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De la insumisión y el movimiento de movimientos. 1989/2004.

Arístegui - Alberto Arribas

Sección:Historia del antimilitarismo
Viernes 13 de febrero de 2004 0 comentario(s) 2579 visita(s)

De la insumisión y el movimiento de movimientos [1989/2004 - «aquellos maravillosos años» y qué rápido olvidamos]

texto de alberto arribas lozano (lozarri hotmail.com)

en febrero de 1989 el mundo era otro. no había caído el muro de berlín. no se había construido el muro de melilla. no había guerra global permanente, ni el estado democrático de excepción era la norma. nos atravesaba la guerra fría. casi nadie tenía computadora (ni, por supuesto, acceso a internet). no habían sucedido ni seattle, ni praga, ni gotemburgo, ni génova, ni porto alegre, ni el 11-S... ni siquiera los disturbios de los angeles. fukujama no había escrito el fin de la historia. negri y hardt no habían escrito imperio. no nos habían pasado por encima ninguno de los dos episodios de la guerra contra irak. no nos habían estremecido los balcanes. faltaban casi cinco años para el alzamiento zapatista. nicaragua sandinista. otro mundo.

en febrero de 1989 el estado español también era otro. solana ya no marchaba en la cabecera de las manifestaciones contra la otan, pero todavía no se habia convertido en secretario general de la alianza. la legión todavía no era un cuerpo humanitario. faltaban aún algunos meses para la primera huelga general contra las políticas neoliberales del psoe. faltaban aún algunos años para las olimpiadas y la expo. movimientos sociales, poquitos. el servicio militar era obligatorio. otro mundo.

la derrota en el (muy particular) referéndum sobre la entrada de españa en la estructura orgánica (que no en la militar) de la otan, había supuesto allá por 1986 un quiebre (en muchos casos prácticamente definitivo) para una parte importante de las sensibilidades (organizadas o no) que aún consideraban posible un estado español no insertado en las lógicas de dominio [económico-ideológico-militar] del capitalismo occidental; y que habían encontrado en este referéndum un elemento catalizador de la resistencia a dichas lógicas. las indeterminaciones abiertas durante la transición iban quedando suficientemente definidas, y las incorporaciones sucesivas a la otan y a la comunidad económica europea - ue (dispositivo multiplicador de exclusiones: europa del capital y de los mercaderes, europa fortaleza) desvelaban sin dejar mucho lugar a dudas a qué se refería el psoe cuando hablaba de cambio.

el proyecto modernizador [diseñado/activado desde arriba y desde afuera] aceleraba las transformaciones en todos los ámbitos de lo social; la estrategia de desmovilización desplegada por el partido gobernante (que, pretendiendo atribuirse el papel de mediador político exclusivo, cooptaba a una parte considerable de los cuadros del movimiento asociativo), y el revés que suponía la derrota antes mencionada (junto a otros factores que escapan a los objetivos de este texto, pero cuya importancia es central, como es el caso de las transformaciones en el mundo del trabajo asalariado), abrían un espacio privilegiado para la proliferación del desencanto, la fragmentación social, y el pliegue mayoritario hacia planteamientos más individualistas. por otro lado, tanto en sus herramientas conceptuales como en sus prácticas concretas, las formas tradicionales de la acción política resultaban [se iban revelando] crecientemente inadecuadas para leer las nuevas situaciones que se dibujaban sobre los diferentes territorios, las nuevas tendencias que atravesaban [configurándolo] lo social; mostrándose impotentes en sus intentos por articular intervenciones/proyectos con posibilidades de incidencia.

sin embargo, las transformaciones no se extendían con la misma intensidad ni con la misma velocidad sobre la totalidad de los dispositivos que conforman el organigrama estatal; y, en 1989, convivían instituciones afectadas en grados muy diferentes por esas tendencias modernizadoras. uno de los nodos de poder que mantenían un mayor nivel de identificación con su papel tradicional era el ejército. y dentro del ejército destacaba (por su relevancia social como dispositivo disciplinario) el servicio militar obligatorio [smo].

en los siguientes años asistiremos a una reestructuración sustancial de los ejércitos occidentales, tanto en su composición como en sus atribuciones. «lo que hay que defender» se modifica, produciéndose la consiguiente mutación en los modos de concebir y organizar dicha defensa. el capitalismo transnacional, en su dinámica de desterritorialización, precisa de ejércitos desterritorializables. ejércitos compuestos por unidades más pequeñas y adaptables, con capacidad casi inmediata de movilización-intervención en cualquier parte del planeta, con la flexibilidad suficiente para ensamblarse en cuerpos internacionales, y con profesionales formados en el manejo de los crecientes inputs tecnológicos. nuevos ejércitos cuya legitimación proviene, fundamentalmente, de la lucha contra el «terrorismo internacional» en nombre de valores pretendidamente universales; nuevos ejércitos que [según nos dicen] no conquistan territorios, sino que los liberan; que realizan misiones de mantenimiento de (lo que ellos llaman) paz e intervenciones supuestamente humanitarias. ejércitos para la guerra sin guerra, para la guerra espectáculo, videojuego. ejércitos del imperio que devienen policía para mantener el orden en los múltiples frentes que atraviesan la guerra global permanente. policías del imperio que devienen ejércitos para asegurar la paz social en los frentes internos, multiplicando el control y posibilitando la aplicación de legislaciones que recortan derechos y libertades. perversión de la guerra preventiva: continuación de la ausencia de política por otros medios. estado democrático de excepción, rígido en sus contenidos, molecular en su forma, abriendo líneas de captura en todas direcciones, trazando las coordenadas de un territorio globalizado-fragmentado en el que la gestión del miedo, la micropolítica de la inseguridad, la minuciosa administración de las pasiones tristes, son una de las principales herramientas para mantener el consenso y facilitar la gobernabilidad.

profesionalización-flexibilidad-tecnología. ésta será la lógica que actué como molde en las reestructuraciones de los diferentes ejércitos occidentales. también, por supuesto, en el del estado español. llegará más tarde, pero ya estaba en la agenda. la profesionalización era el medio y el fin. pero las cosas no pasaron como nos las cuentan, y el fin del servicio militar obligatorio no fue un regalo (un desliz progresista) del ministro de la guerra. en febrero de 1989 el movimiento antimilitarista del estado español (en aquel momento articulado fundamentalmente en torno al movimiento de objeción de conciencia [moc]) lanza públicamente una de las campañas de desobediencia civil más importantes realizadas en europa en las ultimas décadas: la insumisión. se modifican las coordenadas (los tiempos - los ritmos - los escenarios) del conflicto. las secuencias de cambio programadas por y para lo macro, estalladas desde lo molecular. la inteligencia colectiva agrietando los consensos. la inteligencia colectiva componiendo nuevos consensos para dinamizar los conflictos.

pero todo había empezado mucho antes. en 1971, en los últimos años de la dictadura militar franquista (en un contexto donde la desobediencia era una herramienta difícilmente pensable), tiene lugar el primer caso de negativa a realizar el servicio militar obligatorio por motivos políticos. ese gesto materializaba [comenzaba a materializar] una línea de intervención-investigación política innovadora y llena de potencia. el gesto desobediente era posible, y contagioso. en 1977 se constituye el moc; a finales del mismo año el gobierno promulga el decreto de incorporación aplazada, que dejaba (hasta que se legislara al respecto) en una especie de limbo legal a quienes se negaban a realizar el smo (otorgando al moc tiempo suficiente para consolidar sus prácticas sin tener que afrontar la represión directa). en diciembre de 1984 el gobierno elabora [con el objetivo de frenar el creciente rechazo al smo ofreciendo una alternativa institucionalizada] la ley de objeción de conciencia que, paralizada por un recurso de inconstitucionalidad, no entrará en vigor hasta 1989. ese mismo año el movimiento antimilitarista pone en marcha la campaña de insumisión: desobediencia civil al servicio militar obligatorio y a la prestación social sustitutoria o ley de objeción de conciencia. el 20 de febrero de 1989 se presentan ante los jueces los primeros cincuenta y siete insumisos al servicio militar, en abril se presentan sesenta, en junio se presentan setenta y cinco. en abril tiene lugar el primer llamamiento a realizar la prestación social sustitutoria, y en ese mismo mes se presentan los primeros insumisos a la pss. el 1 de diciembre de 1989 el gobierno declara una amnistía encubierta para los 21.490 objetores acumulados desde la promulgación del decreto de incorporación aplazada, con el objetivo de sacar del espacio de conflicto a un número considerable de potenciales insumisos y desactivar la campaña.

la insumisión fue muchas cosas: máquina potente que se desbordó a sí misma. pero vayamos por partes. la insumisión nació en el moc. movimiento organizado a nivel estatal a través de grupos locales autónomos, no vinculado a los aparatos políticos tradicionales, de funcionamiento asambleario, y definido desde su primera declaración ideológica como no-violento y antimilitarista. su intervención se articulaba en torno a diferentes líneas: - el eje económico del militarismo: denuncia de los gastos militares, la investigación militar, el comercio de armas y la industria armamentística (proponiendo destinar estos recursos económicos y de investigación a fines sociales, reconvertir la industria militar, y aumentar la transparencia y el control sobre el comercio armamentístico); y dinamización de las campañas de objeción fiscal a los gastos militares; - el eje ideológico del militarismo: cuestionamiento de los consensos en torno a la idea de seguridad [proponiendo investigar y definir colectivamente qué hay que defender y cómo defenderlo] de paz [complejizando los discursos a partir del concepto de violencia estructural (aquella que impone unas condiciones materiales de existencia que restringen las posibilidades del vivir), y denunciando los mecanismos y actores de producción y reproducción de esa violencia estructural] y de conflicto [analizándolo como lugar común de las relaciones sociales y buscando estrategias de gestion/regulación alternativas al empleo de la violencia directa]; problematización de las lógicas de dominación, competitividad, autoritarismo, jerarquía, y obediencia ciega; y denuncia de las estrategias-dispositivos-discursos destinados al aumento del control social; - el eje «recursos humanos» del militarismo: estimulando y apoyando la negativa a cumplir el smo, y estimulando y apoyando la deserción de las personas incorporadas al ejército.

en febrero de 1989 el escenario aparecía dibujado con claridad. el movimiento antimilitarista había dispuesto de tiempo suficiente para articular sus prácticas (discursivas y metodológicas) de intervención, para consolidar su modelo organizativo y trazar sus alianzas (su colchón de apoyo) en los diferentes territorios y a muy diversos niveles. la nueva herramienta, la insumisión, diseñada como campaña de desobediencia civil (pública, ilegal, colectiva, transformadora) incidía directamente sobre uno de los ejes anteriormente descritos, pero pretendía aparecer como caja de resonancia para las diferentes líneas de intervención abiertas, tanto en sus contenidos de denuncia como en sus contenidos propositivos.

el objetivo no era acabar con el smo, ni siquiera acabar con el ejército, sino resistir [cortocircuitar] al militarismo en sus múltiples dimensiones. los mecanismos de control social presentaban una articulación menos refinada, menos difusa, y esto permitía singularizar con mayor facilidad los actores, los espacios, y los tiempos del conflicto. el smo aparecía como ámbito privilegiado de enfrentamiento. dispositivo de captura (secuestro) del tiempo de vida, dispositivo de producción de subjetividad sumisa, dispositivo de producción de un cuerpo obediente. en el smo te hacías un hombre.

así que nos negamos a ir. comenzó la campaña, y comenzaron las reacciones. la desobediencia civil se despliega buscando desarrollar nuevos consensos que desaten conflictos que hagan estallar los antiguos consensos; cuestionando aquello que aparece naturalizado, los lugares comunes desde los que se discute pero que no son discutidos. y [en el planteamiento estratégico del moc] es dentro de esa lógica de acumulación de capital simbólico, de incremento de la legitimidad frente a una legalidad considerada ilegítima, que se asumen las consecuencias de la acción desobediente. y la consecuencia era la cárcel. no es posible en este artículo mostrar un desarrollo cronológico de las diferentes fases del conflicto, de los diferentes momentos de iniciativa y repliegue, pero intentaré señalar alguno de los potencialmente más significativos. estamos en el inicio de la campaña [expresada en la dinámica: decisión de no incorporarse al smo-pss, acción pública y colectiva de presentación de dicha negativa (rueda de prensa, acción directa no violenta, etc.), activación de los grupos de apoyo y de la cobertura legal, juicio, acatamiento de la sentencia] y asistimos al despliegue de una represión titubeante, los juicios se realizaban en la jurisdicción militar [el primero tiene lugar en noviembre de 1989] causando un desgaste importante a la institución armada [que opta por una dinámica de represión selectiva con la que mantener la capacidad disuasoria reduciendo al mínimo el coste político: hasta diciembre de 1991 únicamente se celebran 13 consejos de guerra, cuando el numero de insumisos al servicio militar obligatorio declarados alcanza ya los 1.200].

durante los dos primeros años nos encontramos con un creciente respaldo hacia la campaña (grupos de apoyo en los barrios, en las universidades, apoyo de organizaciones sociales y partidos políticos, apoyos del mundo del arte y la cultura, amplia repercusión mediática); y con un creciente desprestigio para la institución militar y, fundamentalmente, para el smo. la reacción por parte del estado se produce en 1991; se intenta mejorar la imagen del smo [se acorta su duración y se crea la figura del defensor del soldado], se instrumentaliza el conflicto de los balcanes para «limpiar la cara» al ejercito a través de su participación en las denominadas «misiones humanitarias», y (elemento fundamental de la respuesta estatal) a partir de diciembre de 1991, los casos de insumisión al servicio militar se trasladan de la jurisdicción militar a la jurisdicción civil (donde se establecían penas de cárcel desde dos años, cuatro meses y un día hasta seis años para el delito de insumisión, fuera ésta al smo o a la pss) eliminando así el principal espacio de confrontación directa con el ejército e iniciando un proceso de judicialización que pretendía obviar todos los elementos políticos en juego; pero la estrategia de judicialización se agrieta, numerosos jueces comienzan a negarse a aplicar la ley, se multiplican las condenas inferiores al tiempo mínimo necesario para la entrada en prisión, y llegan (incluso) a producirse absoluciones (la primera en marzo de 1992).

la acumulación de capital simbólico alcanza uno de sus puntos álgidos; sin embargo, paralelamente, se incrementa de manera considerable el número de compañeros presos [recordatorio: el ministro de justicia era belloch, actual alcalde de zaragoza, defensor del software libre], según los datos del moc el número de insumisos encarcelados era de 58 en julio de 1993, 188 en el verano de 1994 (65 de ellos en segundo grado), 269 en junio de 1995 (67 en segundo grado), 303 en noviembre de 1995 (46 en segundo grado) y 348 (54 en segundo grado) en junio de 1996, momento a partir del cual la cifra comienza a descender. el movimiento rentabiliza este aumento de represión como instrumento para profundizar el conflicto, y en 1.994 la objeción de conciencia es calificada desde el ministerio de defensa como problema de estado. el ministro de defensa, garcía vargas, afirma que «los objetores e insumisos nos llevan a un callejón sin salida».

a partir de ahí el tiempo se acelera. en el nuevo código penal aprobado a finales de 1995 se apuesta por sacar la insumisión de la cárcel y castigarla con penas de inhabilitación absoluta [muerte civil] de entre 8 a 14 años, una pena socialmente no visible y, por lo tanto [y aquí radicaba su potencia] difícilmente rentabilizable a nivel político. en los años siguientes la estrategia moc irá debilitándose paulatinamente (a pesar de algunos intentos de reactivación como la denominada «insumisión en los cuarteles»); pero el escenario en el estado español es ya enormemente diferente al de 1989: el smo es una institución profundamente desprestigiada, y su desaparición, y la consiguiente profesionalización del ejército, deberán acelerarse, implementándose a una velocidad muy superior a lo inicialmente diseñado-deseado desde el gobierno y el ministerio de defensa. las consecuencias de esto son claras: año tras año las plazas ofertadas por el ejercito se quedan sin cubrir; los requisitos de acceso se reducen una y otra vez [recordar la polémica reducción del coeficiente de inteligencia necesario para acceder a las plazas]; los gastos en publicidad se multiplican [más de 10 millones de euros anuales en programas en televisión y radio, cartelería, autobuses y trenes publicitarios recorriendo el estado, presencia del ejército en ferias de ocio, en las escuelas, etc.]; y, en un gesto cargado de impotencia y disfrazado de modernización, se abren las convocatorias a sectores de población cuya participación era impensable años atrás: las mujeres y los inmigrantes originarios de ciertas excolonias.

no es el objetivo de este artículo evaluar la campaña de insumisión del moc. es evidente que eso necesitaría de un análisis más amplio y minucioso. sin duda la campaña estaba preñada de potencia, pero también de limitaciones. por un lado, abrió un espacio de lucha con una enorme capacidad de incidencia, y con unas características (discursivas y metodológicas) que revolucionaron la intervención política en el estado y posibilitaron la producción y conexión de subjetividades deseantes de otro vivir, que dibujaron y recorrieron (experimentando) trayectos de fuga frente al aparato de captura estatal. por otro lado, más que una campaña que sirviera como caja de resonancia de las diferentes líneas de investigación del antimilitarismo, el efecto general fue (como tendencia) la supeditación del movimiento a la campaña [con las carencias que esto implicaba: ¿cuál es el papel de las mujeres antimilitaristas cuando el movimiento se centraba en una herramienta en la que su participación era forzosamente periférica?, ¿cuál podía ser el futuro de un movimiento antimilitarista post-insumisión cuando el antimilitarismo tendía a reducirse a dicha campaña?] y el resultado de esta reducción, lo que en mayor medida hace visible las limitaciones de esta dinámica, es la paulatina difuminación (casi disolución) del movimiento una vez desaparecido el smo y, por consiguiente, una vez que la campaña de insumisión pierde su razón de ser. sorprende observar cómo una parte importante del movimiento vivió el fin del smo como una derrota, contagiado/atravesado de impotencia, prácticamente paralizado: «profesionalizan el ejercito, la insumisión ya no sirve... ¿y ahora qué hacemos?»; y posiblemente ese ha sido el mayor éxito de la estrategia del estado: conseguir que el movimiento se olvidara de sí mismo (su creatividad, sus logros, su potencia). [tal vez por eso hoy, cuando se retoma con fuerza la desobediencia como espacio político y como práctica de intervención, cuando leemos textos que nos hablan de experiencias presentes y pasadas... difícilmente encontramos referencias a la insumisión, como si no hubiera existido, como si a miles de nosotros y nosotras no nos hubiera cambiado (multiplicado) la vida, como si se nos olvidara que nos inventamos algo que se convirtió, que convertimos, en «problema de estado»]

a mediados de los 90, con el tiempo acelerado, el escenario era ya muy otro. la insumisión se había desbordado, y proliferaban mil insumisiones [el modelo moc continuaba siendo el hegemónico, pero ya no era el único; muchos colectivos e individualidades hacían suya la estrategia (con otros objetivos, con otros discursos): desde el ecologismo social hasta mili-kk, desde curas insumisos hasta el área de la autonomía, desde herri batasuna hasta el movimiento libertario]. mil escenarios: insumisión que aceptaba las sentencias e insumisión que se negaba a ir a juicio, insumisión no violenta e insumisión que no era ni violenta ni no violenta. poniéndose en juego a cada paso. aprendiendo a perderle el miedo al miedo. talleres de acción directa no violenta, talleres de cárcel, entrenamientos, ocupaciones, encadenamientos, manifiestos, manifestaciones, apoyos que se multiplicaban. y la puerta que abrimos abrió otras puertas, y la pss, diseñada como dispositivo minoritario, se convirtió en un camino caminado por centenares de miles de cuerpos que no tenían ningún interés en «hacerse hombres», muchos de ellos chavales que se creían la prestación social sustitutoria, muchos de ellos (muchos más) chavales que simplemente buscaban librarse [que nadie les dijera lo que tenían que hacer, que nadie dispusiera de su tiempo de vida]; en cualquier caso, durante algunos años, «ir a la mili» se convirtió en la excepción, y eso fue posible gracias a la insumisión, al consenso y al conflicto [la modificación de las coordenadas abría - rompía - desplazaba - inventaba espacios y tiempos].

lo que vino después, los últimos años, lo conocemos mejor [o lo intentamos]. la creciente deriva autoritaria, la segmentariedad dura impuesta tras el 11-s, la guerra global permanente, la multiplicación de la precariedad y las exclusiones, la micropolítica de la inseguridad, el golpe de estado dentro del imperio, la militarización de lo social penetrando nuestras vidas. el movimiento de movimientos, sus potencias y sus limites, los intentos de cartografía, la lucha por los derechos de ciudadanía, por la renta básica, por la libre circulación de las personas, por la libre circulación del conocimiento, el «que se vayan todos», el caminar preguntando, el «no en nuestro nombre». un «no a la guerra» que grita lo que siempre gritó, pero que también grita palabras nuevas, gritos de nuevos colores. una situación (múltiple) que se despliega y pretende capturarnos, atravesarnos. y una multitud que (en situación) agujerea la captura, inventa armas, produce otros códigos, construye otra vida.

muchas cosas han cambiado. en muchos sentidos. en octubre de 1994, el banco mundial y el fondo monetario internacional celebraban en madrid su 50 aniversario. habían elegido el estado español como reconocimiento a su firmeza a la hora de implementar las políticas neoliberales [un premio para el psoe, alumno aventajado. está bien tener memoria]. en las mismas fechas se convocó el foro alternativo «las otras voces del planeta», y alguna gente se encontró para reconocerse, para escucharse, para compartir dudas y experiencias de lucha. seattle no había sucedido, y sobra con los dedos de una mano para contar los miles de personas que estábamos allí. siete años más tarde el banco mundial tenia prevista una reunión en barcelona, y tuvo que anularla debido a la presión de las movilizaciones. poco después vendría génova. muchas cosas han cambiado. las situaciones [complejas, indefinidas, volubles] se dibujan y desdibujan; se despliegan y repliegan; y los cambios son tan rápidos que moverse [leerlos, trazar los mapas] parece más difícil, como si la fuerza de la gravedad se hubiera duplicado. caminar preguntando. no hay otra. asumiendo nuestro no saber. investigando desde nuestro hacer. investigando con otras formas de hacer que están siendo. investigando sobre otras formas de hacer que ya fueron.

el movimiento antimilitarista no era el movimiento de movimientos. y la desobediencia civil a un dispositivo tan definido como el servicio militar obligatorio no es igual (no puede serlo) que la desobediencia global al dispositivo difuso de la guerra global permanente. pero la insumisión también era (fundamentalmente era) una lucha por otro vivir, un poner el cuerpo para construirnos otro(s) cuerpo(s), una línea de fuga poderosa, constituyente, bella, deseo conectado a una vida llena de vida, inteligencia y creatividad contra las pasiones tristes, inteligencia y creatividad contra la militancia triste. ¿por qué olvidamos tan pronto?

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