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La guerra de EEUU en Afganistán continúa (Stephen Kaposi)

Y la de Ejpaña por consiguiente también

Sección:Afganistán
Domingo 4 de diciembre de 2005 0 comentario(s) 2847 visita(s)

Por si no se habían dado cuenta, la invasión norteamericana de Afganistán se ha convertido en otra guerra extranjera desastrosa, que probablemente sólo terminará cuando los EE.UU. retiren sus tropas. Ciudadanos afganos y cuantos se resisten a la ocupación siguen muriendo por el sueño neoconservador de un imperio mundial.

Después de más de tres años y medio de la invasión de Afganistán por los EE.UU., no ha habido ninguna victoria y la sangrienta guerra continúa. En todo caso, los EE.UU. han sufrido una derrota, juzgándolo por el hecho de que el superpoder mundial no ha sido capaz de asegurar completamente su colonia, a pesar de que la propaganda del gobierno de Bush pretenda lo contrario. Puede que la declaración de Bush del 1 de mayo de 2003 en la que decía que “las operaciones de combate más importantes” habían terminado en Irak recibieran una amplia cobertura, pero otro anuncio belicoso recibió muy poca.

El mismo día del anuncio de Bush, el Secretario de Defensa de EE.UU. Donald Rumsfeld hizo exactamente la misma declaración triunfante mientras visitaba Kabul. Así es como Fox News, el servicio de propaganda del gobierno de Bush, anunció el triunfo de Rumsfeld; “En un anuncio que marca una gran victoria en la guerra contra el terror que esta librando Norteamérica, el Secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld declaró el jueves que “las actividades de combate de mayor envergadura” habían terminado en Afganistán.”

Al igual que sucede en Irak, la realidad es todo lo contrario. Desde abril 2005 los Talibanes comenzaron de nuevo a “resurgir” lanzando enérgicas ofensivas. Han atacado convoyes de camiones que transportan tropas de EE.UU., han asaltado edificios del gobierno, y han matado a soldados afganos y norteamericanos en numerosos ataques. Decapitaron a un aliado político del gobernante títere de EE.UU., Hamid Karzia -un antiguo representante de una compañía petrolera-, en Helmund, una provincia “insurgente”al sur del país. Apedrearon a pacifistas internacionales cuando éstos comenzaron a fotografiar a mujeres. Existen incluso pruebas de que el régimen de Kabul está poco a poco consiguiendo que la población se vuelva contra él, por ejemplo cuando unos aldeanos se enfrentaron con las tropas afganas que fueron a destruir su cosecha de adormideras.

Mientras tanto, mucha gente en Kandahar, una ciudad del sur, preocupados por el aumento del crimen y la ausencia de ley y orden están añorando la época en la que los talibanes estaban en el poder. Los talibanes mantenían la ley y el orden, procurando un sentido de estabilidad, a diferencia del caos que ha traído la invasión de los EE.UU. Miles de personas se han manifestado en las calles demandando la dimisión del gobernador y del jefe de policía, acusándoles de estar en connivencia con los criminales. En otros momentos, al igual que en Irak, tales manifestaciones se han sofocado con disparos a matar por parte de las tropas de EE.UU., militares de fuerzas aliadas o el vacilante ejército afgano que desesperadamente están intentando crear los EE.UU.

A finales de abril se dijo que los talibanes habían relanzado un servicio de radio en Afganistán utilizando transmisores móviles, que consistía en emitir programas de una hora de duración dos veces al día. A principios de febrero 2005 las intenciones de EE.UU. en Afganistán quedaron claras cuando el senador John McCain exigió bases permanentes de EE.UU. en Afganistán para “salvaguardar los intereses de los EE.UU. en la región.”

Unos días más tarde se vislumbró que la situación en Afganistan no era tan buena cuando se anunció que las elecciones parlamentarias, programadas para el 21 de mayo, serían retrasadas debido a “problemas logísticos y de seguridad.”

Luego, a mediados de mayo 2005, miles de personas causaron disturbios en Jalalabad, una ciudad al este de Afganistán, después de conocer que los guardas en el campo de concentración de EE.UU. en la Bahía de Guantánamo, Cuba, habían profanado copias del Corán. Las tropas norteamericanas y afganas dispararon contra los manifestantes matando al menos a cuatro personas. Las protestas se extendieron a la capital Kabul y por lo menos a cuatro provincias más, mientras los estudiantes de la universidad en Kabul coreaban “muerte a América” y llamaban a las fuerzas de EE.UU. “invasores”.

Un informe de Associated Press lo denominó “la mayor demostración de furia antiamericana desde la expulsión de los talibanes”. La CNN describió los disturbios como “antiamericanos”. También se celebraron manifestaciones en ciudades pakistaníes, donde el partido antiamericano, el MMA, anunció planes de protestas para más adelante. Incluso la Asamblea Nacional de Pakistán aprobó una resolución exigiendo al gobierno de EE.UU. la investigación del incidente y el castigo de los que se encontraran culpables.

También están los talibanes invictos, a los que se ha declarado “resurgentes” muchas veces antes de su último “resurgimiento” del pasado abril. Por ejemplo, en octubre 2003, hace menos de 18 meses, se informó de un “resurgimiento” talibán. El ejército de EE.UU. lanzó importantes ofensivas militares en octubre y diciembre 2003 y en marzo 2004 para mantener el control del campo afgano.

Aparte de la primera declaración de victoria de Rumsfeld el 1 de mayo 2003, Hamik Karzai dijo a David Frost de la BBC durante una entrevista el 2 de junio 2003: “No veo ningún resurgimiento de los talibanes”. Continuó diciendo: “Los talibanes han sido vencidos, ya no están, como movimiento, como gobierno, como una estructura, como una estructura política, como una estructura religiosa, ellos ya no están allí”. Alguien se lo tendría que haber dicho a los soldados alemanes que murieron para mantener a Karzai en el poder, casi el mismo día de la entrevista, cuatro soldados de pacificación alemanes murieron en el ataque de un suicida.

El 26 de febrero de 2004, Karzai declaró nuevamente que los talibanes estaban derrotados. Después de dos semanas, salieron a la luz “pruebas”de cómo EE.UU. estaba supuestamente ganando en Afganistán. Human Rights Watch emitió un importante informe documentando los abusos generalizados cometidos por el ejército de EE.UU. en Afganistán. Este informe afirma que el ejercito estadounidense “ha detenido a civiles arbitrariamente, ha usado fuerza excesiva durante arrestos de no-combatientes, y ha maltratado a detenidos.” El sistema administrado por EE.UU. de “arrestos y detenciones en Afganistán existe fuera de la ley” y “hay pruebas concluyentes que sugieren que el personal de EE.UU. ha cometido actos contra los detenidos que se pueden calificar de tortura o de trato cruel, inhumano o degradante”.

Robert Novak informó a finales de mayo 2004, que “esta guerra olvidada continúa sin un final a la vista.... Si el ejército de EE.UU. se retira, los talibanes, o algo parecido, se hará con el poder. Los EE.UU. están perdidos en Afganistán, atados a este país salvaje sin posibilidad de marcharse”. Más tarde, el 15 de junio 2004, George Bush declaró, “Las fuerzas de coalición, incluyendo a muchos valientes afganos, han traído a América, Afganistán y al resto del mundo su primera victoria en la guerra contra el terror”.

Sin embargo, al mismo tiempo, los partes informativos estaban revelando lo contrario a la propaganda triunfal de Bush. The Associated Press informó sobre la situación de “deterioro de la seguridad”, con un ataque a tropas de pacificación internacionales y el asesinato de 11 trabajadores chinos en el norte de Afganistán, lejos de donde normalmente operan los talibanes.

Después, el 13 de agosto de 2004, el general supremo de la OTAN, el General James Jones, declaró que los talibanes y Al Qaeda habían sido derrotados y que nunca más desafiarían al gobierno o supondrían una amenaza importante. Dos días más tarde los “derrotados” talibanes mataron a siete soldados afganos, y para finales de septiembre por lo menos 3 soldados de EE.UU habían muerto y 14 habían resultado heridos, además, docenas de soldados afganos resultaron muertos.

En octubre 2004, la Agence France-Presse informó que la misión en Afganistán “no había finalizado”, a pesar del “triunfalismo” de Bush. Se había avanzado muy poco en la creación de un ejército nacional, había aumentado el cultivo de adormideras, y fuera de Kabul la mayoría de las mujeres todavía llevaban el Burka y vivían con miedo. El régimen títere de Karzai tenía poco poder en tanto que los señores de la guerra y las milicias seguían controlando todavía la mayor parte del país -cuando los talibanes no organizaban alborotos, por supuesto.

En el mismo mes, algunos trabajadores de Naciones Unidas fueron secuestrados en Kabul y mucha gente estaba muriendo en combates en otros lugares, incluyendo soldados de EE.UU., soldados afganos y civiles. También en octubre 2004 se informó que estaba circulando en Afganistán hábil propaganda, incluidos DVDs, llamando a la “jihad mundial” contra “los cruzados cristianos sedientos de petróleo”. Un experto de seguridad británico apuntó que “éste es un significativo cambio de tácticas. Nunca he visto material de calidad con este aspecto internacional... es un llamamiento a la “jihad mundial”. El mes siguiente, el líder talibán Mulla Mamad Omar emitió un mensaje a sus seguidores marcando el tercer aniversario de la caída talibán, instando a sus partidarios a continuar su guerra santa.

Una mirada a las muertes de estadounidenses en Afganistán muestra cómo la guerra se está intensificando poco a poco. El número de estadounidenses muertos ha aumentado cada año desde la invasión en octubre 2001 y la tendencia hasta ahora, en 2005, parece que va en alza. En 2001 murieron 12 soldados de EE.UU.; en 2002 murieron 43; en 2003 murieron 46; en 2004 murieron 52. Hasta ahora, en 2005 han muerto 29. Ésto encaja con la tendencia global en Irak, que ha visto un aumento constante en el índice de muertos estadounidenses durante toda la ocupación.

Un análisis de las muertes de la Coalición en Irak revela que la media acumulada de muertes de estadounidenses se elevó constantemente durante 2004 y continúa en aumento en 2005. A pesar de un descenso después de las elecciones de enero, el índice de muertes estadounidenses está creciendo de nuevo.

En cuanto a las elecciones presidenciales que instalaron a Hamid Karzai, no fueron más legítimas que las elecciones celebradas por los soviéticos cuando ocuparon el país en los 80. De hecho, un respetado comentarista, Eric Margolis, afirmó en el momento de las elecciones de diciembre 2004 que las que organizaron los soviéticos fueron “más abiertas y más justas que las elecciones recientes en Afganistán puestas en escena por los EE.UU.”

En enero 2005 el embajador norteamericano en Turkmenistán anunció que un gaseoducto “ya muy retrasado” comenzará a construirse en 2006 y que atravesará Afganistán hasta Pakistán. Así que la cruzada norteamericana en Afganistán para asegurar la reserva energética para Occidente y rodear a Rusia y a China se ha convertido en otra larga y sangrienta intervención en el extranjero. Si finalmente EE.UU se asegura un aliado “estable” y unas posibles bases militares permanentes, sólo será debido a la imposición de la fuerza militar para aplastar a los oponentes, a los crímenes de guerra, a un enorme derramamiento de sangre y a considerables abusos en materia de derechos humanos.


Stephen Kaposi es el autor de The Real Axis of Evil: The Invasión of Iraq, Western Imperialism, lies and the Police State. Vive en Sydney, Australia.

Extraido de ZNET en español:
http://www.zmag.org/spanish/index.htm

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