En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
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BOLIVIA, una mirada desde dentro

LA GRAN MARCHA

Sección:Anticapitalismo
Martes 14 de junio de 2005 0 comentario(s) 2200 visita(s)

... las marchas se suceden unas tras de otras, disciplinadamente las Juntas Vecinales vienen llegando con gran estertor de cohetes y consignas, por otra calle transcurren estudiantes universitarios de la Universidad de El Alto, jóvenes aymaras aguerridos que en su determinación arrastran e incorporan a otros sectores. En otra vía principal llegan los mineros cooperativistas con gran desplazamiento de camiones y con férrea actitud de aún sentirse vanguardia, ingresan cada uno de ellos con la dinamita en bandolera puesta en el pecho, mientras detonan algunos cachorros de dinamita que hacen temblar la ciudad...

... son miles que se congregan y suman a los ya interminables Mallkus [Condor en aymara, pero también líder] de las provincias de La Paz, que momentos atrás hicieron su ingreso a la populosa zona de la Pérez Velazco; cada uno de ellos, con el poncho rojo que expresa su autoridad, el bastón de mando en la mano y el chicote [látigo, uno de los símbolos ancestrales de autoridad] de castigo cruzándoles el pecho como expresión de ese poder existente y hasta ahora devaluado por el Estado boliviano...

... A todos esos marchantes, se incorporan luego los maestros, los carniceros, los choferes, los pobladores de clase media de algunos barrios aledaños (que entre temerosos y solidarios buscan diferenciarse de los “comités de defensa de la propiedad” organizados en los barrios residenciales por los vecinos), los panaderos, los trabajadores en salud, y muchos otros sectores que día tras día se sienten convocados a ser parte de esa gran masa insurrecta que literalmente toman la ciudad todos los días desde hace más de 18 jornadas.

Mientras los marchistas, miles de ellos, se desplazan por la ciudad y la hacen suya, rodean una y otra vez el centro político del Estado, la Plaza Murillo donde se albergan físicamente el poder ejecutivo y legislativo del país; en la misma, decenas de policías, agotados y sin mucha convicción están organizados en cordones de seguridad circundante donde en la última línea se encuentran los policías militares armados con fusiles de alto calibre, con la orden taxativa de no permitir por ninguna circunstancia el ingreso popular a las dependencias estatales...

Se organizan mítines en la Plaza de los Héroes donde convergen finalmente los marchistas, llenando el espacio con su presencia y consignas... no muchos pueden escuchar a los oradores que se suceden en la palestra pues la masa es tan grande que cada espacio tiene una dinámica propia para sentirse participante... algunos toman la palabra, unos dirigentes que buscan ser reconocidos como emergentes y principales se hacen eco de las consignas radicales y azuzan a los marchistas, otros dirigentes apenas impulsados por el movimiento casi no alcanzan a hacer entender la presencia de su sector en esa gran concentración...

... En los marchistas se suceden las consignas, los gritos, las acusaciones al poder, mientras se agitan una y otra vez las cientos de Wiphalas [bandera indígena de cuadrados multicolores] que cada sector enarbola como símbolo que une a la concentración, no son muchas las banderas bolivianas, el simbolismo indígena impera por doquier e impone su presencia... sólo algunos clase medieros mezclados entre los participantes hacen presencia y se sienten parte de esa Bolivia que grita y demanda ser tomada en cuenta...

Al terminar los discursos se suceden una vez más las marchas hacia la Plaza Murillo, azuzando la presencia del poder, otras se dispersan y en grupos empiezan su largo peregrinaje de casi 15 kilómetros hasta sus casas en la ciudad de El Alto... los mineros por su parte, inician el intento de ingreso a la Plaza, que tiene como contestación una seguidilla de gases lacrimógenos de la policía que persigue a los marchistas... entonces se produce el gran repliegue de las numerosas marchas que junto a los transeúntes casuales deben escapar al efecto de los gases...

Mineros, universitarios y campesinos, por su parte, han aprendido en las jornadas de lucha y patean los gases, los devuelven, toman vinagre, fuman cigarrillos, se ponen bicarbonato alrededor de los ojos o se mojan la cara en orines para enfrentar la represión policial, mientras continúan lanzando piedras, cachorros de dinamita que a más de hacer estallar algunos vidrios de viviendas, amedrentan pero no dañan, es como si hubiera un acuerdo tácito de agresión controlada...

... Los policías, ellos mismos aymaras en su mayoría, más allá del trabajo que realizan, están de acuerdo con las razones que mueven a muchos de los que los enfrentan; por su parte, los mineros no lanzan dinamita hasta los cuerpos policiales pues entienden también que ellos son tan sólo otros pobres que reprimen por orden de aquellos que no están presentes, que gobiernan y deciden no desde las calles, sino desde la comodidad de ministerios, curules [sillones del parlamento] y embajadas...

... los transeúntes, los pequeños comerciantes, los oficinistas y burócratas de a pie han logrado aprender a convivir con el ritmo de las marchas, muchas veces violentados por la falta de transporte, por los atrasos y algunas veces porque son parte de las persecuciones y consecuencias de los gases... otros han adaptado la sobrevivencia al momento que se vive, en una hábil capacidad de adaptación, pues venden en las calles el tan buscado bicarbonato, los cigarrillos y hasta botellitas de vinagre a granel para marchistas desesperados que huyen de los gases... nadie está contento con la situación, sin embargo la creatividad es sobrevivencia y lo ha sido siempre para los sectores populares...

Mientras en taxis, trufis, oficinas o en las calles, la ciudadanía en pleno ejerce la política pública discutiendo, opinando o enjuiciando el rumbo político del país... las calles de La Paz se han convertido en una gran tribuna donde todos hablan y opinan en sus propios idiomas o expresiones, donde afloran las corrientes de opinión, donde los prejuicios raciales afloran con la misma facilidad que la descalificación política, donde las actitudes y opiniones grupales o individuales de unos barrios y clases se contrastan confrontándose públicamente en las calles y discursos así como en los espacios familiares y privados...

La identidad aymara siempre presente en esta ciudad en los barrios de las laderas, en las juntas vecinales de la ciudad de El Alto se hace patente en el conflicto ocasionando un reacomodo simbólico de espacios tomados a través del bloqueo, la toma de plazas y el miedo de los barrios del sur [barrios económicamente acomodados] al avance aymara hacia sus propiedades...

Los medios de comunicación concentran este gran abanico de opiniones precisamente en los momentos de crisis como en los que vivimos, donde públicamente se busca crucificar a los dirigentes cívicos y sindicales que no atinan a mayores argumentos de su levantamiento, mientras se ensalza la prolijidad de argumentos de los políticos de siempre o de cívicos orientales de apellido [El Oriente boliviano se define como mejor económicamente y alardean de apellidos españoles]...

En definitiva, la dramática marca racista que se inscribe en el Estado Boliviano, se reproduce permanentemente a través de la mayoría de los medios de comunicación que justifican cotidianamente a nombre de la paz reclamada, el orden de las diferencias y de la racional blanquitud frente al salvajismo de los diferentes... expresan plenamente en definitiva la opinión de la clase media que en su gran mayoría dirige los programas noticiosos y también de los propietarios de los medios que digitan en ocasiones el sentido de la información.

En definitiva, vivimos las consecuencias provenientes de un mundo esquizofrénico (en el sentido utilizado por A. García Linera) que se ha negado a aceptar la diversidad y la pluralidad como posibilidad de construir el país, optando por la homogeneización bolivianizada que asume plenamente que los valores liberales definen al ser democrático y el espíritu nacional, negando en consecuencia a la gran mayoría de los ciudadanos de este país que viven bajo una lógica comunitaria y gremial, a la posibilidad de mejorar su condición de vida y por el contrario, condenándolos a una miseria que acrecentada por el neoliberalismo agudizó la percepción de clase de que la Nación como discurso de Estado de los sectores dominantes sólo era una formalidad que jamás pensó la ciudadanía para todos como inclusión.

Peor aún, esas diferencias dramáticas en el plano económico asumieron esa magnitud por cuanto además incluían una dimensión de exclusión racista que hizo que las castas señoriales de la colonia perduraran en la blanquitud del criollaje mestizo de hoy o de los migrantes extranjeros que huyendo de sus países encontraron en el nuestro la veta de inversión y de sobrevaloración de la que fueron objeto para considerarse dominantes y ser hoy parte de la disputa hegemónica del país.

Por todo ello, las razones políticas del enfrentamiento de hoy, son causa y consecuencia al mismo tiempo de una sociedad que no ha construido puentes de encuentro sino más bien barreras de discriminación para hacer una ficción de país, donde precisamente la diversidad de identidades es lo que nos ha permitido no sólo sobrevivir, sino también la creación de movimientos sociales que intuitivamente condensan la multi-pluri forma de existir de los que son parte de este país.

Sin embargo, el peso de la opresión también imprime su marca en los movimientos sociales, pues existe una tendencia marcada a la inorganicidad, en contraposición a lo partidario que los ha sujetado durante años al discurso neoliberal, en definitiva: su fortaleza en la capacidad de movilización e improvisación frente al poder constituido, es también una debilidad a momento de definir una estrategia sostenible de poder alternativo...

Al propio tiempo esta posibilidad de los movimientos sociales de impulsar el protagonismo desde las calles ha multiplicado el liderazgo en las organizaciones, creando múltiples cabezas unas más institucionalizadas que otras, unas con todo un proceso histórico de liderazgo, otros creados al calor de las luchas de los últimos años... sin embargo este mismo pluri-protagonismo ha creado múltiples espacios de poder confrontados con otros, que en casos pasan incluso por conflictos personales o de poder que han impedido en demasiadas ocasiones la posibilidad de un acercamiento unificador entre las organizaciones sociales para articular una estrategia de poder posible a ofrecer al conjunto de la nación boliviana.

En el fondo del conflicto actual, por tanto no se están dirimiendo temas que hacen tan sólo a la coyuntura, si el presidente Mesa se va o se queda, si el gas o el agua como recursos son asumidos como propiedad de los bolivianos, si la nacionalización es una salida o no para esta problemática; sino que la suma de todos ellos se traduce en la voluntad política de los movimientos sociales de ser parte de las decisiones políticas que se toman en este país, de sentir que a cada uno de los bolivianos de nombre, le pertenece en realidad los recursos que hacen a la nación; en definitiva, lo que está en primer plano es la posibilidad real de sentirse parte de un país que quiere ser diferente, donde ya cesaron las represiones para aceptar lo que desde arriba se dice o las manipulaciones para que mansamente se acepte lo que los políticos de turno decían que era bueno para el país...

Es el momento de la ocupación física de los espacios vedados, es el hacer sentir a los que siempre agredieron que ahora teman por su propia seguridad, es sentir que tras la consigna, hay miles de personas que experimentan y acumulan la misma rabia y desilusión por años, sin que nada pase... por eso sus tiempos de espera y resistencia se han hecho diferentes, como dijo Felipe Quispe [líder del movimiento indígena aymara] hace algún tiempo, “podemos bloquear por días y meses, si tenemos comida, tenemos paciencia para esperar, lo hemos hecho más de 500 años, un tiempo más lo podemos hacer pero ahora desde la posibilidad de que todo cambie, es el tiempo del Pachacuti [ciclos para medir tiempos históricos en la simbología andina] el que vivimos”.

En definitiva se dirime un ajuste con la historia, y esta no transcurre siempre en forma lineal, aunque el proceso de aprendizaje es irreversible para seguir avanzando... hoy el telón de fondo nos muestra a los actores sociales posesionados del escenario pero al mismo tiempo divididos y enfrentados en casos, sin embargo los derrotados portadores del discurso neoliberal, con la posibilidad de su rearticulación y ante la impavidez de parte de la ciudadanía que observa que mientras los fuertes movimientos sociales pueden llegar a tumbar gobiernos son incapaces de generar una estrategia de poder hegemónica que involucre y sume al conjunto del pueblo boliviano.

Es precisamente esta limitación política la que puede hacer posible que los de siempre nuevamente se hagan con el poder... y mientras tanto se posterguen sin tiempo, una vez más la posibilidad histórica de que el país incorpore en la actoría a los excluidos... sin embargo los acontecimientos deben reflexionarse para aprender de la caminata transcurrida en los últimos años por la acción de los movimientos sociales para convertirse en una lección sobre el poder, para disipar la ilusión de su toma institucional inmediata y trabajar para construirlo y fortalecerlo desde cada uno de los espacios en los que la diversidad hace cientos de años sobrevive y crea, para proyectarlo como estrategia de poder popular que sume y construya para un mundo que admita la diversidad y la equidad como fundamento de la ciudadanía...

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