqueda de un espacio propio, de mujeres, desde el que autorizarse e intervenir en la política del grupo73.

4. UNA REFLEXIÓN SOBRE EL ORDEN SIMBÓLICO Y CONCLUSIÓN

Hemos de avisar también, en consonancia con las denuncias actuales del movimiento antimilitarista, cómo el aparato del Estado intenta vaciar de carga semántica las palabras y los términos que los movimientos de resistencia a él emplean para significarse. En nuestros días hay pocas administraciones que rehúsen autocalificarse ampulosamente como ecologistas, solidarias, feministas..., llegando, en ocasiones, a crear las concejalías, consejerías u órganos de turno. Con el antimilitarismo sucede algo parecido, asistiendo últimamente a un abuso de palabras tales como pacifista, humanitario o noviolento. Pero también, porque estamos en un Coloquio que sitúa bajo su rúbrica la “cultura de la paz”, no debemos olvidar que esta expresión hoy funciona como cobertura semántica que el ministerio de Defensa pretende hacer suya para amparar unos contenidos que todavía hace pocos años se encuadraban en la “Formación del Espíritu Nacional”. En este sentido camina la Directiva de la Defensa Nacional aprobada en diciembre de 1996, siguiendo una antigua aspiración del IEEE74, que recomendaba en 1992 introducir en el sistema educativo el “fomento del patriotismo entendido como destino común de todos los españoles (...) la veneración de la Bandera y del himno nacional, el fortalecimiento de la conciencia nacional, provocando la ilusión individual y colectiva en el logro de los fines permanentes, la identificación del pueblo con sus Fuerzas Armadas...”75. Para introducir estos contenidos en las escuelas la asignatura que ofertan es, curiosamente, la “cultura de la paz”, diseñada curricularmente por militares. Por otra parte, parece obvio que no han sido las Fuerzas Armadas las que se han esperanzado y han luchado para extender una cultura de la paz coherente. Lo que ocurre es que estamos ante la plasmación de dos órdenes simbólicos distintos: uno de la vida y otro de la muerte, lo que en los términos del feminismo de la diferencia se denomina el orden simbólico de la madre y el orden simbólico patriarcal. Según desde cuál nos resignifiquemos las palabras aludirán a realidades distintas, incluso antitéticas. No hablan de la misma “paz” un general de división y un/a antimilitarista cuando a ella se refieren.

En estos diez años que llevamos de campaña Insumisión, y en los diecisiete anteriores, desde que Pepe Beúnza se convierte en 1972 en el primer objetor de conciencia político encarcelado por el régimen franquista, las mujeres han participado en el movimiento antimilitarista español. Muchas de ellas partieron de una inicial militancia feminista que doblaron con la nueva. Otras, analizando el funcionamiento y las carencias del antimilitarismo, se dedicaron a ahondar en las cuestiones relativas a las mujeres desde planteamientos inequívocamente feministas. Es una demostración evidente de que efectivamente la voluntad de poder no es universal ni significativa para todo el mundo76, porque hay mujeres y hombres que la rechazan. Por los propios objetivos del movimiento antimilitarista (abolir los ejércitos y desterrar el militarismo de nuestro imaginario), por la estrategia elegida (noviolenta) y por los riesgos asumidos (represión sistemática) la contribución a él de las mujeres ha sido una de las más sobresalientes y comprometidas muestras de cultura de la paz (esta vez sin comillas), solidaridad y regulación de conflictos que se ha dado en el Estado español en el siglo XX. Al menos, como campaña de desobediencia civil, de hombres y mujeres, la insumisión ha sido la más espectacular, duradera y colectiva, y ha sido capaz de mostrar la capacidad transformadora que tiene incluso a la hora de enfrentarse al todopoderoso estamento militar (coto exclusivamente varonil), con su perverso imaginario y sus múltiples ramificaciones institucionales.

Notas segunda parte

* Comunicación presentada bajo el mismo título al “VI Coloquio Internacional de AEIHM (Asociación Española de Investigación en Historia de las Mujeres), que tuvo lugar en mayo de 1998 en la Universidad de Valencia. Se publicaron las Actas bajo el título Mujeres, Regulación de conflictos sociales y cultura de la paz, (1999), Anna Aguado (ed.), Valencia, Universitat de València, ocupando este texto las páginas 177-200. Los fanzines, informes y documentación consultada se encuentra en el archivo del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC)-Madrid, a quienes agradezco las facilidades recibidas para su consulta. En la mayor parte de las ocasiones, cuando me refiero a antimilitarismo me refiero a él en su “versión MOC”, el colectivo antimilitarista más representativo y veterano del Estado español.

68 Vid. por ejemplo el comunicado “Militarismo, nacionalismo y sexismo siempre van juntos (contra la política de control de población por parte del Estado y la Iglesia serbia ortodoxa)” ((ene..., pp. 20-1).

69 Como antes apuntamos, ésta es también la principal razón que ha provocado el acercamiento de la mayor parte de los chicos al antimilitarismo. Si bien éste, al menos en su línea MOC, ha supuesto mucho más que un movimiento “anti-mili”, ha sido la coyuntura de resistencia al Servicio Militar la que ha integrado a más gente. En este sentido, por tanto, no hay mucha diferencia en la integración de jóvenes de ambos sexos en el trabajo antimilitarista.

70 Caracol. 3 [1979], pp. 9-10. Firmado por Jose (de Bilbo) en una nota manuscrita que incluye al final del artículo.

71 Oveja Negra. 32 (1986), p. 13.

72 “Informe del MOC-Madrid”. 21 (1988), p. 15.

73 Aunque en la mencionada ponencia dedicada a las mujeres en el II Congreso del MOC se dice que estos grupos no tienen por qué estar compuestos exclusivamente por mujeres (pp. 93-8 del “Dosier...”) la puesta en práctica llevó, de facto, a esa composición enteramente femenina. También se propone aquí coordinar las diferentes comisiones y realizar asambleas estatales propias (Idem).

74 Instituto Español de Estudios Estratégicos, dependiente del Ministerio de Defensa.

75 GARCÍA MOYA, Alfredo: “Consideraciones relativas a la defensa”. En La sociedad y la defensa civil. Madrid, Ministerio de Defensa, Cuadernos de Estrategia, 58, 1993, p. 24.

76 LIBRERÍA DE MUJERES DE MILÁN, El patriarcado..., p. 11.

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