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Inmigración: Generar conciencia... a pesar de todo

Entrevista a Javier de Lucas

Sección:Documental
Sábado 24 de marzo de 2007 0 comentario(s) 1942 visita(s)

2005-07-20

Javier de Lucas califica la inmigración actual como el «nuevo modelo de esclavitud» ya que, según él, el inmigrante es concebido sólo como mano de obra.

Para Javier de Lucas, filósofo y catedrático de Derecho, Moral y Política de la Universidad de Valencia, la «regulación» de la inmigración falla porque detrás de los discursos paternalistas se esconde que los inmigrantes son concebidos sólo como mano de obra necesaria y no como seres humanos que se mueven. Por ello afirma que la inmigración actual es la reinvención de la esclavitud.

De Lucas atacó el discurso paternalista que manejan los diferentes gobiernos de los países ricos y calificó las políticas que buscan regular la inmigración como paternalistas e instrumentalistas, debido a que al inmigrante se le concibe como trabajador y no como un ser humano en movimiento.

Explicó que esas políticas pretenden encontrar soluciones en las estadísticas que sólo miran quiénes vienen y a cuántos se puede acoger. «Se persigue esa fórmula mágica con un enfoque instrumental y restrictivo de la cuestión, porque al inmigrante solo se le concibe como a un trabajador para mantener el estado de bienestar», puntualizó De Lucas.

Así las cosas, dedujo que la inmigración se percibe como la recepción de un extranjero para que trabaje y con la perspectiva de que se marche cuando ese trabajo haya concluido.

El filósofo fue aún más allá y definió las políticas de inmigración «como el intento de control del inmigrante que no queremos» y matizó que este concepto es, en realidad, «una reinvención de la esclavitud, porque la condición de esclavo es la de un ser que no es sujeto político, no sólo no es libre, sino que no tiene derecho a participar», lo que para él podría ser un retrato del inmigrante actual.

«Es ese concepto de extranjero que está de paso el que lleva a una invasión de todos los terrenos de los derechos», añadió, por lo que posibilidades como la educación superior y los derechos políticos y civiles (votaciones, huelgas, manifestaciones), quedan restringidos a un nivel mínimo, cuando no anulados.

Reagrupaciones imposibles

Es esa misma visión del inmigrante la que provoca el rechazo a la reagrupación familiar, percibida como una puerta de entrada del inmigrante no deseado. «Por eso toda la normativa de la reagrupación familiar en la Unión Europea es una normativa a la baja» -dijo Javier de Lucas-, imposible de practicar si la pareja, por ejemplo, es homosexual o no ha firmado el contrato de matrimonio.

Integraciones difíciles

La integración puede ser muy difícil cuando no existen las condiciones apropiadas. Según De Lucas, los atentados del terrorismo internacional han agravado la situación al conllevar una restricción mayor de los derechos básicos, en especial contra los inmigrantes. «Se han producido vulneraciones graves de los estados de derecho que han afectado a las políticas de asilo y refugio, y ha golpeado a la reagrupación familiar».

En cuanto a los discursos sobre integración social y las políticas destinadas a hacerla posible, Javier de Lucas fue explícito al decir que son «una visión absurda e irreal» de lo que acontece dado que «una verdadera integración es aquella en la que nos integramos todos».

«No hay integración cuando ellos son el objeto y nosotros el sujeto», prosiguió. «No podemos partir de la base de que nuestra cultura es tan buena, tan buena, que no merece ser cambiada, cuando el ser humano no es otra cosa más que fruto del cambio».

En cuanto a las mafias de tráfico de personas y los discursos en su contra, Javier de Lucas también fue claro. Afirmó que parece que las mafias sean siempre extranjeras, cuando se trata de un negocio «y los negocios siempre tienen dos partes: el que vende y el que compra», aunque la mercancía sean seres humanos entendidos como simple mano de obra.

Para Ramos Quintana, la inmigración se ve como amenaza.

La catedrática de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad de La Laguna, Margarita Ramos Quintana, afirmó en el mismo evento que la inmigración se percibe como una amenaza «cuando faltan elementos culturales para comprenderla», y que, debido a que las migraciones están motivadas por un afán de mejorar, «siempre se dirigirán allá donde vaya el capital».

Margarita Ramos, directora y organizadora del curso sobre inmigración y extranjería que se imparte en la Universidad de Verano de Adeje, quiso resaltar que la recepción de inmigrantes no es una condición europea, sino que viene marcada por las inversiones de las multinacionales: «Las multinacionales se están trasladando a países terceros donde la mano de obra es más barata y se obtienen mayores beneficios. Si las multinacionales se van pasado mañana a Asia, las migraciones irán a Asia», dijo. "Es posible que seamos nosotros, los europeos, quienes en dos o tres generaciones tengamos que emigrar.

Pasará cuando el auge económico se traslade a otro lugar del planeta«, matizó.»En esta economía globalizada, uno va donde hay inversión de capital". Respondió así la catedrática a una pregunta acerca del fin de la inmigración clandestina.

El choque se produce -dijo Ramos Quintana- cuando esos movimientos de personas arrastran otros modos culturales de comprender la vida. Explicó que, así como los ciudadanos procedentes de América del sur tienen una base cultural semejante a la europea, no ocurre lo mismo con quienes llegan de África «con sus diferentes conceptos de la familia, de las relaciones hombre-mujer y del hecho religioso si éste se manifiesta de forma muy visible».

Esto suele manifestarse en choques culturales que pueden desembocar en conflictos: «En los países de recepción se temen los modos de vida de los inmigrantes y que la convivencia con ellos ponga en peligro nuestros principios y valores. Son miedos que sólo se superan con cultura», aseguró.

«El que acoge no puede pretender que el recién llegado pierda todas sus señas de identidad sólo por haberse desplazado por un trabajo», culminó la especialista.

FUENTE: La Opinión (Tenerife - España)

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