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McEjércitos: Cinco debates sobre la globalización de la guerra

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Sección:Instituciones militares
Jueves 22 de febrero de 2007 1 comentario(s) 4009 visita(s)

Segunda parte de los textos para el debate sobre las actuales transformaciones de la maquinaria militar y nuestras posibilidades de resistencia elaborado por el Forum voor Vredesactie. Cinco textos cortos y directos que abordan las cuestiones cruciales de los ejércitos intervencionistas actuales: la expansión planetaria de la OTAN y otras organizaciones armadas, las verdaderas razones de las intervenciones humanitarias y la reducción al absurdo de sus posibilidades de ser eficaces, la "guerra contra el terrorismo" como "fábrica de terroristas" más bien, o nuestra implicación, queramos o no, en la maquinaria de guerra... Unos debates a los que invitamos a todo el mundo, especialmente a nuestros visitantes más uniformados (cerebral o textilmente).

Primera parte: ¿Qué es la globalización de la guerra?


- Debate 1: Una alianza militar mundial. ¿Qué pasa con los que no son parte de ella?

- Debate 2: La opción militar depende menos de las violaciones de los derechos humanos que de la defensa de los propios intereses.

- Debate 3: Las verdaderas intervenciones militares humanitarias cuestan un ojo la cara.

- Debate 4: No se habla con los terroristas.

- Debate 5: La guerra se subcontrata. Vuestro trabajo también puede contribuir a la guerra.




Debate 1: Una alianza militar mundial. ¿Qué pasa con los que no son parte de ella?

Los responsables de todo tipo afirman que nuestra seguridad esta influenciada a nivel mundial y que tenemos entonces que volvernos un actor militar de nivel mundial. Los Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea, todos tienen planes para la creación de una alianza militar mundial. Pero, ¿cuáles son las implicaciones de dicha alianza para los que no son parte de ella y representan entonces potencialmente un “problema de seguridad”? ¿Qué consecuencias tiene el hecho de no encontrarse en el bando adecuado? Esos países estarán enfrontados a una alianza militar mundial que puede considerarlos como un “problema de seguridad”. Y querrán defenderse. Resultado: se potencia la carrera al armamento y la militarización de las relaciones internacionales. Afirmar que la “amenaza se extiende a escala mundial” podría revelarse más bien como una profecía

La OTAN como “Naciones Unidas de los voluntarios”?

El 11 de septiembre de 2001, los Estados Unidos perdieron su confianza en la utilidad de la OTAN. Formaron la ‘coalición de voluntarios’ y tomaron la decisión unilateral de atacar y ocupar Irak. A pesar de todo descubrieron después los límites de esta visión: La guerra cuesta montañas de dólares, el ejército estadounidense está sobrecargado y los EEUU son objeto de cierto aislamiento a nivel internacional. El segundo mandato del presidente Bush está entonces marcado por el sello de la colaboración. Victoria Noland, embajadora americana para la OTAN ha declarado que la lección a sacar de la aventura irakí es que la OTAN es el lugar donde todos los problemas ligados a nuestra seguridad futura deben ser discutidos. Como ejemplos cita Oriente medio, Irak, Irán pero también China y Corea del Norte.

Hasta ahora existe una única organización mundial de seguridad colectiva, Naciones Unidas, que trata los problemas en el ámbito del Consejo de Seguridad. Si los problemas de seguridad son objeto de un consenso dentro de una ‘OTAN mundial’, la discusión dentro del Consejo de Seguridad se reducirá a un ejercicio sobre la forma, consistiendo únicamente en legitimar una decisión o una operación de la OTAN. O si Rusia o China hacen resistencia, la tentación será grande para que la OTAN intervenga de forma unilateral. En la práctica la OTAN se volvería entonces LA gran organización mundial de seguridad colectiva, dotada de un brazo militar y excluyendo las principales fuentes potenciales de oposición política. ¿Qué reacción tendrán los países que no pertenecen a este club de ‘voluntarios’ o ‘elegidos’? Serán confrontados con una alianza militar mundial que puede definirlos como un problema de seguridad y querrán tener capacidad para defenderse.

Bonitas palabras y objetivos militares

Aquí vienen unos extractos de la estrategia europea de seguridad aprobada en 2003: “En los tiempos de la globalización las amenazas lejanas pueden ser tan preocupantes como las cercanas. Las actividades nucleares en Corea del Norte, los riesgos nucleares en Asia del Sur y la proliferación en Oriente Medio, son todas fuentes de inquietud para Europa”. “Como unión de 25 estados, con una población que sobrepasa los 450 millones de personas y una producción que representa una cuarta parte del producto mundial bruto (PMB), la Unión Europea constituye de forma inevitable, un actor mundial. Europa debe estar preparada para asumir su parte de responsabilidad en la seguridad internacional y en la construcción de un mundo mejor.”

A pesar de estas bonitas palabras, los desarrollos militares en EU y Europa están siendo observados con una profunda desconfianza por parte de otros países que temen ser considerados posibles blancos. Para ellos esas buenas intenciones y los consecutivos planes de intervención militar resuenan como una amenaza. Los intentos de Corea del Norte y quizá de Irán de desarrollar armas nucleares, son una clara consecuencia de esta situación.

Rusia y China

Rusia y China consideran este intervencionismo como una amenaza. Los dos países, que habían protestado firmemente contra la guerra de Kosovo y la invasión de Irak, dieron cierto crédito a EEUU en Afganistán después de los atentados del 11 de septiembre. Pero, hoy en día, intentan contrarrestar la influencia creciente de EEUU en Asia central.

Rusia intenta compensar su debilidad militar desarrollando nuevos misiles intercontinentales y mantener competitivos sus submarinos nucleares, pero esta siendo cuestionada en sus actividades por la guerra de Chechenia.

China tampoco está ausente. En el pasado la defensa de China descansaba principalmente en un enorme ejército de tierra, el papel de la fuerza aérea y de la marina estaban limitados. El país pertenecía al club de los poseedores de armas nucleares, pero ahora su arsenal nuclear está a un nivel relativamente limitado. Hoy en día China intenta mejorar su capacidad militar a nivel tecnológico e invertir masivamente en programas espaciales.

Nuevo: La carrera de armamento asimétrica

A un nivel diplomático esta desconfianza se concreta dentro de los organismos de Naciones Unidas. Un gran número de países ha mostrado su rechazo a la guerra de EEUU y RU contra Irak. Numerosos países insisten también en la importancia de proseguir el desarme nuclear de los países poseedores de armas nucleares. A nivel regional esta desconfianza se expresa por ejemplo en Latinoamérica, donde numerosos países intentan reducir la influencia militar y económica de los EEUU. Esta evolución implica una militarización de las relaciones internacionales y un aumento del gasto militar en particular en los Estados Unidos. Según el SIPRI, un instituto de investigación por la paz sueco, los EEUU son responsables de la mitad del gasto militar a escala mundial. China un 4% y Rusia un 2%. El gasto militar aumenta también en otras partes del mundo, pero ningún país puede competir con EEUU. La carrera armamentística, fruto de este nuevo intervensionismo, es entonces asimétrica.




Debate 2: La opción militar depende menos de las violaciones de los derechos humanos que de la defensa de los propios intereses

El derecho internacional prohíbe el uso de la violencia para resolver los conflictos. Según la carta de Naciones Unidas, sólo hay dos excepciones a la regla: en caso de legítima defensa (cuando un estado es víctima de una ataque militar por otro), o después de una autorización explícita del Consejo de Seguridad. El consejo de seguridad tiene la competencia de recurrir a la violencia (o autorizar a otros estados a recurrir a ella), cuando constata una amenaza para la paz o un acto de agresión. En todos los otros casos, el uso dela violencia está injustificado y es entonces ilegal.
Desafortunadamente esa norma funciona solamente en el papel. Naciones Unidas fue creada para alcanzar relaciones internacionales equilibradas, pero las grandes potencias militares abusan de ese sistema, haciendo aprobar sus intervenciones militares por la ONU cuando necesitan un tinte multilateral

Intervenciones militares humanitarias

Presencia de armas de destrucción masiva, autodefensa contra la amenaza terrorista, democratización del pueblo irakí”. Argumentos utilizados por EEUU y sus aliados para atacar Irak en el 2003. Todo el mundo sabe desde entonces que esos argumentos estaban muy alejados de la verdad. La defensa de los intereses estadounidenses, la protección y la conquista de las reservas petrolíferas, de nuevos mercados para las empresas estadounidenses, de ubicación en una región estratégica... son las razones que empujaron a esta guerra. Los verdaderos motivos que explican las operaciones militares son, muy a menudo, totalmente diferentes de los que se comunican.

Y ese razonamiento no es únicamente válido para EEUU. A ese nivel, la política exterior carece igualmente de credibilidad. En 1994, Francia lanzó la “operación turquesa”, una “operación militar humanitaria” destinada a terminar con el genocidio en Rwanda, pero en la práctica ha mostrado unas motivaciones totalmente diferentes. El ejército francés intervino para defender a sus aliados políticos, el gobierno hutu que apoyaba activamente desde hacía años, y para impedir de esta manera que Francia perdiera su influencia económica y política en la esfera de influencia francesa en África frente a Uganda, país anglófono. En semejantes juegos de poder, los objetivos humanitarios son excusas y sirven de legitimación.

El ejemplo de Costa de Marfil

El 19 de septiembre de 2002, en Costa de Marfil, país de África del Oeste, un motín se transforma en guerra civil con la ocupación del norte, centro y oeste del país por parte de “tropas rebeldes”. Francia, que dispone de centenares de soldados en el país en el marco de un acuerdo de defensa, interviene inmediatamente. Manda 4000 soldados más para realizar una misión humanitaria: la evacuación de miles de occidentales. Pero cuando las operaciones de evacuación terminan, los militares franceses se quedan en el país. La intervención militar ya es un hecho consumado cuando Francia obtiene la aprobación de Naciones Unidas y de la Comunidad Económica de Estados Africanos Occidentales (CEDEAO). Sobre el terreno los franceses toman partido por las tropas gubernamentales del presidente Gbagbo, un “fiel aliado”, y las ayuda a parar el avance de las tropas rebeldes.

Francia ya había perdido bastante influencia política en la región. La perdida de un país suplementario podría haber constituido un perjuicio a sus intereses en África Occidental. Varias empresas francesas poseen monopolio absoluto en sectores de la economía de Costa de Marfil: teléfono, luz eléctrica, gas natural... Bouygues, la constructora más importante de Francia consiguió contratos exclusivos para la construcción de un nuevo puerto en Abidjan y de un nuevo aeropuerto en San Pedro. Esos intereses económicos estaban amenazados por el avance de los rebeldes.

Más allá de los incidentes con los rebeldes, los franceses son hoy en día el blanco de las tropas gubernamentales y de los partidarios del presidente Gbagbo quien no acepta la implicación francesa. Los franceses no saben como retirarse de una situación que ya no controlan. Costa de Marfil podría bien convertirse en el “Irak de Francia”.

Naciones Unidas manipuladas

La ONU está siendo utilizada para legitimar, si es necesario a posteriori, operaciones militares llevadas a cabo de cualquier manera.

En numerosos casos de intervenciones francesas en África, la luz verde de Naciones Unidas fue otorgado después del lanzamiento de las operaciones militares. En 1994, las tropas francesas ya estaban desplegadas en la frontera de Rwanda antes de que Francia fuese autorizada por el Consejo de Seguridad a llevar a cabo una “intervención humanitaria”. En 2002, tropas francesas intervinieron en Costa de Marfil después de combates entre rebeldes y tropas gubernamentales (Operation Licorne). Fue a posteriori cuando Francia recibió la aprobación de Naciones Unidas.

Incluso en ausencia de aprobación de Naciones Unidas, como es el caso de la invasión estadounidense en Irak o la intervención de la OTAN en Kosovo, las intervenciones militares se realizan. De esa manera, Naciones Unidas pierde su legitimidad y se vuelve el juguete de las grandes potencias que utilizan la ONU cuando la consideran útil para la defensa de sus intereses y la menosprecian en el resto de casos.

Un último elemento de peso

Una última reflexión para concluir: ¿cuál es la credibilidad de las intervenciones “humanitarias” si los países que los llevan a cabo exportan a gran escala y al mismo tiempo armas hacia los países donde se cometen violaciones graves de los Derechos Humanos?




Debate 3: Las verdaderas intervenciones militares humanitarias cuestan un ojo la cara

Las guerras civiles y los conflictos regionales provocan inmensos sufrimientos humanos. Al ver las masacres de civiles, el flujo de refugiados... muy a menudo aparece el llamamiento a “hacer algo”. Y como ninguna opción permite aportar soluciones rápidas, algunas voces exigen una intervención militar con objetivo humanitario, sin preguntarse si esas intervenciones militares solucionan realmente algo.

La paz como objetivo

La “paz” es un objetivo que puede cubrir toda una serie de realidades. De manera general, conviene distinguir dos significados. Por una parte, el fin de la violencia y las formas violentas del conflicto. Por otra parte, el desarrollo de una paz duradera y justa. En el segundo caso la paz se consigue después de que las causas de los conflictos estén resueltas. Nadie sostiene la ilusión de que una intervención militar pueda llevar a la paz en este segundo significado. El objetivo de una intervención militar es crear una paz en el contexto del primer significado: el final de la forma violenta del conflicto.

Queda la idea de que una intervención militar debe crear el espacio para trabajar hacia la paz en el sentido amplio de la palabra. El conflicto debe recibir una solución política. La solución militar no sirve más que a crear la posibilidad de una solución política. Una intervención, y cualquier forma de intromisión en un conflicto, debe tener como objetivo ampliar el campo político. Pero entonces podemos preguntarnos: ¿puede una intervención militar ayudar a crear las condiciones de un proceso de paz o, al contrario, contribuye a crear más obstáculos?

Una intervención militar acentúa las oposiciones en un conflicto

En caso de intervención militar, la importancia de los grupos armados implicados en el conflicto aumenta. Una intervención refuerza las oposiciones en el conflicto y reduce el margen de maniobra en vista a una solución política. Interviniendo militarmente, nos volvemos parte del conflicto y éste se convierte o en una guerra abierta o en una lucha de guerrilla.

De esa manera, una intervención puede eventualmente desembocar hacia una victoria militar, pero implica una polarización del conflicto y aleja más que antes la posibilidad de una solución política. Si la posibilidad de un verdadero proceso de paz no se da en el presente, estamos ante la opción de una presencia militar a largo plazo, hasta varias décadas, o la vuelta al conflicto inicial después de la retirada de las tropas. Imponer la paz contra la voluntad de una o varias partes implicadas en un conflicto es una maniobra de doble filo. ¿Es posible mediante una intervención militar? Desde los fracasos de los años 90, Naciones Unidas hace un repaso sin presentar el menor éxito.

En la práctica, la cuestión del proceso de paz está muy a menudo planteada después de una intervención militar, con la justificación de que violaciones graves de los Derechos Humanos exigían una intervención rápida. Pero, ¿esas situaciones de urgencia no serían muy a menudo el resultado de una escalada mucho más lenta de un conflicto que existe desde hace mucho más tiempo?

Una intervención militar humanitaria: ¿con cuántos soldados?

Imponer la paz bajo intervención dentro de una guerra civil no es ninguna bicoca. Para poner término a las hostilidades hay que ocupar un territorio, lo que exige el despliegue de tropas. Determinar la cantidad de tropas necesarias para una operación militar no es una ciencia exacta. La literatura militar solamente aporta unas indicaciones en la materia. En el caso de la lucha antiguerrilla, el objetivo es el control de la población, la cantidad de tropas depende entonces del número de habitantes. Ese tipo de operaciones requiere más tropas que los combates contra un ejército regular donde el acento esta basado en la potencia de fuego. Los Estados Unidos se dieron cuenta de ello en Irak: acabar con el régimen de Saddam Hussein se reveló más fácil que el control de la población iraquí.

En el pasado, las ocupaciones militare implicaron tropas a altura de 2 a 20 soldados por 1000 habitantes. En Irlanda del Norte y durante las revueltas en Malasia en los años 50, los británicos emplearon 20 soldados por 1000 habitantes. En el Punjab, India utiliza 5,7 soldados por 1000 y Estados Unidos 6,6 por 10000 en Republica Dominicana en 1965.

Esas cifras nos permiten sacar una conclusión importante: una intervención militar capaz de poner fin a hostilidades no es posible sino en pequeños países o pequeños territorios. Para territorios más grandes, no hay tropas disponibles, la ratio de soldados no puede mantenerse a largo plazo o la ocupación conlleva problemas logísticos enormes.

Congo cuenta con 55 millones de habitantes. Una ratio de 3 soldados por 1000 habitantes significa 165000 soldados. Vista la situación en el terreno, esta cifra es insuficiente. Una ratio de 6 por 1000 significa 330000 soldados, un ratio de 20 por 1000 significaría 1.100.000 soldados. Incluso tomando en cuenta que los problemas se plantean esencialmente al Este de Congo y disminuyendo entonces la cifra a la mitad nos quedamos con un número enorme de tropas que en práctica no están disponibles. Y el Congo no es más que un “punto caliente” del planeta en medio de muchos más. Tomando en cuenta la rotación de las tropas, una política de intervenciones por razones humanitarias a escala mundial necesitaría millones y millones de soldados. Soldados que no están disponibles. Irak cuenta con 25 millones de habitantes y está siendo ocupado por una fuerza militar que oscila entre 100.000 y 150.000 soldados, una ratio de 4 a 6 soldados por cada 1000 habitantes. En la práctica ese nivel se revela demasiado bajo para mantener el país bajo control al mismo tiempo que le resulta difícil a Estados Unidos mantener ese contingente de soldados.

¿Cómo transportar estos soldados?

Disponer de tal cantidad de tropas es una cosa, llevarla al escenario de las operaciones es otra cosa. Se trata de una intervención rápida, tenemos que mirar las posibilidades de transporte aéreo estratégico. En la práctica, solamente Estados Unidos dispone de bastantes aviones de transporte para transportar rápidamente y en gran cantidad material. Entre otros factores, contamos la velocidad con la que las tropas pueden prepararse para el combate, la sobrecarga de los corredores aéreos, la capacidad de los campos de aviación en la zona de intervención y el abastecimiento de combustible en esa zona. Esos 4 elementos conllevan importantes limitaciones, incluso si el número de aviones es suficiente. Un despliegue de tropas limitado puede en el mejor caso crear una zona de seguridad en la que la población civil puede refugiarse. Elegir esa opción equivale a crear un campo de refugiados protegido por militares. ¿El cómo esa situación puede permitir avanzar hacia una paz verdadera es una cuestión que hoy se plantea?

950 billones de dólares para defensa, 60 billones para la ayuda al desarrollo

Resolver los problemas humanitarios llevando a cabo políticas de intervenciones militares a escala mundial revela ser en la práctica una opción política vacía de sentido.

El dinero necesario para la creación de una tal capacidad de intervención mundial puede ser utilizada de forma más eficaz. En 2003 el gasto militar ascendía a 950 billones de dólares, 400 billones gastados solamente por Estados Unidos. Como comparación, el presupuesto a escala mundial para la ayuda al desarrollo fue de 60 billones de dólares.

Si el desarrollo de una capacidad de intervención a escala mundial tiene realmente objetivos humanitarios, podemos legítimamente preguntarnos si se trata de una buena inversión. Generalizar una política de intervenciones humanitarias equivaldría a generalizar una política que no funciona.




Debate 4: No se habla con los terroristas

Desde el 11 de septiembre de 2001, la lucha antiterrorista predomina en el debate sobre la seguridad y sirve de catalizador para la globalización militar. Los terroristas están en una “guerra contra la humanidad” motivada por el odio irracional contra occidente. La única reacción posible es la acción militar: la guerra mundial contra el terrorismo es una tarea histórica, casi una misión divina. Nuestra libertad y la democracia están en juego... esto es lo que escuchamos. Precisamente porque el conflicto se reduce a una simple cuestión de bien contra el mal - “los que no están con nosotros están contra nosotros” - cualquier planteamiento no militar es considerado ingenuo. Hablar con fundamentalistas, imposible...

El fundamentalismo musulmán: una nueva forma de anticolonialismo

Un mismo sentimiento de molestia, crisis, amenaza, une a los musulmanes del mundo entero. El terrorismo se desarrolla dentro de un caldo de marginalización cuando grupos de individuos están siendo colocados fuera de juego, cuando no se les toma en cuenta, cuando ningún canal les ofrece perspectivas de avanzar”, afirma Rik Coolsaet, director del Instituto Real de las Relaciones Internacionales. En Oriente Próximo y para numerosos inmigrantes musulmanes en Occidente existe el sentimiento de que el Islam está amenazado, que Occidente humilla a los musulmanes desde hace años y que la guerra contra el terrorismo es en realidad una guerra contra el mundo musulmán.

Después de la colonización por parte de las grandes democracias liberales francesas y británicas, las potencias occidentales manipularon y montaron los unos contra los otros los regímenes en Oriente Próximo. Estados Unidos apoyó regímenes dictatoriales para proteger sus intereses petrolíferos y estratégicos, como Saddam Hussein en su guerra contra Irán. Con la ayuda de Gran Bretaña fomentaron la dictadura del Shah en Irán cuando el gobierno del primer ministro Mossadegh empezó a amenazar los intereses petrolíferos británicos.

Esos regímenes autoritarios postcoloniales trajeron un gran perjuicio al mundo árabe: paro, pobreza, represión... Ese vacío fue rellenado por un discurso religioso. Describir ese discurso únicamente como una forma irracional de creencia es muestra de una visión muy limitada. Más allá de una corriente religiosa, se trata de un reflejo social y político. Con el califato como objetivo político y una unificación de la autoridad política en el mundo musulmán con el Islam como base moral e hilo conductor, el islamismo posee una visión clara y ofrece una nueva dimensión al nacionalismo y al anticolonialismo. Por medio del terrorismo, el islamismo transfiere su lucha de liberación de Occidente.

Lucha contra el terrorismo versus militarización

Todo tipo de intervenciones militares están siendo legitimadas bajo el termino “guerra contra el terrorismo”. Para la OTAN, se trata por ejemplo de la primera intervención militar fuera de Europa: la asistencia a EEUU en Afganistán. Con “la guerra contra el terrorismo”, la OTAN ha descubierto una nueva razón de existir, una solución a la crisis de identidad que conoce desde el fin de la guerra fría.

La Unión Europea quiere más bien métodos policiales y judiciales para la amenaza terrorista: la “orden de arresto europea” y el intercambio de información mejor coordinado entre los servicios de inteligencia son algunos ejemplos. Pero la Unión Europea también militariza poco a poco su política: el proyecto de constitución europea prevé explícitamente el uso de medios militares para luchar contra el terrorismo.

Libertad versus seguridad

Hace 3 años, Human Rights Watch describió la tendencia sistemática e inquietante de violaciones de los Derechos Humanos en el marco de campañas antiterroristas llevadas a cabo en países del mundo entero. La lista es interminable. Los defensores de las libertades occidentales votan leyes que vacían los derechos civiles de su contenido. La misma tendencia se observa en Bélgica. “Los derechos y libertades para los cuales Europa luchó centímetro tras centímetro están hoy en día desmantelados a gran escala”, afirma Jo Stevens, presidente de la Orden de Abogados flamencos. “Los fundamentalistas de la prevención y de la represión amenazan mucho más nuestro estado de derecho que los fundamentalistas religiosos”. El equilibrio entre libertad y seguridad oscila cada vez menos a favor de la libertad. Pero ¿nos sentimos más seguros que antes?

La guerra contra el terrorismo: una política que no funciona

La lucha contra el terrorismo fracasó en el punto más fundamental: el reclutamiento de voluntarios para la jihad (guerra santa). Incluso los expertos del sector europeo de defensa están de acuerdo en el hecho de que la invasión y la ocupación de Irak no hicieron más que echar leña al fuego. Este argumento no es solamente válido para Irak sino para cualquier ofensiva militar a gran escala en el ámbito de la guerra contra el terrorismo. Las intervenciones militares no hacen más que mantener ese tipo de luchas. Poner un término a esas intervenciones y lanzar el diálogo político representa una opción mejor. Incluso si resulta difícil hablar con Bin Laden y sus semejantes, no podemos negar que sus mensajes políticos encuentran un amplio eco en el mundo musulmán. Esas preocupaciones tienen que ser tomadas en serio y ser el objeto de un diálogo político con un amplio panel de actores. Una respuesta militar seguirá produciendo nuevos Bin Laden.




Debate 5: La guerra se subcontrata. Vuestro trabajo también puede contribuir a la guerra

Antes de la supresión del servicio militar obligatorio, casi cada familia belga estaba frente al hecho de que los jóvenes de más de 18 años debían pasar cierto número de meses bajo las banderas. La sociedad estaba implicada en el ejército y en las operaciones militares porque debía proporcionar los reclutados. Desde la supresión del servicio militar, parece que la población no participa más de ninguna manera en el aparato militar. Sin embargo, la guerra contra Irak nos enseñó lo contrario.

En 2003, los trabajadores de los ferrocarriles, de DHL o del puerto de Amberes fueron de pronto confrontados con el hecho de que su trabajo cotidiano podía contribuir a los preparativos de guerra estadounidenses contra Irak. De la misma manera que funcionan las empresas modernas, la guerra está hoy en día bajo subcontratas. Hoy en día no es fácil saber si estamos implicados. La profesionalización del ejército ha tenido como consecuencia la privatización y la subcontratación de numerosas tareas realizadas en el pasado por los militares. La implicación de la población en las guerras se realiza ahora bajo la integración en la economía.

La guerra, una actividad rentable

Incluso si Bélgica se ha pronunciado oficialmente contra la guerra a Irak, nuestro país y sus empresas ganaron en ella mucho dinero. Los estrategas estadounidenses no esconden el hecho de que el puerto de Amberes juega un papel decisivo en las actividades militares en el Golfo. En 2003, el ejército estadounidense tuvo un gasto de más de 12 millones de dólares con el operador portuario Hesse Noordnatie. Hay que compara esta cifra con el menos de 1 millón de dólares gastado en el año 2001. Los ferrocarriles belgas tampoco pusieron a disposición sus equipamientos de forma gratuita. DHL transporta la totalidad del correo para el ejército estadounidense en Irak y Afganistán. El sector petroquímico de Amberes juega también un papel importante en el aparato de guerra. Una gran parte del carburante para los aviones es transportado hacia Amberes a través de los oleoductos de la OTAN. Sin ese carburante ningún soldado estadounidense con base en Alemania puede trasladarse al Golfo. La base norteamericana de Ramstein (Alemania) no puede funcionar y ningún avión cargado de armamento nuclear en el marco de la OTAN puede despegar. El mismo razonamiento se aplica a los aviones de repuesto americanos que llenan sus depósitos en el aeropuerto de Ostende antes de llegar al Golfo. Las petroempresas Totalfina, Esso, Petroplus y BRC facilitan el keroseno por medio de sus redes de oleoductos.

Si trabajáis para los ferrocarriles, puertos, la marina mercante, en un aeropuerto o en el sector del transporte aéreo, podéis de pronto estar enfrentados al hecho de que vuestro trabajo contribuye a la guerra. Si trabajáis en la petroquímica o uno u otro de los sectores de alta tecnología podéis llegar a la misma conclusión. Antes podíamos negarnos a realizar el servicio militar en calidad de objetor de conciencia: un simple trabajador no goza del mismo derecho.

Textos originales:
http://www.vredesactie.be/mcmilitary_fr/


Info relacionada:

- McEjércitos: ¿Qué es la globalización de la guerra?

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- McMilitary - Vredeactie

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