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COA-MOC. Proyecto AUPA, Zaragoza 1989

Situaciones históricas de resistencia noviolenta

Situaciones históricas de resistencia noviolenta

Conocemos más o menos bien la historia de la violencia y las guerras, porque es la que nos enseñaron en la escuela. Nos han explicado que los romanos edificaron un vasto imperio gracias a la fuerza de sus legiones; que por donde pasaba el caballo de Atila nunca más volvía a crecer la hierba. Nos han relatado la derrota de la Armada Invencible, y nos han enseñado a admirar el genio estratégico de Napoleón o Rommel. Por eso la idea de que los pueblos necesitan un ejército nos suena perfectamente natural, y es de la “defensa noviolenta” parece un tanto fuera de lugar, como importado de otra galaxia...

Y sin embargo la noviolencia también tiene su historia. Una historia modesta, quizás balbuceante, y desde luego bastante ignorada, pero sin duda existe. Es la historia de los miles de hombres y mujeres que han luchado a lo largo de la historia por un ideal de justicia frente a la barbarie y dominación del poder. La historia que día a día escriben calladamente los pueblos que no se resignan a ser absorbidos por un sistema depredador y defienden la cultura de sus gentes. Una historia seguramente menos espectacular que la que viene reseñada en los libros de texto, pero en cualquier caso no menos importante.

También hay héroes de la noviolencia, y posiblemente de una talla moral mayor que la de los héroes de la guerra. Se desconoce el número exacto de moros que tuvo que descuartizar Fernando III, el Santo, para figurar en el santoral, pero es seguro que ningún héroe de la noviolencia alcanza esta cifra. Nombres como Gandhi, Luther King etc. disfrutan ya del reconocimiento universal, y nadie pone en duda el valor de sus ejemplos. Pero si quisiéramos escribir la “contrahistoria” de la noviolencia, estos nombres apenas deberían ocupar espacio. Esta historia estaría llena de héroes anónimos, soldados desconocidos del gran monumento nunca erigido en honor de los luchadores por la paz y la justicia con armas pacíficas y justas.

Este dossier se dedica a la constatación de ejemplos actuales de luchas noviolentas en distintos terrenos: la lucha contra la opresión económica, contra el colonialismo, contra las dictaduras, contra invasiones, contra golpes de estado etc. Hemos recogido un muestrario de situaciones en las que la noviolencia ha ocupado un papel principal, dentro siempre de las limitaciones que la han rodeado. La mayor parte de las veces en que los pueblos han optado por la noviolencia como método de lucha se han visto impelidas a ello de forma improvisada en gran medida, con grandes carencias de organización y preparación; aunque ello no significa que su elección fue casual; algo tenían esos pueblos que les condujo a la ación noviolenta frente a los poderes que quisieron imponerles otras formas de pensar o de vivir.


NOVIOLENCIA FRENTE A LA OPRESIÓN ECONÓMICA

La Marcha de la Sal
Dentro de las campañas “Satygraha” promovidas por Gandhi en contra del Imperio Británico se encuentra el capítulo de la “Marcha de la Sal”. Debido al boicot contra las mercancías inglesas surgió un grave problema de deterioro económico para el Imperio Inglés en India. Una de las soluciones llevadas a cabo por los ingleses fue la de transportar sal en los barcos que empezaban a llegar a la India de vacío, para crear, de este modo, un monopolio sobre este mineral básico para la alimentación, gravando así patéticamente un producto indispensable para los campesinos (tanto para ellos mismos, como para su ganadería).

Este acto de opresión y humillación conduciría a Gandhi a una nueva lucha noviolenta: la “Marcha de la Sal”; lucha que acabaría covirtiéndose en símbolo de liberación nacional para la India.

Partió a pié de Sabarmati, el 12 de marzo de 1930, para llegar doce días después al océano, tras recorrer 300 km. a lo largo de los cuales un pequeño grupo marginal un principio, se fue convirtiendo progresivamente en una interminable procesión de peregrinos en pos de la independencia. A la orilla del mar, Gandhi recogió un puñado de sal marina, no contaminada por los impuestos, y exhortó al pueblo indio a la desobediencia civil frente al delito de fabricar, vender, guardar o transportar sal. Este hecho tuvo amplísima repercusión.

Esta que tambaleo de nuevo al país sacó a la liz hechos violentos y noviolentos entre los cuales cabe destacar por su simbolismo los siguientes:

Entre los numerosos asaltos a almacenes de sal, tenemos el de Gujarat. Gandhi comunicó al virrey con antelación que iban a ser asaltados, y por ello fue detenido. Pero eso no detuvo la acción. Aquel día, cientos de personas se dirigieron inermes contra la policía armada que rodea los almacenes cayendo, fila tras fila, derribados a golpes y arrojados a las zanjas, para ser reemplazados por otras resistentes. su única fuerza residía en su convicción de “resistencia pasiva” frente a la violencia y la represión.

Otro ejemplo de gran significación lo tenemos en Barisal. La muchedumbre enfurecida se revolvió contra la violencia frente a la policía que, atemorizada, se refugió en una escuela, la cual fue cercada e incendiada por las masas. Cuando todo se encaminaba hacia un irreparable holocausto, se acercaron resueltos los satyagrahis (discípulos de Gandhi que practicaban la desobediencia civil con métodos noviolentos) y salvaron a los policías de una cruel muerte aún con riesgo a sus vida, y dejando perpleja a la multitud enfurecida.

La acción de Cesar Chávez

Cesar Chávez era uno de los muchos chicanos que trabajaban en los Estados Unidos. Las sociedades propietarias de viñedos en California utilizaba esta población de origen mexicano, prototipo de proletario desorganizado y superexplotado, como mano de obra barata. Cesar Chávez realizó entre los chicanos un largo trabajo de concienciación y organización que culminó como uno de los más grandes movimientos de resistencia noviolenta.

Chávez convocó una huelga, pidiendo a los obreros agrícolas que se mantuvieran dentro de los principios y métodos de la noviolencia. Los terratenientes pudieron, sin embargo encontrar trabajadores que necesitaban dinero por pura supervivencia, y con estos se aseguraron la cosecha de uva. Entonces se decidió boicotear el comercio de uva mediante piquetes en las entradas de los supermercados de las principales ciudades de los Estados Unidos para explicar al público las razones de la huelga.

Todo el movimiento estuvo inspirado en los métodos de Gandhi y Luther King. Los huelgistas tuvieron que soportar la violencia de los matones y agentes de seguridad de los propietarios y además fueron acusados de perturbar el orden público. El presidente Nixon tomó partido en favor de los propietarios. Sin embargo el envío de cargamentos a Inglaterra fue boicoteado por los descargadores ingleses, que se negaron a desembarcarlos en solidaridad con los obreros chicanos. Tras unas huelga y un boicot que duraron más de cinco años, los propietarios cedieron y firmaron un convenio digno con los obreros agrícolas.

El movimiento no estuvo exento de riegos de ceder a la provocación y usar la violencia; hasta el punto en que Chávez tuvo que ayunar durante veinticinco días para lograr que los obreros, especialmente los más jóvenes, se mantuvieran en la noviolencia.

Chávez declaró que el éxito de la huelga se debió a “la presión” y que era difícil “que los propietarios se convirtieran cuando entre ellos y nosotros hay una cuestión de dinero”. Por otra parte, aseguró haber “tocado el corazón de los propietarios” ya que “su corazón es su cartera”, y el boicot había tocado la cartera de los propietarios.

NOVIOLENCIA FRENTE A GOLPES DE ESTADO

El Putsch de KappAntes de empezar el relato, una aclaración: “Putsch” significa “Golpe de Estado en Alemán.

En Marzo de 1920, Alemania se enfrentaba con problemas de diverso orden: paro dificultades económicas, descontento en el ejército tras la capitulación de 1918, etc...

El general von Luttwitz inició un golpe de Estado para llevar al poder al político Kapp mediante un ultimátum previo al gobierno republicano en el que reclamaba la formación de nuevo gobierno, la restauración de la monarquía y la suspensión del desmantelamiento de las Fuerzas Armadas (iniciado en cumplimiento del tratado de Versalles). Más tarde las tropas sublevadas se pusieron en marcha hacia Berlín.

El gobierno rechazó el ultimátum y ordenó a la policía defender los edificios oficiales y mantener el orden. Von Luttwitz entró en Berlín ocupando sin dificultad los puntos estratégicos y de importancia política. Al negarse la policía a combatir contra el ejército se evitó un enfrentamiento sangriento. El gobierno cayó en Berlín, y Kapp se autoproclamó canciller con von Luttwitz como jefe de las Fuerzas Armadas.

Al día siguiente, el gobierno legítimo, retirado a Dresde, lanzó un llamamiento a la huelga general. La vida en Berlín quedó paralizada: los propios órganos gubernamentales y administrativos se sumaron a ella. Los funcionarios se negaban a acatar las órdenes del intruso, o sencillamente, o sencillamente no acudían a las oficinas.

Ya en la misma noche del Golpe, Kapp, tropezó con dificultades imprevistas. Instalado en su despacho de Canciller, no aparecieron los funcionarios, y ni siquiera encontró una mecanógrafa o una máquina de escribir. EL bando proclamando su autoridad se lo tuvo que redactar su hija: y para cuando estuvo listo, ya era tarde para su publicación en prensa.

La resistencia de la burocracia ministerial fue el obstáculo imprevisto contra el cual Kapp no supo qué hacer. La desobediencia se extendió a las propias Fuerzas Armadas y la policía. A los tres días, Kapp dimitió y huyó a Suecia, ese fue todo el tiempo que pudo resistir su gobierno la presión de un pueblo movilizado pacíficamente.

Pero, aunque los berlineses habían actuado pacíficamente, los obreros del Ruhr, Sajonia y otros lugares habían considerado la huelga general como preludio de la revolución armada. Se forzaron Consejos Obreros, continuando las movilizaciones. El Presidente Bauer, que se había apoyado en los obreros para vencer al ejército, retrocedió ante la idea de aplastar a los obreros. Diez días después dimitió. Fue su sucesor el encargado de “restablecer” el orden con ayuda de los militares.

El final de esta historia, por tanto, no fue feliz. Pero ello no invalida la demostración de que la huelga general puede ser una poderosa arma noviolenta en manos de un pueblo.

El golpe de Primo de Rivera.
Este caso hay que considerarlo como un contraejemplo, es decir, una demostración histórica de lo que NO debería hacerse ante un golpe de Estado.

En España, en Septiembre de 1923, los periódicos de Barcelona publicaron obedientemente la proclama del general Miguel Primo de Rivera en la que exigía la constitución de un Directorio Militar en Madrid. Sólo in periódico evitó la publicación no saliendo a la calle.

La técnica del Golpe fue la típica fórmula del “pronunciamiento”: no se pretendía realmente arrebatar el poder por la fuerza, sino por la amenaza de la fuerza. El propio general confesó a sus íntimos: “si vienen a combatirnos estamos perdidos”. Se trataba de dar un grito que asustara a los enemigos, encontrara de inmediato a los que no querían o no podían tomar la iniciativa, y que atrajera finalmente a los indecisos e indiferentes.

Y así ocurrió. Los que podían y debían resistir se acobardaron: los periódicos publicaron la proclama; el gobierno no se atrevió a detener a los generales que parecían implicados, los socialistas temieron la represión que la convocatoria de huelga general podría traer consigo. Tampoco hubo telegrafistas ni ferroviarios bloqueando las comunicaciones con Barcelona. Durante 24 horas nadie reaccionó en uno y otro sentido. Ninguna fuerza política fue capaz de tomar la iniciativa. Apenas hubo algún conato de resistencia popular.

El pueblo no se movilizó porque sus líderes no acertaron a movilizarlo, ni tampoco sus gobernantes. Pero también porque no se sentía identificado con el Régimen que era derrocado.

El Golpe de los generales.

Argelia en el año 61 era todavía colonia francesa. Los militares franceses, tras una larga guerra, se sintieron abandonados por las autoridades civiles. La revuelta fue la culminación de más de cinco años de conflicto intermitente entre Argel y París, que se agudizó cuando De Gaulle anunció públicamente que estaba dispuesto a iniciar negociaciones con los nacionalistas argelinos.

La revuelta empezó la noche del 21 de abril de 1961. El Primer Regimiento de la Legión se hizo con el control de la ciudad de Argel. La mañana del 22, la radio anunció el Estado de Sitio, pasando todos los poderes civiles a manos de la autoridad militar. Toda resistencia sería “aplastada, venga de donde venga”. La orden llevaba la firma de cuatro generales recién retirados, entre ellos Challe, cuyo prestigio hizo que varios generales en activo apoyaran también el golpe. Aunque había indicios de lealtad a De Gaulle de la mayoría de los altos jefes, no parecía factible una acción militar contra los sublevados.

Si era, en cambio, posible un golpe paralelo en París. Frente a este doble desafío, los recursos militares de De Gaulle eran flojos. Muchos hombres estaban en Argelia; la fuerza aérea apoyaba el golpe, e incluso era dudosa la fiabilidad de los cuerpos paramilitares. De modo que De Gaulle prescindió de soluciones militares y dio un mensaje a la población llamando a la no-cooperación con los rebeldes.

En un principio la respuesta al golpe vino de sectores no gubernamentales. Los partidos políticos y sindicatos convocaron una huelga general de una hora seguida por diez millones de trabajadores.

Otras medidas antigolpistas fueron la detención de extremistas de derecha, preparación de vehículos para bloquear aeropuertos, protección policial a edificios públicos y puentes del Sena, formación de una Guardia Ciudadana (sin armas), bloqueo financiero y comercial de Argelia, etc.

Los transistores fueron esenciales en la organización de la resistencia, incluso dentro de la tropa. Pilotos de aviación se negaron a pilotar al servicio de los rebeldes. Muchos soldados manifestaron su oposición al golpe simplemente no saliendo de los cuarteles. Los reclutas se percataron de la fuerza que podían tener con sólo negarse a cooperar. Lo mismo sucedió entre los funcionarios.

El 25 de abril, dándose cuenta de su incapacidad para ejercer el poder y cumplir el plan previsto, los golpistas pusieron punto final a su aventura. Todo acabó sin violencia, porque por una parte de la resistencia no había deseos de una guerra civil; y porque los rebeldes se vieron contenidos tanto por temor a un juicio posterior como por la falta de pretextos para ejercer la violencia contra una población noviolenta masiva.

Este es un claro ejemplo de cómo una resistencia noviolenta organizada por le gobierno y basada, en este caso entre otros métodos, en la no-cooperación y en un inteligente uso de los medios de comunicación, puede acabar rápidamente y sin víctimas con un golpe de estado.

NOVIOLENCIA FRENTE A LA DICTADURA

El pueblo húngaro frente al dominio austríaco.

En 1847, Hungría, tras más de un siglo de dominación austríaca, arrancó a los Habsburgo una Constitución. Sin embargo, el país fue invadido primero por los austríacos y luego por los rusos, y se restableció la autoridad austríaca, anulando la Constitución.

Seis años más tarde, el emperador intentó apoderarse de las iglesias católica y luterana, integrándolas en una organización única bajo dirección imperial. Los protestantes resistieron y se negaron a integrar sus escuelas en el sistema de educación imperial, lo que provocó en represalia, la prohibición de conceder títulos a la universidad de Debreczen. En 1859, al negarse los protestantes a disolver los tribunales eclesiásticos, Viena amenazó con emplear la fuerza armada. Fueron detenidos muchos obispos y pastores. En enero de 1860 se reunió en Debreczen el Sínodo de la Iglesia Reformada, desoyendo la prohibición austríaca. El emperador no se atrevió a utilizar la fuerza.

El gobierno ordenó la lectura de la nueva reglamentación de las iglesias, ante lo cual el Sínodo recordó a los párrocos su decisión de oponerse a tales normativas. Solo una parroquia leyó el texto gubernamental. Comenzaron los arrestos eclesiásticos, intervenciones policiales en reuniones religiosas etc.; pero esto no intimidó a los protestantes. Cuando se sabía que un pastor iba a hablar sobre el proyecto del gobierno, la misa se convertía en una manifestación multitudinaria de afirmación nacional. Se crearon comités de defensa de la autonomía de las parroquias. Llegaron muestras de solidaridad tanto del interior del país (estudiantes) como del extranjero.

Convencido de la imposibilidad de vencer la resistencia de las iglesias por la fuerza armada, sin correr el riesgo de la revuelta nacional, y preocupado por la pérdida de prestigio en el exterior, el gobierno de Viena nombró un nuevo gobernador de Hungría de confesión protestante, que revocó el polémico reglamentó y liberó a los pastores encarcelados.

Esta rebelión de las iglesias fue el detonante de la resistencia general. Bajo el liderazgo del procurador Deak, los húngaros exigían la restitución de la Constitución de 1847. Deak abogaba por la resistencia pasiva, negándose a cumplir las imposiciones de la ley austríaca, y siguiendo únicamente la legítima ley húngara. Los húngaros se negaron a pagar impuestos; cuando les embargaban, tenían que ser policías austríacos quienes hicieran el trabajo de tasar los bienes y subastarlos; incluso los compradores tenían que ser traídos de Austria. Al mismo tiempo se lanzó la consigna, masivamente seguida, de no enrolarse en el ejército austríaco.

Cuando el emperador disolvió la Dieta Húngara, ésta siguió reuniéndose en secreto. Se formaron círculos culturales y agrícolas. Se promovió un boicot comercial a productos austríacos. A medida que avanzaba la resistencia pasiva, las cárceles se llenaban. Austria se vio abocada a un callejón sin salida.

Al estallar la guerra con Prusia, en 1864, el emperador, rodeado de dificultades, llamó a Deak e intentó negociar con él las libertades, a cambio de soldados húngaros. Deak se negó diciendo: “nunca haré de la restauración de las libertades de mi país objeto de trueque”. Entonces el emperador decretó el servicio militar obligatorio, pero tuvo que revocar la orden ante la inminencia de una revuelta general contra la movilización.

En 1887 fue restituida la Constitución húngara; un logro histórico arrancado al emperador por métodos noviolentos.

Resistencia de Finlandia frente a Rusia.

Un caso parecido al de Hungría fue la dominación rusa sobre el pueblo finlandés. Después de ochenta años de coexistencia pacífica entre finlandeses y eslavos, basada en una amplia autonomía, el zar Alejandro III, y posteriormente Nicolás II fueron anulando la mayor parte de las prerrogativas de Finlandia. A partir de 1898, el gobernador Bobrikov impuso un duro régimen opresivo. Fueron abolidos todos los derechos, y se decretó que las tropas finlandesas serían integradas en el Ejército Imperial Ruso.

En este punto comenzó la resistencia civil. De 25.000 hombres llamados a filas, 15.000 no se presentaron. Bobrikov arrestó a los jueces que absolvieron a los prófugos, y llenó Finlandia de soldados rusos. Impuso también la enseñanza obligatoria en ruso. La resistencia se generalizó: jueces que se negaban a aplicar los nuevos decretos, maestros que se negaban a hablar en ruso a sus alumnos, pastores luteranos que recomendaban en las misas resistencia pasiva.

Tras cinco años de resistencia noviolenta Bobrikov aprovechó los primeros actos violentos perpetrados por provocadores a sueldo para desencadenar una cruel represión. Algunos finlandeses se dejaron arrastrar por la espiral de violencia. Bobrikov acabó siendo víctima del monstruo que él había creado: un joven finés lo asesinó en 1904.

La resistencia civil continuaba, no obstante, y en 1905 el movimiento obrero convocó una huelga general, que fue seguida hasta por la policía. Al sexto día de huelga, el zar, que tenía dificultades para mantenerse en el poder tras su derrota con Japón, accedió a negociar las libertades finesas.

Casos de resistencia frente al nazismo.

A la hora de ilustrar las posibilidades de una resistencia noviolenta frente a situaciones de dominación política, no basta con hacer referencia a ejemplos como los anteriores, en los que una resistencia generalizada (aunque improvisada también) culmina con una victoria (parcial o total), sino también a otros casos más aislados que contienen importantes enseñanzas. Uno de estos casos es las resistencia en la Alemania nazi. Es evidente que fue la fuerza militar conjunta de los países aliados lo que, en última instancia, derrotó a Hitler. Pero esto no debe hacer que perdamos de vista que la resistencia empezó mucho antes de la batalla de Estalingrado.

Ya antes de la guerra, más de cien mil alemanes arios visitaron los campos de concentración como resultado de la lucha clandestina. Durante la guerra fueron miles los jóvenes fusilados por objeción de conciencia o deserción. En cuanto a la resistencia de los judíos, sólo en Berlín vivían 500.000 judíos clandestinamente durante la guerra. Esto sólo fue posible por la solidaridad de una parte importante de la población. Y la solidaridad es una forma de resistencia.

La oposición a Hitler, la denuncia de los desafueros nazis, fue constante; aunque, por desgracia desorganizada. Podemos citar un hecho ilustrativo. Tras la publicación del decreto de Pureza de Sangre, que prohibía a los matrimonios mixtos ario-judíos, numerosos judíos fueron detenidos. Las mujeres se manifestaron en las comisarías exigiendo la liberación de sus esposos. Llegó un momento en que las autoridades nazis sólo podían hacer dos cosas: detener a las vociferantes o soltar a los judíos, hicieron lo segundo. SI hechos de esta clase se hubieran producido más a menudo, ¿hubiera podido Hitler llegar a la solución final?.

Otro hecho destacable fue la homilía del obispo de Munster denunciando el plan eugenésico (aplicar eutanasia a enfermos mentales, incurables y subnormales). El obispo no fue detenido y fusilado, como solía pasar con los opositores en plena guerra, pues ello hubiera levantado a la católica Renania contra Hitler.

Goebels recomendó anular el plan eugenésico, para asegurar el apoyo católico. ¿Qué hubiera pasado si la actitud del obispo de Munster hubiera sido secundada por toda la Iglesia Católica como institución?.

Es perfectamente imaginable que el resultado de una resistencia generalizada hubiera sido la caída de Hitler antes de cometer sus últimas y más espeluznantes locuras asesinas. También es posible que la resistencia fuera ahogada, al precio de convertir toda Alemania en un campo de concentración y exterminio, embarcada en una guerra suicida que, finalmente la reduciría a cenizas. La noviolencia no tiene fórmulas infalibles, pero sus posibilidades se apuntan en situaciones de toda índole, incluso frente a los más fanáticos dictadores.

Lucha de oposición en Latinoamérica
Los hechos que condujeron en 1944 a la caída del dictador Martínez en El Salvador son ejemplo de tácticas noviolentas aplicadas en un contexto dictatorial en Latinoamérica.

Martínez, típico dictador centroamericano, que accedió al poder mediante un golpe militar, y que afirmaba tener poder de comunicación telepática con Washinton, gobernaba el país con mano dura hacia los paladines del cambio político y manga ancha ante el expolio de riquezas por parte del capital extranjero. Acorde con su creencia en la reencarnación de las hormigas en seres superiores, pero no-reencarnación de las personas, tenía exquisito cuidado en no pisar a los insectos de las comisarías donde torturaba a los subversivos. El país, en ese plan, llegó al colapso económico.

Entonces los bachilleres, inspirados por Gandhi, llamaron a la desobediencia civil a todas las capas de la población hasta echar al dictador. “Mostrando al tirano el abismo entre él y su pueblo, aislándole completamente, conseguiremos derrocarlo”. La campaña se inició con medidas simbólicas, como no participar en fiestas ni loterías y, pasando por boicotear los impuestos y negativas a trabajar en la Administración, culminó con una jornada de huelga general y manifestación masiva ante el Palacio Presidencial.

Tres días después de esta jornada, Martínez tomó un avión y abandonó el país. Al igual que en el Putsch de Kapp, el dictador, puesto en el dilema de hacer la guerra a su pueblo o abandonar el poder optó por lo segundo. Las únicas armas para derrocarle fueron incruentas: la huelga y la no cooperación.

A veces, se dice que los medios noviolentos son un lujo solamente apto para contextos políticos occidentales, en donde los cauces y un reconocimiento formal de las libertades cívicas, permiten ejercer la protesta pacífica. Esta interpretación confunde “noviolencia” con “legalidad”. Es preciso remarcar que los medios noviolentos no tienen por qué ceñirse a lo legal; es más, muchas veces la noviolencia significa, precisamente, transgredir la ley.

Lo cierto es que la lucha noviolenta se da en toda clase de contextos, sean del primer mundo o del tercero. El desarrollo de los movimientos de liberación en países latinoamericanos está engarzado en periodos muy intensos y fructíferos de resistencia predominantemente noviolenta. Durante los años cuarenta se produjeron movimientos insurreccionales en casi todos los países centroamericanos haciendo uso de tácticas inspiradas en el satyagraha gandhiano. En Guatemala, el derrocamiento de Ubico se basó en huelgas y manifestaciones pacíficas en las que la población se enfrentaba al ejército leal al dictador con una orden escueta a los soldados: “brazos caídos, a vuestros costados”.

El impulso de movimientos cristianos progresistas ha sido determinante para el desarrollo de la noviolencia en Latinoamérica. La pedagogía de la libertad de Freire constituyó la base para la acción de masas pacífica de Helder Cámara en Brasil. El trabajo fraccionado de movimientos de este tipo culminó con la creación del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) en 1968, como una red de solidaridad internacional de activistas cristianos y pacifistas. La detención del coordinador argentino Pérez Esquivel (en 1977) brindó reconocimiento internacional a esta red de lucha contra la opresión y la dictadura. En 1980, Esquivel recibió el Nóbel de la Paz.

La ayuda de este movimiento se manifiesta en las huelgas de los obreros de la Cemnt Company de Sao Paulo, que duraron trece años; en la persistente e incansable protesta pacífica de las Madres de la Plaza de Mayo, y en grupos análogos a las madres de Argentina, surgidos en Brasil, en países centroamericanos, etc.

Estos hechos históricos a menudo olvidados, muestran que lo esencial de la noviolencia no es el contexto político, sino la determinación de una comunidad de defenderse, de no claudicar, de no doblegarse, una vez que se ha tomado conciencia de la fuerza que emana de su propia unidad y cohesión en pro de una causa justa.

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En estos cuatro apartados se ha intentado recoger los ejemplos históricos más significativos de resistencia noviolenta frente a a dictaduras. Nos dejamos en el tintero ejemplos más actuales, como el derrocamiento de Marcos en Filipinas, la oposición política en los países de la órbita soviética; el aplastamiento militar de la revuelta estudiantil en China; las huelgas de hambre de mujeres bolivianas en demanda de amnistía para los mineros (que culminó con la caída del dictador Banzer); o la resistencia del pueblo chileno contra Pinochet.

Hay una unidad latente entre la actitud del obispo Romero denunciando la represión del gobierno salvadoreño y la denuncia del obispo de Munster contra Hitler; entre las caceroladas de Chile y el movimiento que derrotó a Martínez y a Ubico; entre las Madres de la Plaza de Mayo y las esposas de judíos detenidos... El denominador común de todos estos hechos no es otro que la apuesta por la noviolencia como método político de lucha por la justicia y los derechos de las personas.

NOVIOLENCIA FRENTE A LA INVASIÓN

Resistencia danesa a la ocupación alemana.
Las tropas alemanas penetraron en territorio danés el 9 de abril de 1940, después de un ultimátum al gobierno de Copenhague. Dinamarca se rindió sin resistencia de ninguna clase, ante las amenazas de bombardeo, y aceptó un gobierno de coalición constituido bajo las exigencias nazis. El Rey permaneció en el país, y recomendó a la población resignación ante los tiempos tormentosos. El estatuto oficial de Dinamarca era de “neutralidad”, pero en realidad era territorio en el que los ejércitos de Hitler campaban por sus respetos, baja la única condición de no mezclarse en asuntos internos.

A medida que pasaba el tiempo, los daneses iban comprobando la falsedad de su neutralidad, y cómo su gobierno era cada vez más un mero instrumento de la Alemania de Hitler. La situación duró hasta finales de 1941, cuando se inició un movimiento de resistencia aprovechando cualquier situación para mostrar el malestar de la población. Un domingo, más de dos millones de daneses y danesas salieron a los parques y las calles para cantar a coro canciones típicas danesas. La gente llevaba en sus solapas las siglas SDU, iniciales de “echémosles” en danés. Se adoptaron actitudes de “dar la espalda”, salir de un local público cuando entraban soldados alemanes, o no entrar en los cines hasta pasado el noticiero proalemán etc. Hubo también formas de obstruccionismo y brazos caídos en la industria.

Cuando el gobierno firmó el Pacto AntiKomiterm, en noviembre de 1941, estalló un motín en Copenhage, iniciándose un fase más dura de resistencia basada en sabotajes, huelgas y manifestaciones masivas en las calles. La represión corrió a cargo del ejército alemán que desplazó totalmente a las instituciones danesas. Cuando en agosto del 43 Alemania envió un ultimátum obligando al gobierno danés a proclamar la ley marcial, dicho gobierno dejó de existir. Se formó un gobierno en la clandestinidad con representantes de los siete partidos daneses.

La combinación de formas noviolentas (medidas simbólicas y huelgas principalmente) y sabotaje industrial fue constante durante la etapa de resistencia del 43 y 44, siendo el hito más destacable la inutilización de las fábricas de armas y aviones, así como del ferrocarril, elemento esencial para la guerra de Hitler en el Este (para el transporte de tropas desde Noruega).

La salvación de los judíos daneses es otra lección histórica destacable de la experiencia danesa. A finales del 43, Himmler ordenó aplicar la “solución final” en Dinamarca. El Alto Mando alemán protestó en Berlín por una medida tan inoportuna en el clima de agitación que vivía Dinamarca. Tras negociar con sus jefes, el máximo mandatario alemán logró que los judíos fuesen a Theresienstadt (campo de concentración “de lujo” para judíos de renombre internacional). Cuando hubo que detener a los judíos, fue necesario trasladar policías de Alemania, pues nadie en Dinamarca estaba dispuesto a realizar el trabajo sucio. El propio mando alemán ordenó no penetrar por la fuerza en casas judías. Se produjeron protestas oficiales y el propio Rey salió a pasear con la estrella de David en su coche. La población obstaculizaba la captura de judíos, escondiéndolos o ayudándoles a llegar hasta Suecia. Solo un 5% de los judíos daneses fueron detenidos.

Los noruegos contra Quisling

En abril de 1940 los nazis se apoderaron de Noruega, tras vencer sin dificultad la escasa resistencia militar que encontraron. El gobierno se exilió, y los invasores colocaron al jefecillo local de partido nazi en el gobierno. El nombre de este individuo era Quisling, designa desde entonces a los gobiernos títeres del mundo. Durante el primer año de ocupación, no existió un resistencia organizada, aunque sí que se dieron actitudes espontáneas de rechazo y denuncias de los atropellos nazis. Enseguida, el protagonismo sería tomado por las asociaciones culturales, deportivas y profesionales, y en especial por los maestros y maestras, que, mediante declaraciones colectivas de insumisión al nuevo régimen, se colocaban automáticamente en la clandestinidad. Cuando vinieron las represalias, la prensa, saltándose la censura, informó de los hechos.

Cuando Quisling creó el Sindicato de Profesores, de sindicación obligatoria, bajo mando de la Gestapo, y con el fin declarado de difundir la ideología nazi en las escuelas, la oposición de los maestros fue total. Se negaron unánimemente a afiliarse, comprometiéndose a no difundir el nazismo en las escuelas, ya desobedecer a la administración títere. Lo hicieron con una carta personal a Quisling en Febrero de 1942. Tras los profesores, doscientos mil padres se comprometieron en el mismo sentido.

Un mes más tarde vino la represión, cuando el gobierno internó a mi profesores en un campo de concentración. Les ofreció la libertad a cambio de su filiación al sindicato, pero sólo 32 profesores aceptaron. Entonces deportó a quinientas personas a la Antártida y a Kierkeness (Norte de Noruega). Las escuelas fueron cerradas. La situación sólo pudo durar dos meses. El 25 de abril, Quisling reabrió las escuelas ante la evidencia de que nada doblegaría a toda la comunidad escolar resistiendo unánimemente. Las (personas) deportadas volvieron a casa, siendo recibidas como heroínas.

Otro sector infranqueable para Quisling fue la Iglesia Luterana que, pese al decreto de disolución, permaneció en funcionamiento. Los pastores no cesaron de hacer declaraciones contra el Régimen, y las parroquias de los pueblos se convirtieron en locales de asamblea general para organizar las medidas de protesta contra la represión. En 1942, toda la sociedad noruega, capitaneada por sus maestros y maestras, pastores, asociaciones profesionales, prensa... se convirtió en una tela de araña que atrapaba los planes del nazismo, e impedía toda penetración ideológica.

La fase final de la guerra en Noruega, como en Dinamarca y en toda Europa, tuvo protagonismo militar antes que civil. Pero hasta 1943, crear la unidad de la población que hizo posible la expulsión final de los nazis. Y más allá de la victoria militar, la resistencia noviolenta creó a los nazis toda serie de dificultades para el ejercicio de un poder real en Noruega.

Resistencia en Checoslovaquia: Primavera de Praga 1968.

En Agosto de 1968 las tropas del pacto de Varsovia penetraron en Checoslovaquia para asesinar la primavera de Praga, es decir, el movimiento aperturista del socialismo checo dirigido por la cúpula del Partido Comunista. Los aires de libertad ponían en peligro los intereses del imperio soviético que no encontró mejor forma de imponer su política que la acción militar contra el pueblo checo.
Ante la sorprendente invasión, cualquier acción militar del ejército checo hubiera resultado no sólo inútil, sino contraproducente. El gobierno dio orden al ejército checo de permanecer en los cuarteles, y ello dio pie al surtimiento espontáneo de formas noviolentas de resistencia.

Entre estas podemos destacar las siguientes:

Acciones simbólicas: Las tropas soviéticas se encontraron con ciudades llenas de carteles y pintadas con eslóganes de denuncia de la invasión. En las grandes ciudades, grupos de ciudadanos se dirigían desarmados a los tanques enarbolando banderas checas, entrando en ocasiones en diálogo directo con los soldados. En estas acciones fue de gran importancia la actitud abierta, en ocasiones irónica, siempre respetuosa hacia el “enemigo”.

Los propios mandos del pacto de Varsovia reconocieron la gran desmoralización que estas acciones produjeron en los soldados, así como su incapacidad para dar respuesta a estas formas de resistencia. Estaban preparados para responder a la violencia y a los fusiles, pero no sabían como responder a un pueblo desarmado que se enfrentaba a los tanques sin violencia.

Acciones de información y difusión. La televisión y sobre todo la radio, se convirtieron en pocas horas en el eje de la resistencia, transmitiendo los acontecimientos y haciendo llamadas a la no-colaboración. Fue una de las principales preocupaciones de los soviéticos intentar desarticular la red informativa que espontáneamente se creó para organizar la resistencia. Para este propósito se tuvieron que traer desde la URRS una estación para las interferencias. Sin embargo, el transporte de esta estación fue sistemáticamente obstaculizado por los trabajadores checos, y finalmente fue saboteada al llegar a Praga.

Acciones de no-cooperación: El plan soviético consistía en secuestrar a los dirigentes checos y sustituirlos por un gobierno afín a los dictados de Moscú. La primera parte del plan fue llevada a cabo, pero la no-cooperación generalizada del pueblo checo impidió la creación de un gobierno títere. El Ministro de Interior lanzaba mensajes desde la clandestinidad, mientras el Parlamento y el aparato del Partido permanecían funcionando fuera del control soviético. A los dos días de la invasión, en una fábrica del centro de Praga, eludiendo la presencia de los tanques rusos, se celebró un congreso extraordinario de Partido Comunista, que lanzó un llamamiento a la desobediencia ante toda orden procedente del invasor. Se exigió una salida de las tropas en veinticuatro horas, anunciando una huelga general. En resumen, los rusos consiguieron ocupar el territorio, pero les fue imposible controlar la sociedad. Ante las declaraciones políticas, las huelgas y boicots de ferroviarios y los medios de información, la URRS no tuvo otra salida que la presión directa sobre los dirigentes secuestrados para romper la resistencia.

Acciones de obstaculización: Aparte de la acción ya señalada por los ferroviarios, es importante destacar la medida de confundir a las tropas soviéticas cambiando los letreros indicadores, de forma que el país se convirtió en un laberinto. Esta misma clase de medidas fue utilizada en las ciudades para evitar la represión sobre personas perseguidas.

La resistencia checoslovaca duró una semana. La principal razón por lo que fue quebrada reside en la capitulación de sus dirigentes secuestrados en Moscú. Tras los “Acuerdos de Moscú”, Dubcek volvió a Praga y pidió el cese de la resistencia. El pueblo checo fue derrotado por la debilidad de sus dirigentes, pero no por la ineficacia de los medios que usaron para oponerse a la agresión.

Otro elemento que hay que tener en cuenta a la hora de enjuiciar este ejemplo histórico es el carácter espontáneo, no planificado, apenas organizado de la explosión de rechazo que durante días se extendió por Checoslovaquia. Se planta la pregunta de hasta que punto podía haber sido eficaz una resistencia planeada y plenamente organizada.

Algunos estudiosos de este fenómeno histórico han destacado que la situación internacional de Checoslovaquia hubiera condenado al fracaso cualquier tipo de resistencia a la URRS, que no hubiera reparado en el coste para mantener su campo de influencia en este país centroeuropeo.

De cualquier manera, los seis días de Checoslovaquia en el 68 contienen abundantes referencias para cualquier modelo de resistencia noviolenta frente a la invasión. Podemos concluir con una frase de un testigo presencial: “La derrota no llegó mientras nos defendimos, sino por dejar de defendernos”.

  • 15 de junio de 2005 22:24, por cuti

    Pues eso, un muy buen artículo, bien documentado con ejemplos.

    Lo único que no me gusta es que lo podíais haber publicado en varias entregas... porque es muy largo.

    saludos.

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