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Militarismo fundamentalista en Indonesia

Cthuchi Zamarra. Samarinda, Borneo. Marzo 2006.

Sección:Varios
Miércoles 15 de marzo de 2006 0 comentario(s) 2865 visita(s)

Lo que es hoy el archipiélago indonesio fue durante las diferentes edades de hielo un puente de tierra entre Asia y Australia debido a los bajos niveles marinos por el congelamiento de grandes masas de agua. Esto permitió que fuera una de las primeras zonas en ser colonizadas por el hombre moderno que salió de África siguiendo las costas asiáticas hasta llegar a Australia hace unos cincuenta mil años. Cuando hace diez mil años las aguas subieron de nivel por última vez, se conformó este gigantesco archipiélago, el más grande del mundo, con más de diecisiete mil islas. Dado al carácter volcánico y agreste de la mayoría de las islas, y a las densas junglas propias del clima tropical, en Indonesia se ha dado siempre una enorme diversidad étnica y biológica. Aquí se dan especies de animales y plantas únicas en el mundo, como el Dragón de Comodo o la enorme flor Raflessia. También es aquí donde mayor tiempo han convivido humanos con homínidos no humanos, pues en la isla de Flores habitaron hasta el siglo XVIII, según la tradición local, el quinto milenio según las evidencias arqueológicas, los Ebu Gogo, bautizados por la paleantropología como homo florisiensis y por el público como hobbits, (debido a su reducido tamaño, de alrededor de un metro de altura, se los equipara en la imaginación popular con los populares medianos de la novela de ficción El Señor de los Anillos)

De este modo a lo largo de este enorme archipiélago (en el que se cuentan cinco de las ocho islas más grandes del mundo) han convivido en las diferentes islas culturas indígenas de carácter animista, algunas de carácter marcadamente belicoso, como los temidos caníbales cazacabezas dayak de la selva de Borneo; hinduista, como los antiguos reinos Srijaya, Mahapajit o la actual Bali; budista, como el imperio de Saliendra; o musulmanes, como los diversos sultanatos que pululaban por Sumatra, Java y Borneo a la llegada de los europeos. A todas estas creencias, practicadas con gran sincretismo entre todas ellas, habría que añadirle el catolicismo brindado por los comerciantes portugueses del siglo XV, que debido a su facilidad para incorporar rituales paganos, se extendió con éxito entre las principales poblaciones que seguían la antigua religión animista.

En el siglo XVI los holandeses se convirtieron en la primera potencia comercial de la región, centrándose en el comercio de especias de las islas Malucas, y pronto empezaron diferentes guerras para instalar su gobierno en la zona. Hay que decir que los holandeses no llegaron a conquistar las más importantes plazas hasta el siglo XIX, no llegando a controlar buena parte de zonas más remotas hasta el siglo XX y que algunos sultanatos, como el de Kutai en Borneo, mantuvieron su independencia durante la época colonial. Para combatir este colonialismo europeo a partir de los años veinte del siglo pasado se extendió principalmente por Java un movimiento independentista capitaneado por Achmed Sukarno, que perseguía la independencia a través de campañas de no cooperación y acción de masas. No fue no obstante hasta después de la Segunda Guerra Mundial, en la que los Paises Bajos fueron invadidos por el Tercer Reich e Indonesia por los japoneses (que fueron recibidos como libertadores), cuando no se dieron las condiciones para que el declarara independencia. No obstante japoneses y holandeses siguieron combatiendo en el archipiélago una vez finalizada la guerra mundial y no fue hasta 1949 cuando no se cedió oficialmente la soberanía a la República Independiente de Sukarno.

Los primeros años se independencia fueron declinando del concepto de Sukarno de “democracia guiada” hacia un autoritarismo totalitario que en la guerra fría tomó partido por la Unión Soviética. Así pues Sukarno fue incorporando a la república las diversas islas que actualmente la componen, aunque falló en su intento de incorporar Sarawak, Brunei y Sabah, las regiones occidentales y septentrionales de la isla de Borneo, así como Timor Oriental, colonizada todavía entonces por los portugueses, o Papua que permaneció bajo control holandés su parte occidental. Las políticas prosoviéticas de Sukarno, apoyado por el Partido Comunista, granjearon una amplia oposición entre el cada vez más poderoso ejército y los partidos islámicos y nacionalistas. Esto propició que a partir de 1965 el gobierno pasara a manos del general Suharto, jefe del ala más conservadora del ejército, que tras arrestar a Sukarno fue nombrado nuevo presidente con el apoyo popular por sus políticas contra la pobreza. El gobierno de Suharto pronto se convirtió en una auténtica dictadura militar con el apoyo incondicional de las potencias occidentales, especialmente de Estados Unidos y Australia, que hacían la vista gorda ante las violaciones de derechos humanos en la zona con tal de mantener un poderoso aliado antisoviético en la zona.

El más fragrante de los muchos crímenes del régimen de Suharto fue sin duda la anexión por la fuerza de Timor Oriental, aprovechando el vacío de poder creado por la caída del régimen fascista en Portugal durante la Revolución de los Claveles. La intervención del ejército indonesio en la guerra civil que se vivía en Timor entre los independentistas y los proindonesios de la vecina Timor Occidental (colonizada como el resto de Indonesia por los holandeses) causó más de doscientas mil muertes entre la población civil. Esto significa que un tercio de la población de Timor Oriental fue asesinada, lo que, como se puede sospechar intuitivamente, no consigue precisamente el efecto de incorporar a la causa indonesia a los supervivientes, que iniciaron un movimiento independentistas que tuvo un final tristemente dramático, a pesar de conseguir la independencia final en 2001.

No obstante Indonesia protagonizó un relativo despliegue económico a finales de los setenta y durante buena parte de los ochenta, debido en buena parte al aumento del precio del petróleo, recurso de cual es un importante productor. La crisis monetaria del Sudeste asiático de los noventa arrastró en su caída a la rupia indonesa, que fue una de las monedas que más se devaluó, con una inflación del quinientos por cien en bienes básicos como petróleo o comida. Esta crisis motivó disturbios que provocaron más de mil muertos, principalmente entre la minoría comercial china, y finalmente llevó a la caída de Suharto. El hasta entonces, vicepresidente, Habibie, inició el camino para una incipiente todavía transición democrática, y a pesar de la victoria en las elecciones de Megawati Sukarnoputri, la hija de Sukarno, el parlamento eligió a un islamista como presidente, aunque ella fue puesta como vicepresidente para aplacar los disturbios que esto provocó. .

La caída del llamado Nuevo Orden de Suharto y los intentos por desmarcarse de su predecesor de Habibie, tratando de ofrecer una imagen mucho más democrática de su régimen, proporcionaron la oportunidad política que Timor Oriental necesitaba para lograr su independencia. A sugerencia del presidente australiano, John Howard, Habibie propuso un referéndum sobre la soberanía en 1999, en el cual el 78, 5% votó a favor de la secesión. Tras la derrota en las urnas, milicias proindonesias equipadas y entrenadas por el propio ejército arrasaron el país operando desde la seguridad de Timor Oeste. De este modo se destruyeron nada menos que el 80% de los edificios de Timor Oriental, teniendo que refugiarse en las montañas una cuarta parte de la población, con gran mortalidad entre la misma ante la falta de condiciones higiénicas. Se desconoce exactamente el número de personas asesinadas por estos ataques, que se extendieron hasta el año 2000 y llegaron incluso a los campos de refugiados, pero fueron miles los desaparecidos y muertos. Dado que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas negó la creación de un Tribunal Internacional, tal y como había propuesto el equipo de investigación de esta institución, fue el propio sistema judicial indonesio el encargado de juzgar los crímenes y por tanto de dejar en impunidad el genocidio.

Consecuencias de la independencia de Timor: Aceh y Papua

Como era de esperar, el éxito del secesionismo de Timor hizo concebir esperanzas en otros movimientos secesionsitas de Indonesia, aunque no se ha llegado a un efecto dominó como vaticinaban algunos agoreros. Los dos movimientos secesionistas más importantes se sitúan en las zonas más ricas del archipiélago, Aceh, en el norte de Sumatra, y la parte occidental de la isla de Papua. Ambas regiones son además étnicamente diferentes al resto del archipiélago indonesio, diferencias palpables incluso físicamente pues la gente de Aceh son de tez más blanca y nariz más larga que los malayos y los indígenas de Papua son de piel más oscura y estarían más emparentados con los aborígenes australianos. En ambas regiones también han sido duramente reprimidos los movimientos secesionistas con flagrantes violaciones de los derechos humanos por parte del ejército, entre las que se puede citar cientos de casos de torturas, desapariciones y asesinatos extrajudiciales.

El sultanato de Aceh fue el último lugar de la zona en ser conquistado por los holandeses, y mantuvo durante más de quinientos independencia respecto a otras potencias regionales. En 1959, tras varias revueltas, consiguió el estatuto de región especial, gozando de cierta autonomía, perno esto no satisfizo las expectativas de independencia de la población local y en 1976 se fundó un movimiento armado, el Gerakan Aceh Merdeka, el Movimiento Aceh Libre, liderando por un Hassan di Tiro, un descendiente del último sultán. Esta insurgencia hizo que la zona fuera sometida a diferentes leyes marciales que ha permitido la actuación impune del ejército, que como en Timor a entrenado y equipado milicias paramilitares. Por si fuera poco el tsunami del 26 de diciembre de 2004, castigó duramente la región, acabando con la vida de unas doscientas mil personas, en algunas partes casi un tercio de la población. Desde entonces se puso en marcha un proceso de paz en el que el GAM ha ido entregando las armas poco a poco, aunque la región ha quedado completamente devastada.

Los escasos dos millones habitantes de Papua, que se organizan en cientos de tribus en las que se hablan más de mil lenguas diferentes también han sufrido duramente la represión del imperialismo militar javanés. La mitad occidental de la isla permaneció bajo control holandés hasta 1963, fecha en la que traspasó la soberanía a Indonesia, aunque bajo la condición de que fueran sus habitantes los que decidieran libremente. En el supuesto referéndum sólo participaron mil personas y fueron seleccionadas por Indonesia, a pesar de lo cual se sancionó por las Naciones Unidas. Desde 1965 un pequeño movimiento guerrillero la Organisasi Papua Merdeka, OPM o Organización Papua Libre, ha lanzado pequeños ataques contra el ejército que ha respondido con brutal represión. En la actualidad el proceso de colonización organizado desde el gobierno de Indonesia está llevando a la región a numerosos habitantes de las superpobladas islas centrales, Madura, Java o Sumatra. Estas políticas además de cambiar la composición demográfica están agravando el conflicto en cuanto aumenta la percepción de que las riquezas naturales están siendo explotadas por extraños, con todo el desastre ecológico que están llevando a cabo por las madereras y las minas abiertas, y en cuanto se están organizando milicias proindonesias

Conflicto étnico

Otro lugar donde las políticas de colonización de los sucesivos gobiernos javaneses están causando estragos es en Kalimantan, las provincias indonesias de Borneo en la que especialmente a partir de los setenta están asentando inmigrantes procedentes principalmente de la isla de Madura, cercana a Java. Estas políticas de transmigración tendrían como objetivo aliviar la presión demográfica de las llamadas islas interiores, Sumatra, Java, Madura y Bali y desarrollar las economías de las despobladas islas exteriores, es decir, explotar las fabulosas riquezas naturales de las zonas más remotas. Aunque estas políticas demográficas se iniciaron a principios de siglo por el gobierno colonial no fue hasta el Nuevo Orden de Suharto cuando empezó a hacerse de forma masiva. En los años 70 llegaron a Kalimantan unos 100.000 transmigrantes, cifra que casi llegó a doblarse en los 80 y 90. En el año 2000, los recién llegados representaban el 21% de la población de Kalimantan Central.

Esta política, efectuada desde arriba y sin tener en cuenta a las poblaciones autóctonas, formadas por minorías étnicas como en el caso de Papua y Kalimantan, ha generado tensiones profundas entre los inmigrantes y la población local. Por un lado, en Kalimantan los madureses se establecieron en comunidades separadas de los dayaks a los que consideraban salvajes y primitivos. El pueblo dayak vivía de plantaciones rotativas de arroz complementadas con caza pesca y recolección, aunque en la actualidad también vive del turismo o de la madera. A pesar de haberse convertido al cristianismo o al Islam, dependiendo de la zona, los dayaks han mantenido rituales creencias y prácticas, pero habían abandonado las prácticas de canibalismo y decapitación desde los años treinta y el uso del tatuaje está cambiando su finalidad hacia usos meramente estéticos y artísticos. Sin embargo, entre otras etnias indonesias siguen manteniendo el estereotipo pintado por Emilio Salgari en las novelas de Sandokan como pueblo primitivo y salvaje. Por otro lado, según otro estereotipo, los madureses son individualistas y con recurso fácil a la violencia para solventar sus disputas, idea que ha sido refrendada por frecuentes problemas relativos a disputas por la tierra, violaciones, robos, y delincuencia menor. El aislamiento entre ambas comunidades hizo que su relación se estableciera mediante el uso de estos estereotipos y el conflicto inevitable.

Pero para entender el conflicto de Kalimantan, así como el de Papa, hay que tener en cuenta que las políticas de Suharto no respetaron la Ley Agraria Básica nº5 que establece derechos consuetudinarios sobre la tierra para las comunidades locales, de gran importancia en un país con tanta diversidad étnica. El gobierno no reconoció el sistema dayak de registro colectivo de la propiedad y aún hoy sigue considerando que sus territorios pertenecen al Estado. Así pues, junto con los inmigrantes que proporcionaban la mano de obra para la explotación de los bosques Suharto modificó las leyes para permitir las actividades de las madereras, vinculadas a miembros de su familia, amistades suyas o a poderosos militares de su gobierno. Junto con las madereras llegaron las mineras y sus devastadoras minas a cielo abierto, así como los monocultivos de palma oleaginosa (que tantas protestas genera su implantación entre los campesinos de otras partes del mundo, como Colombia), plantas para pasta de papel y caucho. Esta explotación no sólo no tiene en cuenta los derechos comunales del pueblo dayak sino que están produciendo un deterioro ambiental sin precedentes en Borneo y se palpa sobre todo en las regiones más cercanas a la costa y con mejores infraestructuras para dar salida a las mercancías. Poco queda en estas regiones de la antaño densa jungla de Borneo.

Además junto a los inmigrantes madureses se estableció una continua presencia militar destinada precisamente a contener las posibles protestas de la población nativa. La policía, mayoritariamente de origen javanés se ha identificado con los madureses y ha cometido sobre los dayaks los atropellos habituales del régimen militar. De este modo, con la crisis y caída del régimen de Suharto y la menor intervención estatal que ello conllevó, dio la oportunidad para los dayaks de tomar las riendas del asunto. De este modo los antaño temidos cazadores de cabezas dayaks, que se habían mantenido a lo largo de la historia con un gran nivel de independencia en el interior de las jungla, resucitaron sus prácticas guerreras en y en varios brotes de violencia, principalmente en 1996, 1999 y 2001, atacaron a la población maduresa, causando más de dos mil víctimas, en Kalimantan Central, principalmente en la zona de Sampit, puerto fluvial cercano a Benjamarsin. La recuperación de prácticas de decapitación y canibalismo conmovieron al mundo mientras que la policía indonesa se mostró totalmente ineficaz a la hora de proteger a la población civil. Además la policía actuó de nuevo con su habitual falta de respeto por los derechos humanos, efectuando ejecuciones extrajudiciales de dayaks que se rendían y deteniendo arbitariamente a campesinos de la zona por el mero hecho de portar machetes, algo completamente normal en la densa jungla de Borneo, agravando con ello el conflicto.

Al final el conflicto ocasionó el desplazamiento de los madureses de Kalimantan Central, de los que ya no queda ninguno, habiendo sido instalados en campos de refugiados en otras zonas de Kalimantan así como en domicilios familiares en Java o Madura. A pesar de que el conflicto no ha generado un movimiento separatista entre los dayaks, estos ya empiezan a pedir autonomía regional para controlar el flujo de inmigrantes y explotación de los recursos de sus territorios comunales. Actualmente la violencia ha cesado, pero no se descarta un rebrote en el caso de que los refugiados madureses retornaran.

Conflictos religiosos En las islas Molucas las tensiones étnicas se han producido entre las comunidades musulmanas y cristiana y estallaron en forma de cruenta guerra civil con milicias de ambas partes. El gobierno declaró el estado de emergencia civil para esa zona en junio de 1999 pero el ejército fracasó en el intento de contener a las milicias de ambos bandos, e incluso ha sido acusado de implicarse. El conflicto se agravó al año siguiente cuando las milicias javanesas Laskar Jihad convergieron en las Molucas y empezaron una campaña de limpieza religiosa, forzando conversiones al Islam. En el este de Seran se registraron en muy poco tiempo 5.000 conversiones al Islam, precisamente entre comunidades que habían sido duramente atacadas por las milicias musulmanas. En la isla de Tidore se forzó a las mujeres de refugiados procedentes de la cristiana Duma a casarse con musulmanes. Sin embargo a partir de febrero 2002 se logró firmar un Segundo Acuerdo de Paz de Manila y los choques han cesado, aunque el conflicto ha arrojado un balance de entre quince y veinte mil muertos y más de medio millón de desplazados sin que los culpables hayan sido juzgados ni se hayan repatriado a las milicias de otras partes de Indonesia. Otro foco del conflicto entre cristianos y musulmanes (extendido también a la isla filipina de Mindanao) es Poso, la región central de la vecina isla de Célebes, llamada Sulawesi por los indonesios. En esta zona los combates entre las milicias cristianas y musulmanas registraron unos dos mil muertos entre 1998 y 2000 y ha habido rebrotes de violencia contra comunidades cristianas en fechas tan recientes como diciembre de 2005. La situación ha llegado a tal punto que se ha creado un movimiento secesionista, el República de Molucas Sur (RMS) que está siendo duramente reprimido por el ejército de Indonesia.

La presencia no obstante de un gran número de voluntarios musulmanes entre los voluntarios que reconstruyen iglesias tanto en Poso como en las Molucas y la condena de la violencia por parte de las mayores organizaciones musulmanas muestra como el conflicto religioso ha sido manipulado por sectores externos que buscan sacar tajada del supuesto choque de civilizaciones. De hecho, el papel del ejército en este conflicto no ha sido neutral y es acusado por diversas organizaciones de la sociedad civil de dar apoyo a Laskar Yihad para desestabilizar el gobierno reformista que encara una difícil transición a la democracia tras el fin de la dictadura militar que implicó la caída de Suharto en 1997. Por otro lado, el principal actor implicado en alimentar estos conflictos no es otro que el fundamentalismo musulmán, que como es sabido combate en una yihad global contra el resto del mundo no fundamentalista. En Indonesia el grupo terrorista más importante es la Jemaa Islamiya, que el 12 de Octubre de 2002 asesinó a más de doscientas personas en las instalaciones turísticas de Kuta en la isla de Bali. Este grupo también se ha involucrado en los conflictos de Malucas y Poso atentando contra objetivos cristianos con el fin de bloquear el proceso de paz y seguir alimentando de la guerra de la que sacan beneficio.

A pesar de todo esto, la justicia indonesa sigue actuando en pro de la impunidad y condenando cabezas de turco, como el caso de los tres campesinos analfabetos cristianos acusados de ser los instigadores de la violencia en Poso (donde las comunidades cristianas han sido víctimas) condenados a la pena capital a pesar de las protestas de los líderes de las comunidades cristianas y musulmanas de la zona.

Conclusiones

Como se puede ver, la joven democracia indonesia todavía arrastra lastres derivados tanto de prácticas corruptas destinadas al beneficio económico inmediato de las élites aledañas al poder como por la reminiscencia de un estado militar salvaje que no guarda ningún respeto por los derechos humanos. Este imperialismo javanés exporta a otras regiones del archipiélago un militarismo cruel que pretende seguir expoliando los ingentes recursos naturales que disponen las islas del archipiélago, y el modelo de convivencia entre religiones al que aspiran las organizaciones musulmanas del país se ve desestabilizado por el apoyo del ejército a las milicias fundamentalistas. El artificio de la República Indonesia difícilmente podrá democratizarse manteniendo la forma de estado unitario dadas las características especiales de ser un estado asentado sobre un enorme archipiélago de marcadas diferencias étnicas. Las propuestas de creación de un estado federal que permita la autonomía a las diferentes provincias como solución a estos problemas todavía está lejos de calar entre las élites políticas, acostumbradas al mando centralizado. Por otro lado si bien el éxito de Timor no ha desencadenado un movimiento secesionista en otras zonas en las que no existía ya, el éxito parcial de los dayaks hace temer en que en otras partes de la Indonesia se adopte el recurso a la violencia contra civiles para solventar problemas políticos. Esto augura un futuro incierto que dependerá en buena parte de la evolución del contexto internacional, desgraciadamente marcado en la actualidad por una tendencia hacia el recorte de las libertades civiles derivada de la llamada guerra contra el terrorismo que patrocina el fundamentalismo cristiano norteamericano.

- FUENTES Mark Rolls: “Indonesia’s East Timor Experience”. En Rajat Ganguly yy Ian Macduff (Ed) “Ethnic Conclict and Secessionismin South and South East Asia”. Sage Publications. New Delhi 2003.

John G. Taylor. “Indonesia’s forgotten war: the hidden history of East Timor”. Zed books- humanity press.

MC Ricklefs. “A history of Modern Indonesia since c. 1300”. Macmillan.

Observatorio de crisis “Conflicto de Kalimantan: tradiciones e intervencionismo” . Feb 2002. http://crisiswatch.barcelona2004.or... 10-03-2006

Observatorio de Crisis: “Indonesia: carrera de obstáculos para una joven democracia.” Feb 2002 http://crisiswatch.barcelona2004.or.... 10-03-2006

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