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Por una Milicia Noviolenta

Correo Tortuga - Gonzalo Arias

Sección:Varios
Sábado 17 de septiembre de 2005 1 comentario(s) 3326 visita(s)

Este espacio informático se dedica a una petición cursada el 12 de septiembre de 2005 y encaminada a abrir un debate “sobre la posibilidad y la conveniencia de crear una MILICIA NOVIOLENTA”. La petición, apoyada inicialmente por 202 firmas, iba dirigida al Congreso, al Senado y a cada una de las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas.

Prescindiendo de antecedentes más remotos, la idea de un ejército o de un cuerpo más o menos disciplinado que no utilice armas de muerte, pero que luche verdaderamente por la paz con métodos noviolentos, puede rastrearse desde Gandhi con diferentes denominaciones y diversos enfoques: Ejército de Paz, Defensa Civil Noviolenta, Defensa Popular Noviolenta, Transarme, Brigadas de Paz, Fuerza de Paz Noviolenta, Ejército Incruento, etc.

Conviene advertir de inmediato que si bien en estos planteamientos predominó en un principio la idea de defensa (contra un enemigo exterior o contra una amenaza golpista a un régimen democrático), pronto hizo su aparición un cierto concepto de ataque noviolento, en la medida en que la comunidad internacional reconoce la existencia de un derecho e incluso un deber de intervención en terceros países en defensa de las poblaciones oprimidas y de los derechos humanos.

Por supuesto, el lector desprevenido se preguntará cómo se puede combatir o atacar no ya sin matar, pero sin utilizar o esgrimir siquiera armas de muerte. Siga leyendo, y encontrará las respuestas.

También conviene marcar desde esta “Introducción” la diferencia entre los planteamientos que podemos llamar no gubernamentales y los gubernamentales.

Los primeros tienden a desconfiar de toda iniciativa que venga de las actuales estructuras gubernamentales o estatales, sin duda por aquello de que, según nos enseñan los tratadistas de la ciencia política, el Estado tiene “el monopolio legal de la violencia”. En esta línea se inscriben diversas organizaciones no gubernamentales (ONG) de indudable mérito que envían activistas noviolentos a escenarios bélicos, pero que difícilmente podrían movilizar a un personal suficientemente numeroso para presionar decisivamente sobre las fuerzas bélicas. Quizás el caso más ilustrativo en nuestros días es el de Nonviolent Peace Forces (entre nosotros y especialmente en Cataluña Forces de Pau Noviolentes), que a pesar de manejar miles de dólares no ha conseguido enviar a Sri Lanka, como primer experimento de intervención noviolenta en un conflicto armado, más allá de un par de docenas de voluntarios.

Los planteamientos gubernamentales se rinden a la evidencia de que solo los Estados (o las Naciones Unidas, si contaran con el apoyo de unos cuantos de sus Estados Miembros) tienen capacidad para reclutar, movilizar y organizar un nutrido cuerpo noviolento de intervención. ¿Utopía? Ahí está el quid. Se trata de trabajar para que esta utopía de hoy pueda ser una realidad mañana. La Petición relativa a una Milicia Noviolenta tiene su antecedente en la propuesta de “Ley de Opción por la Paz” que lancé en 1994, a la que se dedican los dos capítulos finales de mi libro El ejército incruento de mañana.

En los once años transcurridos se han producido novedades que por una parte podrían dar nueva vigencia a aquella iniciativa, pero que por otra parte hacían necesaria una revisión del texto puesto entonces en circulación. Las principales de estas novedades son:

1. La victoria de objetores e insumisos con la abolición del reclutamiento forzoso, y la consiguiente crisis para un ejército que no consigue el número de voluntarios que desearía.

2. La promulgación de una Ley Orgánica reguladora del Derecho de Petición. No es que sea importante el reconocimiento legal de un derecho que es evidente en sí mismo, pero puede ser interesante la obligación que el poder político se autoimpone de acusar recibo y de tramitar y contestar adecuadamente las peticiones, exponiendo “las razones y motivos por los que se acuerda acceder a la petición o no hacerlo.”

3. La adopción oficial, en otros países europeos, de la defensa noviolenta, defensa no militar o resistencia cívica como uno de los componentes del sistema general de defensa. Suecia fue en 1994 el primer país que dio ese paso, después de varios decenios de reuniones y debates infructuosos entre noviolentos, políticos y militares. Estonia, Letonia y Lituania, en cuyo proceso de independencia frente a la todavía poderosa Rusia tuvieron un papel relevante los métodos de resistencia noviolenta, adoptan después para sus funcionarios programas de formación para la resistencia noviolenta basados en la desobediencia cívica. Significativo es también el caso de Italia: gracias a una petición apoyada por miles de firmas, se consigue que la Cámara de Diputados apruebe una ley sobre la formación de 20.000 objetores de conciencia al año para constituir un verdadero cuerpo de defensa noviolenta. La promulgación de la ley, sin embargo, tropezó con el veto del Presidente de la República. Los autores de quienes tomo estos datos (J. Marichez y X. Olagne, La guerre par actions civiles, 1998) observan una evolución hacia el pragmatismo de los grupos y movimientos noviolentos, que aceptan que los gobiernos consideren la defensa civil noviolenta como complemento de la defensa armada. “Aunque la coexistencia entre formas armadas y no armadas de defensa plantee problemas delicados e incluso agudos (...) la idea de una cierta complementariedad encuentra cada vez más adeptos entre los investigadores, pues es realista y permite avanzar.”

4. El extraordinario desarrollo de la informática en estos años. En 1994-95, el vehículo para el debate sobre la primera LOP fue básicamente el correo tradicional. Hoy, todos somos conscientes de las enormes posibilidades que abre Internet, tanto para el debate como para la recogida y la presentación de firmas.

5. Mi propia evolución personal. En mi última carta circular sobre la LOP (agosto de 1995), a los corresponsales que me pedían que reconsiderara mi negativa a la vía intermedia de una coexistencia temporal de defensa violenta y noviolenta, respondía así: “...si descarto (para mí) la vía intermedia de que se trata y que muchos proponen no es por intransigencia doctrinal, sino más bien porque el papel que personalmente me he propuesto es el de proponer una especie de carta básica de la defensa noviolenta, a manera de texto de referencia o bandera levantada que señale una meta más bien que un camino. Puede que un día haya que negociar y rebajar el listón de las aspiraciones. Pero ahora, cuando el Estado y la sociedad nos ignoran simplemente y ni en sueños (seamos realistas) piensan en negociar con nosotros, ¿para qué recortar la fuerza de la utopía?” Pues bien, he cambiado de opinión. A ello han contribuido en no poca medida los debates de los dos Encuentros Internacionales “Castell de Figueres” por la Cultura de la Paz, con participación de civiles y de militares. En las circunstancias actuales ya no me parece imposible conseguir que el Estado y la sociedad dejen de ignorarnos simplemente, y se avengan a comenzar un cierto diálogo.

Con estos antecedentes y después de varios tanteos, maduró finalmente la Petición relativa a Una Milicia Noviolenta. Véase adjunto el texto definitivo.

Descartada mi primera esperanza de que alguna ONG o institución tomara como base esta propuesta para una gran campaña de recogida de firmas, me he decidido al fin por la iniciativa individual, aunque buscando el apoyo de tantas firmas como sea posible. La ocasión para una primera recogida de firmas la brindó el XXV Congreso de Teología, sobre el tema Cristianismo y violencia (8-11 de septiembre de 2005). No extrañará pues que entre tales firmas figuren nombres como Casiano Floristán, Julio Pérez Pinillos, Benjamín Forcano, Carlos Jiménez de Parga, etc. Pero, aunque el número de firmas no afecte al contenido del derecho de petición, no se excluye la posibilidad de recibir nuevos apoyos de manera sistemática y organizada. Me gustaría recibir sugerencias y propuestas a este respecto, así como sobre la manera de conseguir que la prensa se haga eco de esta iniciativa. De momento, está en estudio la apertura de una web con el nombre www.milicianoviolenta.net

Gonzalo Arias
Teléfonos 95 215 44 99 - 618 819 580
gzlarias jet.es

UNA MILICIA NOVIOLENTA _ Petición al Congreso, al Senado y a las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas

Los firmantes del presente escrito, acogiéndose al derecho de petición regulado por Ley Orgánica 4/2001, de 12 de noviembre (BOE 13.11.2001), y recogido en el artículo 49 del Reglamento del Congreso y en los artículos 192 a 195 del Reglamento del Senado, Conscientes de que en la actual situación mundial son cada vez más necesarias unas fuerzas debidamente preparadas para intervenir en situaciones bélicas o prebélicas en defensa de la paz,

Considerando que tales fuerzas no deberían ser vistas como agresivas ni como apoyo unilateral a una de las partes enfrentadas, lo que hace conveniente que sean organizadas en países no involucrados en el conflicto,

Considerando los progresos de los estudios de irenólogos o investigadores sobre la paz, según los cuales la consecución de una paz estable en el mundo requiere la renuncia a la violencia mortífera como medio de imponer la justicia entre las naciones, Considerando que no es posible eliminar los actuales armamentos destructivos mientras no se encuentren, organicen y practiquen otros medios de lucha respetuosos de la vida y que faciliten la reconciliación final entre los combatientes, Conscientes de que estas convicciones están en la raíz de la propuesta de transarme, concepto elaborado por los investigadores inspirados en la doctrina de la noviolencia, que cuenta ya con una nutrida elaboración teórica y numerosas experiencias prácticas,

Comprendiendo, no obstante, la virtual imposibilidad de que la comunidad mundial de Estados decida simultáneamente renunciar a la fabricación y el uso de las armas mortíferas y adoptar un sistema incruento de seguridad y defensa, Convencidos, por consiguiente, de que la implantación de la noviolencia en las relaciones internacionales debe iniciarse mediante iniciativas más modestas, aunque innovadoras e incluso revolucionarias,

Comprendiendo que los gobernantes de un país difícilmente pueden asumir personalmente la responsabilidad de un cambio radical de los dispositivos tradicionales de seguridad y defensa, tanto por las profundas consecuencias sociales y económicas que acarrearía como por el temor de que se interprete erróneamente la opción por la noviolencia como una opción por la indefensión, Considerando que es responsabilidad de todos los ciudadanos transmitir a los gobernantes el deseo de l_a mayoría de la población de que se exploren, y eventualmente se adopten, los medios noviolentos de defensa,

Constatando, por otra parte, el actual sentimiento de rechazo del ejército manifestado por una parte considerable de la juventud, que es compartido por amplios sectores sociales, como consecuencia de pretéritas desviaciones de las fuerzas armadas en el cumplimiento de su misión, o de sus corruptelas actuales, Constatando que las campañas de reclutamiento no consiguen atraer a las filas del ejército el número de voluntarios que se considera necesario,

Convencidos de que una milicia transarmada, es decir sin armas de muerte e inspirada en la noviolencia, atraería a una gran parte de la juventud que ahora nutre las filas de organizaciones no gubernamentales dedicadas a la defensa de los derechos humanos o la ayuda al tercer mundo, sin olvidar a los antiguos objetores de conciencia e insumisos,

PIDEN al Congreso de los Diputados,

PIDEN también al Senado,

PIDEN asimismo a cada una de las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas,

Que abran un debate (y, en el caso de las Asambleas de las Comunidades Autónomas, que insten al Congreso y al Senado a hacerlo) sobre la posibilidad y la conveniencia de crear una MILICIA NOVIOLENTA que podría tener las características que se exponen en la siguiente

PROPUESTA DE LEY CONSTITUTIVA DE UNA MILICIA NOVIOLENTA

I - Principios básicos

1. La MILICIA NOVIOLENTA estará basada en la noción de transarme, entendida como sustitución de todo tipo de armas mortíferas por las armas de la noviolencia, tal como más adelante se definen.

2. La MILICIA NOVIOLENTA no estará integrada en las estructuras actuales del Ministerio de Defensa, sino que dependerá directamente de la Presidencia del Gobierno.

3. Además de la misión de defensa de la soberanía, la independencia, el territorio y el ordenamiento constitucional de España, que el artículo 8 de la Constitución asigna al ejército, la MILICIA NOVIOLENTA podrá realizar intervenciones exteriores en favor de la paz y en defensa de los pueblos oprimidos a requerimiento de los organismos internacionales o de los gobiernos interesados. Tendrá además la misión de ayuda a los damnificados por las grandes catástrofes naturales o producidas por el hombre.

4. En situaciones bélicas o prebélicas, en ningún caso la MILICIA NOVIOLENTA deberá prestar o recibir apoyo de las unidades del ejército que sigan utilizando armas de muerte. La doctrina y la estrategia de la noviolencia no sería creíble y quienes la invocan serían tachados de hipócritas si fueran respaldados por soldados armados convencionales.

5. La MILICIA NOVIOLENTA evitará la inactividad. En tiempo de paz en el interior de la nación, dedicará parte de su tiempo al entrenamiento, la capacitación y la investigación, así como a actividades encaminadas a difundir el conocimiento de la noviolencia entre la población en general. Pero nunca descuidará la acción en favor de la paz internacional, y aprovechará cualquier oportunidad para contribuir a la resolución de conflictos en otros países.

II - Personal

6. El personal de la MILICIA NOVIOLENTA (llamado más adelante peones de paz) será de dos tipos: 1) Personal profesional permanente; 2) Personal voluntario por un tiempo reducido. A ambas categorías serán admitidos en un plano de igualdad peones de paz de uno y otro sexo.

7. El personal permanente se formará en una academia de enseñanza de la noviolencia que se creará con ese fin. Los cuadros de mando se nutrirán normalmente con este personal, salvo excepciones justificables por necesidades imperiosas de la acción o por méritos especiales. Tales cuadros de mando serán homologables, en cuanto a empleo o categoría, a los cuadros de las fuerzas armadas o de otros países de nuestro entorno cultural. En lo que se refiere a retribución, pensiones y otros beneficios, se fijarán unos límites con objeto de evitar una estratificación social y económica entre los cuadros de mando y los subordinados.

8. El personal voluntario podrá alistarse por periodos no inferiores a seis meses, prorrogables. Los aspirantes seguirán inicialmente un cursillo de adiestramiento de duración no inferior a un mes, después del cual serán admitidos aquellos que hayan acreditado su adhesión a los principios de la noviolencia y su aptitud para practicarlos. Una vez admitidos, los peones de paz tendrán derecho a una remuneración que no será menor que el salario mínimo interprofesional.

9. En la formación y la selección del personal tanto permanente como temporero se prestará atención no sólo al conocimiento y la práctica de los principios de la noviolencia sino también a la adquisición de la necesaria competencia especializada para el uso de los medios y las armas noviolentos que más adelante se explican.

10. Las relaciones entre los cuadros de mando y sus subordinados y los peones de paz en general no se basarán en la simple afirmación de autoridad y la obediencia ciega, y mucho menos en la humillación del inferior mediante órdenes arbitrarias, sino en la colaboración dentro de un espíritu de fraternidad. Los superiores deberán, siempre que la oportunidad lo permita, escuchar las opiniones y sugerencias de los inferiores respecto a los objetivos inmediatos y los medios de alcanzarlos. Sin embargo, cuando por la urgencia de la acción se requiera una decisión rápida, la obediencia deberá ser inmediata. Una vez remitida la urgencia se realizará una valoración entre mando o mandos y subordinados con el fin de corregir posibles errores y enriquecer la experiencia en el combate noviolento.

11. Se darán facilidades a los peones de paz con experiencia de seis o más meses en el servicio que deseen ingresar en la academia de enseñanza de la noviolencia, con miras a integrarse en el personal permanente de la MILICIA NOVIOLENTA, sin que ello signifique que los interesados queden dispensados de las demás condiciones y requisitos exigibles.

III - El combate noviolento

a) Las armas

12. El arsenal de la MILICIA NOVIOLENTA constará de medios de transporte para darle una gran movilidad (vehículos de tierra, mar y aire, así como equipo de paracaidismo); medios de transmisión y comunicación abundantes y muy perfeccionados que permitan hacer llegar la voz de la noviolencia tanto a los combatientes de una guerra mortífera como a las retaguardias que les apoyan (teléfonos, emisoras de radio y televisión, posibilidades de edición y difusión masiva, incluso desde el aire, de grabaciones audiovisuales y de material impreso en diversos idiomas); material médico y sanitario; medios para la reconstrucción y la reparación de emergencia de caminos, puentes e infraestructuras y edificios dañados por la guerra; y cualesquiera otros materiales que la experiencia aconseje para desarrollar una labor conciliadora y constructora.

b) La estrategia

13. A título de orientación y sin que la enumeración sea exhaustiva, se consignan los siguientes principios de la estrategia noviolenta:

1) Proclamación del total respeto a las vidas de los adversarios, sean combatientes o civiles. Quienes se enfrenten con un peón de paz deben saber que no tienen que temer por sus vidas y que nunca podrán invocar la legítima defensa para utilizar las armas mortíferas.

2) Adopción de un uniforme y de distintivos que hagan fácilmente visibles e identificables a distancia a los peones de paz.

3) Aceptación, en casos extremos, del riesgo de perder la propia vida ante un enemigo despiadado. Cuando un jefe u oficial dé la orden de avanzar u oponerse abiertamente a una tropa armada con riesgo de que ésta dispare, deberá ponerse al frente de su propia gente, y deberá también haber previsto antes, si es posible, quién habrá de tomar el mando si él cae, y la conducta que se habrá de seguir en caso de fracaso. Este tipo de acción será excepcional.

4) Desobediencia cívica como expresión fundamental de la resistencia noviolenta. Cuando se trate de defender el país o sus instituciones frente a un invasor extranjero o frente a un golpe de Estado, los peones de paz tratarán de aglutinar y animar la desobediencia del conjunto de los ciudadanos, a quienes se supone, por definición, opuestos a los ataques del agresor. La misión de los peones de paz será sobre todo transmitir las consignas sobre las formas que ha de adoptar la desobediencia a las órdenes de los golpistas o invasores. Cuando se trate de una intervención pacificadora en otro país, los esfuerzos de los peones de paz irán encaminados a promover la desobediencia cívica en las tropas combatientes y en sus retaguardias.

5) Entorpecimiento físico de los movimientos del adversario, mediante sentadas o presencia de multitudes para dificultar la ocupación de edificios públicos, abandono programado de automóviles o vagones de ferrocarril en puntos estratégicos, incluso actos de sabotaje contra bienes muebles o inmuebles. Los sabotajes que impliquen destrucciones materiales podrán practicarse excepcionalmente, pero solo si está enteramente excluido el riesgo de pérdidas de vidas humanas, tanto propias como del adversario.

6) Información amplia y veraz a las tropas combatientes y a las poblaciones civiles, para deshacer el engaño con que los promotores de las guerras consiguen la adhesión de sus pueblos a sus planes criminales. Se explicará la gestación de la guerra y los intereses que realmente están en juego; se divulgarán los testimonios directos de destrucciones, muertes, violaciones y otros crímenes de guerra; se desmontarán punto por punto los argumentos de quienes presentan la guerra como inevitable o beneficiosa para un pueblo. Veracidad y transparencia también en las actuaciones de la propia MILICIA NOVIOLENTA, que solo recurrirá al secreto coyunturalmente y por el tiempo estrictamente necesario para asegurar el efecto sorpresa de determinadas operaciones.

7) Información a la opinión pública mundial. Está comprobado que la presencia de periodistas en situaciones de conflicto agudo disuade a menudo a las tropas más agresivas de cometer los peores abusos o tropelías. Los peones de paz, como los periodistas que han perdido sus vidas en el cumplimiento de su misión informativa, serán los ojos del mundo para dar testimonio de la sinrazón y la injusticia de la guerra. Sus armas para este cometido serán la grabadora, la cámara de vídeo, el teléfono y la radio.

8) Fomento de la deserción. Un ejército de tipo tradicional es normalmente reticente a favorecer la deserción en las filas enemigas, arma que podría volverse contra el que la utiliza. Un cuerpo noviolento de peones de paz no tendrá reparo alguno en hacer propaganda en favor de la deserción basada en motivos nobles. Se facilitará la acogida de los desertores, tanto de los que traten simplemente de alejarse de la guerra como de los que quieran incorporarse al combate noviolento.

IV - Fomento de la paz

14. La generalización de un nuevo modelo de milicia transarmada supondría una economía considerable en el presupuesto del Ministerio de Defensa. La MILICIA NOVIOLENTA tendrá la vocación de extender su modelo, lo que permitiría dedicar grandes sumas al fomento de la paz mediante la educación, la defensa y promoción de los derechos humanos y la reducción de los grandes desequilibrios económicos y ecológicos existentes entre el mundo industrializado y el subdesarrollado.

Carta al presidente del Congreso

Gonzalo Arias Bonet
- Los Rosales, 20 29380 Cortes de la Frontera (Málaga)
- Tfno. 95 215 44 99 Fax 95 215 44 73 Correo-e: gzlarias jet.es

12 de septiembre de 2005

Sr.D. Manuel Marín González
Presidente Congreso de los Diputados
C/ Floridablanca s/n 28071 MADRID

Estimado Señor Presidente:

En nombre de 202 firmantes que nos acogemos a la Ley Orgánica 4/2001 sobre el Derecho de Petición, tengo el gusto de enviarle adjunta una petición para que se abra un debate en torno a una posible “Milicia Noviolenta”.

Entendemos que, al ser el Congreso el destinatario de la petición, todos sus componentes tienen derecho a tener conocimiento de la misma. Confiamos pues en su diligencia, Señor Presidente, para que haga llegar copia del texto en cuestión a todos y cada uno de los diputados. De no hacerlo así le rogaríamos que nos lo diga, explicando sus motivos, para que nosotros podamos hacer que conozcan el texto por otra vía.

Esperamos, conforme a lo dispuesto en la ley citada, recibir una respuesta razonada antes de tres meses.

Con todo nuestro respeto, reciba nuestros atentos saludos.

Gonzalo Arias

Carta al presidente del Senado

Gonzalo Arias Bonet
Los Rosales, 20 29380 Cortes de la Frontera (Málaga)
Tfno. 95 215 44 99 Fax 95 215 44 73 Correo-e: gzlarias jet.es

12 de septiembre de 2004

Sr.D. Javier Rojo García
Presidente del Senado
Plaza Marina Española 8 28013 MADRID

Estimado Señor Presidente:

En nombre de 202 firmantes que nos acogemos a la Ley Orgánica 4/2001 sobre el Derecho de Petición, tengo el gusto de enviarle adjunta una petición para que se abra un debate en torno a una posible “Milicia Noviolenta”.

Observará que se trata de una fotocopia, ya que el original se ha enviado al Presidente del Congreso. En caso de que por motivos puramente formales no crea válidas las firmas en fotocopia, le ruego que tramite la petición como individual presentada por el primer firmante, es decir yo mismo, para lo cual he estampado mi firma auténtica junto a la fotocopiada. Queda entendido que aunque jurídicamente se le diera el trato de una petición individual, todos sabríamos que moralmente está suscrita por el citado número de firmantes.

Entendemos que, al ser el Senado el destinatario de la petición, todos sus componentes tienen derecho a tener conocimiento de la misma. Confiamos pues en su diligencia, Señor Presidente, para que haga llegar copia del texto en cuestión a todos y cada uno de los senadores. De no hacerlo así le rogaríamos que nos lo diga, explicando sus motivos, para que nosotros podamos hacer que conozcan el texto por otra vía.

Con todo nuestro respeto, reciba nuestros atentos saludos.

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