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Arquitectura teórica para un golpe de Estado (Hugo Martínez Abarca)

Diagonal

Sección:Documental
Jueves 23 de febrero de 2006 0 comentario(s) 2902 visita(s)

Al parecer, en las viejas cartillas militares de los hombres que tenían que hacer la mili se evaluaban una serie de factores. Como el valor, afortunadamente, no había tenido que ser demostrado en la mayoría de los casos, se genere la coletilla: «Valor: se le supone». En las últimas semanas han sido varios los militares que han hecho discursos o escritos a periódicos en los que más o menos explícitamente se amenazaba con un golpe de Estado (eufemísticamente llamado por Mena «intervencíón de los Ejércitos») si se llevara a buen puerto el Estatut de Catalunya. Concurre en todos estos mílitares de ánimos golpistas la condición de estar en la reserva o a pocos meses de ingresar en ella. Así, el valor que se les había supuesto se concreta en que no son capaces siquiera de jugarse los cuartos por su idea de España. Suponíamos que darían «todo por la patria», como rezan las puertas de muchos cuarteles, pero hemos constatado en estas semanas que, al menos, el vil metal (acaso más valioso que la propia vida) es una dificultad insalvable para quienes sienten la tentación de «tirar por la calle de en medio». Por ello, probablemente, no debamos tener ningún miedo a que estas amenazas vayan a concretarse de momento.

De todas formas, puede resultar interesante revisar la construcción que la extrema derecha ha ido tejiendo para entender los cimientos sobre los que se están colocando los discursos/pronunciamientos que escuchamos. Desde hace unos años, la Iglesia, a través de su emisora de radio, ha generado un movimiento de revisionismo neofranquista. Este movimiento fue, si no impulsado, sí al menos apoyado por José Maria Aznar al anunciar, en verano de 2003, que su lectura de vacaciones iba a ser Los mitos de la Guerra Civil, de Luis Pío Moa. La publicidad ya estaba hecha. A partir de ahí, el revisionismo, cuya punta de lanza han sido Luis Pío Moa y Cesar Vidal ha ido sacando un libro a la semana y éstos se han convertido en best sellers. La visión de la Historia reciente que estos hombres difunden es la siguiente: Los mayores defensores de la legalidad republicana y de la democracia eran las derechas. En1934, cuando éstas entraron en el Gobierno republicano de la mano de Lerroux, se produjo un golpe de Estado izquierdista mediante dos hechos que iniciaron la Guerra Civil (año y medio antes de lo que siempre habíamos pensado): una declaración de independencia de Lluís Companys (presidente del Gobierno autónomo catalán de Esquerra Republicana de Catalunya) y la revolución de octubre de Asturias, que habría sido obra del PSOE (en realidad Lluís Companys declare «el Estado catalán dentro de la República Federal Española» y a las 24 horas el Ejército consiguió su rendición; la revolución de Asturias fue una revuelta social en la que participaron socialistas, comunistas, ugetistas y anarquistas contra la inclusión en el Gobierno de una derecha claramente autoritaria y fue duramente reprimida: duró apenas dos semanas). A partir de ahí, siguen diciendo los moas, se daría una persecución de la Iglesia y una tensión social que haría ver a España en Guerra Civil desde esa fecha y por insurrección de PSOE y ERC. El golpe de Estado de Franco no sería más que una reacción límite ante la traición a la República hecha por las izquierdas (aunque, lejos de ser provisional, la dictadura duró 36 años)... Para comprender el calado que esta propaganda ha tenido en la derecha, es suficiente ver que el senador derechista que comparó a Zapatero con golpistas, citó a Tejero, a Pavía... y olvidó a Francisco Franco.

Silogismo implícito

Al centrar la atención en ERC y PSOE, el revisionismo, claramente trataba de iniciar un paralelismo entre la situación que obligó al alzamiento nacional y la actual, con Gobierno del PSOE apoyado por ERC (y por la siempre olvidada Izquierda Unida) en España y de esos tres partidos (o sus equivalentes) en Catalunya. A partir de ahí, todos los inventos que se aplicaron al alzamiento militar de 1936 se replican en estos años. Al perder las elecciones, Luis Pío Moa escribió que las manifestaciones del 13 de marzo de 2004 fueron «un golpe de Estado como el de 1934»: ya tendríamos el factor desencadenante. El reconocimiento de Catalunya como nación supondría la independencia de Catalunya pues, como no se han cansado de repetir, es evidente que toda nación tiene derecho a constituir un Estado independiente. Tampoco se han cansado de repetir que se persigue a la Iglesia católica y que se pretende censurar a la cadena de emisoras que ésta posee. No sólo esta emisora: son varios los periodistas, diputados y tertulianos derechistas que explican en cuanto pueden que se está produciendo un ilegítimo cambio de régimen.

Así se ha construido un silogismo implícito según el cual en 1934 la República fue derogada por las izquierdas y el Ejército no tuvo más remedio que poner las cosas en orden; y, desde el año 2004, la Constitución ha sido derogada por las izquierdas... por lo que a un puñado de militares les ha sido fácil encontrar la conclusión: «No nos quedaría más remedio que poner las cosas en orden si el Estatuto consuma el cambio de Régimen». Afortunadamente conocemos algunos de los límites de la derecha: en su carta al periódico Melilla Hoy, el capitán Roberto González Calderón, jefe de la 1ª Compañía de la I Bandera ’Comandante Franco’ (¡cómo no!) del Tercio Gran Capitán l° de la Legión, explica que no se ha plantado en Madrid con su compañía porque «tengo una familia que mantener y la sana intención de llegar a mi edad de retiro no de forma prematura».

El último en salir al ruedo golpista ha terminado por dilapidar el miedo a que el ruido de sables se concretara en algo real. El tosco Antonio Tejero Molina ha añadido a su legendario «se sienten, coño» una pieza escrita de similar valor literario y político. Lo hizo en el mismo diario que el capitán legionario: en el Melilla Hoy, editado en la ciudad donde se inició el golpe de Estado del 17 de julio de 1936. Parece que salvo Tejero, que desmiente el supuesto carácter rehabilitador de la cárcel, no hay ningún ademán que no parara ante la posibilidad de perder dinero. En todo caso, la izquierda debe estar alerta. Incluso el New York Times advirtió en su editorial de la errática senda golpista de la que la derecha española no se ha bajado en un siglo; y, desde que perdió las elecciones, no ha sabido dejar de escalar hacia alguna cumbre que, esperemos, nunca alcance. Por lo menos, todos estos movimientos nos habrán permitido conocer que seguimos pagando una Compañía de la Legión llamada Comandante Franco.

Hugo Martínez Abarca es miembro de 13M.org

Texto extraido del número 24 de DIAGONAL


También en INSUMISSIA:

- La Constitución del 78: Más allá del mito del consenso (Jaime Pastor)

- El artículo 8º de la Constitución española (Javier Ortiz)

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