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Denuncia amarga de la doble moral

Mario Gas estrena ’Homebody/Kabul’, de Tony Kushner, azote de los conservadores

Sección:Informativa
Martes 27 de febrero de 2007 0 comentario(s) 1280 visita(s)

El País

George W. Bush es un «plutócrata irresponsable manchado de sangre» y Ariel Sharon un «criminal de guerra no encausado».

Sólo el dramaturgo norteamericano Tony Kushner se atreve a decirlo con todas las letras. Su obra Homebody/Kabul, que estrena hoy Mario Gas en el Teatro Español, hasta el 29 de abril, no se queda atrás. Denuncia a quemarropa la doble moral estadounidense respecto a Afganistán: primero financia a los talibanes y después los bombardea.

La historia trata de una mujer, «coleccionista de palabras y causas perdidas» que abandona a su familia y viaja a Kabul, donde se pierde su pista. El marido y la hija viajan en su busca con la intención de recuperar el cadáver y encontrar una explicación a su huida. Los actores Roberto Álvarez, Elena Anaya, Jordi Collet, Vicky Peña y Gloria Muñoz comparten escena con un reparto árabe y bereber que presenta el encuentro de Oriente y Occidente.

Aunque el texto fue escrito en 1998, su estreno coincidió con el 11-S y Kushner no retiró ni una palabra. A pesar de las feroces críticas de los conservadores, que le acusaban de «propagandista talibán». «¡Si queréis tanto a los talibanes, lleváoslos a Nueva York! Bueno, no os preocupéis, ya están llegando», grita una mujer afgana en la obra.

Mario Gas ha escogido este polémico texto -perfeccionado por el autor en 17 versiones- porque «refleja la colonización de un lugar de cultura ancestral que en los últimos años ha sido pisoteado. Y además salen las mentiras de las grandes potencias con el pretexto de ayudar al país», explica Gas.

La escenografía del Teatro Español, diseñada por Antonio Belart, recrea fielmente la ciudad arrasada por las bombas, con minaretes y callejones polvorientos que trasladan la sensación de angustia al público. «Me documenté para crear este espacio, pero cuando vino el profesor de fonética que enseñaba el idioma a los actores, puso nombre propio a la calle. Decía que era exacta a una zona que él conocía en Kabul», cuenta Belart.

Mirada árabe

Entre bambalinas y camerinos, uno puede cruzarse con ministros talibanes o guardias de la frontera afgana. Las túnicas y los turbantes se combinan con unos rasgos imposibles de imitar con barbas postizas. Son los actores llegados de Marruecos, Irán y Argelia, que aportan una mirada inconfundible.

«Yo quise participar en esta obra porque hace falta que la gente reflexione. Tenemos que decir que hay muchas guerras, pero siempre sufren los civiles», reflexiona el veterano Driss Karimi, que interpreta a un ermitaño sufí alejado de los integrismos. Completan el reparto de actores experimentados Mohamed El Hafi, Mehdi Ouazzani y Hamid Danechvar.

Por su parte, Mostafa El Houari, pertenece a la generación más joven de intérpretes marroquíes. Tuvo que aprender en un mes la lengua pastún para llegar al estreno de Homebody/Kabul. «Sin duda, el idioma fue lo más difícil de mi papel, pero merecía la pena. Lo que más me interesaba del texto era el homenaje que hace a la mujer, la reivindicación. Hay que advertir de que lo que sucede en Afganistán podría pasar en cualquier parte», explica El Houari.

Mientras tanto, sobre el escenario, un joven afgano eleva su voz que recuerda a los muecines de La Meca: «Kabul, hermoso Kabul, ¿dónde te han llevado?». Hamid Krim canta e interpreta a un ex actor que con la llegada de los talibanes tiene que dedicarse a la venta de sombreros. No le resulta difícil encarnar ese personaje porque él mismo sufrió la censura en su Argelia natal. «He vivido 10 años de guerra civil. No pude trabajar como actor en mi país. De hecho, pasé por la cárcel después de negarme a empuñar un arma contra el pueblo», relata Krim.

Cada actor encuentra un motivo para comprometerse con la obra de Kushner. Y aún bromean: «Los políticos podrían hacer lo mismo».

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