En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
Secciones
> Observatorio de conflictos
  Iraq
  Palestina
  Colombia
  EEUU
  Guerra y mujeres
  Infancia y guerra
  Varios
  Afganistán
  Libia
  Costa de Marfil
  Siria
  Mali
  Sáhara Occidental
  Ucrania
  Turquía
> Campañas
  Objeción Fiscal al Gasto Militar
  Desobedece a las guerras
  Contra la I+D Militar
  Comercio y producción de armas
  Juguete bélico
  Feminismo y antimilitarismo
  Locales
  Varios
  Banca
  Educación para la paz
  La guerra empieza aquí. Parémosla desde aquí
  Recortar lo militar
  Contrarreclutamiento
> Documental
  Talleres
  Historia del antimilitarismo
  Noviolencia
  Objeción de conciencia
  Recursos gráficos
  Recursos multimedia
  Teoría política
  Represión
  Medio Ambiente
  Mujeres y antimilitarismo
  Anticapitalismo
  Instituciones militares
  Varios
  Intervencionismo humanitario y misiones de paz
> Informativa
  Movimiento 15M
> Cajón de sastre
  Humor
  Creación
  Comentarios gráficos
  Contactos
  Varios
> Solidaridad entre los pueblos

¿Por qué nadie me escucha?

Recuperamos un texto clásico... ¡viva la guerrilla de la comunicación!

Sección:Noviolencia
Martes 30 de noviembre de 2004 0 comentario(s) 2425 visita(s)

[Subvertir la normalidad de las situaciones cotidianas en las que se expresa y se reproduce la lógica del dominio y la sumisión, creando situaciones abiertas que puedan dan lugar a interpretaciones disidentes de la realidad. Renovar la práctica política de izquierdas con una buena dosis de guasa. Jugar «tácticamente», en el terreno del «adversario», apropiándose de los símbolos dominantes, alterándolos y tergiversándolos a conveniencia para devolverlos de nuevo al proceso comunicativo. Todo esto y mucho más propone el grupo A.F.R.I.K.A., Sonja Brünzels y Luther Blisset en el «Manual de Guerrilla de la Comunicación» (Virus Ed., 2000), eso sí, avisan, sin disponer de una verdad «tal que se podría inscribir en sus banderas y con la cual podrían machacar a las demás gentes de izquierda o a los no creyentes». Un libro que, además de ofrecer un enorme recetario para la acción y explorar las bases teóricas de la «guerrilla de la comunicación», traza una trayectoria histórica con los grupos o movimientos que han optado por esta forma de hacer política emancipatoria: dadaístas, situacionistas, provos, yippies, adbusters, spassguerrilla, y movimientos sociales como el de ocupación y el de insumisión. Ejemplos recientes son las campañas «Guerra Mítica», «Mundos soñados», o «Yomango», por citar solamente tres. El siguiente texto es un resumen del capítulo con el mismo nombre que puede encontrarse en el libro.]

«La comunicación es imposible.» (constructivistas radicales) «No se puede comunicar.» (Paul Watzlawick)

Quién no conoce la siguiente situación: Vas y sacas una octavilla en la que llamas a participar contra una de las guarradas habituales. Has discutido su contenido de manera consensuada, el análisis político es de una lógica irrefutable, las consecuencias están claras como el agua y las exigencias están formuladas de manera concisa, pero nadie te hace ni caso: por la mani sólo aparece la peña de izquierdas de siempre. La próxima vez lo haces mejor: no te limitas a repartir octavillas en los lugares habituales, sino que sacas todo un diario de barrio, que haces llegar a todas las vecinas, haces un programa en la radio local y metes, además, todo el material en alguna homepage de Internet, pero una vez más no reacciona ni cristo. Has formulado tu mensaje lo más claramente posible, has empleado para su difusión todos los medios a tu alcance y tampoco crees que los receptores simplemente no hayan entendido tu mensaje. ¿A qué se debe, entonces, que nadie te escuche? Tal vez ni al mensaje ni al hecho de que los grupos de izquierda no tengan acceso al noticiario de las 9 de la noche. Tal vez el problema estribe ya en la suposición de que la gente me ha de escuchar sólo por decir las cosas adecuadas y en la idea de comunicación que se esconde tras esta suposición. Aunque echemos una ojeada a los diferentes modelos de comunicación, seguro que no podremos desarrollar una estrategia que nos permita evitar de manera segura vivencias frustrantes como la antes mencionada; pero la confrontación con este tipo de teorías no sólo nos ayudará a hacernos una idea clara de por qué nadie me escucha sino a un enriquecimiento de la práctica política.

La política tradicional de izquierdas confía sobre todo en la fuerza de los contenidos. La confianza en que la simple transmisión de estos contenidos representa ya una forma efectiva de actividad política es difícil de rebatir. Los contenidos de izquierda deberían y deben romper la red de mensajes manipuladores, con los que los medios de comunicación manipulan la conciencia de las masas. La crítica elaborada por la Escuela de Frankfurt a la industria de la cultura como industria de la conciencia se convirtió en los años 60 en el lugar común de las posibilidades de la manipulación mediática. Por otro lado, surgió asimismo la idea de que estas posibilidades, en todo caso, también podían ser reversibles en el sentido de servir para el esclarecimiento. Como lo formuló en su día hábilmente H. M. Enzensberger: «La cuestión no es si los medios de comunicación están manipulados, sino quién los manipula».

La consecuencia fue que el apoyo a la campaña «Expropiemos a Springen» derivó en querer crear un Bild-Zeitung de izquierdas. El problema principal de una idea así es el modelo reducido de comunicación que se esconde tras la suposición de que quien posea los emisores podrá controlar las mentes de las personas. La implosión del socialismo burocrático ha convertido en un cuento chino esta idea: a pesar de que los burócratas controlaban los media de una manera prácticamente total, no pudieron impedir que las personas desarrollaran pensamientos propios o formas divergentes de leer las noticias transmitidas.

Los modelos de comunicación son imágenes siempre reducidas y con frecuencia muy tecnicistas de un proceso complejo. Aun así pueden ser útiles para formular de manera más clara los requisitos de las diferentes ideas con relación a la comunicación y a la comunicación de masas. La tesis de la manipulación antes mencionada corresponde a un modelo de comunicación muy sencillo que sólo tiene en consideración al «emisor» -en el caso de la comunicación de masas, organizado de manera central e industrial-, el «canal», en el que es transportada la información, y sus «receptores» es decir, una cadena de comunicación lineal (emisor / fuente >- canal -< receptor). Este modelo da por probado que las informaciones transmitidas por un emisor no sólo llegan vía canal hasta el receptor, sino que además son interpretadas en el sentido pretendido por el emisor. En consecuencia, se conseguiría cambiar la conciencia con sólo cambiar los programas de televisión, el contenido verídico de la publicidad o el grado de exactitud de las noticias de los diarios. Pero incluso quien controla completamente la forma y el contenido de un mensaje no necesariamente puede influenciar la conciencia de su receptor en una dirección determinada, Al fin y al cabo, el receptor posee un grado (restante) de libertad suficiente como para poder leer un mensaje de manera diferente a la prevista por el emisor. Y está bien que esto sea así.

Umberto Eco describe este estado de cosas como el principio de la variabilidad de interpretación: el mundo de la comunicación (de masas) está lleno de interpretaciones opuestas y divergentes. Tomemos, por ejemplo, un reportaje sobre enfrentamientos militantes durante una manifestación: imágenes de policías golpeando a manifestantes y a paseantes reflejadas en la pantalla. Aun cuando dichas imágenes sean comentadas en un sentido esclarecedor y crítico con la policía, no necesariamente le sugieren al espectador la asociación «mierda de policía», Resulta igualmente posible una lectura divergente: «se lo tienen bien merecido esa pandilla de vagos». La lectura que se elija, favorable o desfavorable, depende de diferentes factores en el receptor. El emisor puede, como mucho, intentar sugerir una determinada lectura preferida de las informaciones transmitidas, pero en última instancia (por suerte) no tiene posibilidades de imponerla de manera segura. Y éste es un problema que se le plantea a todos los emisores por igual. Si la izquierda quiere propagar contenidos emancipatorios por vía de los medios de comunicación (de masas), se tendrá que enfrentar también a las mismas dificultades que cualquier otro emisor en el sistema de la comunicación de masas.

El mensaje transmitido siempre se ve (co)determinado por la manera en que son interpretadas las informaciones. Esta ambivalencia afecta en menor medida a la comunicación directa y recíproca porque resulta posible realizar preguntas: el receptor de las informaciones puede comprobar si las entiende tal como quiere el emisor. Pero ni siquiera esto es un remedio contra todo tipo de malentendidos, como todo el mundo sabe por su experiencia cotidiana. En la comunicación de masas la ambivalencia es omnipresente: Eco llega incluso a calificar el fenómeno de la variabilidad de interpretación como su principio fundamental. Aun cuando las informaciones son enviadas por una fuente central, lo cierto es que son recibidas por personas que se encuentran en situaciones muy diferentes y que interpretan las informaciones transmitidas de maneras muy diferentes. La forma en que se atribuyen significados a las informaciones transmitidas es lo que nosotros denominamos «código» (semiológico). Es la interacción entre el receptor de un mensaje, la situación y el código correspondiente la que determina cómo será leído el mensaje. La variabilidad de interpretación es el resultado del hecho que siempre se pueden emplear diferentes códigos para interpretar un mensaje determinado. Eco ilustra este proceso complejo por medio del ejemplo de un empleado de banca milanés al que el anuncio de una nevera le puede provocar el deseo de comprarla. A un campesino calabrés en paro este anuncio le puede hacer ver hasta qué punto está excluido del mundo del bienestar e inspirarle, por lo tanto, una crítica a su situación social. Es por eso que la publicidad televisiva, en determinadas constelaciones sociales, puede tener el efecto de un mensaje revolucionario. Lo decisivo para la elección del código es el marco en el que tiene lugar la interpretación. Una misma información, en dos contextos diferentes (empleado de banca milanés o campesino calabrés en paro), puede ser interpretada según códigos diferentes y recibir significados muy dispares.

En un proceso de comunicación siempre se transportan mensajes a diferentes niveles. Marshall McLuhan ha dado la vuelta a la idea de que sólo el contenido clarificador de las informaciones comunicadas mediáticamente determina el mensaje, para afirmar: «The medium is the message» (el medio es el mensaje). Tomada literalmente, esta afirmación significa que da lo mismo lo que se trasmita. Pero aunque así tomada pueda ser objeto de crítica, lo que no se puede poner en duda es que el medio resulta esencial como parte de la situación de comunicación. Consideremos, por ejemplo, la cuestión de en qué sentido un medio como la televisión actúa como garantía de dominio, y veremos que resulta evidente que, en este caso, la forma del medio (todos sentados ante la caja tonta consumiendo pasivamente imágenes e informaciones) puede ser tan importante como los contenidos transmitidos. El concepto de guerrilla de la comunicación no tiene por finalidad «empaquetar» mejor los mensajes que queremos hacer llegar a las personas, en el sentido de una estrategia de publicidad, para así ser escuchados de una vez. A lo que se pretende llegar es a que, por principio, haya muchas posibilidades de interpretación a disposición de todos los sujetos. Las interpretaciones críticas y disidentes de acontecimientos y hechos surgen del «entendimiento cotidiano» (Gramsci) y no necesitan ser enseñadas. En muchas situaciones (por un interés propio bien entendido, para evitarse jaleos o por lo que sea), sin embargo, sólo se emplean aquellos modelos de interpretación «normales», casi naturalizados. Estos modelos de interpretación «normales» son aquellos que reproducen y afirman las estructuras de poder y, por lo tanto, de dominio. Una posible estrategia de comunicación podría consistir en crear situaciones localmente limitadas que ayudasen a activar perspectivas discrepantes. En este sentido, ya resulta subversivo perturbar los modelos de interpretación «normales». Para ello no se necesita ninguna teoría abstracta de lo que sucede en una situación de comunicación. Es suficiente con una «teoría ordinaria» es decir, conocimientos sobre lo que es «normal» y lo que no. Y esto está a disposición de todo el mundo.

Para nosotros hay dos propósitos de la política emancipatoria que continúan siendo preponderantes: la deconstrucción de los códigos dominantes y la difusión de códigos alternativos o emancipatorios propios. Para lo primero, lo que hacemos es apropiarnos de los códigos de la «gramática cultural» hegemónica, con el propósito de perturbarla, confundirla y desplazarla. Lo que está claro, naturalmente, es que este tipo de «perturbaciones» no pueden actuar en el sentido de una estrategia manipuladora, sino que sólo crean situaciones abiertas. Lo que resultará de éstas, lo que hagan los participantes con esta situación no puede ser predeterminado con precisión. Que nos gusten o no las lecturas que entonces puedan desarrollar las personas es algo que debe quedar abierto. Al mismo tiempo, deberíamos tener siempre presente que sólo estaremos en condiciones de hacer resplandecer, como mínimo, la utopía de otra vida, si no malentendemos la lucha política y social como la imposición de una ideología mejor. Sería necesario encontrar formas lingüísticas que fueran más allá de un concepto de lengua en tanto que representación esperable y que pudieran contribuir a su socavación. Una tesis, sobre la base de las ideas de Radio Alice y A/Traverso podría venir a ser: los códigos alternativos, emancipadores ya no pueden ser cerrados y unívocos ni contribuir a un sentido reconocido. En la confrontación con los códigos cerrados de la normalidad social, estos códigos abiertos pueden provocar trastornos que conduzcan a que, por un breve instante, se produzca un vacío de contenido. Este instante de vacío ofrece la posibilidad de interpretar en un contexto nuevo lo hasta ahora no cuestionado.

El «mensaje», el contenido comunicado por semejantes acciones subversivas, consiste en el propio ataque a las formas estético-culturales aparentemente evidentes. Transportan una crítica a las evidencias y, como mínimo, ayudan a aguzar la vista para reconocer que un evento aparentemente objetivo, puramente verbal y, a veces, presentado apolíticamente, siempre representa también un acontecimiento político. Y un ataque así no debe ser menos valorado que la intervención mediante un discurso de contenido clarificador. Aun cuando resulta más fácil identificar claramente el mensaje de una crítica argumentativa -puesto que da la seguridad a quienes lo pronuncian de exponer sus posiciones de manera clara e inconfundible-, dado que esta forma de crítica se fundamenta en modos de comunicación socialmente hegemónicos, de esta manera reconoce, indirectamente, la legitimidad de los discursos hegemónicos y contribuye también a una estabilización de la situación dominante.

Lo que no se puede formular, desde luego, con los códigos abiertos es una utopía vinculante. Pero la comunicación de utopías propias resulta posible, en todo caso, sólo a través de una práctica social propia. De lo que se trata es de hacer aparecer, al menos por breves instantes, «otra realidad» en medio del aburrimiento de la normalidad social, «que nos permita vivir y sentir entre nosotros aquello por lo que vale la pena seguir luchando mañana» (Umberto Eco: Über Gott und Die Welt; Munich, 1985). Somos conscientes de lo difícil que resulta esto bajo una presión continua que no procede sólo de afuera, sino también del propio anhelo de integración en justamente esa normalidad.

Comenta este artículo   Volver arriba

Nota: los comentarios ofensivos podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación

   
Volver a la página Principal
Ver comentarios
Spip Sitio desarrollado con SPIP v1.9.2 , un programa Open Source escrito en PHP bajo licencia GNU/GPL.
Licencia de Creative Commons Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons, mientras no se indique otra cosa.