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El Gobierno de Zapatero oculta los ataques de la guerrilla afgana contra las tropas españolas de ocupación

Insurgente

Sección:Afganistán
Viernes 29 de diciembre de 2006 0 comentario(s) 1458 visita(s)

inSurGente.- Oficialmente se trata de un remanso de paz, ayudan a los niños delante de las cámaras y reconstruyen casas y hospitales cuando hay fotógrafos. Para completar el cuadro, la opinión pública desconce que hay tropas patrias en Afganistán, al servcio de la OTAN y de Bush. No hay manifestaciones ni actores con pegatinas de "No a la guerra" entregando premios Goya. La estrategia de ocultar lo que ocurre en Afganistán, el ataque de las guerrillas y la lucha de la resistencia contra la ocupación y la lógica imperial de un Occidente depredador, funciona casi perfectamente. El editorial del diario conservador y católico ABC es revelador. Lean entre lineas.

ABC.- LA situación de inseguridad de los soldados españoles desplegados en Afganistán es muy superior a la que reconoce el Gobierno y está provocando el descontento de las tropas que participan en el contingente. Según la información que hoy publica ABC, los militares denuncian que no se dan a conocer los ataques que sufren sus helicópteros. También ponen de manifiesto que su misión en Afganistán ya está siendo más de combate que de reconstrucción, a pesar de que éste sea el objetivo oficial del despliegue y la razón por la que el Gobierno se ha negado reiteradamente a aceptar la petición de la OTAN de trasladar tropas españolas a zonas de guerra contra los terroristas talibanes. Aunque a priori de menor riesgo, tampoco la misión de nuestras tropas en el Líbano es en absoluto cómoda: la inestabilidad en la zona puede dificultar en cualquier momento la labor de los soldados españoles. Por ello, cobraba todo el sentido el viaje relámpago al Líbano que Moncloa había diseñado para Zapatero con el fin de escenificar su cercanía a las tropas y felicitarles la Navidad. Un viaje frustrado a última hora y que Zapatero delegó en exclusiva en el ministro Alonso, nueva muestra de su desapego por los viajes al exterior.

Es comprensible que el Ministerio de Defensa no quiera crear alarmismo ni en la opinión pública ni entre las familias de los militares -especialmente los destinados en Afganistán-, que de todas formas, y como es lógico, conocen de primera mano la situación real de riesgo de sus hijos y hermanos. Pero tampoco resulta admisible que tras esa actitud de prudencia se refugie una política de opacidad o, como mínimo, suavización informativa que, al final, resulta contraproducente porque la realidad en aquel país es inocultable. En estos meses, las tropas ya han sufrido ataques directos que se han saldado con la muerte de un soldado el pasado julio.

El apoyo político del Gobierno a estas misiones en el extranjero no puede hacerse a costa de desfigurar los riesgos que entrañan. Así tampoco se atrae el apoyo ciudadano. Es posible que el pacifismo a ultranza que impregna todo el discurso del presidente del Gobierno resulte incompatible con el hecho de que nuestras tropas corran riesgos ciertos en Afganistán y el Líbano. Quizá se pretenda también trasladar a la opinión pública el cuento de que las misiones de la ONU son tan benéficas que no implican peligro alguno, a diferencia de otras intervenciones «ilegítimas». Sin embargo, tanta propaganda acaba teniendo estos problemas de coherencia, que se pagan con desconfianza hacia el Gobierno.

España está donde tiene que estar, es decir, con sus aliados atlánticos y la comunidad internacional. El compromiso militar español en estas misiones debe ser entendido como una demostración de nuestro vínculo con las aspiraciones comunes de las democracias -lucha contra el terrorismo, seguridad colectiva, extensión del sistema democrático- y no únicamente como un ejercicio de humanitarismo pacifista.

Los riesgos que corren nuestros soldados son los propios de enfrentarse a una amenaza armada, terrorista y global. Negar esta realidad y no tomar decisiones consecuentes -por ejemplo, con dotación de medios adecuados para autodefensa y con una política informativa sincera- es lo que provoca el desaliento de las tropas y la preocupación de la opinión pública. Y es lo que de ninguna manera merecen nuestro militares.

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