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Nuevas tecnologías de la comunicación y control social (Francisco Sierra)

Guerra moderna y vigilancia total

Sección:Documental
Martes 9 de enero de 2007 0 comentario(s) 8683 visita(s)

Hace unos días reflejábamos en INSUMISSIA una noticia que hablaba de los planes de un ayuntamiento, el de Alicante, de instalar más de 50 cámaras de vigilancia en calles comerciales y colegios, como un síntoma más de la explosión de las técnicas de control y vigilancia sobre los espacios públicos. En el siguiente texto de 2000 se contextualiza esta tendencia dentro de una lógica militarista que extiende la guerra a los sistemas electrónicos y de comunicación.


La miniaturización de los equipamientos electrónicos y los avances en la producción de armamentos y equipos informáticos merced a los avances tecnológicos de los sistemas de información y conocimiento han llevado a algunos teóricos a definir la guerra de la era de la información como una guerra digital. El factor tecnocomunicativo es hoy una referencia permanente tanto en las crecientes necesidades de movilidad y actuación rápida de las fuerzas aéreas y terrestres, como en la gestión de los datos de estrategia e intervención, la ramificación descentralizada de las fuerzas de contingencia, la coordinación operativa de las diferentes divisiones del ejército y, por supuesto, el control de los sistemas de información y decisión, concentrando en el mando militar las acciones políticas, diplomáticas y civiles por mediación de las diversas formas de control de la opinión pública y de manipulación de la información de actualidad.

Como marco doctrinario de pensamiento y estrategia militar, la noción de guerra digital comprende la reelaboración global de la doctrina y los programas de investigación y desarrollo del ejército, en la consecución de los objetivos y la aplicación de los medios tecnológicos de organización y actuación militar de la fuerza del siglo XXI.

La concepción cibernética, la logística y la ingeniería armamentista basada en la computación, los sistemas de información en línea y la inteligencia artificial participan de una teoría y una práctica castrense dirigida e integrada por un modelo de análisis globalizado de la fuerza y la acción bélica del siglo XXI. La doctrina política es asimismo asimilada en el marco de una doctrina de seguridad internacional en la que el cuestionamiento del concepto de soberanía, de los límites y fronteras regionales, de los límites entre la guerra y la paz o el frente y la retaguardia orienta la acción del nuevo pensamiento estratégico del Pentágono :

«El concepto de guerra se está expandiendo, como mínimo, hacia dos direcciones. En primer lugar, ya no podemos ver la guerra simplemente como los ejércitos de una nación-estado o grupo de naciones estado combatiendo entre sí (...) La segunda manera en que se está ampliando el concepto de guerra se relaciona con el combate convencional» (1).

La noción de «desarrollo progresivo» sintetiza clarificadoramente esta concepción cualitativa más que gradual de la escalada bélica en nuestro tiempo, legitimada en los medios como nueva ideología en la conciencia bélica de la opinión pública internacional. Se trata, en fin , de un significativo cambio de una estrategia de despliegue (concepción distributiva de la guerra) a una visión proyectiva de los ejércitos y la táctica militar, siendo lógicamente la información (el espacio de los medios y tecnologías comunicacionales) el principal instrumento de intervención, y la guerra una estrategia de vencimiento por el con-vencimiento, esto es, una guerra informativa, una guerra mediática y de propaganda, que, desde el conflicto del Golfo Pérsico, viene legitimando la actuación de un discurso y una política informativa regida, como se puede observar en los documentos oficiales estadounidenses, por el principio absoluto de la seguridad pública .

En las nuevas formas de guerra, basada intensivamente en las fuentes y recursos informáticos, la victoria se dirime en la capacidad de destrucción y dominio de los sistemas de información. Las nuevas tecnologías constituyen un aporte a la esfera militar integradas en las diversas instituciones de seguridad pública, asumida por principio la intencionada confusión entre estrategias de televigilancia y operaciones bélicas. Así, por ejemplo, el espacio es definido, en la doctrina estadounidense, como un área estratégico de interés nacional en la concepción comunicativa del ejército, imbricando en la responsabilidad del control de las redes satelitales al sector privado (2). La política de uso del espacio radioeléctrico y las tecnologías de telecomunicaciones al servicio de la doctrina de seguridad nacional no es nueva. Constituye, de hecho, históricamente uno de los ejes centrales de expansión del poder internacional de los Estados Unidos en el mundo, mediante la coordinación de las redes telemáticas militares con el sector civil y comercial (Teledesic, Global Star, Orbicom, . . . ) en función de las actividades de inteligencia.

Hoy, sin embargo, a diferencia de la clásica doctrina de seguridad nacional, la extensión de la filosofía de la guerra total y permanente presupone la realización hasta sus últimas consecuencias de una cultura mediática de videovigilancia global, en la que la seguridad es consagrada en principio rector de la vida pública, en nueva disciplina de regulación y acomodamiento social de la conciencia cívica a las necesidades de orden y control político-militar por razones preventivas (3). La pedagogía militar de la guerra de la información consiste precisamente en la calculada y ambigua extensión de la lógica bélica a la vida civil y política. La política de seguridad nacional, y supranacional, se extiende hoy a todas las formas de comunicación electrónica (4). Si la construcción de sistemas de inteligencia artificial, espionaje, rastreo y teledetección satelital han venido reforzando los tradicionales sistemas de inteligencia del Estado y un estricto control de las comunicaciones electrónicas , hoy el FBI ha extendido a la red Internet y los sistemas de telefonía móvil la política de supervisión y control para responder al reto de los nuevos medios y tecnologías de la comunicación, reformulando incluso las bases del pensamiento político-militar sobre la seguridad pública y hasta la propia cultura informativa y la propia doctrina del derecho a la información que hoy circula entre los profesionales de los medios y los ciudadanos, a partir de una agresiva política de intervención en el ámbito de la comunicación pública. Programas como INFOSEC OUTREACH, creado para el diseño y evaluación de los sistemas de seguridad informativa, o la MISSI NETWORK SECURITY INITIATIVE, para el desarrollo y la coordinación de las redes modulares de seguridad en las redes de información para la Defensa de la Infraestructura Nacional de Información (NII), son algunos de los proyectos sectoriales que la National Security Agency ha puesto en marcha en Estados Unidos para la planeación de la guerra digital, bajo la supervisión de la Secretaría de Defensa para el Comando, Control, Comunicaciones e Inteligencia, dependiente del Departamento de Defensa, según un modelo panóptico de observación y control informativo. De acuerdo con Virilio :

«Desde el momento en que el mercado sólo es mundial en tiempo real y que el espacio real de la geopolítica económica declina de día en día, se hace indispensable la sobreexposición óptica para el comercio global con una puesta en marcha de la competencia de las diversas fuentes de información visuales y audiovisuales» (5).

El dispositivo mediático de televigilancia instituye así, simbólica y prácticamente, un complejo aparato de control despersonalizado, automático, invisible y totalizador en el que el sujeto es reducido a un apéndice archivado por los medios de visibilidad y transparencia del Estado. La omnivisión, como apunta Virilio, crea un sistema de vigilancia doméstica bajo la observación de la óptica global, cuya mercantilización de la mirada transforma el espacio-tiempo y la experiencia de lo público del espectador desde modelos de representación reactivos de televigilancia mundial :

«Hacer ver lo que se produce en el instante presente (telepresente) en el mundo, he aquí un mercado, un mercado de la mirada cuyo carácter panóptico de vigilancia doméstica rebasa con mucho la puesta en escena de emisiones televisadas para el gran público, tal como las conocemos desde hace más de medio siglo. Hasta el carácter transitorio de la emisión y de la recepción programadas se ve puesto en tela de juicio a favor de la posibilidad inaudita de una permanencia del directo que revoluciona el estatuto de la recepción, a una hora fija, de un mensaje de información, tal como la CNN lo hacía hace veinte años, con el éxito que se sabe» (6).

La banalización de la guerra , la redundancia terrorífica de las máquinas de muerte difundida por el sistema mediático-comercial establece de este modo las bases de un nuevo sistema de dominio, bajo la lógica militar que atraviesa y determina el conjunto de las actividades sociales en coherencia con la cultura de consumo. Así, la sofisticación tecnológica y la pregnancia de una retórica de esceneficiación militar espectacularizada, característica de los sistemas imperiales, envuelve hoy los discursos económicos, informacionales y bélicos de la aldea global en el manto seductor de la guerra de las galaxias.

Si la guerra y la paz no son hoy situaciones diferenciables u opuestas, sino componentes de un mismo proceso a escala de gestión de un orden mundial precario y acechado por nuevos conflictos internacionales, las turbulencias y desórdenes globales de una «geopolítica del caos» legitimaría como necesaria una estrategia de guerra total permanente en la que se relacione adecuadamente la aplicación de la fuerza con los resultados políticos deseados, de manera combinada, recurriendo a los medios y las técnicas de desinformación y propaganda como soportes indispensables de los ejércitos.

Desde la experiencia traumática de la fracasada intervención militar en Vietnam, el alto mando del Pentágono ha enfatizado el carácter político de toda acción bélica para favorecer un enfoque centrado en las causas fundamentales de conflicto más allá de las dimensiones militares. De hecho, la concepción de guerra prolongada en los medios procede, básicamente, de la experiencia bélica contrainsurgente. El conocimiento adquirido en este tipo de operaciones especiales ha favorecido en las últimas décadas un rol político fundamental en la doctrina estadounidense de seguridad internacional. Las formas irregulares de guerra informal y el incremento del rol desempeñado por las operaciones encubiertas han convertido incluso la estrategia de baja intensidad en un referente doctrinal básico de la actual política del Pentágono (7) que incluye desde niveles de disuasión y agresión directa, políticas y estrategias pacificadoras, hasta acciones de guerrra masiva como en el bombardeo de Yugoeslavia, a partir de una nueva correlación y equilibrio entre las accciones de fuerza y la negociación política que ya en los años cincuenta los teóricos de la comunicación estadounidenses denominaron «nueva diplomacia pública».

Diciembre de 2000

NOTAS

1.- Gordon R. Sullivan y James M. Dubik, «Cómo se librará la guerra en la Era de la Información», en Military Review, Marzo-Junio, 1995, p.35.

2.- Cfr. «Space as an Area of Vital National Interest», MLCOM 97, Hyatt Regency Hotel, Monterrey, CA, 3 de Noviembre de 1997.

3.- Como ejemplo de esta nueva filosofía de la seguridad internacional, cfr. Boutros-Ghali, An Agenda for Peace : Preventive Diplomacy. Peacemaking and Peacekeeping, Informe del Secretario General, ONU, Nueva York, 1992; Donald M. Snow, Peacekeeping. Peacemaking and Peace-Enforcement: The US Role in the New International Order, Carlisle Barracks, Pennsylvania, 1993.

4.- En Europa, por ejemplo, Enfopol establece la interceptación de las telecomunicaciones privadas en virtud de las políticas de vigilancia, control y prevención de las amenazas que las autoridades públicas identifican entre los grupos desestabilizadores, subversivos o simplemente disidentes. Echelon constituye, en este sentido, el precedente de creación de un nuevo estado global de vigilancia planetaria bajo control de los servicios de inteligencia militar estadounidense.

5.- Paul Virilio, «La proliferación televisual», en Le Monde Diplomatique, Marzo, 1998, p.23.

6.- Ibíd. , p.23.

7.- Cfr. «Manual de Operaciones Militares en el Conflicto de Baja Intensidad», Manual de Campaña del Ejército FM 100-20.

BIBLIOGRAFIA

BROWN, Fredric J. : The U.S. Army in transition II, Brassey’s Inc. , Nueva York, 1993.

CRAIG, Gordon A. y GEORGE, Alexander L. : Force and Statedraft : Diplomatic Problems of Our Time, Oxford University Press, Nueva York, 1990.

KEEGAN, John : A History if Warfare, Afred A. Knopf, Nueva York, 1993.

LUTTWAK, Edward N. : Strategy. The Logic of War and Peace, Masschussets Balknap, Cambridge, 1987.

O’NEILL, Bard : Insurgency and Terrorism. Inside Modern Revolutionary Warfare, Brassay’s, Washington D.C., 1990.

ROMM, Joseph J. : Defining National Security : The Nonmilitary Aspects, Council on Foreign Relations Press, Nueva York, 1993.

SCHULZ, Donald E. Y MARCELLA, Gabriel : Reconciling the irreconciliable : The troubled outlook for US Policy Toward Haití, Strategic Studies Institute, Carlisle Barracks (PA), 1994.

SIERRA, Francisco (Coord.) : Comunicación e Insurgencia. La información y la propaganda en la guerra de Chiapas, Iru, Gipuzkoa, 1997.

SULLIVAN, Gordon y DUBIK, James : Land Warfare in the 21 st. Century, Instituto de Estudios Estratégicos, Carlisle Barracks (PA), 1993.

VAN CREVELD, Martin : Command in War, Harvard University Press, Cambridge, 1985.

VAN CREVELD, Martin : The transformation of War, The Free Press, Nueva York, 1991.


* Francisco Sierra es profesor de Teoría de la Información. Departamento de Periodismo. Universidad de Sevilla. Autor, entre otras publicaciones, de «Elementos de Teoría de la Información» (MAD, Sevilla, 1999) y «Comunicación e Insurgencia. La información y la propaganda en la guerra de Chiapas» (Hiru Argitaletxe, Gipuzkoa, 1997). En la actualidad, imparte en el Programa Hispalense de Doctorado en Periodismo el seminario «Información y Propaganda de Guerra» (1998-2000).

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