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Deserción y Resistencia

La lucha de los soldados americanos contra la guerra del Vietnam (Iª parte)

Sección:Historia del antimilitarismo
Viernes 25 de noviembre de 2005 1 comentario(s) 3341 visita(s)

Extraido de la revista «Amor y rabia» (Valladolid) [1]

La lucha de los soldados americanos contra la guerra del Vietnam (Iª parte)

Núm. 58: Deserción y Resistencia

EDITORIAL:

Mucho se ha escrito sobre las barbaridades del ejército americano más allá de sus fronteras. También sobre la resistencia y oposición de los pueblos atacados por este todopoderoso ejército. Pero nada se sabe sobre la resistencia y actividad dentro de la estructura militar que muchos soldados llevaron a cabo en un momento crítico en la historia de este país: la guerra de Vietnam.

A nosotros ha llegado un documento traducido del alemán, escrito por un personaje llamado Max Watts, protagonista directo de los hechos narrados a lo largo de sus páginas. Es por tanto la transcripción de una serie de vivencias personales acompañadas de algunos documentos en los que se apoyan las revelaciones de que no todo es tan perfecto en la maquinaria bélica más importante del mundo.

El autor fue expulsado de Francia por ayudar a desertar a 266 soldados americanos durante la guerra de Vietnam, según un documento interno de la embajada de los Estados Unidos en Copenhague. Watts es un apodo literario, apareciendo en el informe como Max Schwartzer, y es el único testimonio de los organizadores de toda la red clandestina dedicada a facilitar la deserción y apoyar la resistencia de los soldados dentro incluso de los acuartelamientos europeos del momento.

La publicación de este documento inédito en castellano (que sepamos) entendemos que debe servir para ampliar la visión que se tiene de aquellos individuos que, o bien forzados por la obligatoriedad legal del servicio militar, o bien por las condiciones sociales que les impulsan a buscar salida en el ejército visten el uniforme sin mayor conciencia del mecanismo de control social al que sirven.

Desde la insurrección de los marinosde Krondstadt, hasta los numerosos militares e incluso guardias civiles del lado de la revolución española en 1936, demuestran junto a estos soldados americanos, que incluso en estos cuerpos profundamente represivos la lucha antiautoritaria aflora. Quizás esta lucha se da en mayor grado, aunque evidentemente minoritaria, porque la experiencia les sirve para rechazar automáticamente el modelo servido.

Por supuesto este tipo de disidencia ha sido ocultada con mayor énfasis que la civil, ya que si bien el poder teme al pueblo en rebelión, cuenta para estos momentos principalmente con el ejército. Y si éste falla sabe perfectamente que sus días de explotación están contados. Sirva pues este número para reivindicar la plena vigencia de la lucha antimilitarista con fines revolucionarios llamando a la deserción, la desobediencia y la resistencia dentro y fuera de los muros de todos los cuarteles.

US-Army-Europe

De la deserción a la resistencia en los cuarteles o como funcionaba RITA

Max Watts

El comienzo del «tren subterráneo»: la conexión holandesa

La historia de la resistencia dentro del ejército USA durante la guerra del Vietnam estaría incompleta sin la historia del «tren subterráneo». Éste ayudó a soldados USA a abandonar sus acuartelamientos en Alemania para evitar ser enviados a Vietnam. El centro de estas actividades fue durante mucho tiempo Amsterdam.

Ya a mediados de los años 60 los militares USA se tuvieron que enfrentar no solo con una creciente resistencia contra el servicio militar obligatorio, sino también con una creciente ola de deserciones y ausencias no permitidas de los ya enrolados que tenían como objetivo evitar tener que ir a luchar. Los enemigos del servicio militar y los que se negaban a realizarlo provenían en su mayor parte de la clase media; en cambio, los desertores y quienes se ausentaban sin permiso de sus puestos eran soldados que pertenecían a la clase obrera o provenían del campesinado. Lo que más sorprendió a los militantes del movimiento contra la guerra del Vietnam era el hecho de que la gran mayoría de los desertores, o de quienes se ausentaban de su puesto en la tropa sin permiso, eran soldados que sólo excepcionalmente se habían tenido que incorporar a la tropa al recibir la notificación de su reclutamiento forzoso. Por el contrario, la inmensa mayoría se habían apuntado voluntarios al servicio militar, y sólo posteriormente descubrieron qué era la guerra del Vietnam, y, más importante aún, cómo funciona realmente el ejército.

Mientras que los opositores al servicio militar buscaban (y recibían) muy a menudo ayuda del movimiento antimilitarista, los soldados no esperaban ninguna ayuda por parte de los civiles, excepto quizá de amigos y conocidos. En el interior de los Estados Unidos los desertores y quienes abandonaban sus puestos sin permiso podían camuflarse dentro de una subcultura por ellos conocida 1.Pero para los soldados estadounidenses estacionados en Europa esto era imposible (y aún más en el sudeste asiático, exceptuando Saigón). Para los jóvenes que eran destinados a Vietnam (como me explicaba el «escaqueado» Gregory Graham, que se alistó voluntario al cumplir 17 años «para salir del orfelinato en Wako (Texas) donde crecí», y que con 18 años fue enviado a cumplir durante un año el servicio militar a Alemania occidental), desertar o abandonar el puesto sin permiso no tenía ninguna perpectiva, hasta que «descubrí que ahí fuera había gente dispuesta a ayudarnos». A nosotros, soldados de los Estados Unidos.

Ya en otoño de 1966 se había convertido Holanda, y especialmente Amsterdam, el la Meca para miles de jovenes soldados estadounidenses. Como puede suponerse cínicamente, esto era así porque allí las drogas no sólo eran baratas, sino también abundantes y estaban cuasi legalizadas. Pero Amsterdam ofrecía más que simple hachís. Los soldados oían cada vez más cosas sobre los «Provos», jóvenes antiautoritarios holandeses que traían de cabeza a las autoridades, y muchos soldados USA simpatizaban con ellos. Frente a su miserable vida en los cuarteles, la vida alegre de la escena en Amsterdam ofrecía un fuerte contraste que era bienvenido. Los trenes de largo recorrido que partían de las ciudades alemanas donde estaban acuartelados las tropas del séptimo ejército americano (Mainz, Frankfurt, Munich, etc) se llenaban rápidamente de jovenes soldados de Estados Unidos con una semana de permiso.

Los Provos, así como un creciente porcentaje del resto de la juventud holandesa, eran en general antimilitaristas y especialmente contrarios a la guerra del Vietnam. Y a esto se unían los hechos, que hablaban por sí mismos. Esto lo explica el «escaqueado» Graham de la siguiente manera: «había oido ya a otros como quedaban los conductores de camiones en Vietnam tras tropezar con una mina. Yo no quería que me ocurriera lo mismo. Por tanto, fuí a Amsterdam, dí una vuelta por ahí, y busqué a alguien con una chupa larga. A uno le pregunté si era Provo. El respondió que sí, y yo le dije: «Quiero desertar, ¿puedes ayudarme?», y el me respondió: «Naturalmente»».

Gregory Graham no era el primer soldado de Estados Unidos que ayudaron los holandeses, pero si fué el primero que se puso en contacto con el movimiento antimilitarista -al menos en Europa-. Algunas semanas después de haberse escondido en Holanda fue buscado por la policía. Si le hubieran descubierto, habría sido entregado al ejército USA. Por ello algunos Provos le transportaron en coche a través de Bélgica hasta París, donde le dejaron en manos de amigos.

Cuando éstos hubieron de abandonar también París se pusieron en contacto con Claude Bourdet, un socialista francés independiente que debido a su papel en la resistencia antifascista francesa durante la segunda guerra mundial tenía un peso entre los círculos izquierdistas de París. Bourdet no estaba seguro de lo que podía hacer con el joven soldado, pero estaba convencido de que «los estadounidenses» recibirían ayuda en París. Entre sus amigos estaban varios de los miembros más importantes del PACS (el Paris American Commitee to Stop War), que había sido creado en 1965 por norteestadounidenses (en su inmensa mayoría intelectuales) que residían en París. Poco antes de las navidades de 1966 Bourdet puso a Graham en manos de este grupo.

Entre tanto Gregory Graham se había hartado de las continuas «negociaciones», y les dijo: «Según he oído, estáis todos contra la guerra. ¿Lo estáis de verdad o sólo habláis?». La mayoría de los portavoces del PACS no se podían creer que tenían delante suyo a un soldado estadounidense que estaba contra la guerra. Como muchos miembros del movimiento pacifista de entonces, habían supuesto que todos los soldados estaban a favor de la guerra. Cuando se enteraron de lo contrario, quedaron completamente desconcertados, y encontraron algunos argumentos para justificar el no querer saber nada del tema. Pero una minoría se decidió a «hacer algo». Como yo pertenecía a dicha minoría, me llevé a Graham a casa aprovechando unos días festivos. a continuación le encontramos un alojamiento y un trabajo en el campo. Pocos días después, una pareja que no conocía se dirigió a mí y me dijo «Hemos oído que os encargáis de los desertores estadounidenses». Inseguro, negé el que llevara a cabo dichas actividades, y entonces dijeron: «No, no somos policías, es que tenemos a dos viviendo escondidos con nosotros y nos están vaciando la despensa. ¿Puedes ayudarnos?» . Estos dos desertores también habían sido llevados a París por Provos, una vez que no era posible mantenerlos escondidos en Amsterdam por más tiempo.

1. Este y otros aspectos de la resistencia de soldados estadounidenses a la guerra del Vietnam serán tratados en un próximo número. (Nota de A&R).Volver

El «tren subterráneo»

No fueron los únicos. En los primeros meses de 1967 quedó claro que una continua -y creciente- marea de soldados estadounidenses se dirigía a Amsterdam en busca de Provos buscando ayuda a alternativas al servicio militar y a Vietnam. Muchos pidieron ayuda a las «mujeres de la calle», las prostitutas de la calle Nijzel; y a menudo esas mujeres estuvieron dispuestas a ayudarles. Pero la mayoría de los chulos estaban en contra y así algunos de estos soldados cayeron en manos de la policía holandesa.

En Holanda se creía que los soldados estadounidenses estaban seguros en Francia, donde el gobierno de De Gaulle acababa de criticar la guerra de Vietnam2. A partir de febrero de 1967 se establecieron contactos estables entre los activistas estadounidenses contra la guerra del Vietnam y diversos grupos holandeses para organizar lo que pronto sería llamado «Tren subterráneo». Fue una cooperación abierta y espontánea que se marcó como objetivo el recoger a aquellos soldados estadounidenses que habían desertado o abandonado su puesto sin permiso, para evitar que cayeran en manos de la policía holandesa, llevándolos a Francia.

En cierta forma esto fue una repetición de la historia, ya que los holandeses (en algunos casos incluso los padres de algunos provos de los años 60) habían organizado ya 25 años antes, un «tren subterráneo» similar, en este caso para aviadores ingleses o estadounidenses. En aquel entonces, durante la guerra antifascista, habían ayudado a aquellos cuyos aviones habían sido derribados por los nazis, o a prisioneros de guerra que se habían fugado para alcanzar la libertad, trasladándoles a España y Portugal3 . Ambos «trenes subterráneos» debían su nombre a un «tren» aún más antiguo que, ante el inicio de la guerra civil americana en 1861, ayudaba a los esclavos negros estadounidenses a escapar de los estados esclavistas del sur de EEUU y a alcanzar la libertad en Canadá y los estados del norte de EEUU.

2.Ese mismo año, Francia abandonó la estructura de la OTAN y se dotó de sus propias armas atómicas, entre otros gestos de desafío a EEUU. (Nota de A&R).Volver

3.Una de las principales redes de evasión con destino a España, la del grupo Ponzán, estaba en manos de militantes de la CNT; los aliados les pagaron sus servivios traicionándoles a Franco al acabar la guerra -y premiándoles póstumamente. Un detallado relato de las actividades del grupo Ponzán, responsable de salvar la vida a como mínimo más de 300 soldados aliados puede encontrarse en el libro de Antonio Téllez Solá «La red de evasión del grupo Ponzán. Anarquistas en la guerra secreta contra el franquismo y el nazismo (1936-1944)», publicado por la editorial Virus, ISBN 84-8845529-1, y cuesta poco más de 2.000 pts (Nota de A&R)Volver.

INADAMNLUGO2PROVOS (EnAmsterdamHolandaVeALos Provos)

En Holanda los Provos y otros jóvenes holandeses se dedicaron con entusiasmo a esta tarea. Sus simpatías antiautoritarias les ponían sin dudar del lado de los soldados estadounidenses contrarios a la guerra y al ejército y, paulatinamente, se fueron dedicando a ir el viernes por la tarde a recibir los trenes llenos de soldados de permiso, repartiendo en la estación de trenes de Amsterdam panfletos contra la guerra con la consigna cifrada «INADAMNLUGO2PROVOS», que fue rápidamente conocida en todas las unidades del séptimo ejército americano (traducido significa «Si estás en Amsterdam, Holanda, ponte en contacto con los Provos»).

Poco después se establecieron Estaciones del «tren subterráneo» en la propia Alemania occidental, donde la SDS (Sozialistisches Deutscher Studentenbund - Liga socialista de estudiantes alemanes) protestaba también de manera activa contra la guerra de Vietnam. Pero en Alemania occidental tardó tiempo hasta que el contacto entre estudiantes alemanes y los soldados estadounidenses alcanzase la abierta confianza que se lograba en Holanda al cabo de una sola noche. Los estudiantes alemanes querían como mínimo discutir con los soldados sobre el imperialismo, aunque éstos no apoyasen precisamente el matar niños vietnamitas. Pero pronto se encargaron estudiantes de Alemania occidental de trasladar soldados estadounidenses a través de la zona de bosque de la región de Pfalz (el Palatinado), al sur de la autopista entre Heidelberg y Saarbrücken, directamente hasta Francia. Después fue posible falsificar pases de permiso para aquellos soldados que habían abandonado el ejército pero aún poseían sus papeles de identificación como soldados. A partir de allí viajaron a París muchos soldados que habían recibido orden de trasladarse a Vietnam, y se establecieron allí. Pocos de ellos lo habían preparado previamente. Fue el «tren subterráneo» quien se encargó de conseguir a los GIs (como también se llama a los soldados estadounidenses) los pases de permiso.

Es de destacar que Bélgica, pese a estar situada entre Holanda y Francia, permaneció casi por completo al margen de estas actividades. Según lo que conozco, por entonces no se desarrollaban allí actividades independientes para apoyar a los soldados estadounidenses. Por tanto permaneció como una «zona muerta» que había que atravesar lo más rápido posible. La relación entre la izquierda francesa y los (ex)soldados estadounidenses, que no paraban de aumentar, no permaneció libre de tensiones. Hubo franceses politizados dispuestos a ayudar, pero muchos de ellos vivían en el pasado, y desarrollaban sus actividades en base a sus experiencias en la resistencia contra los nazis o contra la recién acabada guerra de Argelia. Pese a sus buenas intenciones utilizaban los mismos métodos, complicados y llenos de secretismo, que habían utilizado en el pasado, en una época en que ser descubierto significaba ser condenado a muerte, enviado a un campo de concentración o, como mínimo, encarcelado. Ofrecer a un soldado americano encontrarse con ellos («Vete al café Deus Magots una hora antes de como hemos quedado por teléfono. Espera allí dos minutos para asegurarte de que nadie te sigue, y ve entonces a un segundo café, el Tournon, donde te recogeremos») significaba, en la práctica, que un soldado americano acabaría perdido en alguna parte de París ese día. Un grupo llegó incluso a recibir entre los soldados estadounidenses el nombre en clave de «los amigos sin teléfono», ya que, por miedo a sufrir escuchas y ser identificados, no daban nunca su propio número de teléfono y, en su lugar, llamaban siempre desde cabinas telefónicas a una hora prefijada, o cuando les habían sido dejados señales concretas. Pocos años después, no obstante, uno de sus «líderes», Henri Curiel, fue ejecutado por un comando móvil fascista en un ascensor, lo que explica quizá sus precauciones. De todas formas, sus contactos con soldados estadounidenses fueron sólo de vez en cuando fructíferos.

Para consternación de muchos activistas contra la guerra, el Partido Comunista de Francia (que en aquella época era aún un poder a tener en cuenta en el país) se mantuvo inactivo durante largo tiempo en lo referente a apoyar a desertores y soldados que habían abandonado sin permiso sus puestos. Desde el principio el partido se negó a tener algo que ver con dichos «inmigrantes ilegales» que no tenían «ningún papel».


[1] Debido a la extensión de este trabajo, iremos publicándolo por entregas, cuyas referencias añadiremos a este artículo, para que puedan ser localizadas sin dificultad. El texto que tienes delante es un fragmento de la primera parte, aparecida poco antes de la suspensión temporal del proyecto de la revista del grupo anrquista del mismo nombre. Se puede consultar esa primera parte completa en http://usuarios.lycos.es/amoryrabia/desercion.htm

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