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El regalo de la cabeza de Zarqaui

Guerra Eterna

Sección:Iraq
Viernes 9 de junio de 2006 2 comentario(s) 2098 visita(s)

Guerra Eterna

Desde Bagdad, Christopher Allbritton da mucha importancia a la muerte de Zarqaui, no porque lo representa en términos de un número mayor o menor de atentados terroristas, sino por lo que significa políticamente: la demostración de que sectores suníes, incluidos los que forman parte de la insurgencia, están dispuestos a colaborar con el nuevo Gobierno iraquí de Maliki.

Resulta difícil de creer que el líder de Al Qaeda en Irak haya sido cazado en un lugar como Baquba sin la colaboración de la insurgencia. Ni los norteamericanos ni la Policía iraquí, dirigida por shiies, contaban con confidentes en el círculo cercano a Zarqaui. También resulta llamativo que los servicios de inteligencia jordanos hayan aportado información útil en la operación.

Zarqaui fue condenado en ausencia en su país natal, así que no tiene muchos partidarios entre las autoridades jordanas. Pero Ammán sí disfruta de relaciones estables con algunos grupos insurgentes suníes y de ahí puede proceder su información.

Allbritton cree que ha funcionado la apuesta de Maliki por incluir a los suníes en el juego político. Una de las condiciones obvias consistía en ayudar a Bagdad a acabar con los grupos yihadistas que sólo pretenden enfrentar a suníes con shiies.

No es una casualidad, por tanto, que Maliki haya anunciado hoy los nombres de los nuevos ministros de Interior y Defensa. Ambos son ex militares aceptables para los partidos suníes. El nuevo titular de Defensa es un general que cayó en desgracia en la época de Sadam cuando recomendó la salida de las tropas iraquíes del Kuwait conquistado.

El ministro del Interior, Jawad al-Bolani, es un ex ingeniero de la Fuerza Aérea que se ha opuesto públicamente a imponer en Irak un régimen similar al iraní. Además, no es militante del mayor partido shii, responsable de haber convertido el Ministerio en un nido de escuadrones de la muerte.

Otro gesto de Maliki hacia la comunidad suní ha sido el anuncio de la próxima liberación de 2.500 presos, la mayoría de ellos suníes.

Juan Cole cita un artículo en la prensa iraquí que describe un enfrentamiento en Faluya entre grupos insurgentes locales y seguidores de Zarqaui ocurrido hace unos días. Hechos como éste ya se habían producido en el último año y no habían tenido mucha repercusión. Evidentemente, si esa confrontación ha permitido en última instancia la eliminación de Zarqaui, el panorama resulta muy diferente.

Por una vez, ha sido Donald Rumsfeld quien ha dado la explicación menos triunfalista. Quizá sea porque los norteamericanos han podido matar a Zarqaui, pero aún no tienen muy claro cómo lo han conseguido.

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Comentarios


  • La doble guerra de Irak: El regalo de la cabeza de Zarqaui

    12 de junio de 2006, por Insumissia

    JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR /HISTORIADOR, ESPECIALISTA EN EL MUNDO ÁRABE EL CORREO

    La doble guerra de Irak

    La muerte del jordano Al-Zarqawi, líder de Al-Qaida en Irak, ha sido celebrada por kurdos y chiíes, sin que los suníes parezcan haberla lamentado mucho. Esto se debe a que en Irak no hay una guerra sino dos a la vez. Ambas se solapaban parcialmente y en ocasiones sus objetivos pueden coincidir, pero son muy diferentes.

    La primera de éstas es la insurgencia suní, que pretendía convertirse en una guerra nacional iraquí por la independencia frente a los norteamericanos y sus aliados. Sin embargo, los kurdos y los chiíes escogieron otro camino. Todo esto simplificando bastante, obviamente, pues muchos suníes no colaboran en lo más mínimo con la insurgencia mientras que bastantes chiíes y algún que otro kurdo sí que lo hacen. El objetivo de esta lucha se reduce a expulsar a los norteamericanos de Irak, quedando pendiente la forma del Estado y la integración nacional entre las diversas comunidades.

    La segunda guerra es la ofensiva terrorista de Al-Qaida, mera escaramuza local dentro del intento global de empujar al Islam a una yihad global contra el malvado Occidente y otros ’infieles’. En esta guerra Irak tiene poca importancia por sí mismo. Es tan sólo una de las zonas de operaciones: Irak ha de ser parte del califato islámico universal y si la población local no esta de acuerdo, que se aguanten. Esto es especialmente cierto para los ’herejes’ chiíes, que ya saben lo que les espera.

    De aquí surge el germen amenazante de una potencial tercera guerra iraquí: la guerra confesional entre chiíes y suníes. Es evidente que a los insurgentes suníes les debe de haber disgustado mucho no encontrar apoyo entre sus compatriotas chiíes, pero han conservado el suficiente sentido común para abstenerse de hostilidades contra la comunidad que es al fin y al cabo la mayoritaria, para centrar sus esfuerzos bélicos contra el enemigo exterior. Más o menos lo mismo con respecto a los kurdos. Los atentados indiscriminados contra ambas comunidades los ha cometido Al-Qaida.

    Esta drástica y sangrienta divergencia demuestra la incompatibilidad de fondo entre Al-Qaida y la insurgencia iraquí. Hay un enemigo común, Estados Unidos, pero los objetivos finales son muy diferentes. Los insurgentes iraquíes tienen un punto de vista laico y nacional. Los chiíes y los kurdos son contemplados como compatriotas que, independientemente de la coyuntura actual, formarán parte del futuro Estado iraquí, liberado de la ocupación norteamericana. Cuestión aparte será ver si este proyecto se plantea con una base realmente nacional integrando a los chiíes y kurdos como iguales, o se intenta restaurar la anterior hegemonía confesional de los suníes.

    En cambio Al-Qaida es una facción religiosa radical y piensa a escala global. Aunque dispongan de numerosos reclutas locales, la organización es extranjera en Irak, pues sus principales líderes, los fondos y la estrategia vienen de fuera. En este contexto, los intereses específicos de los iraquíes pueden ser sacrificados por la causa, de manera que se comenten atentados bestiales, aunque mueran muchos inocentes, y se intenta deliberadamente desencadenar la guerra confesional, en un esquema típico de ’cuanto peor, mejor’. El odio sectario y la beligerancia contra los chiíes, insensatos en la actual coyuntura estratégica, constituyen fenómenos poco frecuentes en el Islam. La idea de una guerra religiosa contra los chiíes, a la manera de las guerras entre protestantes y católicos que devastaron Europa en el siglo XVI, es algo específico de Al-Qaida.

    La muerte de Al-Zarqawi, pese a su repercusión mediática, es posible que tenga muy pocas consecuencias prácticas. Al-Qaida enviará a alguien para reemplazarle, con dinero y armas para proseguir la lucha. No se puede descartar que su sucesor lleve adelante una estrategia más moderada y por lo tanto más eficaz. En enero de este año, declaraciones publicas de importantes líderes de Al-Qaida criticaban el terrorismo indiscriminado de Al-Zarqawi y le exigían que cambiase sus métodos, lo que en apariencia tuvo su efecto pues desde entonces cesaron las decapitaciones de rehenes y otras salvajadas. Sin embargo el sectarismo antichií es un elemento básico en el integrismo suní de Al-Qaida. Por lo tanto, los chiíes nunca apoyarán una insurgencia en la que Al-Qaida tenga influencia, y sin el apoyo de la mayoría chií, la insurgencia no puede ganar. Por otra parte, Al-Qaida seguirá siendo un movimiento islámico global, donde Irak es tan sólo un frente entre muchos. Pero la población iraquí, agobiada por múltiples problemas, siente escasos deseos de apoyar a un movimiento extranjero que sitúa sus intereses y necesidades en un lugar muy secundario.

    Las guerras rara vez salen como uno las espera. El presidente Bush esperaba una guerra rápida y triunfal, pero se ha encontrado empantanado en un largo conflicto de desgaste donde para mantener lo conquistado las tropas norteamericanas han de permanecer allí por tiempo indefinido, virtuales prisioneros de su propia conquista. Como ya hemos visto, Al-Qaida y los insurgentes suníes también se han visto atrapados en conflictos muy diferentes a los que esperaban y deseaban. Durante unos días el Gobierno de Bush podrá jactarse del éxito y hablar de victoria, pero la realidad se impondrá pronto. Las guerras son como los incendios. Es fácil iniciarlos pero muy difícil apagarlos. El incendio iraquí seguirá ardiendo mucho tiempo todavía y no puede descartarse que provoque otros.



  • El regalo de la cabeza de Zarqaui

    12 de junio de 2006, por Infomoc

    [Infomoc] Comentario en Escolar.net

    Hagamos un recuento de cuántas veces ha terminado guerra en Irak...

    Cuando capturaron Bagdad

    Cuando Bush se subió al portaaviones

    Cuando se celebraron elecciones a cortes constituyentes

    Cuando se aprobó la Constitución iraquí

    Cuando se mató a los hijos de Saddam Hussein

    Cuando se recuperó el control de Faluya

    Cuando se capturó a Saddam Hussein

    Cuando se celebraron las primeras elecciones para formar gobierno

    Cuando se constituyó el Gobierno

    Cuando se «mató» a Al Zarqawi la primera vez

    Cuando se le mató por segunda vez, ahora en serio...

    No sé cómo se puede decir aún que la Guerra de Irak fue un fracaso. Con la de veces que la han ganado los EEUU... lo menos 11 ó 12 veces.

    Publicado por: Mordisquitos a las Junio 9, 2006 06:09 PM



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