En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
Secciones
> Observatorio de conflictos
  Iraq
  Palestina
  Colombia
  EEUU
  Guerra y mujeres
  Infancia y guerra
  Varios
  Afganistán
  Libia
  Costa de Marfil
  Siria
  Mali
  Sáhara Occidental
  Ucrania
  Turquía
> Campañas
  Objeción Fiscal al Gasto Militar
  Desobedece a las guerras
  Contra la I+D Militar
  Comercio y producción de armas
  Juguete bélico
  Feminismo y antimilitarismo
  Locales
  Varios
  Banca
  Educación para la paz
  La guerra empieza aquí. Parémosla desde aquí
  Recortar lo militar
  Contrarreclutamiento
> Documental
  Talleres
  Historia del antimilitarismo
  Noviolencia
  Objeción de conciencia
  Recursos gráficos
  Recursos multimedia
  Teoría política
  Represión
  Medio Ambiente
  Mujeres y antimilitarismo
  Anticapitalismo
  Instituciones militares
  Varios
  Intervencionismo humanitario y misiones de paz
> Informativa
  Movimiento 15M
> Cajón de sastre
  Humor
  Creación
  Comentarios gráficos
  Contactos
  Varios
> Solidaridad entre los pueblos

La Constitución del 78: Más allá del mito del consenso (Jaime Pastor)

El Ejército respeta la constitución porque la hizo a su medida

Sección:Instituciones militares
Martes 29 de noviembre de 2005 2 comentario(s) 3600 visita(s)

La polémica sobre la tímida propuesta de reforma del Estado introducida por el nuevo Estatut evidencia los límites de la Transición. El cierre en falso de la ’cuestión nacional’ facilita que la derecha invoque un consenso tan desvirtuado entonces como ahora.

La aprobación por la gran mayoría del Parlamento catalán de la Propuesta de Reforma Estatutaria ha desatado una intensa campaña de la derecha española, amparada por la Corona y la jerarquía military pronto secundada por sectores significativos del PSOE y de los sindicatos, según la cual la «unidad de España» estaría amenazada. La definición de Catalunya como nación, la formulación ambigua de un derecho a «determinar libremente su futuro como pueblo» y la disposición a blindar una serie de competencias para su autogobierno, incluidas las relacionadas con la financiación, parecen ser los temas más conflictivos de una reforma que, sin embargo. está llena de insuficiencias y autocensuras con tal de poder encajar dentro del texto constitucional vigente.

Pero, aun con esas limitaciones, lo que se ha percibido en este inicio del ’debate’ ha sido una aceptación por parte de casi todas las fuerzas parlamentarias del mito de la Transición política y de la Constitución de 1978. En el caso del PP, pese a que un ala del mismo no votara a favor del Título VIII de aquella Constitución, su fundamentalismo llega a oponerse siquiera a la toma en consideración de esa propuesta y, por tanto, a cualquier reforma que suponga un tímido avance hacia el reconocimiento de la plurinacionalidad y un ’proceso federalizante’ del Estado; pero también en el resto de fuerzas, salvo en las nacionalistas ’periféricas’, sus discursos reflejan un respeto reverencial a lo que se define como el gran «consenso» de 1978.

Y sin embargo, la experiencia real de aquel período de la ’Transición’ tiene poco que ver con el escenario ideal que nos describen tantos hoy. Porque lo que vivimos en los años ’75 al ’78 fue un proceso conflictivo en el que hubo una auténtica carrera contrarreloj entre, por un lado, las ansias populares de ruptura con el Franquismo, estimuladas por la revolución portuguesa de 1974 y la muerte del dictador en noviembre de 1975 y, por otro, el proyecto de la gran burguesía, apoyada por EE UU y la socialdemocracia europea, de anticiparse a esa ruptura mediante una reforma que permitiera la convivencia ’pacífica’ de una democracia liberal con pilares clave del régimen. La dinámica de ’concesiones’ («claudicaciones», según Rafael Sánchez Ferlosio) en la que se embarcó la mayoría de la oposición política a favor de los sectores reformistas de la dictadura contribuyó a que se inclinara la balanza en beneficio de estos últimos, con el consiguiente ’pacto de olvido’. Esto fue evidente ya en los límites que se marcaron a esa misma reforma poco antes de las elecciones de junio de 1977, reflejadas en declaraciones como la que hizo el entonces ministro de Información, Andrés Reguera, cuando se refirió a «la Corona, las Fuerzas Armadas y la unidad nacional» como algo que no cabía cuestionar en el «nuevo orden» que se empezaba a construir.

Todo esto se pudo percibir con mayor detalle en la elaboración de la Constitución de 1978 y, en particular, en la discusión del tristemente famoso articulo 2 cuya redacción final, una vez aceptado a regañadientes el término ‘nacionalidades’, decía y dice así: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas». ¿Qué mayor afirmación cabe de un nacionalismo esencialista y etnicista que la pretensión de declarar a perpetuidad el carácter «indisoluble» de la «Nación española» y la «indivisibilidad» de ésta como «patria común»? No es casualidad que esta versión final fuera dictada por unos poderes fácticos ante cuya nota, facilitada por un intermediario de la UCD, el ponente constitucional José Pedro Pérez Llorca, como cuenta José María Colomer. «se cuadró y, llevándose la mano extendida a la sien, hizo el saludo militar».

El hecho de que ese artículo venga precedido por el 1.2, según el cual «la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado», marcaba todavía más los’ límites a cualquier intento de ’dividir’ esa ’soberanía’ y, por tanto, imponía e impone una barrera infranqueable para el reconocimiento del derecho de autodeterminación, exigido entonces por unos pocos parlamentarios y senadores como Letamendía y Xirinachs.

Ni el desarrollo del Título VIII ni el reconocimiento en las Disposiciones Adicionales de Ios derechos históricos de Euskadi y Navarra han servido para superar el profundo déficit democrático y de legitimidad con que nació esta Constitución, aunque sólo en Euskadi, con ocasión del referéndum, se llegara a expresar un rechazo mayoritario a la misma.

Nos hallamos ahora en un nuevo momento histórico en el que tanto la ’globalización’ y la integración del Estado español en la UE como el reforzamiento de las identidades nacionales catalana, vasca o gallega están provocando una reacción defensiva de un nacionalismo español temeroso de ver cuestionada su autoproclamación como «única nación soberana» dentro del Estado español. Un nacionalismo que, por cierto, no pone ningún obstáculo fronterizo al libre movimiento del capital, mientras construye nuevos muros racistas frente a quienes huyen del hambre y las guerras en antiguas plazas como Ceuta y Melilla, cuya ’españolidad’ es muy discutible.

Defender hoy el derecho de Catalunya a decidir cómo quiere relacionarse con los pueblos del Estado español, de Europa o del Mediterráneo obliga, por tanto, a plantear la necesidad de una ’segunda Transición’ que permita una reconstrucción desde abajo de una libre unión entre los pueblos que ojalá sea federal y republicana. Porque, más allá de las divergencias razonables que, sobre todo desde la ’izquierda de la izquierda’, se puedan tener con la propuesta catalana, no corresponde al Parlamento español su modificación, y más cuando sabemos que va a recortarla con el fin de que el pueblo catalán se tenga que ajustar a esa ’camisa de fuerza’ que es la Constitución del `78.

El autor Jaime Pastor es profesor de Ciencia Política en la UNED.


Publicado en DIAGONAL nº 17

Comenta este artículo   Volver arriba

Nota: los comentarios ofensivos podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación

   

Comentarios


  • La Constitución del 78: Más allá del mito del consenso (Jaime Pastor)

    17 de marzo de 2007, por blas

    esta gente ya no sabe ni que defender resulta que la unica constitucion que nos ha dado paz social y que ha consituido un modelo de progreso para nuestro pais y lo mas valioso de todo nos ha dado la libertad que ha costado mas de cien años de ansiedad y sangre de muchas generaciones es ahora puesta en tela de juicio por este personaje,,,me gustaria deciros a todos los que haceis esta pagina que señores no se puede ser mas liberal que el liberalismo dejaros las utopias y defended algo con sentido comun,


  • La Constitución del 78: Más allá del mito del consenso (Jaime Pastor)

    17 de marzo de 2007, por blas

    a se me olvidaba la constitucion del 78 la del estado de autonomias es fundamentalmente federal aunque no adquiera este nombre ya que cataluña el pais vasco y galicia tienen mas competencias que los propios estados federales alemanes y no lo digo solo yo si no grandes entendidos de ciencia politica no este señor y españa hoy dia es una republica encubierta lo unico que se diferencia con una republica es quel el jefe de estado en vez de llamarse presidente de la republica se llama juan carlos primero x cierto yo soi licenciado tambien de ciencia politica por la universidad de murcia no hay mas ciego que el que no quiere ver


Volver arriba
Volver a la página Principal
Ver comentarios
Spip Sitio desarrollado con SPIP v1.9.2 , un programa Open Source escrito en PHP bajo licencia GNU/GPL.
Licencia de Creative Commons Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons, mientras no se indique otra cosa.