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Sobre los origenes de la guerra

John Zerzan

Sección:Varios
Domingo 22 de octubre de 2006 9 comentario(s) 5554 visita(s)

Publicado en Indymedia Barcelona

La guerra es el principal producto de la civilización, su presencia masiva, racionalizada y crónica ha progresado al mismo tiempo que la civilización se ha extendido y profundizado. Entre las razones específicas ineludibles, está el deseo actual de escapar al horror de la vida industrial. La sociedad de masas encuentra su reflejo natural en la masa militarizada y esta fue la vía seguida muy tempranamente por la civilización. En la era del hyper-desarrollo tecnológico, la guerra es alimentada por las nuevas causas de disociación y de oposición.

La guerra es el principal producto de la civilización, su presencia masiva, racionalizada y crónica ha progresado al mismo tiempo que la civilización se ha extendido y profundizado. Entre las razones específicas ineludibles, está el deseo actual de escapar al horror de la vida industrial. La sociedad de masas encuentra su reflejo natural en la masa militarizada y esta fue la vía seguida muy tempranamente por la civilización. En la era del hyper-desarrollo tecnológico, la guerra es alimentada por las nuevas causas de disociación y de oposición.

Se ha llegado a decir que la guerra es «la obra propia del hombre» según la expresión de la Odisea de Homero. Sabemos que la guerra se organizó con la primera industria y en general con una organización social más compleja, pero sus orígenes preceden incluso a la edad del hierro de Homero. La literatura específica en arqueología y antropología sobre el tema es asombrosamente escasa.

La civilización siempre ha tenido un interés en mantener estos temas cautivos haciendo pasar por necesaria una fuerza armada oficial. Es una proclama ideológica importantísima que, sin monopolio estatal sobre la violencia, quedaríamos sin protección y nuestra «seguridad» «poco segura». Después de todo según Hubbes, la condición humana ha sido y será siempre «una guerra de todos contra todos». Voces modernas han argumentado también que los humanos son agresivos y violentos de un modo innato, y necesitan ser constreñidos por una autoridad armada. Robert Dart (Adventures with the Missing Link, 1959) Robert Ardrey (African Genesis, 1961) y Konrad Lorenz (On agression, 1966) están entre los más conocidos pero los argumentos que usan han sido ampliamente desacreditados.

En la segunda mitad del siglo XX, esta visión pesimista de la naturaleza humana ha empezado a cambiar. Basados en las evidencias arqueológicas es ahora una certeza que antes de la civilización los humanos vivían sin violencia, más exactamente sin violencia organizada.

Eib-Eibesfeld se refiere a los ¡Ka-Bushman como pueblos no belicosos.

«Su ideal cultural es la coexistencia pacífica y la realizan evitando los conflictos, compartiendo y animando los numerosos modelos de lazos afectivos». (1)

La opinión más antigua de W.J. Perry es en general exacta pero ligeramente idealizada: «la guerra, la inmoralidad, el vicio, la poliginia, la esclavitud y la sumisión de las mujeres parece estar ausente entre nuestros ancestros» (2).

La literatura corriente aporta con regularidad que hasta la etapa final del paleolítico -justo antes de la presente era de 10.000 años de domesticación- no hay ninguna prueba concluyente que útiles o armas de guerra hayan sido usadas contra humanos (3). «las descripciones de escenas de batalla, de escaramuzas y de combates cuerpo a cuerpo son raras entre los cazadores recolectores y cuando existen son muy frecuentemente resultado del contacto con agricultores o con invasores industriales» concluye el estudio de Taçon y Chippindale sobre el arte parietal australiano (4). Cuando el conflicto emerge, la confrontación dura raramente más de media hora y, si se producía un muerto, las dos partes se retiraban (5).

El comportamiento de los pueblos primigenios de California era similar. Roeber ha señalado que sus enfrentamientos eran poco sangrientos, llegando a emplear flechas menos mortíferas para la guerra que para la caza (6).

El pueblo Wintu de California del Norte ponía fin a las hostilidades en cuanto había un herido (7). «la mayor parte de los californianos no eran militaristas en absoluto, no tenían ninguna de las capacidades requeridas para tener un horizonte militarista y su organización social no se lo permitía. Su sociedad no tenía las instancias necesarias para acción política colectiva», según la opinión de Turney-High (8). Larna Marshall describe que los ¡Kung no celebran ningún héroe ni ningún relato de batallas. Uno de ellos le comentó «los combates son muy peligrosos y alguien podría resultar herido» (9). George Bird Grinell en «Toque y arrancado de cabelleras entre los indios de las planicies» (10) explica que un golpe o simplemente tocando al enemigo con la mano o con un pequeño bastón era lo que más se valoraba (esencialmente no violento) en cuánto a valentía mientras que el hecho de arrancar cabelleras no estaba tan valorado.

La aparición de la guerra institucionalizada parece estar asociada a la domesticación y/o al cambio radical de la situación material de una sociedad. Esto sucede «solamente donde las bandas han sido atraídas hacia guerras con agricultores o pastores o producidas en un territorio que decrece continuamente». El primer signo arqueológico fiable de la guerra es la ciudad fortificada prebíblica de Jericó (7.500 AC). Al principio del neolítico se produjo un cambio relativamente repentino. ¿Que dinámica puede haber llevado a los pueblos a adoptar la guerra como institución social? Hasta ahora esta cuestión no ha sido explorada en profundidad por los arqueólogos.

La cultura simbólica parece haber emergido en el paleolítico superior o el neolítico y se ha establecido firmemente en todas las culturas humanas. El símbolo ha sido una manera de borrar lo particular reduciendo la presencia humana a algunos aspectos específicos. Es más fácil dirigir la violencia contra un enemigo anónimo que representa un cierto mal o amenaza definidos oficialmente. El ritual es la primera forma conocida de una actividad en el campo de lo simbólico: el simbolismo actuando sobre el mundo. Los restos arqueológicos sugieren que puede haber un ligamen entre el ritual y la aparición de la guerra organizada. Durante el período casi intemporal durante el cual los humanos no estuvieron interesados en dominar su ambiente, ciertos lugares eran especiales y se convirtieron en sagrados. Esto se desarrollo sobre un parentesco espiritual y emocional con la tierra, expresado como diversas formas de totemismo. El ritual comienza a apuntar, pero todavía no es central en las sociedades de recolectores organizadas en bandas. Emma Blake observa que «a pesar de que los pueblos del paleolítico practicaron rituales, los restos materiales más ricos datan del neolítico cuando el sedentarismo y la domesticación de plantas y animales aportaron cambios de perspectiva y de cosmología» (12). Fue en el paleolítico superior cuando ciertas tensiones provocadas por el desarrollo de la especialización se hicieron evidentes.

Se pueden medir las injusticias midiendo diferencias, como cantidades diferentes de bienes alrededor del fuego del campamento, como respuesta a estas diferencias el ritual parece haber jugado un rol social cada vez más importante. Como muchos han notado, el ritual en este contexto es una manera de abordar las deficiencias de cohesión o de solidaridad, Es un medio de preservar un orden social que se ha vuelto problemático.

Como Bruce Knauft ha hecho notar, «el ritual refuerza más allá de todo argumento o proposición generalizante (?.) la aceptación cognitiva en profundidad del comportamiento conforme a estas proposiciones cosmológicas» (13). Así el ritual proporciona el cemento ideológico original para estas sociedades en busca de una legitimación. Las soluciones cara a cara se vuelven ineficaces en tanto que soluciones sociales cuando las comunidades se vuelven más complejas y ya, parcialmente, estratificadas socialmente. El simbolismo es una no-solución; en efecto es un modo de reforzar las relaciones y de una visión del mundo caracterizada por la desigualdad y la separación.

El ritual es por el mismo un poder, una forma primitiva de política. Entre el pueblo Maring de Papua Nueva Guinea, por ejemplo, las convenciones del ritual indican las funciones y papeles a falta de autoridades explícitamente políticas. Lo sagrado es pues una alternativa funcional a al política, las convenciones sagradas, en efecto, rigen la sociedad (14). La ritualización es claramente una estrategia primaria para incorporar las relaciones de poder. Además , la guerra puede ser una empresa sagrada, con el militarismo promovido ritualmente, bendiciendo el surgimiento de una jerarquía social. René Girard piensa que los rituales de sacrificio son necesarios para hacer frente a la agresión endémica a la violencia en la sociedad (15). El caso será más bien a la inversa: los rituales legitiman y promueven la violencia. Como dice Lienhardt de los Dinka, recolectores africanos, «hacer un festín o un sacrificio implica a menudo la guerra» (16). El ritual no reemplaza a la guerra, según Arkush y Stanish «la guerra, en todo momento y lugar tiene elementos rituales» (17).Subrayan que la dicotomía entre «la batalla ritual» y la «verdadera guerra» puede ser falsa, en resumen «la guerra destructiva y el ritual van mano con mano» (18).

Entre los apaches, por ejemplo, los más ritualizados eran los más agrícolas (19), pero el ritual está muy relacionado con la agricultura y la guerra, que a menudo están muy ligadas (20). No es raro encontrar la guerra como modo de aumentar la fertilidad de la tierra cultivada. La reglamentación ritualizada de la producción y de la agresividad significa que la domesticación se ha convertido en el factor decisivo. «el surgimiento de la guerra sistemática, de las fortificaciones y de las armas de destrucción» dice Hassan «sigue el camino de la agricultura» (21). El ritual se transforma en sistema religioso, llegan los dioses y se exigen sacrificios.

«no hay ninguna duda de que todos los habitantes del mundo invisible están considerablemente interesados por la agricultura humana» hace notar el antropólogo Verrier Edwin (22). El sacrificio es un exceso de domesticación, implica a los animales domesticados y se produce solamente en las sociedades agrícolas. La masacre ritual, incluyendo el sacrificio humano es desconocida en las culturas no domesticadas (23).

El maíz en las Américas nos relata una historia parecida. Un aumento brusco del cultivo del maíz lleva emparejada la creación rápida de una jerarquía y la militarización de una buena parte de los dos continentes (24). Un ejemplo entre otros es la intrusión hacia el norte de los Hohokams, contra el pueblo indígena Ootams (25) del sur de Arizona, introduciendo la agricultura y la guerra organizada. Hacia el año 1000 AC el cultivo del maíz era ya dominante en todo el sudoeste acompañado de rituales durante todo el año, de sacerdotes, de conformidad social, de sacrificios humanos y de canibalismo (26), Es apenas una subestimación decir, con Kroeber que con el cultivo del maíz «todo el valor cultural cambia de sentido» (27).

Los caballos son otro ejemplo del estrecho ligamen que hay entre la domesticación y la guerra. Domesticados inicialmente en Ukrania alrededor del año 3000 AC, su cosificación ha alimentado el militarismo. Casi desde el comienzo han servido como máquinas, primordialmente como máquinas de guerra (28).

Los combates relativamente inofensivos entre los grupos descritos anteriormente dejan lugar a la masacre sistemática al mismo tiempo que la domesticación llevaba a una competencia creciente por la tierra (29). La lucha por nuevas tierras a explotar está extensamente aceptada como la principal causa de la guerra en el curso de la civilización. Una vez que los sentimientos de gratitud hacia una naturaleza que se da sin cuento y que el conocimiento de la interdependencia crucial de toda la vida son reemplazados por la cultura de la domesticación se da una nueva guerra, los humanos contra el mundo natural.

Esta lucha permanente por el poder sirve de modelo para las guerras que engendra constantemente. Hay una conciencia del precio exacto del paradigma de control, como se ha visto en la práctica extendida de la regulación simbólica o a las mejoras de la domesticación de los animales en los inicios del neolítico. Pero estos gestos no cambian la dinámica fundamental del trabajo, no más que preservan el valor fundamental de millones de años de práctica de los cazadores recolectores que mantenían un equilibrio entre población y subsistencia.

La agricultura intensiva ha significado más guerra. La sumisión a este modelo exige que todos los aspectos de esta sociedad formen una entidad integrada, sin muchas posibilidades de escapatoria. Con la domesticación, la división del trabajo produjo especialistas de la coerción a tiempo completo: por ejemplo hay evidencias de algún tipo de soldado en el 4.500 AC. Los jíbaros de la Amazonia que durante milenios formaron parte armoniosa de la comunidad biótica, adoptaron la domesticación y «elaboraron una revancha de sangre y de guerra hasta el punto de que estas actividades dan el tono de toda la sociedad» (30). La violencia organizada deviene dominante, obligatoria y normativa.

Las expresiones de poder son la esencia de la civilización, su centro principal, la regla patriarcal. Se puede pensar que la dominación masculina sistemática es un subproducto de la guerra. La subordinación ritual y la desvalorización de las mujeres es ciertamente el fruto de la ideología del guerrero que ha valorizado cada vez más las actividades masculinas y devaluado el papel de las mujeres.

La iniciación de los chicos es un ritual que sirve para producir un determinado tipo de hombres, un resultado que no está garantizado por el simple crecimiento biológico. Cuando la cohesión del grupo no puede ser considerada como fluyendo de el, se requieren instituciones simbólicas, especialmente para hacer avanzar la problemática de la guerra?. Según los juicios de Lemmonier «las iniciativas masculinas están esencialmente conectadas con la guerra» (31).

La poligamia, la práctica de un hombre tomando varias esposas es rara en las bandas de cazadores recolectores, pero es la norma en los pueblos que hacen la guerra (32). De nuevo la domesticación es el factor decisivo. No es solo una coincidencia que el ritual de circuncisión del pueblo Mérida de Madagascar culmina en paradas militares agresivas (33).

Hay diversos ejemplos de que las mujeres no sólo cazaban, sino que iban al combate (por ejemplo las amazonas de Daomey y ciertos grupos de Borneo) pero está claro que la construcción del género tiende hacia una dirección masculinista y militarista. Con la formación del estado, el estatus de guerrero era una condición común de ciudadanía, excluyendo a las mujeres de la vida política.

La guerra no es solamente un rito, habitualmente con numerosos dispositivos ceremoniales, es asimismo una práctica muy formalizada. Como el ritual mismo, la guerra se ejecuta a través de un intermediación de gestos, de posturas y de modos de hablar. Los soldados son idénticos y estructurados de una manera estándar. Las formaciones de la violencia organizada, con sus columnas y sus líneas son como la agricultura con sus surcos, clasificados sobre una cuadrícula (34). Controlados y disciplinados son también útiles para la ritualización de los comportamientos, que son siempre el medio para una gran construcción de la autoridad.

El intercambio entre las bandas del paleolítico funcionó menos como comercio (en el sentido económico) que como intercambio de información. Los encuentros periódicos de bandas fueron la ocasión de matrimonios y un seguro contra los déficits de recursos. No había una diferenciación clara entre las esferas social y económica.

Igualmente emplear la palabra «trabajo» es falaz en ausencia de producción o de producto. Mientras el territorio fue parte básica de la actividad del cazador recolector no hay ninguna evidencia de que le haya llevado a la guerra (35).

La domesticación erige las fronteras rígidas del excedente y de la propiedad privada, con la posesividad concomitante, la hostilidad y la lucha por la propiedad. Incluso los mecanismos conscientes que atenúan las nuevas realidades pierden su fuerza. En «The Gift» Gauss descrito el intercambio como una guerra pacíficamente resuelta y la guerra como el resultado de transacciones no exitosas. También ve el potlach como una especia de guerra subliminal. (36)

Antes de la domesticación, las fronteras eran fluidas. La libertad de abandonar una banda por otra formaba parte integral de la vida del cazador recolector. La integración más o menos obligatoria exigida por las sociedades complejas prepara el terreno propicio para la violencia organizada. En muchos lugares las jefaturas nacieron de la supresión de la independencia de las comunidades más pequeñas. La centralización proto-política en las américas fue a menudo impulsada por las tribus que intentaban desesperadamente confederarse para combatir al invasor europeo.

Las civilizaciones antiguas fueron creadas en función de la guerra y se puede decir que la guerra es a la vez la causa y el resultado de este estado. No ha cambiado gran cosa desde que la guerra fue instituida por primera vez, enraizada en el ritual y encontrando tierra abonada en la domesticación. Marshall Sahlins en precisar que el crecimiento del trabajo sigue al desarrollo de la cultura simbólica. Puede decirse que la cultura engendra la guerra, a pesar de las declaraciones contrarias. Después de todo el carácter impersonal de la civilización se desarrolla con el surgimiento de lo simbólico. Los símbolos (por ejemplo las banderas nacionales) permiten a nuestra especie deshumanizar a nuestros semejantes, lo cual autoriza la carnicería sistemática ínter especifica.

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Comentarios


  • la Arcadia del primitivismo

    23 de octubre de 2006, por puk

    en las cavernas todos éramos felices,

    !volvamos a ellas!



    • la Arcadia del primitivismo

      24 de octubre de 2006, por alonso

      Si lo dices en serio, vuelve tú.

      Si lo dices con ironía, mejor tómate una tila. No creo que en este artículo se esté proponiendo nada semejante ni de lejos.



  • Zerzan

    23 de octubre de 2006

    Que pesadilla, primitivistas go home.


    • Zerzan

      24 de octubre de 2006, por alonso

      Venía leyendo este texto que hace una serie de afirmaciones que se prentenden dentro de la ciencia antropológica y que desconozco si son o no ciertas en todos o en algunos de los supuestos. El autor parece fundamentarse en estudios y fuentes diversas y es una pena que falten las numerosas notas que parece complementaban el artículo original. Da la impresión de cierta seriedad y solvencia lógica en sus análisis.

      Lo que no he visto por ninguna parte es que el tal zerzan este concluya algún tipo de aplicación política a su estudio ni que esté proponiendo absolutamente nada a nivel práctico.

      Imagino que el señor de «primitivistas go home» ha hecho un auténtico trabajo científico de leer entre líneas, imagino que de forma rigurosa, objetiva y desapasionada, y merced a ello ha podido deslumbrar nuestra ignorancia con su portentosa aportación de argumentaciones y fundamentos de todo tipo para hacernos ver el subliminal intento del autor por vendernos la moto, así como ilustrarnos con una serie de planteamientos que suponen una auténtica demolición del edificio doctrinal de la «ideología primitivista», de la que este señor debe ser un conocedor de primera.

      Muchas gracias.



  • Sobre los origenes de la guerra

    25 de octubre de 2006, por pangeo

    Ashley Montagu es un antropólogo que ha desmontado la idea de que la violencia es consustancial al ser humano.

    Un ejemplo: http://www.antimilitaristas.org/art...

    Su tesis es que las tendencias innatas del ser ser humano van más bien en sentido contrario a la violencia y que ésta tiene más bien un carácter aprendido, cultural. Eso no quiere que la guerra sea consustancial a la civilización (a toda civilización), claro, que es la tesis que le conviene al primitivismo.

    Personalmente, el primitivismo me parece una ideología reaccionaria y no me creo el paraiso que nos propone.



    • Sobre los origenes de la guerra

      25 de octubre de 2006

      a mi me parecen reaccionarias todas las teorías que no sean la mia. las conozca o no. poner a parir es gratis y no cuesta esfuerzo. he dicho.

    • Sobre los origenes de la guerra

      25 de octubre de 2006

      y no entiendo el salto que das en tu comentario para alabar una cosa y luego criticar otra distinta


  • Sobre los origenes de la guerra

    30 de octubre de 2006, por  hotmail.com">David

    Charles Darwin, al visitar Tierra del Fuego en el año 1833, escribiría acerca de los índios Yaghán:

    «Son los hombres más desgraciados del mundo... [a causa] de la perfecta igualdad que reina entre ellos... En realidad, si se le da a uno de ellos una pieza de tela, la desgarra en pedazos y cada miembro del pueblo recibe su parte. Nadie puede ser más rico que su vecino... Parece imposible que el estado político de Tierra del Fuego pueda mejorar en tanto no surja un jefe, provisto de poder suficiente... Por otro lado, es difícil que surja un jefe mientras todos esos pueblos no adquieran la idea de propiedad, que les permitiría manifestar superioridad y acrecentar el poder».

    De esta forma, aunque desde un punto de vista de admiración por nuestra cultura «belicista» que propugna la Supremacía y las desigualdades, está dejando constancia de que la causa de «no evolución» es esa falta de «egoismo».

    El Ego, es en psicología, lo que la propiedad privada es en nuestra cultura física material.

    Esa diferenciación del ego, genera el «pensamiendo de-mente» de «creer que soy m,ejor que los demás», que soy diferente y que por consiguiente «tengo derecho a» cosas, que los demás no tienen derecho, para lo cual uso la fuerza.

    A ese nacimiento del ego, Moisés lo describe en el capítulo 3 de Génesis y es lo que se conoce como «pecado original»,que nunca se explica, pues la manipulación religiosa, y la diferenciación «del nosotros tenemos la verdad y nos salvamos» o de «como no creen lo mismo que nosotros, los podemos exterminar», es lo que ha permitido que las «gentes» como idiotas, mueran para defender sistemas codiciosos, que solo beneficiaban a unos señores feudales, reyes y oligarcas religiosos, que «vivian como curas».

    Moisés, llama CIN (con sonido de K, KIN) al «Egocentrismo», que no es otra cosa que el personaje de «Caín» de Génesis; y que llegará al inglés, a través del fenicio y latín como King, como Kan al mongol, o Clan al español; pero siempre con igual significado.

    Moisés, sigue llamando «Sodoma» (se escriibe SDM) a la «Supremacía». Siendo la raíz «DM» un concepto de igualdad que generará la palabra «Adam = Humanidad unida»; y donde al anteponerle el signo «S = círculo» se le da la vuelta a la homogeneidad o igualdad, estableciendo la supremacía de «uno sobre el otro».

    El problema del militarismo, es el concepto de «cultura del ego» que padece nuestra sociedad; mientras que culturalmente no está arraigado en muchas civilizaciones.

    Algún día, deberemos empezar a hablar bien y decir que «nuestra cultura es incivilizada» y que las civilizaciones eran las que respetaban los derechos humanos, porque no existía esa diferenciación egoista, egocentrista, egolátrica.

    Ese día que empecemos a llamar al perro por su nombre; diciendo con claridad que Bush es un genocida por haber sido el causante directo de un genocidio en Iraq de 650.000 personas; que Blair es otro genocida y toda la lista de países que los apoyaron, podremos empezar a pensar que «iniciamos el camino de la civilización».

    Pero mientras consideremos que «nuestra civilización» es la única con «historia»; y no seamos capaces de comprender y aceptar que esta historia es una interminable lista de fechas y genocidios continuos, seguiremos alimentando nuestro ego de querer ser supermanes, y no podremos crear un mundo mejor.

    «Los grandes bandidajes solamente pueden darse en naciones democráticas en las que el gobierno está concentrado en pocas manos». Alexis de Tocqueville

    «Guste o no, tendremos un Gobierno Mundial. La única cuestión es si será por concesión o por imposición» James P.Warburg

    «Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de criminales a gran escala? Y esas bandas ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada. Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos. Abiertamente se autodenominan entonces reino, título que a todas luces les confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda. Con toda profundidad le respondió al célebre Alejandro un pirata caido prisionero, cuando el rey en persona le preguntó: ¿qué te parece tener el mar sometido a pillaje? Lo mismo que a tí, le respondió, el tener al mundo entero. Solamente que a mí, que trabajo en una ruin galera, me llaman bandido, y a tí, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador». Agustín de Hipona



    • Sobre los origenes de la guerra

      26 de febrero de 2007, por  yahoo.es">benita

      david tienes mucha razon. en cuanto al articulo principal, se equivoca, la guerra proviene de la necesidad de tierra para los rebaños de los ganaderos, hay muchas pruebas historicas de ello. la ganaderia y los ganaderos explotadores de los animales y de la tierra nos trajeron LA GUERRA y no la agricultura como aun se afanan en decir. SALUD A TODOS¡


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