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El bumerán afgano

Alberto Piris*

Sección:Afganistán
Domingo 28 de mayo de 2006 0 comentario(s) 1577 visita(s)

Supongamos que el lector, llevado por simple curiosidad informativa,
desea saber cuál es el territorio en guerra que más puede afectar a las
unidades militares españolas desplegadas en el extranjero, en esas
misiones que nuestro Ministerio de Defensa denomina “de paz” en su
página electrónica.

Le facilitaré el trabajo. Abra su atlas por la página de Asia y busque
la línea que representa la frontera entre Pakistán y Afganistán.
Localice también la capital de este último país, Kabul. Trace una línea
que, en el sentido de los meridianos, baje desde Kabul hasta la frontera
y, marque el punto de intersección de ambas líneas: ese es el centro de
una zona de muy alta peligrosidad actual y de previsible agravamiento a
corto plazo.

Los soldados españoles de ISAF (siglas de lo que en nuestro idioma se
traduce como “Fuerza internacional de asistencia para la seguridad en
Afganistán”), en número algo superior al medio millar de efectivos, se
despliegan en Afganistán en tres destacamentos bastante alejados de la
zona citada, aunque en Kabul también hay algunos militares en los
órganos de mando que la OTAN tiene allí establecidos. La relativa
lejanía es garantía de cierta seguridad, pero nadie pude predecir el
alcance de lo que se está gestando más al sur.

Tanto en la provincia afgana de Ghazni, situada justo al norte del punto
antes definido, como en la región pakistaní de Waziristán, al sur, la
situación se está agravando día a día. Los talibanes, nunca erradicados
a pesar de la guerra continuada que EEUU sostiene allí desde que invadió
Afganistán en el 2001 -como represalia por los ataques terroristas del
11S-, recuperan gradualmente su ascendencia entre la población y
amenazan con un largo conflicto. La guerra civil, nunca liquidada en
Afganistán, se extiende ahora también a las zonas fronterizas del
territorio pakistaní, donde el Gobierno de Musharraf se revela incapaz
de aniquilar definitivamente la resistencia talibana.

Los enormes errores estratégicos cometidos por EEUU desde que invadió
Iraq han hecho olvidar, por su ingente magnitud y por la atención que
han suscitado, el fracaso a largo plazo de la invasión y ocupación de
Afganistán. Fracaso cuyos resultados son más evidentes al paso de los días.

Los talibanes han amenazado con una continuada ofensiva que hará que el
año 2006 sea “el año de la derrota final del enemigo” en Afganistán,
según advierten en sus comunicados de propaganda. Pero también refuerzan
su influencia en el vecino Pakistán. En la citada región de Waziristán,
los talibanes dictan las normas de vida: prohibición de música y cine,
ataques a las peluquerías, imposición de los códigos islámicos más
estrictos. Un general pakistaní admitía hace pocos días que en esos
territorios, tradicionalmente llamados “tribales” pues en ellos el poder
se ejercía por los jefes de cada tribu, son las fuerzas islámicas
radicales las que empiezan a suplantarles.

Los diplomáticos occidentales acreditados en Islamabad opinan que tanto
el material y el armamento utilizados por el ejército pakistaní, como su
preparación y los medios de comunicaciones son inadecuados para la tarea
emprendida. Se considera que habrá unos 5.000 talibanes desplegados en
las zonas montañosas fronterizas, enfrentados a unas 45.000 tropas
regulares y paramilitares.

Los talibanes han aprendido las lecciones de la ocupación de Iraq. Más
de un centenar y medio de personalidades progubernamentales han sido
asesinadas en el 2005, en muchos casos por decapitación. Obtienen fondos
mediante la venta en países islámicos de cintas de vídeo que reproducen
la ejecución de los tenidos por colaboracionistas con EEUU.

Algunas autoridades afganas atribuyen al Gobierno pakistaní cierta
complicidad, aunque sea pasiva, en tolerar la insurgencia talibana. El
gobernador de una provincia fronteriza manifestó: “El ISI [equivalente
pakistaní de la CIA] no está interesado en un Afganistán próspero y
pacífico. Lo prefieren débil”, seria acusación que dejaría en entredicho
al Gobierno pakistaní. No está de más recordar que fue precisamente en
la zona a la que se refiere este comentario donde se formaron los
muyahidines que en los años ochenta fueron apoyados por la CIA,
financiados por Arabia Saudí y ayudados por el citado ISI, para combatir
la ocupación soviética de Afganistán.

La Historia, como se ve, sigue caminos muy poco rectilíneos. El bumerán
que lanzaron de forma combinada EEUU, algunos países árabes y Pakistán
contra la desaparecida Unión Soviética, después de que sus tropas
invadieran Afganistán en la Nochebuena de 1979, parece estar cerrando el
círculo y puede golpear a quienes irreflexivamente lo hicieron volar sin
pensar en el futuro y atendiendo sólo a las necesidades del momento. Y
también a otros países que poco tuvieron que ver con su lanzamiento,
como es el caso de España, aunque apoyaran con entusiasmo todo lo que
Washington decidía por aquel entonces para tener a raya al temido
imperio del mal moscovita. Es de esperar que nuestros soldados allí
estacionados sepan agacharse a tiempo.

* General de Artillería en la Reserva.
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)

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