En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
Secciones
> Informativa
  Movimiento 15M
> Campañas
  Objeción Fiscal al Gasto Militar
  Desobedece a las guerras
  Contra la I+D Militar
  Comercio y producción de armas
  Juguete bélico
  Feminismo y antimilitarismo
  Locales
  Varios
  Banca
  Educación para la paz
  La guerra empieza aquí. Parémosla desde aquí
  Recortar lo militar
  Contrarreclutamiento
> Observatorio de conflictos
  Iraq
  Palestina
  Colombia
  EEUU
  Guerra y mujeres
  Infancia y guerra
  Varios
  Afganistán
  Libia
  Costa de Marfil
  Siria
  Mali
  Sáhara Occidental
  Ucrania
  Turquía
> Documental
  Talleres
  Historia del antimilitarismo
  Noviolencia
  Objeción de conciencia
  Recursos gráficos
  Recursos multimedia
  Teoría política
  Represión
  Medio Ambiente
  Mujeres y antimilitarismo
  Anticapitalismo
  Instituciones militares
  Varios
  Intervencionismo humanitario y misiones de paz
> Cajón de sastre
  Humor
  Creación
  Comentarios gráficos
  Contactos
  Varios
> Solidaridad entre los pueblos

Más de 50.000 civiles de Kandahar huyen de la Operación Medusa

Afganistán. El Pais.

Sección:Afganistán
Sábado 16 de septiembre de 2006 1 comentario(s) 1909 visita(s)

La OTAN lucha en territorio talibán

ÁNGELES ESPINOSA (ENVIADA ESPECIAL) - Kandahar
EL PAÍS - Internacional - 14-09-2006

Los viñedos de Panjwai nunca han producido vino. Sería anatema en esta comarca de la provincia afgana de Kandahar, habitada por conservadores pastunes. Sin embargo, las pasas que elaboran con sus uvas garantizaban ingresos a varios miles de familias. Hoy la cosecha está arruinada. Los
bombardeos de la OTAN contra la insurgencia talibán dentro de la Operación Medusa, la más ambiciosa hasta ahora, han expulsado de sus hogares a 50.000 personas, una cuarta parte de los habitantes de la zona. Más de 500 talibanes han muerto y los afganos temen que la milicia se desplace hacia provincias vecinas.

"Lo hemos perdido todo", afirma Qadratullah en Kandahar, donde ha encontrado refugio con 16 de los suyos. "Nada más que empezaron los bombardeos, decidimos irnos", dice este muchacho de 18 años que aparenta
el doble. "Nuestra huerta, nuestra casa, el pueblo entero está
destruido. Dejamos todo; justo nos dio tiempo a escapar". Dos tíos suyos
se retrasaron recogiendo uvas y murieron en uno de los ataques; un
tercero resultó herido. No fueron los únicos. En total 13 civiles han
perecido en los combates, según fuentes policiales, aunque la Comisión
Independiente de Derechos Humanos investiga 40 casos.

Qadratullah procede de Siachi, un pueblo agrícola de 7.000 habitantes.
La experiencia ha sido similar en Pashmul, Zangabad, Talokan, Mushan o
Spirwan, localidades de la comarca de Panjwai, a 25 kilómetros al oeste
de Kandahar. Unas 50.000 personas, una cuarta parte de quienes residían
allí antes de que la OTAN lanzara su Operación Medusa contra los talibán
el 2 de septiembre, han abandonado sus casas, según datos oficiales.

El objetivo era expulsar a los talibanes de Panjwai, donde se habían
hecho con el control. Aunque desde mayo ha habido diversas operaciones
contra el resurgimiento de esa milicia en las vecinas provincias de
Oruzgan y Helmand, Medusa es la más ambiciosa y la primera operación de
la OTAN, que el 31 de julio relevó a EE UU en el sur de Afganistán. En
Panjwai, donde los talibanes siguen gozando de simpatías, los 2.000
soldados movilizados, incluidos cientos de afganos, han encontrado más
resistencia de la esperada.

"Los talibanes lograron el control no por que sean fuertes sino porque
el Gobierno era demasiado débil en esa zona", manifiesta el gobernador
provincial, Assadullah Khalid. "Con 40 policías, mal equipados y con
poca munición no se puede controlar una comarca", admite. Ahora se
muestra convencido de que, tras esta operación, "el Gobierno va a dejar
una mayor presencia policial, se quedarán las tropas extranjeras y se
podrá empezar la reconstrucción".

El malestar que expresan los desplazados pinta una situación algo más
complicada. El martes, 10 días después de que empezara el éxodo, la
mayoría no habían recibido ayuda y sobrevivía gracias a sus ahorros o a
la ayuda de familiares.

En uno de los primeros repartos del Programa de Alimentación Mundial
(PAM) se percibe la humillación de tener que recurrir a la caridad.
Hombres cuyos turbantes indican que tenían cierta posición económica
acuden con la mirada gacha a recoger unos sacos de trigo y unas latas de
aceite marcadas donativo de EE UU. "Sienten vergüenza", señala Hamid,
uno de los empleados del PAM.

"La gente apoya a los talibanes porque los americanos disparan a los
civiles cuando están tratando de poner a salvo a sus familias", dice
Mahmud, un joven procedente de Pashmul. "Han bombardeado nuestros
secaderos de uvas, han destruido nuestra vida". De nada sirve apuntar
que los soldados de esta campaña son en su mayoría canadienses y
afganos. "Canadienses, británicos, americanos, qué más da, nosotros no
les distinguimos. Todos son extranjeros", interviene su vecino Abdul Qawil.

"No es tanto que estén a favor de los talibanes como que no pueden
rechazarles, porque son pastunes, porque están armados y porque saben
que eventualmente las fuerzas gubernamentales se irán y los talibanes
seguirán aquí", explica Omar Shah, representante local de una ONG
internacional. La idea de que "no tienen otra elección" se repite en las
conversaciones. Además Shah añade otra razón: "El maldito opio". Tras
una década de sequía no existe otro cultivo que permita cubrir gastos.

"Entonces vienen los agentes del Gobierno, cortan las amapolas y se van,
sin preocuparse por cómo vas a alimentar a tu familia el próximo año",
subraya este hombre originario de Panjwai. Shah está convencido de que
los responsables se quedan con el dinero destinado a compensar a los
agricultores que, crecientemente, apoyan a los talibanes para que les
protejan.

Ninguno de los entrevistados admite tal cosa. "Los talibanes estaban
fuera del pueblo, a veces pasaban por allí, pero no interferían en
nuestras vidas", coinciden Qadratullah y Mahmud. La operación militar
puede haber matado a medio millar de insurgentes y debilitado su
estructura en la zona, tal como anuncian los portavoces de la OTAN, pero
para los habitantes de Panjwai sólo ha logrado dejarles sin su principal
fuente de ingresos. Los racimos de uvas que se secaban para convertirse
en pasas se han echado a perder.

Desconfianza, miedo y propaganda

Abdel Kayun Benawa acaba de perder un hijo de 20 años en un ataque
suicida de los talibanes. El joven se encontraba en el bazar de Panjwai
cuando un miliciano se lanzó contra una patrulla de soldados
extranjeros. Los 21 muertos fueron afganos.

Cabría esperar que este agricultor de 52 años despotricara contra los
insurgentes, pero cuando se le pregunta qué juicio le merecen estos
atentados, se sale por la tangente. "Me siento confundido. Unos dicen
que lo hicieron los americanos, otros que fue otro grupo, que si se
trató de un misil lanzado desde un avión. No sé por qué lo hacen", declara

Abdel Kayun Benawa sin que su cara traicione sentimiento alguno.

Al mencionarle que los talibanes se habían responsabilizado del ataque,
añade: "No tengo ni idea, a veces dicen que lo han hecho y a veces lo
niegan".

Aunque el caso de Benawa es llamativo, la mayoría de los desplazados por
los combates entrevistados en Kandahar, eluden la menor crítica a los
talibanes. Algunos incluso defienden que hay alevosía por parte de las
fuerzas de la OTAN.

"Lanzaron octavillas en pastu que decían que si nos quedábamos en casa,
estaríamos seguros y luego nos bombardearon", asegura Mahmud
tergiversando las instrucciones de abandonar la zona.

"Existe una terrible desconfianza entre los afganos", coinciden varios
observadores locales y extranjeros.

Después de 30 años de guerra, el instinto de supervivencia hace
desconfiar de todo y de todos. La debilidad del Gobierno central ha
convencido a muchos de que los talibanes pueden regresar, así que, sobre
todo delante de otros afganos, ocultan sus sentimientos como protección.
El miedo se mezcla con la propaganda que difunden los simpatizantes de
la milicia.

"Somos pobres, no tenemos armas. Si alguien viene a nuestro pueblo, no
nos queda otra que ayudarle porque somos débiles", es todo lo lejos que
llega Benawa.

Comenta este artículo   Volver arriba

Nota: los comentarios ofensivos podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación

   

Comentarios


  • Ataque a las tropas españolas

    20 de septiembre de 2006, por Extraído de Tortuga

    Las tropas españolas de ocupación sufren un nuevo ataque de la resistencia afgana
    Insurgente Miércoles,20 de septiembre de 2006

    Aunque el Gobierno y sus aliados ocultan de un modo vergonzoso la realidad de lo que ocurre en Afganistán, los hechos están siendo bien tozudos. En el día de ayer la resistencia afgana causó cuatro muertos a las tropas canadienses de ocupación y dieron un buen susto a las españolas, dejando el miedo en el cuerpo al Ejecutivo de Zapatero. Es obvio, ya que una acción armada que costara la vida a miembros del ejército español que ocupa Afganistán, sería muy difícil de explicar a la opinión pública, a la que se anestesió con el cuento de lo que hay allí es embajada de la paz; algo así como una ONG (eso sí, armados hasta los dientes). Por eso, la sola posibilidad de que la izquierda salga a las calles a protestar por la invasión de Afganistán pone al PSOE al borde de un ataque de nervios; al fin y al cabo, ellos trabajan hace años con la idea de que a la izquierda de la casa común no hay nada. Y Afganistán esta más lejos que Iraq.

    Agencias/ inSurGente.- Un artefacto hizo explosión el lunes por la mañana al paso de un convoy español en la provincia afgana de Farah, en el suroeste del país, aunque no se registraron heridos ni daños materiales, mientras que 11 personas murieron en Herat, donde las tropas españolas tienen su base.

    Además, cuatro soldados canadienses integrados en la misión de la OTAN en este país murieron y otras 27 personas resultaron heridas - la mayoría niños - en un atentado suicida en la provincia de Kandahar.

    Once personas murieron y 18 resultaron heridas al inmolarse un suicida en una moto junto a una puerta de la Mezquita Azul de Herat, en el oeste de Afganistán, informaron un médico y la policía.

    El médico del principal hospital de esta ciudad normalmente tranquila dijo que entre los muertos había cuatro policías.

    Las tropas españolas, que lideran la Base de Apoyo Avanzada de Herat, fueron objeto de un ataque a las 07:35 hora de Afganistán entre el penúltimo y el último de los ocho vehículos de un convoy que estaba realizando labores de apoyo al Ejército afgano en el sur de Farah, informó el Ministerio de Defensa en un comunicado.

    El contingente español, formado por unos 700 efectivos, también aporta un Equipo de Reconstrucción Provincial en Qala i Naw y diverso personal, tanto en el Cuartel General del Mando Regional de Herat, liderado por Italia, como en el Cuartel General de ISAF en Kabul.

    CUATRO CANADIENSES MUERTOS

    Otro suicida, este en una bicicleta, se inmoló junto a un grupo de soldados canadienses de la OTAN que estaban intentando tranquilizar a los habitantes del distrito Panjwai de la provincia de Kandahar, en el sur del país, respecto a su seguridad.

    Los talibanes, que han desencadenado una oleada de ataques contra tropas gubernamentales y extranjeras este año, se atribuyeron la responsabilidad del ataque.

    El domingo, el comandante de las fuerzas de la OTAN en Afganistán dijo que tropas de la Alianza Atlántica y del Gobierno afgano habían expulsado a insurgentes talibanes del distrito tras una ofensiva de dos semanas denominada Operación Medusa.

    "Los soldados estaban efectuando una patrulla en la zona para dar seguridad (...) intentando tranquilizar a la gente (...) de que la zona era segura, y diciéndoles que podrían regresar", declaró el general de brigada canadiense David Fraser, que dirige la fuerza multinacional en el sur.

    Soldados británicos, canadienses y holandeses lideran la ofensiva de la OTAN en esta zona del país, mucho más conflictiva, y donde hasta hace poco solo operaban las tropas de Estados Unidos.

    El nivel de violencia, el más alto desde que los talibanes fueron derrocados hace cinco años, ha aumentado la preocupación sobre las perspectivas de un país que había sido considerado un éxito en la guerra contra el terrorismo liderada por Estados Unidos.

    Más de 130 soldados extranjeros han muerto en Afganistán este año, la mayoría de ellos estadounidenses, británicos y canadienses.



Volver arriba
Volver a la página Principal
Ver comentarios
Spip Sitio desarrollado con SPIP v1.9.2 , un programa Open Source escrito en PHP bajo licencia GNU/GPL.
Licencia de Creative Commons Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons, mientras no se indique otra cosa.