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El Premio Nacional de Poesía va para una «apología de la desobediencia y la insumisión»

«Manual de infractores»: la poesía insumisa de Caballero Bonald

Sección:Noviolencia
Jueves 5 de octubre de 2006 1 comentario(s) 3143 visita(s)

MIGUEL LORENCI/ MADRID

Manual de infractores corona la carrera poética de José Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) y su autor, que optó este martes por estar ilocalizable, la presentó en su día como “una apología de la desobediencia”.

Es una meditación sobre la falsedad y las mentiras del discurso político y de los poderosos del mundo”, resumía Miguel García Posada, miembro del jurado que la eligió como “la mejor obra de poesía publicada el año anterior, en cualquiera de las lenguas del Estado español”.

Se distinguía con esta obra a Caballero Bonald doce meses después de que se le otorgara el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de toda su obra.

Publicada en Seix Barral en 2005, Caballero Bonald dice que Manual de infractores es “una apología de la desobediencia y la insumisión”. Con todos los elementos de su poética, concluirla le dejó “rejuvenecido pero exhausto”, tanto, que lo dio por su poemario definitivo y dudó de que volviera a escribir poesía.

Uso definitivo de las palabras

Caballero Bonald se describe como un poeta “intermitente” y asegura que con su nuevo poemario ha aprendido “a usar las palabras de modo definitivo”. Al escribirlos se dio cuenta de que “realmente estaba volviendo a conectar con una actitud de enfrentamiento a todo lo que suene a gregario, sumiso o hipócrita”.

Extraido de Las Provincias, 4 de octubre de 2006


ENTREVISTA CON JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

EFE, 12-10-2005

Nuevo poemario, ’Manual de infractores’: Caballero Bonald no deja de denunciar injusticias en su testamento poético

El escritor José Manuel Caballero Bonald no sabe si volverá a escribir poesía. Cuanto tenía que decir lo ha dicho ya en su nuevo poemario, «Manual de infractores», un libro «que tiene algo de testamentario» y en el que el autor defiende la insumisión, el descreimiento y la incertidumbre.

«’Manual de infractores’ es una especie de apología poética de la desobediencia, de la insumisión», afirma el escritor en una entrevista con Efe, que tiene lugar en su casa de Madrid pocos días antes de que, la próxima semana, llegue a las librerías esta obra de alto voltaje poético. «En este libro he aprendido a usar las palabras de modo definitivo», asegura.

Hacía ocho años que este «poeta discontinuo, intermitente», como a él le gusta definirse, no publicaba un poemario. Tras «Diario de Argónida» (1997), el escritor tardó años en encontrar la energía necesaria para volver a la poesía, aunque sí vio publicada el año pasado toda la obra poética que había alumbrado hasta entonces bajo el título de «Somos el tiempo que nos queda».

Los primeros poemas de «Manual de infractores» surgieron de «la irritación» que le iban produciendo «los desastres que ocurren por el mundo, las injusticias, las mentiras históricamente divulgadas desde Estados Unidos o desde la España de hace nada. La Guerra de Irak, esa guerra miserable...», afirma el escritor.

África y el Estatut

Entre esos desastres, y aunque se haya producido después de haber terminado el libro, el poeta no puede dejar de mencionar la impresión que le han causado las noticias que llegan estos días desde Marruecos sobre emigrantes subsaharianos que son abandonados a su suerte en el desierto del Sahara.

«¿Cómo es posible que esto ocurra y que sigamos perdiendo el tiempo discutiendo si Cataluña es una nación o no?», se pregunta el escritor, para asegurar de inmediato que «hay que enfrentarse a esas barbaridades que se están cometiendo en un mundo que se llama civilizado. Hay que desencadenar una acción humanitaria universal».

A partir de esas injusticias, el poeta se dio cuenta de que «realmente estaba volviendo a conectar con una actitud de desobediencia, de enfrentamiento a todo lo que sonara a gregario, a sumiso, a hipócrita», añade Caballero Bonald, cuyo nuevo poemario ataca con dureza a «los biempensantes», a «los necios» y a los que «abominan del rango de infractores».

Pero en los 134 poemas del nuevo libro laten también otras preocupaciones, como «la fugacidad de la vida, la proximidad del final, el amor recuperado a través de las señas del pasado, el tiempo que huye...». «El pasado está muy vivo en este libro porque, a mí, lo que más me sobra es pasado; futuro es lo que me va faltando», dice el escritor, que dentro de un mes cumple 79 años.

La verdad de la poesía

El autor de obras como «Las horas muertas», «Agata ojo de gato» y «Descrédito del héroe», galardonadas cada una de ellas con el Premio de la Crítica, le deja claro a Efe que en su nuevo poemario no pretende hablar de verdades. «La verdad en poesía es la que se crea a medida que se escribe el poema, la verdad poética», asegura.

Ya lo advierte en el poema titulado «Regla de excepción»:

"No digo la verdad...
Nadie que escriba reencontrándose dice
la verdad, y además para qué
iba a querer decirla
si la edad finalmente ha invalidado
esos hirsutos tramos infidentes
de la historia
«.

»Lo que he intentado con estos poemas es solventar las dudas, porque cada día tengo más«, afirma este escritor, que se hace constantes preguntas a lo largo del libro porque»Manual de infractores«también es»una especie de propuesta de incertidumbre«.»El libro es una permanente pregunta, y como no sé responderme a muchas, se crea la incertidumbre, la duda de si será legítimo lo que estoy diciendo o no vale la pena decirlo", agrega.

Y como ejemplo, valga la pregunta que se formula Caballero Bonald en el poema «Entre dos luces»:

"¿Ha valido la pena
llegar hasta estas vecindades
inapelables de la incertidumbre
sólo para volver a constatar
que la nada colinda con la nada?
«

»Puro nihilismo", apostilla el escritor.

Versos molestos

La «sátira acerada», el sarcasmo, afloran en algunos poemas de este libro como también lo hacían en «Diario de Argónida». El escritor ataca a los que se sienten en posesión de la verdad, a quienes, como dice en el poema «Necios contiguos», «gustan del sonsonete atroz de las tertulias» y sólo son «el eco triste de otros tristes ecos». En el fondo, le gusta «pensar en aquellos que se van a molestar cuando lean ciertos versos», afirma.

Caballero Bonald, que el pasado sábado recibió en Valladolid el Premio de las Letras de la Fundación Cristóbal Gabarrón, está «muy ilusionado» con su nuevo libro y tiene «mucha fe» en él.

Pero reconoce que escribir estos poemas, y corregirlos una y otra vez durante dos años, lo han dejado «exhausto», porque en todo ese proceso tenía «la sensación de estar escribiendo una suma de últimas voluntades». «Es un libro donde me siento muy realizado, y eso me hace pensar que son los últimos poemas que voy a escribir», concluye.

Extraido de Telépolis


Manual de infractores

joaquín pérez azaústre

EN la desobediencia está el estilo de nuevo decidido a ser simiente, una discrepancia en el mensaje como forma templada de extravío, saliendo de los límites cohibidos. En Manual de infractores, el último de los libros de poemas de José Manuel Caballero Bonald, asistimos a una revelación, a un paso más en el crecimiento de su mundo, génesis de sí mismo, proteína de sí, motor interno, pero también a una decantación por la insurgencia. Gestado y motivado en los estertores y aledaños de la invasión de Iraq, Manual de infractores se presenta como un libro de calle, a pie de acera, no por delante de los grises sino de los antidisturbios de Madrid, lo que prácticamente viene a ser lo mismo. No es un libro-pancarta, pero sí un libro-protesta: se mantiene el rigor en el estilo, el lenguaje como fuente constante de sí mismo, autorregulador y autogenerador, con ese barroquismo sensual que se ha ido aquilatando, que ha ido ganando pureza y densidad, y que también puede ser directo en la codicia de una frase. Así, en el poema Terror preventivo -ineludible pensar en el concepto de Bush de guerra preventiva, tan celebrado entonces por Aznar y Tony Blair-, podemos leer:

(...) Y allí mismo, detrás de la estrategia
irrevocable del terror, ¿no escuchas
el sanguinario paso de la secta,
la marca repulsiva
del investido de poderes,
sus rapiñas, sus mañas, sus patrañas?

Atroz historia venidera,
¿en qué manos estamos, cuántas trampas
tendrá que urdir la vida para seguir viviendo?.

Manual de infractores, el libro de Caballero Bonald que acaba de ganar el Premio Nacional de Poesía, no es un libro sobre la guerra: pero sí contra la guerra -que en este caso fue invasión, como se sabe-, y también contra el resto de cosas que es posible estar desde la desobediencia más desnuda, frente al acatamiento borreguil de todos los que miran hacia el surco sin otear los bordes de la vida.

El comienzo se atisba en la memoria, en una auscultación sensorial y onírica de todas las esquinas vivenciales: así, ya en el primer poema, Caballero rememora la lluvia en la lucerna de un cuarto triste de París, la sombra rosa de los flamboyanes engalanando a franjas la casa familiar de Camagüey, aquel café de Bogotá donde iba a menudo con amigos que han muerto. Gestación interior, música lúcida. Transparencia buscada, cincelada, en la herencia lectora del último Juan Ramón Jiménez, del que hablaría ayer seguramente con el poeta cordobés José Luis Rey, que lo presentó en Puente Genil. La memoria es un rastro sobre el mar, escribe Caballero: y también una valentía. Lo mejor de Manual de infractores, como de toda su poesía, no es sólo la música, ni esa viveza plástica y verbal: sino que uno, cuando lee a Caballero Bonald, siente una inmensa compañía, una conversación esbelta y coloquial, hermosa y disidente, en la respiración de unos toneles.

El Día de Córdoba, 5 de octubre de 2006

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Comentarios


  • El Premio Nacional de Poesía va para una «apología de la desobediencia y la insumisión»

    3 de enero de 2007, por Fco. Cuevas

    Me alegro de que Caballero Bonald se posicione en su poesía por la desobediencia.

    Pero en Jerez (su localidad natal) echamos en falta su compromiso real. Se podía haber posicionado, por ejemplo, en contra de la estatua del dictador M. Primo de Rivera (que ocupa la plaza principal de Jerez), como así se lo pedimos en su día gente de los movimientos sociales, pero que va... no se moja nada. Aquí tiene montada una Fundación con financiación del Ayuntamiento, pero aparte de interesantes actividades literarias de alto nivel, Caballero Bonald no hace nada (como sería esperable en consonancia con su discurso) mínimamente en una línea de compromiso con los problemas sociales de Jerez.



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