En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
Secciones
> Observatorio de conflictos
  Iraq
  Palestina
  Colombia
  EEUU
  Guerra y mujeres
  Infancia y guerra
  Varios
  Afganistán
  Libia
  Costa de Marfil
  Siria
  Mali
  Sáhara Occidental
  Ucrania
  Turquía
> Campañas
  Objeción Fiscal al Gasto Militar
  Desobedece a las guerras
  Contra la I+D Militar
  Comercio y producción de armas
  Juguete bélico
  Feminismo y antimilitarismo
  Locales
  Varios
  Banca
  Educación para la paz
  La guerra empieza aquí. Parémosla desde aquí
  Recortar lo militar
  Contrarreclutamiento
> Documental
  Talleres
  Historia del antimilitarismo
  Noviolencia
  Objeción de conciencia
  Recursos gráficos
  Recursos multimedia
  Teoría política
  Represión
  Medio Ambiente
  Mujeres y antimilitarismo
  Anticapitalismo
  Instituciones militares
  Varios
  Intervencionismo humanitario y misiones de paz
> Informativa
  Movimiento 15M
> Cajón de sastre
  Humor
  Creación
  Comentarios gráficos
  Contactos
  Varios
> Solidaridad entre los pueblos

Kafka, ¿quousque tandem?

por M. Zuluaga, F. Olalde, S. Ormazabal

Sección:Represión
Jueves 6 de abril de 2006 0 comentario(s) 1951 visita(s)

josef K. vivía en un Estado de derecho, en todas partes reinaba la paz, todas las leyes permanecían en vigor, ¿quién osaba entonces atropellarle en su habitación?

Cuando se tramó el operativo contra la Fundación Zumalabe, ETA estaba en tregua. Cuando se produjeron las detenciones, un año y medio después, se acusaba a los amigos de K. de transmitir a los movimientos sociales las órdenes de ETA para subvertir el Estado mediante la desobediencia civil.

Josef K. comparte sala, además, con personas acusadas de publicar un periódico o por trabajar por la construcción nacional y social, hasta por importar bacalao... por mandato de ETA.

En fin, somos culpables conforme a un peculiar tipo penal: la pertenencia o colaboración inadvertida... No se juzgan hechos sino personas u opiniones: es el derecho penal del enemigo.

- No hay ningún error. El Organismo para el que trabajamos (...) no se dedica a buscar la culpa en la población, sino que (...) se ve atraído por la culpa y nos envía a nosotros, a los vigilantes. Eso es la ley.

- No conozco esa ley -dijo K. Pues peor para usted -dijo el vigilante. Sólo existe en sus cabezas -dijo K. Ya sentirá sus efectos -respondió el vigilante.

Todo esto es tan absurdo que parece un sinsentido. Pero, ¿seguro que es tan absurdo?, -preguntaría el vigilante. Sí, pero se trata de un absurdo nada inocente, ya que tal atropello busca amedrentar a la gente para que no salga de sus casas, busca abortar la disidencia difundiendo el temor en el seno de las posiciones críticas y rebeldes, busca destruir el rico y plural tejido social vasco, busca impedir un futuro libre, justo y en paz para nuestro pueblo -contestaría K.

Pero si le damos la vuelta -apostilla Josef K.-, llevamos años escuchando que la sociedad civil debe participar más en la vida social y, por el contrario, ¡zas!, doce personas son procesadas por su activismo social en los movimientos sociales y cien personas y organismos son criminalizados en el mismo auto judicial. ¡Hasta nos enteramos en una de las sesiones del juicio de que los Núcleos de Intervención Participativa -esos procesos participativos y de diálogo conocidos como NIP, impulsados por las instituciones- están también en la trama de ETA! ¡Toma ya! Las Agendas 21 estarán temblando a estas alturas... Todo es ETA.

- Tampoco alardee tanto de su inocencia, estropea la buena impresión que da.

Es verdad. No tendríamos que ser nosotros quienes tuviéramos que estar justificando nuestra inocencia. Tendrían que ser los acusadores, los vigilantes, quienes deberían demostrar sus acusaciones. Estamos por tanto ante una presunción de la culpabilidad, que no ante la presunción de inocencia -advertiría acertadamente K.

- Usted está detenido, cierto, pero eso no le impide cumplir con sus obligaciones laborales. Debe seguir su vida normal.

¡Vida normal!, dice usted. Pero aquí nos tienen desde el día siguiente al 20-N. 500 kilómetros para arriba y 500 para abajo, como si fuéramos un ascensor, que diría K. Somos rehenes y nos tienen como si estuviéramos en un tercer grado, pero al revés: por la mañana y la tarde, en el juicio; pero por la noche no dormimos en la Audiencia.

Y lo que nos queda.

- Debe ser un delito grave. Pero como está en libertad no ha podido cometer un delito semejante.

Por las calles de Madrid cincuenta etarras peligrosos transitan en libertad con peticiones que suman centenares de años de prisión.

- Bien -dijo el juez instructor, hojeó el libro y se dirigió a K. con un tono verificativo- ¿Usted es pintor de brocha gorda? -No -dijo K.-, soy el primer gerente de un gran banco.

¡No se rían, silencio! ¡Los acusados no abran la boca! ¡Cállense y punto! ¡No nos interesan los motivos por los que no quiere contestar al fiscal! -se vocifera una y otra vez a los amigos de K.

- No digo que sea un procedimiento caótico, pero le ofrezco esa designación para que tome conciencia de su situación.

La situación, verdaderamente, es kafkiana. El juicio es kafkiano. Un Estado que persigue así a los movimientos sociales es kafkiano. Un Estado que continúa uncido ciegamente a la noria del pasado es kafkiano. ¿Hasta cuándo «el proceso»? ¿Quousque tandem? Noiz arte?

(Basado en El Proceso de F. Kafka, un verdadero manual de instrucciones para interpretar el juicio 18/98).

Comenta este artículo   Volver arriba

Nota: los comentarios ofensivos podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación

   
Volver a la página Principal
Ver comentarios
Spip Sitio desarrollado con SPIP v1.9.2 , un programa Open Source escrito en PHP bajo licencia GNU/GPL.
Licencia de Creative Commons Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons, mientras no se indique otra cosa.