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Dictadors i guerres

AM (Assemblea Antimilitarista de Catalunya)

Sección:Instituciones militares
Martes 11 de septiembre de 2007 2 comentario(s) 1675 visita(s)

Col.lectiu Antimilitarista de San Cugat

És ben sabut que la millor manera que té un imbècil de convèncer uns quants encara més imbècils que ell per tal de que el segueixin, és enarborar una bandera (compte, perquè el color de la mateixa també pot ser el negre). Això no és sinó una de les raons que fan que molts de nosaltres reneguem radicalment de qualsevol mena de nacionalisme. L’actitud xulesca i prepotent d’en Putin és potser un dels exemples actuals que millor reflecteixen la facilitat amb la qual un dirigent pot amagar les seves misèries morals i les seves polítiques criminals amb l’abús d’un drap que, a quatre mil metres de profunditat, marca ara les possessions soviètiques a l’Àrtic.

Vint-i-cinc anys enrera, els militars genocides que usurpaven el poder a l’Argentina es van enredar a la guerra de les Malvines, en un moment en què la protesta social contra la dictadura assolia el punt més àlgid (després de sis anys de satrapia i ja oblidades les eufòries futbolístiques de 1978) i es va produir el miracle de la conversió de les manifestacions de rebuig en sòlides adhesions a la “sagrada unitat de la pàtria” (per cert, on hauré sentit jo aquestes paraules ?). En aquest sentit, la mateixa Hanna Arendt ja va alertar del perill de que el fanatisme pogués ser considerat com a part integrant del «sentit comú» de la ciutadania. Res de nou sota el sol, tot plegat.

Als nostres dies, la situació no convida precisament a l’optimisme. El fracàs evident de la democràcia parlamentària com a mecanisme d’expressió de la voluntat popular (i em refereixo només a les baixes xifres de participació a les consultes electorals a l’Estat Espanyol, per no parlar d’altres xacres que enverinen el sistema polític), juntament amb l’absència d’unes xarxes socials que permetin tan sols albirar un futur estadi de la ciutadania com a classe d’individus conscients i responsables, desemboquen en una preponderància dels “estats d’opinió” com a determinants en l’adopció de les polítiques públiques. I ja sabem, o ens imaginem, com i amb quina finalitat es dissenyen les enquestes d’opinió. El virus del nacionalisme és un dels que més fàcilment s’escampen en una ciutadania poruga i impressionable. Però és només un. En canvi, la solidaritat i la justícia són més difícils d’encomanar. Caldrà injectar-los d’alguna manera o ens anem a la merda.

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Comentarios


  • Dictadors i guerres

    13 de septiembre de 2007

    Lo siento pero alguien puede poner la traduccion en castellano por favor , es que no pillo de la misa la mitad


  • Dictadors i guerres

    17 de septiembre de 2007

    Es bien sabido que la mejor manera que tiene un imbécil de convencer a unos cuántos todavía más imbéciles que él para que lo sigan, es enarbolar una bandera (ojo, porque el color de la misma también puede ser el negro). Esto no es sino una de las razones que hacen que muchos de nosotros reneguemos radicalmente de cualquier clase de nacionalismo. La actitud chulesca y prepotente de Putin es quizás uno de los ejemplos actuales que mejor reflejan la facilidad con la cual un dirigente puede esconder sus miserias morales y sus políticas criminales en el abuso de un trapo que, a cuatro mil metros de profundidad, marca ahora las posesiones soviéticas en el Ártico.

    Veinticinco años atrás, los militares genocidas que usurpaban el poder en Argentina se empezaron la guerra de las Malvinas, en un momento en que la protesta social contra la dictadura lograba el punto más álgido (tras seis años de satrapia y ya olvidadas las euforias futbolísticas de 1978) y se produjo el milagro de la conversión de las manifestaciones de rechazo en sólidas adhesiones a la sagrada “unidad de la patria” (por cierto, dónde habré oído yo estas palabras ?). En este sentido, la misma Hanna Arendt ya alertó del peligro de que el fanatismo pudiera ser considerado como parte integrante del «sentido común» de la ciudadanía. Nada nuevo bajo el sol, al fin y al cabo.

    En nuestros días, la situación no invita precisamente al optimismo. El fracaso evidente de la democracia parlamentaria como mecanismo de expresión de la voluntad popular (y me refiero sólo a las bajas cifras de participación en las consultas electorales en el Estado Español, por no hablar de otras lacras que envenenan el sistema político), junto con la ausencia de unas redes sociales que permitan tan sólo divisar un futuro estadio de la ciudadanía como clase de individuos conscientes y responsables, desembocan en una preponderancia de los “estados de opinión” como determinantes en la adopción de las políticas públicas. Y ya sabemos, o nos imaginamos, como y con qué finalidad se diseñan las encuestas de opinión. El virus del nacionalismo es uno de los que más fácilmente se desperdigan en una ciudadanía miedosa e impresionable. Pero es sólo uno. En cambio, la solidaridad y la justicia son más difíciles de contagiar. Hará falta inyectarlos de alguna manera o nos vamos a la mierda.

    Traducción: www.internostrum.com



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