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Obreros y patrones de la guerra (David Beriain)

No solamente las empresas de armamento se forran con la guerra

Sección:Iraq
Miércoles 24 de octubre de 2007 0 comentario(s) 1700 visita(s)

http://www.adn.es/blog/en_pie_de_guerra/

La cola del comedor de la base norteamericana Warhorse, en Diyala, es
hoy más larga de lo habitual. Hay buffet de comida mexicana: nachos,
quesadillas, burritos, fajitas. Lo que quieras y todo lo que te puedas
comer. Si no te apetece tienes pasta o filete Salisbury con puré de
patatas y otras verduras. O te puedes ir a la barra de comida rápida y
pedir una hamburguesa con queso o un perrito caliente. Así a lo mejor te
olvidas de las penurias que pasas cuando sales de misión y sólo hay
raciones de combate para comer y agua caliente para aliviar la sed.
Cuando tú, soldado, te sientes dejado de la mano de Dios y de la
logística del Pentágono.

Y no nos olvidemos del postre. Fruta, gelatina, tartas, cookies de
varios sabores. O quizás un helado. ¿Un mágnum blanco o unas bolas de
vainilla y pralines de Baski Robbins? Todo esto (o parecido) en el
desayuno, la comida, la cena y la recena. Y uno, mientras espera en la
cola, no puede sino preguntarse... ¿De dónde viene todo esto? ¿Quién
sostiene semejante esfuerzo logístico en esta base y en todas las que
pueblan Irak? Y no menos importante... ¿Quién se ha cruzado todo Irak
desafiando los ataques de la insurgencia con un camión lleno de helado
para que nos lo podamos zampar de postre?

La respuesta a esas preguntas (y a otras muchas), son tres letras: KBR.
Las iniciales del principal proveedor de servicios del Pentágono (y
antigua filial hasta el año pasado de Halliburton) está por todas partes
en las bases norteamericanas en Irak. Están en los comedores, pero
también en los gimnasios, en los centros de recreo, en las salas de
Internet, en los teléfonos para llamar a casa, en la lavandería y en la
peluquería, en las terminales de pasajeros para ir de una base a otra, y
hasta en los retretes. Gestionan todo lo que no tiene que ver con la
seguridad o con combatir. La doctrina de la externalización de los
servicios que propugnan los Ejércitos modernos llevada a su grado sumo.
Pero con un solo proveedor.

Imagínense el negocio. Tomemos por caso la comida. Junten los 160.000
soldados que están desplegados en Irak. Súmenles los 180.000
contratistas civiles y trabajadores de las bases, añádeles los
traductores y otro personal iraquí, e incluso algún periodista
despistado que pasaba por allí. Tirando por lo bajo digamos que tenemos
una comunidad de unas 350.000 personas a las que hay que dar cuatro
comidas al día. Añadámosle todos los demás servicios. Vamos, es como
tener el monopolio de la economía de La Rioja.

Alguno podrá decir que KBR también tiene que invertir mucho dinero en
costes, materias primas y en mano de obra. En las dos primeras puede
ser. No en la tercera. La enorme mayoría de sus 50.000 trabajadores
viene del tercer mundo. Son una legión de paquistaníes, nepalíes,
malasios, bengalíes y filipinos los que sostienen el esfuerzo de guerra
norteamericano limpiando las letrinas y cocinando.

En Warhorse estos obreros de la guerra cobran 1 euro la hora trabajando
en la cocina para Tamimi, una empresa saudí a la que KBR subcontrata la
cocina. No todos están tan mal pagados, pero la paga media de estos
currantes en todo Irak es de unos 15 euros al día por jornadas de
trabajo de 12 horas los siete días de la semana.

Tampoco KBR se gasta demasiado en los conductores de los convoyes que
traen los suministros. Son en su mayoría turcos que cobran una ínfima
parte de lo que cobraría cualquier occidental por aventurarse en Irak
con un camión cisterna que podría volar por los aires al primer balazo
de la insurgencia. He visto esos camiones en la base Normandy. Me
acerqué para comprobar sus matrículas turcas y entonces me llevé una
sorpresa. Al principio, de lejos, pensé que les habían colocado un
blindaje. Pero no. Lo conductores habían recubierto la cabina con palés
de madera. Como si eso fuera a detener las balas, las granadas o las
esquirlas de las bombas.

Y la seguridad no es distinta. Al contrario de lo que se piensa, la
mayor parte de los contratistas de seguridad no son mercenarios salidos
de las fuerzas especiales y con el gatillo fácil. Esos son sólo una
minoría privilegiada que cobra sus servicios de guardaespaldas o escolta
a precio de oro. La mayoría de los guardias de seguridad privados en
Irak son peruanos, chilenos o congoleños, que cobran menos de 800 euros
al mes por cuidar de la seguridad en las bases.

En Warhorse vienen de Ruanda y son parte de un contingente de unos 1.500
hombres empleados por la firma norteamericana SOC-SMG. Esta compañía,
que tiene base en Nevada y fue creada por dos antiguos Seals, ha cobrado
en los dos últimos años unos 30 millones de dólares en contratos de
seguridad en Irak. Cada ugandés que trabaja en Irak gana menos de 3
euros la hora. El resto se lo llevan sus coordinadores que, esos sí, son
norteamericanos y ganan un dineral.

En el espacio de negocio que dejan los monstruos de la seguridad y las
megacorporaciones como KBR habitan otras empresas que buscan su nicho de
negocio. Como Grean Beans, una cadena de cafeterías que tiene una
sucursal en Warhorse. Un letrero anuncia con orgullo en el
establecimiento todas las bases norteamericanas en las que trabajan y
"sirven a nuestras tropas". Lo de "servir" es un decir. Aquí los
soldados tienen que pagar cada café que se toman con el dinero de su
bolsillo. Grean Beans ha sido una de las empresas norteamericanas de más
rápido crecimiento tras el 11-S.

En la barra, me atiende un joven con pinta de paquistaní. Pido un café
expreso y una magdalena y una cookie de chocolate. Cuesta el 20% de lo
que un soldado raso gana combatiendo todo un día en Irak.

David Beriain

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