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Militarismo colonial para los suburbios franceses

Diagonal

Sección:Anticapitalismo
Viernes 30 de diciembre de 2005 0 comentario(s) 2287 visita(s)

ENTREVISTA //
OMEYYA SEDDIK, ACTIVISTA DEL MOVIMIENTO INMIGRACIÓN Y EXTRARRADIOS FRANCÉS (MIB)

"Se espera un repunte de los disturbios para finales de año"

Fernán Chalmeta
Redacción

DIAGONAL: ¿Cuál es la situación actual en los extrarradios?

OMEYYA SEDDIK: Ha habido un aumento de la presencia policial y de la represión, pero esto no tiene una relación única y directa con la instauración del estado de emergencia, ya que eran habituales desde hace tiempo. La consecuencia directa de los disturbios ha sido una serie de operativos policiales ’puñetazo’ sobre barrios concretos, las llamadas Zonas Urbanas Sensibles, en el marco del dispositivo Grupos de Intervenciones Regionales (GIR), que son operaciones en las que participan varios cuerpos de Policía (aduanas, antidroga, brigada de información) y del Ejercito [la Gendarmería es un cuerpo militar, como la Guardia Civil]. Un barrio es rodeado y tomado policialmente y se llevan a cabo registros en casas. Es muy espectacular y violento. De hecho, ése es el objetivo: la espectacularidad, dar la sensación de que se está haciendo algo. Son operativos muy duros y traumáticos para los barrios, que hacen aumentar aún más la tensión. Estas operaciones GIR se están multiplicando.

Perdura una enorme tensión social, y el estado de emergencia está siendo usado para facilitar el llevar a cabo cualquier operación o dispositivo sin justificaciones. En los medios policiales y mediáticos se dice que se espera un repunte de la tensión para finales de diciembre, alrededor de las fiestas de fin de año. Las autoridades ya repiten que esperan disturbios y han preparado importantes fuerzas policiales, así que nos podemos esperar más enfrentamientos.

D.: ¿Una legislación de emergencia creada para sofocar levantamientos anticoloniales aplicada a los extrarradios?

O.S.: Es que es la aplicación de políticas coloniales para la gestión de los extrarradios. El estado de emergencia es un paso muy importante y grave, sobre todo por dos cosas. Por un lado, en lo simbólico: las autoridades declaran que hay un enemigo interno que debe ser enfrentado de una manera colonial. Y justifica todo un discurso que usa la retórica del antiterrorismo para resolver los conflictos. Evidencia la forma en la que las autoridades gestionan y consideran a las poblaciones de estos barrios y las provenientes de la emigración de las antiguas colonias.

Pero también evidencia una ruptura y es un precedente: a partir de ahora pueden hacer lo que quieran. Se están usando hoy en Francia instrumentos que no forman parte del arsenal habitual de una democracia tal como son descritas oficialmente. Incluso a nivel del derecho y la ley, se consagra que hay dos poblaciones, dos derechos diferentes, y que se puede suspender la legislación común cuando se trata de un sector de la población.

D.: ¿Quién ha salido beneficiado o reforzado por la situación?

O. S.: A largo plazo, esto refuerza el desarrollo de una política de desmantelamiento y deconstrucción de todas las formas de redistribución heredadas del Estado de bienestar. Tampoco hay ninguna perspectiva de cambios radicales de ningún tipo.

Pero acorto plazo se puede decir que hay dos categorías de resultados. La primera, la gente en los barrios ha mostrado y se ha demostrado a sí misma que cuando sufren una agresión tan brutal como la que han sufrido en estos últimos meses por parte de las fuerzas represivas, se defienden. Después, hoy, en el discurso público, todo el mundo habla de una situación de discriminación, de desigualdad, de una situación social muy dura, y nadie puede decir ya que no es el problema principal.

En segundo lugar, hay un recrudecimiento del discurso y de las políticas represivas y policiales y esto es lo que está intentando utilizar el Gobierno, concretamente el ministro de Interior, ministro que se coloca en la perspectiva de las elecciones del 2007 y que tiene como objetivo central imponer la inseguridad como tema del debate electoral. Porque si lo logra, la solución es él, ya que encarna el ’Señor orden’. Son sus cálculos particulares.

D.: ¿Hay alguna posibilidad para una intervención transformadora?

O.S.: La izquierda radical-radical tiene el discurso habitual, se opone a la política en marcha, pero no se ha visto gran cosa: su principal reacción ha sido, dos semanas después de que empezaran los disturbios, llamar a una manifestación por el centro de París en el que éramos unas 500 personas, con unos discursos muy interesantes y bienintencionados, pero dudosos desde el punto de vista de una aplicación real o concreta. Y los grupos que intervenimos y curramos en los extrarradios tampoco podemos aportar soluciones milagrosas. Por ahora, en el MIB hacemos lo que podemos, pensamos que es necesario un trabajo lento, ingrato y poco visible de reconstrucción de las capacidades políticas de las poblaciones. Construir formas de auto-organización en los barrios que permitan a la gente dotarse de un discurso autónomo, influir un poco más en su propia realidad.

El resultado principal de estos disturbios es la conciencia muy fuerte y generalizada en los barrios, que se palpa inmediatamente, sobre la necesidad y la urgencia de autoorganizarse, de dotarse de los medios de defensa y de establecer correlaciones de fuerza que permitan una acción que responda a las aspiraciones de las poblaciones. Esta conciencia dará resultados, pero no soy capaz de decir en qué ni cuándo.

Aunque alejadas de las portadas de los medios, las tensiones sociales en Francia no han desaparecido. Un activista social en los suburbios analiza la tensa calma instalada.


"Es una gestión antiterrorista de los conflictos"

"Más allá del bien visible refuerzo de la represión, hay muchas cosas inquietantes: la voluntad muy clara de las autoridades de utilizar instrumentos de tipo antiterrorista, de tipo guerrero, casi militar, para afrontar y gestionar los conflictos sociales. Y esto no atañe sólo a Francia, creo que al Estado español le concierne directamente esta deriva del estado hacia un estado policial de gestión antiterrorista de las poblaciones. La gestión antiterrorista, cada vez más, no se va a centrar ya en un cierto número de grupos políticos, o en una parte de la población, sino que se va a convertir en un instrumento privilegiado del conjunto de la gestión de las clases populares. Ya no será un instrumento de políticas de excepción, sino uno de los principales instrumentos de las políticas sociales. Ésa es la impresión que te queda viendo la evolución de las políticas públicas en muchos países."


Extraido del periódico Diagonal, nº20, diciembre de 2005

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