En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
Secciones
> Informativa
  Movimiento 15M
> Campañas
  Objeción Fiscal al Gasto Militar
  Desobedece a las guerras
  Contra la I+D Militar
  Comercio y producción de armas
  Juguete bélico
  Feminismo y antimilitarismo
  Locales
  Varios
  Banca
  Educación para la paz
  La guerra empieza aquí. Parémosla desde aquí
  Recortar lo militar
  Contrarreclutamiento
> Observatorio de conflictos
  Iraq
  Palestina
  Colombia
  EEUU
  Guerra y mujeres
  Infancia y guerra
  Varios
  Afganistán
  Libia
  Costa de Marfil
  Siria
  Mali
  Sáhara Occidental
  Ucrania
  Turquía
> Documental
  Talleres
  Historia del antimilitarismo
  Noviolencia
  Objeción de conciencia
  Recursos gráficos
  Recursos multimedia
  Teoría política
  Represión
  Medio Ambiente
  Mujeres y antimilitarismo
  Anticapitalismo
  Instituciones militares
  Varios
  Intervencionismo humanitario y misiones de paz
> Cajón de sastre
  Humor
  Creación
  Comentarios gráficos
  Contactos
  Varios
> Solidaridad entre los pueblos

Rusia, la UE y los demás

Carlos Taibo

Sección:Varios
Domingo 21 de enero de 2007 0 comentario(s) 2054 visita(s)

Tomado de Infomoc

CARLOS TAIBO /PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA EN LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID Y COLABORADOR DE BAKEAZ
Mucho se ha discutido en nuestros medios de comunicación si del lado de la Unión Europea corresponde asumir una actitud más severa con respecto a Rusia. Nuestros gobernantes, duchos en prosaicas operaciones de pesas y medidas, parecen tenerlo razonablemente claro: si en un plato de la balanza están los derechos humanos en aquel país -y en su caso un
genocidio en Chechenia-, en el otro se ha aposentado el designio de mantener una relación fluida con una potencia que es, además, un abastecedor fundamental de materias primas energéticas. Salta a la vista cuál de esos dos platos pesa más.

No deja de sorprender que en escenario tan sombríomenudeen, sin embargo, las admoniciones de quienes reclaman que se moderen las críticas a Rusia, toda vez que -se nos dice- éstas podrían poner en un
brete la candidatura de Moscú como contrapeso frente a la hegemonía
norteamericana. La cosa tiene su gracia: mientras, por un lado, se
ignora que el acallamiento de las críticas es ya la conducta habitual de
nuestros gobernantes, por el otro se esquiva que Putin no representa
nada sustancialmente distinto de esa sórdida combinación de intereses
económicos privados, ultramontanismo, prepotencia y terror de Estado que
abraza el presidente Bush.

Claro que, y ya que hablamos de Bush, lo suyo es que pongamos el dedo en
otra de las llagas de la UE. Aceptemos de buen grado que, si la Unión
otorga algún crédito a los principios que enuncia, está obligada a
preguntarse por la situación, penosa, de los derechos humanos en Rusia
y, más aún, por lo que ocurre en ese agujero negro llamado Chechenia; de
hacerlo, Putin debería dejar de recibir las cariñosas palmadas que le
siguen propinando nuestros dirigentes. Hay que tener el coraje de
avanzar, con todo, las mismas inquietudes en relación con el presidente
norteamericano del momento: si es legítimo reclamar medidas firmes para
garantizar que los derechos son respetados en Rusia, obligado resulta
preguntarse por qué nadie se aviene a plantear exigencias parejas a un
gobierno, el de Estados Unidos, embarcado en crímenes de guerra y
crímenes contra la humanidad en Afganistán y en Irak, entregado en
Palestina a la defensa de un genocidio más, muñidor de tramadas
estrategias de interesada desestabilización e irrefrenada rapiña en todo
el planeta, empeñado en sortear el protocolo de Kioto y la justicia
penal internacional, y encaprichado en preservar, en suma, un tétrico
limbo legal en Guantánamo. Por lo que parece, y sin embargo, ni uno solo
de los responsables de la UE ha planteado en público cautelas mayores al
respecto.

Bien es verdad que los ejemplos de doble moral abundan en la política
exterior de la Unión. Meses atrás, Bruselas prohibió la entrada en
territorio de la UE al presidente bielorruso Lukashenko, cuyos pecados
son conocidos: manipular elecciones y reprimir, llegado el caso con
saña, a una maltrecha oposición. Bien está que la Unión se tome estas
cosas en serio, pero preferible sería que alguno de sus trajeados
portavoces explicase por qué no se aplican medidas similares a los
gobernantes saudíes y chinos. Al lector avezado no se le escapa la
razón: mientras Bielorrusia no pinta nada en el desconcierto
internacional, Arabia Saudí es uno de nuestros principales
suministradores de petróleo, en tanto China se ha convertido en
proceloso socio comercial. ¿Alguien piensa en serio que la Bielorrusia
de Lukashenko es menos democrática que la Arabia de los emires o que la
China de la práctica cotidiana de la pena de muerte?

Tampoco está de más que tiremos de un hilo que antes se nos presentó: el
de Palestina y su entorno. ¿Cómo es posible que se sugiera que el
despliegue de soldados de la UE en Líbano configura una oportunidad de
oro para demostrar que aquélla es una potencia internacional de primer
orden cuando Bruselas fue incapaz de parar los pies, en el verano, a esa
eficacísima maquinaria de terror que es el ejército de Israel? ¿Cómo
puede ser que, tras reclamar la liberación de los dos soldados israelíes
secuestrados, se guarde silencio sobre el más de un millar de civiles
asesinados por el Tsahal en Líbano? Semanas atrás, con ocasión de un
acto público, un representante del Ministerio de Asuntos Exteriores
español recordó, con tino, que para revisar el trato comercial de
privilegio con que la Unión obsequia a Israel es menester que todos los
miembros de aquélla muestren su acuerdo. Me vi obligado a replicar que
el problema, por desgracia, no estribaba en que algún socio díscolo se
inclinase por vetar tal revisión, sino, antes bien, en el hecho de que
no consta que ninguno de los integrantes de la UE se declare partidario
de cancelar los privilegios. Y es que en momento alguno la UE ha tomado
cartas, en serio, en el asunto de exigir de los gobernantes israelíes
que ajusten su comportamiento, o se atengan a las consecuencias, al
respeto escrupuloso de las normas internacionales de derechos humanos.
Ojo que no se trata de que la Unión no sepa cancelar privilegios
comerciales. Lo ha hecho en repetidas oportunidades, y con premiosa
energía, en el caso de países pobres que exhibían un gravísimo pecado:
el de no dar puntillosa satisfacción de un draconiano programa de ajuste
del Fondo Monetario...

La UE es más consecuente de lo que parece, sin embargo, en su defensa de
la arrogancia que despide, y las exclusiones que alienta, el mundo
occidental. Aunque tantas gentes biempensantes prefieran ignorarlo,
cuando la Organización Mundial del Comercio, esa filantrópica
institución, se reunió en Cancún y en Hong Kong, de manera llamativa la
Unión cerró filas con Estados Unidos ante las demandas, no precisamente
radicales, que llegaban de un puñado de países del Sur. Por mucho que
presumamos de nuestro idílico modelo de capitalismo social, bien
haríamos en preguntarnos si esa competencia desleal que tantos atribuyen
a la China de estas horas no la mueven en la trastienda muchos de
nuestros empresarios que, en ese lejano país, poco más buscan que la
explotación descarnada de una mano de obra barata. Ésa es, también, la
Unión Europea de principios del siglo XXI.

Comenta este artículo   Volver arriba

Nota: los comentarios ofensivos podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación

   
Volver a la página Principal
Ver comentarios
Spip Sitio desarrollado con SPIP v1.9.2 , un programa Open Source escrito en PHP bajo licencia GNU/GPL.
Licencia de Creative Commons Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons, mientras no se indique otra cosa.