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Una historia de la puta mili

Infomoc

Sección:Cajón de sastre
Martes 27 de diciembre de 2005 1 comentario(s) 7403 visita(s)

Historias de la puta mili

http://mizar.blogalia.com/

No hace mucho os contaba una anécdota de mis años de instituto y hoy,
aún a riesgo de parecer el abuelo Cebolleta, os voy a contar otra
historia, también relacionada con la Astronomía, de la época en la que
sufrí el servicio militar.

Quizás lo que más me llamó la atención fue comprobar la cantidad de
jóvenes de mi edad que no tenían, ni siquiera, el Graduado Escolar. La
mayoría de mis amigos eran compañeros de Instituto o de la Universidad,
así que yo pensaba, ingenuamente, que cualquier persona de mi edad sabía
leer y escribir. Al llegar al CIR Centro en Cáceres descubrí, no sin
asombro, que los analfabetos eran mayoría. Siendo universitario no
podías pasar desapercibido, o bien se mofaban de ti, o bien te
convertían en un héroe. A mi me ocurrió lo segundo, y así es como se
gestó la leyenda del soldado Bellido.

Después del campamento estuve destinado en un cuerpo de élite, como
orgullosamente se denominaban. Antes de entregarnos la gloriosa boina
verde había que superar una iniciación muy dura. La pista americana, un
recorrido con obstáculos, era igual que la de La Chaqueta Metálica de
Stanley Kubrick y de 27 aspirantes sólo 9 resultamos ilesos, el resto
pasó por el Hospital Gómez Ulla con diversos pronósticos, esguinces,
torceduras, roturas...incluso uno dado de baja por stress psicológico.

Quizás superé todo aquello porque no me lo tomé demasiado en serio, lo
tomé como un juego. Sí, era duro, nos desayunábamos con 15 km de carrera
cada día, pero eso me sirvió para adquirir una forma física que nunca
más he tenido. Tras cinco semanas de duros entrenamientos, y después de
perder 10 kilos de peso, nos fuimos de maniobras a la Sierra de Madrid.

Guadarrama estaba cubierta de nieve y nosotros pasábamos las noches
metidos en pequeñas tiendas de campaña, mojados y en estado de alerta,
cada dos horas o así, hacían una alarma aérea, se suponía que nos
atacaban desde el aire y había que salir de la tienda con el fusil y con
la mochila de combate. Tengo que contar en qué consistía la mochila de
combate, porque tendrá importancia más adelante.

Era una bolsa de reducidas dimensiones en la que llevábamos lo
imprescindible para el combate: cuerdas, alambre, cantimplora, vaso,
navaja, cubiertos, una linterna, aguja e hilo (importantísimo por si se
soltaba un botón, no llevarlo constituiría motivo de arresto inmediato),
útiles de limpieza del fusil, betún para abrillantar las botas, algo de
abrigo y pinturas de camuflaje, aunque la mayoría llevábamos un tapón de
corcho y un mechero, quemando el corcho se conseguía un polvo negruzco
que cumplía perfectamente la misma misión.

Las noches de maniobras las pasábamos prácticamente en vela, entre las
alarmas y las guardias. Después del almuerzo venía uno de los momentos
más duros del día: soportar la charla teórica sin dormirse. El tercer
día le tocó el turno a la orientación. Yo no conseguía mantener los
párpados despegados, el sargento se dio cuenta de ello y con toda la
mala idea dijo:

- A ver, Bellido, parece que se lo sabe muy bien, así que él nos
explicará cómo orientarnos por la noche.

Lógicamente el sargento no sabía que estaba hablando con un astrónomo
aficionado, cuando empecé con la explicación se quedó con la boca
abierta y retándome dijo...bueno y cómo te orientarías si estuviese
nublado, así que le expliqué la orientación del musgo en los árboles, de
los hormigueros, etc...y claro, como él tenía que quedar por encima me
dijo: De acuerdo, ya veo que te lo sabes....pero y si estuvieras en el
desierto y estuviese nublado. Casi sin pensarlo respondí: ¡Pues me
fabricaría una brújula!.

En la cara del sargento se dibujó una sonrisa de oreja a oreja, seguro
que pensó "ya he cazado a este listillo", y dijo en voz alta Estupendo,
el soldado Bellido nos va a enseñar a construir una brújula con el
material de la mochila de campaña.

Cuando yo dije que fabricaría una brújula, no tenía mucha idea de cómo
hacerlo, pero la idea surgió sobre la marcha y funcionó, ya lo creo que
funcionó. Con el corcho y la aguja ya tenía los elementos principales.
Metía la aguja en el corcho y lo dejaba flotando sobre un vaso con agua.
El problema consistía en imantar la aguja e ideé la forma de hacer un
rudimentario electroimán mediante una cuchara (como núcleo) en la que
enrollé el alambre (poniendo como aislante un pañuelo de papel en medio)
y con la pila de la linterna alimenté los extremos del alambre. No sé si
el invento cumplió su función realmente o si la aguja ya tenía cierto
magnetismo, el caso es que aquello funcionó y yo dije triunfalmente: Mi
sargento, allí tiene usted el norte. Esto supuso una pequeña victoria de
los soldados ante el sargento y a partir de aquel día más que con
respeto, mis compañeros me trataron con veneración. Lo cierto es que yo
sabía por dónde quedaba el norte, la brújula indicaba la dirección
Norte-Sur pero no indicaba qué punto cardinal correspondía a cada
extremo, de todas formas el sargento quedó tan impresionado que no se le
ocurrió pensar en ese detalle.

Esa noche vino la puesta en práctica de lo aprendido. Nos montaron en un
camión y nos abandonaron a cinco kilómetros del campamento con la orden
de asaltarlo. Yo iba con un compañero y a la hora y media de la partida
ya estábamos en el lugar acordado. Aquello también tuvo su gracia, el
sargento estaba fumando un cigarro sobre una roca calculando que aún
faltaban un par de horas para que empezáramos a llegar. Yo, con toda la
mala idea, le puse la boca del fusil sobre el cuello y le dije: Mi
sargento, está usted muerto. No os hacéis una idea del salto que dio el
pobre hombre y la cara con la que me miró. Hora y media después vino el
segundo grupo y a las siete de la mañana salió un helicóptero de
reconocimiento para recoger a dos grupos que se habían perdido y habían
acabado en la provincia de Segovia.

Ser los primeros en llegar no tuvo ningún secreto, en el camión me había
fijado que la Luna quedaba siempre a nuestra espalda, de modo que al
llegar, a pesar de que habíamos tomado varias curvas y la Luna quedaba
ahora delante de nuestra posición, yo sabía que ése era el rumbo a
tomar. El resto quizás fue suerte, sólo tuvimos que atravesar un
riachuelo y escalar una pared, pero ese fue el único momento de dificultad.

Para que os hagáis una idea del nivel del sargento termino con otra
anécdota. Al día siguiente explicaron el código internacional de radio,
sí, ese de alfa, bravo, charlie...a cada letra le corresponde una
palabra fácilmente entendible en todos los idiomas. A=Alfa, B=Bravo,
C=Charlie, D=Delta...en fin, yo tenía amigos radioaficionados así que el
código me resultaba familiar. Nuevamente el sargento vino y me
dijo...Vaya, vaya, parece que el soldado Bellido se lo sabe y por eso no
lo apunta...A ver, Bellido, sigue tú. De modo que me tocó recitar el
código y al llegar a la Q=Quebec un compañero preguntó ¿Quebec? ¿Eso que
es? ¿Eso cómo se escribe?. Nunca olvidaré la respuesta del sargento.
¡Qué brutos y qué incultos sois! ¿Nunca habéis oído hablar de Gustavo
Adolfo Quebec?.

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Comentarios


  • Una historia de la puta mili

    29 de enero de 2008, por unomas

    Efectivamente, compañero, los sargentos y oficiales que componian el ejercito de la mili era como para echarse para atras, al igual que ocurria con el nivel general de los empresarios, hasta Botin empezo de estraperlista y aun no sabe escribir sin cambiar las bes por las uves, aunque en este caso no es porque imite a Juan Ramon Jimenez. Gracias a Dios esto ha cambiado, hablas con uno que tiene un MBA una licenciatura y que da clases en la Universidad, aparte de hablar 4 idiomas aparte del español, vasco y catalan.Pero bueno, quizas lo mas bonito no es que haya evolucionado la cultura, que es admirable sino que, efectivamente tus compañeros te trataban con admiracion, una cosa que hoy en dia se da muy poco en la vida diaria.La empresa privada te contrata con contratos basura, y tus compañeros aprovechan para cuando te das la vuelta clavartela hasta el fondo.Este ambito como todo tiene cosas positivas y negativas pero ¿cuentame como te sentiste cuando fuiste capaz de salir tu solo con las escasas herramientas que portabas para construir un artilugio y para llegas a tiempo en la orientacion? Me equivoco si digo que tus limites se ampliaron ¿tendrias miedo ahora a perderte, a que te pusiesen un reto? o por el contrario has perdido el miedo e intentarias su realizacion...pues si es asi, creo que para algo sirvio.Te da alas, como el Red Bull por algo.Bueno, un abrazo



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