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Hoy, aquí, sumergidos en el capitalismo... ¿es posible vivir sin dinero?

La experiencia de Heidemarie Schwermer

Sección:Anticapitalismo
Viernes 10 de febrero de 2006 2 comentario(s) 6660 visita(s)

Vivimos para consumir y acumular todo tipo de objetos y emociones. Hemos olvidado (o pretenden que olvidemos) ciertas pequeñas certezas... Vivir bien es posible, incluso sin tener lo último en tecnología o viajar al país de moda en temporada alta... Heidemarie Schwermer lleva seis viviendo sin dinero y sin renunciar al bienestar de una sociedad como la alemana. «He cumplido todos mis sueños sin él», asegura convencida.

UN MUNDO SIN DINERO.

Robert Kurz.

El pensamiento utópico siempre jugó con la idea de abolir el dinero. Pero ese pensamiento normalmente no fue lejos, pues el dinero es solo la superficie de una determinada forma social.

El dinero, como dice Marx, es la manifestación de una entidad social, a saber, del «trabajo abstracto» y del valor (de la valorización). Sin embargo, quien quiera abolir solo la manifestación superficial, sin llegar al fondo de la entidad subyacente, traerá más desgracia que liberación.

En un sistema de producción de mercancías en economía empresarial, habiendo alcanzado el dinero su función reguladora o incluso habiendo sido totalmente abolido, en su lugar solo puede surgir una burocracia totalitaria.

En la historia reciente, el régimen de Pol Pot hizo realidad las horribles consecuencias de esto; pero también los regímenes desarrollistas del socialismo y del capitalismo de estado tenían ya elementos de ello.

Otras formas de abolición del dinero, como por ejemplo los círculos de trueque, no solo tienen que prescindir de las ventajas de una socialización en alto grado, sino que además solo pueden traer subrogaciones del dinero (vales de servicio etc.) y al final tienen que fallar como es precisamente de nuevo el caso en Argentina.

De un modo general esto se vio claro en la medida en que también así se agotaba la energía utópica. Bajo el dominio mundial del radicalismo económico neo-liberal, la subjetividad del dinero es más incuestionable que nunca, incluso en el interior de los barrios de miseria.

Pero, paradójicamente, el propio capitalismo comienza ahora a abolir el dinero. No solo en el sentido superficial, tecnológico, de que surja en lugar del papel-moneda el registro de escritura electrónico desmaterializado y el banco vía Internet («electronic banking»), tal como antes el papel-moneda había substituido a los metales preciosos; pero más en el sentido de que, con la crisis de la tercera revolución industrial, cada vez más personas caen en gran parte fuera de la economía monetaria diariamente.

En las regiones mundiales desconectadas el círculo del dinero se reduce dramáticamente. De este modo, en el interior del Brasil puede suceder tener que atravesar la mitad de una población, hasta conseguir que un tendero te cambie un billete de una cantidad nunca vista de 20 euros.

La mitad de los sudafricanos adultos no tienen cuenta bancaria. 2.800 millones de seres humanos, casi la mitad de la humanidad, disponen de menos de 2 dólares por día.

Hace mucho que esta tendencia se extiende por occidente. En los EUA cada vez más trabajadores a tiempo completo caen bajo el límite de la pobreza, al mismo tiempo que quien paga con billetes o monedas en lugar de con tarjetas de crédito ya es considerado casi un sujeto sospechoso. Y aquí en este país es sabido que los bancos solo de mala gana abren una cuenta a los destinatarios de ayuda social.

En muchos países occidentales se extiende un nuevo fenómeno de masas: quien no tiene cuenta bancaria, en la mayor parte de los casos tampoco tiene seguro de enfermedad y mucho menos teléfono, y ya no hablemos de Internet.

En las tiendas de rebajas baratas hay gente haciendo cuentas en «compras» rigurosamente al céntimo. En medio de la economía monetaria, en apariencia totalmente electrónica, una parte cada vez mayor de la sociedad se «desmonetariza». A las gigantescas burbujas de deudas se contrapone una economía de “perra gorda” (diez céntimos antiguos, NDT) en rápido crecimiento.

Este aspecto de la crisis del dinero, que en realidad es una crisis del «trabajo abstracto», si es posible es ignorado en el debate.

Pero la administración capitalista de la crisis reacciona frente a la reducción del círculo general del dinero de forma no muy diferente a la de los regímenes socialistas de estado y de las utopías totalitarias, particularmente con las impertinentes exigencias burocráticas a las personas involuntariamente «desmonetarizadas».

Al mismo tiempo, las ideologías de crisis racistas y antisemitas de «dinero bueno y honrado» para «trabajo bueno y honrado» chocan con un clima de angustia del dinero, en vez de avanzar hacia una crítica emancipadora del sistema. Quien lo hubiera pensado: el capitalismo comienza a volverse una utopía negativa.

Original alemán Eine Welt ohne Geld.
Publicado en Neues Deutschland - 15 de noviembre de 2004.


POBRE POR VOCACIÓN | HEIDEMARIE SCHWERMER.
Vivir bien sin dinero es posible...

ANA ALONSO MONTES.

Feliz. Heidemarie Schwermer, psicoterapeuta de 60 años, lleva seis viviendo sin dinero y sin renunciar al bienestar de una sociedad como la alemana. «He cumplido todos mis sueños sin él», asegura convencida.

Dispone de un ordenador, usa un móvil y viste con sencillez, pero con elegancia. Comenzó su experimento en 1996, después de crear en 1994 una sociedad de intercambio, y lo que iba a ser una etapa de un año en su vida se ha convertido en su forma de estar en el mundo.

Hace un año publicó en Alemania un libro en el que resumía su experiencia, Mi vida sin dinero, que mañana lunes llega a las librerías españolas editada por Gedisa.

Para hacerse a la idea de lo complejo que resulta vivir sin dinero en nuestros días, aunque sea por elección, como es el caso de Heidemarie, piense cuántas veces ha pagado con euros por algún bien o servicio a esta hora del día.

¿Cómo es posible entonces comunicarse con el mundo por e-mail, usar un móvil o vestir decentemente sin gastar un euro?
«Puedo vivir así gracias a los contactos.Mucha gente me conoce, entiende mi proyecto y quiere ayudarme. Sé dónde voy a dormir en las próximas semanas, tengo un refugio por si me fallan las previsiones y nunca me falta para comer», explica en su bastión de Dortmund, un centro cultural llamado Wissenschaftsladen que fue fundado en 1983 por un grupo de estudiantes.

Allí le dejan dormir, ducharse o usar el ordenador a cambio de cocinar para los jóvenes que pasen por el recinto. «No empleo mucho tiempo en la cocina. Suelo utilizar lo primero que encuentro, verduras variadas, las echo a la la sartén y hago lo que salga», dice.

ASESORA.

Duerme en el piso superior, donde ayuda a quien lo necesita con sus prácticas terapéuticas. «Antes asesoraba a gente con mucho dinero, pero no estaba satisfecha con mi trabajo. Ahora ayudo a quien viene a verme. A veces me dan algo a cambio, pero no siempre es así», cuenta quien entre sus pertenencias (un par de faldas, tres jerséis, dos pares de zapatos y dos prendas de abrigo) tiene algún que otro producto cosmético.

Asegura que en sus primeros tiempos pasó hambre, pero siempre que necesita algo lo desea con fuerza y termina apareciendo. Mantiene que un «ángel» cuida de ella y que «se siente guiada».

Todo comenzó cuando vio cómo funcionaba la sociedad de intercambio Da y Toma de Dortmund. Decidió lanzarse a la aventura en solitario y vivir un año sin blanca. Lo primero era encontrar dónde dormir, ducharse y cómo conseguir la comida.

Al principio recurrió a casas de amigos que se iban de vacaciones por temporadas largas. Ella, a cambio de cuidarles la vivienda, regar las plantas o bien ocuparse de los animales, disfrutaba de una cama cómoda y a veces hasta de una nevera repleta. «En realidad, no echo nada de menos, porque si lo hiciera volvería a usar el dinero.No hago esto como un sacrificio», reconoce.

Heidemarie es madre de dos hijos adultos que sólo al principio se preocuparon por el arriesgado experimento de su madre. «Ahora ya están más tranquilos porque saben que me organizo bien», añade.

Desde hace un año, cuando publicó su libro en Alemania, todavía es más conocida, lo que facilita su red de contactos. Los ingresos por la publicación del libro, unos 20.000 marcos (10.000 euros), que recibió en dos cheques, los fue regalando a gente necesitada: sin techo, madres solteras o trabajadores sociales.

REGALOS.

En su monedero guarda el pasaporte, el carné de conducir y otra documentación. Ni un solo euro, aunque sabe que los precios han subido con la nueva moneda y que dos marcos equivalen a un euro. «Mi vida ahora es más libre. No tengo nada fijo. Voy cambiando la ropa según me la van regalando o encuentro algo que me gusta.Nunca sé lo que me va a deparar el día cuando me levanto», relata.

Lo suyo, pese a todo, no es la vida contemplativa. Se levanta hacia las siete de la manaña, un par de veces a la semana acude a la tienda de productos biológicos donde le suministran alimentos sobrantes o con mal aspecto, da conferencias, imparte sesiones de terapia, acude a seminarios... Si quiere cortarse el pelo puede elegir entre tres peluqueras que están encantadas de recibirla.

Tampoco se priva de ir al cine y para ello se lo propone a alguien que, por ejemplo, necesite que le cuide una tarde los niños a cambio. «Cuando quiero algo pienso cómo conseguirlo, quién lo tiene y qué puede necesitar que yo le pueda dar», señala.

«Mi actividad, que tiene como misión llamar la atención sobre la injusticia, es mi vocación. No necesito vacaciones. Ése es uno de los errores de nuestra sociedad, que separa ocio y trabajo, porque la mayoría hace algo que no le gusta sólo por ganar dinero y gastarlo en cosas que no necesita», expone.

Confiesa que no busca seguidores, sino que quiere invitar a reflexionar a la gente: «Éste es mi camino, pero no es un camino de masas.Para muchos en esta sociedad uno vale lo que gana. Yo creo que todos los trabajos son igualmente dignos. Es posible no tener nada y valer mucho. Ése es mi mensaje».


«Soy más feliz como mujer y me siento más libre ahora que vivo sin dinero porque tengo lo que quiero»

ENTREVISTA:

La alemana Heidemarie Schwermer no lleva ni un euro encima. Cuando cumplió cincuenta y ocho años decidió que todas sus pertenencias cabrían en su bolso de mano; dejó su piso, su trabajo como psicoterapeuta, renunció a la segundad social, regaló su coche, sus libros y canceló todas sus cuentas.

No tiene nada y, sin embargo, se considera tremendamente rica: una mujer libre y feliz. Vivir sin dinero no es una pose hippy es la conclusión a la que ha llegado en su vida una mujer serena y luchadora que presta asesoramiento o cocina a cambio de techo y comida.

Fundó el primer trueque en Alemania y es autora de un manual de supervivencia, una crítica feroz al capitalismo neoliberal

«SOY MÁS FELIZ COMO MUJER Y ME SIENTO MÁS LIBRE AHORA QUE VIVO SIN DINERO PORQUE TENGO LO QUE QUIERO»

Ana Ibarra - Diario de Noticias de Pamplona

Es una europea alemana que no conoce los euros. Hace siete años que vive sin dinero. Despidió de su cartera esas tarjetas de plástico que nos recuerdan que todo el dinero lo controlan los bancos.

Voluntariamente eligió una nueva vida «nómada» y «aventurera» que le ha dado felicidad y libertad, y dice que amor no le falta. Bajo el lema «No tener nada y ser mucho» Heidemarie propugna es ejemplo, sin necesidad de apología, de una nueva ética personal basada en la solidaridad, la libertad y la justicia. El viernes ofreció una charla en Pamplona invitada por el Centro de Atención a la Mujer Andrea.

Esta postura suya tan antisocial y antisistema la toma con 60 años, digamos que después de haber saboreado esa sociedad consumista y materialista que ahora censura...
No es una actitud antisocial. Yo siempre he pensado que el mundo que hay no me gusta, el sistema en el que nos movemos no funciona porque la diferencia entre pobres y ricos crece, hemos alterado el clima de la tierra... Yo creo que así no podemos seguir. Y reflexioné sobre lo que podía hacer como persona individual.

¿Quiere decir que ese inconformismo ha sido una constante en su vida?
De hecho, cuando trabajaba como profesora en la escuela, tenía muchos ideales y no podía llevar a cabo mis proyectos. Por eso lo dejé. En la escuela no se tiene tiempo para enseñar otra cosa que no sean las materias obligatorias. Yo pensaba que podía educar en otro sentido, pero no fue así. Yo no podía cambiar el mundo y empecé por el mío.

Hice otras cosas y mi última profesión fue como psicoterapeuta. Tenía una consulta y mi situación económica era inmejorable. Venía gente con mucho dinero porque los pobres no podían pagarme y yo necesitaba el dinero así que no podía escoger.

En esa ciudad también existe pobreza.

Se encontró entonces con todos los demonios y secuelas psicológicas que había creado esa sociedad tan competitiva...
Tengo dos motivos para haber dado este paso. Uno es la pobreza que existe en el mundo y el otro es la pobreza del alma. La gente está aislada, vive sola, no sabe cómo acercarse al otro, y yo detecté en mi profesión como psicoterapeuta estos problemas de comunicación.

Psicóloga, ¿cómo afecta esa soledad a cada género?
Las mujeres han logrado trabajar, pero también tienen hijos y llevan el peso de la casa. Su trabajo es ingente. Y los hombres apenas han cambiado, apenas colaboran. Y la mayoría viven solas sin marido.

Hay mucha madre soltera y separada porque no quieren aceptar esa dependencia del hombre. Yo me divorcié cuando tenía los niños muy pequeñitos. Ahora tienen 34 y 33 años, ven que estoy bien y me comprenden.

Se alegran mucho cuando voy a dormir a casa de amigos porque hago muchas cosas para ellos. Si una madre tiene problemas con sus hijos, por ejemplo, hago de mediadora. «Ofrezco tranquilidad y eso se agradece mucho»

Usted ha vivido además la unificación de las dos Alemanias, la convivencia de dos modelos culturales diferentes...
Conviven las dos Alemanias, el muro no existe pero es un muro invisible. Tengo ideas para la Alemania del este, son proyectos sin dinero

¿Cómo se le ocurrió montar un trueque?
Un día tuve noticias de un proyecto de trueque que se organizó en Canadá. Pensé en hacerlo en Dortmund, la ciudad donde ahora vivo. La gente acogió con total entusiasmo la idea y se fundó el primer círculo de intercambio. Fue uno de los primeros en Alemania y además tuve la complicidad de los medios de comunicación.

¿Cómo funciona?
Empecé en mi casa y le puso de nombre Dar y Tomar. Se intercambia de todo, productos y servicios sin que medie dinero: un corte de pelo, por ejemplo, por una clase de matemáticas. Al principio, la gente no confiaba en el trato con gente desconocida. A mí me molestaba mucho y quise demostrarles que era viable. Se necesita corazón. Primero me planteé vivir sin dinero. Y me puse como meta un año.

¿Y cómo se equiparan las horas de trabajo de oficios con diferente grado de responsabilidad y cualificación?
En mi trueque hemos hecho equivalencias de horas para todo; da lo mismo que uno limpie, que uno preste asesoramiento... Yo prefiero dar consejo que limpiar, pero es verdad que me enojaba reconocer que a algunas tareas como la limpieza o el cuidado de la casa y de los niños no se les diera ningún valor. Por eso introduje el criterio de igualdad en las actividades. Una hora de atención médica es lo mismo que pasear al perro. Tenemos personas de todas las edades y profesiones. Somos 300 personas.

¿A muchos profesionales en activo seguro que no les interesaría en principio este modelo salvo que estuvieran parados...?
Es cierto que creían que su trabajo tenía otra relevancia, pero también es verdad que las mujeres trabajan muchísimo y la sociedad no lo reconoce cuando en realidad es una función necesaria y que requiere mucho mimo.

¿Cuál era su función?
Me dedicaba a organizar y dirigir el trueque. También llevaba la consulta en aquel momento. Las personas me daban comida y me cortaban el pelo, y yo me dí cuenta de que no necesitaba tanto dinero. Empecé a dejar clientes hasta abandonar mi trabajo. Un día una persona conocida se fue a América para tres meses y me ofreció cuidar la casa. Ahí empezó todo.

¿Dónde están sus cosas?
He dejado todo lo que tenía a otras personas. Mis objetos, mi coche, mi ropa... Mi dinero para mis hijos, y la casa estaba alquilada. No tengo ni seguro médico.

¿Qué tiene o qué le queda?
Ahora no tengo nada. Soy una persona sin techo, pero ante todo una persona libre.

¿Y si se pone mala?
Tengo una amiga médico pero no quiero ir. Nunca los he necesitado porque yo me curo a mí misma.

¿Quiere decir que lleva una vida sana?
Claro, pero siempre. Mi vida es una evolución. Tuve reuma y ahora la he superado gracias a la alimentación. Como frutas por la mañana para depurar...

En esta sociedad donde lo viejo se desecha y se incita al consumo desaforado, donde el dinero corrompe las conciencias, sostiene las guerras y fomenta las desigualdades, usted ha montado una isla para la utopía. ¿No cree?
Muchas de las cosas que tenemos son inútiles. Trabajamos para tener. Todo lo que me llega a mí y no lo necesito, lo regalo a otros. No me gusta tener demasiadas cosas. Yo quería hacer mi experimento para un año, lo que pasa es que he notado que el dinero es malo porque nunca es bastante.

Uno siempre quiere tener más. Los millonarios también. Y, sin embargo, yo ahora sé que cuando tengo hambre como y estoy satisfecha. No quiero más. Es una diferencia muy grande. La calidad de mi vida es mayor desde que no tengo dinero. Ésta fue mi voluntad y la lleve adelante porque creía en ello. Nunca me he sentido pobre. Yo creo que cada persona puede evolucionar. El ser humano no es malo.

Sus hijos son grandes y no tiene que atender a sus padres, pero cualquier persona no se puede permitir no tener un trabajo, una estabilidad económica...
Hay unas letras de un piso que atender, unos gastos fijos... Yo siempre digo que no trato de convencer a nadie. Sólo quiero dar impulsos, no se trata de que me copien. No se trata de que desaparezca el dinero sino que las personas cambien sus conciencias, que se den cuenta que el mundo en el que vivimos no es el mejor. Somos una masa dirigida y la gente no busca su felicidad dentro de sí mismo.

Esta alternativa a la vía de consumo tradicional en algunos países como Argentina se convierte en la única opción de supervivencia. Los principales beneficiarios de estos puntos de trueque son ancianos, parados o amas de casa que pueden obtener huevos frescos diariamente a cambio de la reparación de un coche, o un corte de pelo a cambio de una clase de inglés.

En Argentina ahora existe una gran pobreza y los trueques funcionan muy bien porque hay una necesidad. Pero es mejor cuando los cambios tienen su origen en la conciencia y no en la necesidad porque cuando vuelve el dinero, todo cambia.

¿Cree que es posible vivir en una sociedad más solidaria cuando son las multinacionales son las que dirigen las economías?
Sí, se puede vivir sin apoyar ese sistema. En el fondo cada uno sabe lo que realmente necesita. Son opciones personales. El primer paso debe ser saber que el sistema capitalista no puede funcionar mucho más tiempo.

¿Se considera una persona de izquierdas, sintoniza con modelos más socializadores?
No me encasillo. Claro que tengo ideas comunistas, budistas y cristianas. Creo en Dios. Es verdad. La gente puede vivir con amor y solidaridad, pero como individualidad voluntaria en la sociedad.

¿No pertenece a ningún colectivo o movimiento?
No. Yo tengo muchas oportunidades de hablar a la gente, no sólo a través de charlas, sino en televisión, y mi mensaje sé que va calando...

¿No quiere ser ideóloga de un nuevo partido político?
Creo que el modelo de los partidos políticos está caducado, lo de marcar el camino para la colectividad. Es tiempo de que el individuo sea fuerte y elija su opción de vida de forma voluntaria, que crea en su propia potencialidad.

Es la gente la que demanda un tipo de gobierno, un modelo de televisión, etcétera. Son libres para elegir. Hasta ahora predominaba el camino masculino, con una mente rígida donde tiene cabida la guerra y la violencia. Una mujer no pone bombas. Es necesario que el lado femenino decida sobre un nuevo mundo

Pero lo cierto es que las mujeres vivimos más esclavas de la imagen y del consumo. ¿Es usted feminista?
No. Soy mujer. Este mundo es todavía un mundo de hombres, pero en él empiezan a asomarse las mujeres fuertes. Hay muchas y con mucha energía, y saben crear nuevas formas de vida y de relación.

¿Trabajamos para tener?
Separamos ocio y trabajo, trabajamos para tener dinero y acumular cosas

¿Hasta cuándo va a seguir?
Voy para el séptimo año y sigo.

¿Qué añora del pasado?
Nada. Tengo una vida aventurera. Cada día he hecho una charla y dos entrevistas. Soy una nómada.

¿Cómo es un día cualquier en la vida de Heidemarie?
Tengo una oficina en Dortmund. Yo no hago cosas con el trueque. Hago mi trueque aparte. Tengo un correo electrónico e Internet y a cambio cocino cada día para mí y para un grupo de gente de cinco personas.

Doy consejos a gente por Internet sobre temas terapéuticos u otros problemas, pero no cobro nada, yo recibo lo que necesito por otro lado. Vivo en una Casa de Cultura (una especie de gaztetxe autogestionado que no depende de la Administración) donde trabajan diferentes grupos. La comida viene de una tienda biológica. Puedo dormir allí si no tengo otro techo. Duermo con amigas y tengo al menos diez oportunidades cada noche.

¡Serán buenas amigas! ¿No le preocupa poder molestarles en su vida privada?
No hace falta tener una relación muy estrecha para encontrar un techo (Heidemarie mira a una de las mujeres de Andrea que le acompañan y que la ha ofrecido su casa). Es mucho más fácil. He conocido a mucha gente.

Tampoco paga tampoco impuestos. ¿Es insolidaria?
No, yo contribuyo a mejorar la vida de los demás de otra manera.

¿Entonces, anarquista?
Sí, y me gusta.


HISTORIA. UNA VIDA FIEL A UNOS IDEALES.

Nació en 1942 en Memel, Prusia. Hija de una familia de refugiados de la II Guerra Mundial, tenía sólo_ dos años cuando su familia se vio obligada a huir al oeste. Aquel hecho le marcó para siempre. «Éramos una familia de comerciantes y tuvimos que empezar de cero, pasando muchas penurias...». Tras finalizar los estudios de Magisterio obtuvo su primer trabajo como profesora de primaria en Kiel. El hecho de no poder llevar adelante sus «ideales» pedagógicos le hicieron abandonar esta profesión y trasladarse a Lunenburg, donde estudió Psicología y Sociología.

Allí se especializó en psicoterapia gestáltica y abrió su propia consulta en Dortmund, en la cuenca del Ruhr. En los años sesenta se separó del padre de sus hijos tras una breve y traumática convivencia. Desde entonces no le ha vuelto a verlo.

Supo educar a sus dos hijos que han conocido a una mujer que ha luchado por una vida mejor y ha cultivado la filosofía del vales lo que eres no lo que tienes. Ambos viven hoy en comunas, sin profesión y casi sin estudios, aunque no se siente responsable del camino que han seguido, como tampoco quiere que dependan de ella.

En 1994 fundó un centro de intercambio en esta ciudad y dos años más tarde donó todos sus bienes y se comprometió a no volver a utilizar el dinero. Un armario en casa de unos amigos guarda su ropa y algunos recursos personales.

Su imagen no es la de una mendiga. Viste con sencillez y elegancia y luce un collar y pendientes de perlas verde. Se trata de ropa regalada, obtenida a través del trueque y algún que otro regalo. Es vegetariana. Un zumo de tomate le acompaña durante la entrevista, y elige para comer ensalada y menestra. No prueba el café ni el vino, y reconoce que el yoga es uno de sus secretos para mantenerse tan fresca. Entre risas, le confiesa a Rosa, de Andrea, que es una mujer rica porque posee una vivienda (en Alemania la cultura del alquiler está más arraigada).

** En su libro «Mi vida sin dinero» (20.000 ejemplares en Alemania y editado en castellano por la editorial Gedisa), cuyos beneficios donará a una entidad benéfica, relata momentos de soledad y crisis, sobre todo al sentirse una mendiga a la hora de tener que pedir un favor a alguien.

Se ha dedicado al cuidado de casas, niños y mayores, ha limpiado y cocinado, ha impartido conferencias, cursillos terapéuticos... Ha viajado por varios países de Europa invitada por diferentes asociaciones, y en Navarra, paró en Estella y Pamplona. (Domingo, 10 nov. 2002 Núm. 2314)


Recomendamos visitar y leer la interesante página web...

ConsumeHastaMorir.com es una reflexión sobre la sociedad de consumo en la que vivimos, utilizando uno de sus propios instrumentos, la publicidad, para mostrar hasta qué punto se puede morir consumiendo.


Textos extraidos de NUNCA MÁS

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