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Dylan, fiel a sí mismo (Javier Ortiz)

Los gamberros preferidos de Insumissia

Sección:Historia del antimilitarismo
Miércoles 31 de octubre de 2007 2 comentario(s) 2116 visita(s)

Ayer lancé en las ondas de Radio Euskadi un irónico “Gora Bob Dylan!”.
Hoy publico en Diario de Noticias de Gipuzkoa un artículo en el que
justifico esa consigna. El artículo se titula “Dylan, fiel a sí mismo” y
el texto es éste que sigue:

No sólo no acudió el viernes a Oviedo para recoger el Premio Príncipe de
Asturias de las Artes, sino que ni siquiera se tomó el trabajo de
excusar su ausencia.

"Un maleducado", comentó uno de los organizadores. Si quieren verlo así,
háganlo, pero el hecho es que Robert Allen Zimmerman, más conocido por
Bob Dylan, no había presentado su candidatura a ese Premio, ni nadie le
había preguntado si lo quería.

Lo imagino haciendo una mueca burlona al enterarse de que le habían
otorgado un galardón con nombre de príncipe "por conjugar la canción y
la poesía en una obra que ha creado escuela y ha determinado la
educación sentimental de muchos millones de personas
". Nada ha odiado
tanto el inclasificable genio de Minnesota a lo largo de toda su carrera
como los intentos de encasillarlo con definiciones burocráticas y
envaradas como ésa.

Dylan ha sido siempre un inconformista. No sólo en su juventud. Siempre.
Ahora también. El error está en confundir inconformismo y progresismo, o
dar por hecho que el inconformismo va inevitablemente unido a la
oposición al sistema capitalista, o a la identificación con las masas
oprimidas.

Quia. El inconformismo puede tomar los más variados caminos.

Ni el Dylan joven fue un revolucionario socialista ni el Dylan adulto el
meapilas reaccionario que muchos creen.

Su inconformismo -el de entonces y el de ahora- le ha llevado siempre a
rebelarse, primera y principalmente, contra los intentos de etiquetarlo,
de encasillarlo, de hacerlo predecible.

Pondré algunos ejemplos de su comportamiento que resultan ilustrativos.

El 13 de diciembre de 1963, en lo más dorado de su fama como cantante de
protesta, una poderosa organización progresista, el Comité de Emergencia
por los Derechos Civiles
, le concedió el Premio Tom Payne por su
contribución a la lucha contra el orden establecido. Dylan creyó que lo
estaban convirtiendo en un icono dentro de un movimiento organizado, y
se rebeló. A la hora de recibir el premio, espetó a los organizadores:
"No me gusta su organización. No me gustan ustedes". Y se fue.

Viajemos en el tiempo hasta 1991, 28 años después. Ese año Dylan recibió
un Grammy. Las principales cadenas de televisión retransmitieron el
acto. El establishment norteamericano estaba henchido por entonces de
fervor patriótico (deambulábamos por lo peor de la Guerra de Golfo).
Pues bien: Dylan aprovechó la ocasión para cantar Masters of War, su
canción más vitriólicamente antibelicista y antimilitarista. Con lo cual
sembró el estupor general. Traduzco sus versos:

"Venid, señores de la
guerra, / los que fabricáis las armas, / los que fabricáis los
bombarderos, / los que fabricáis grandes bombas, / los que os escondéis
detrás de los muros, /los que os escondéis detrás de vuestros
escritorios... / Espero que muráis, / que la muerte os llegue pronto. /
Seguiré vuestro cortejo fúnebre / en la pálida tarde / y vigilaré
mientras os bajan / a vuestro lecho de muerte, / y me quedaré de guardia
sobre vuestras tumbas / hasta estar seguro de que habéis muerto.
"

Si hubiera lanzado un cóctel molotov contra el escenario, no la habría
organizado más gorda.

Muy parecido al numerito de los Grammy fue el que les montó un año
después a los Clinton (¡y a los Gore!) durante un acto en el Lincoln
Memorial. Cuando se suponía que Dylan iba a agasajar al emperador y a su
corte, les soltó una desmelenada versión de Chimes of Freedom, canción
que homenajea -cito, de pasada- "al soldado que lleva las de perder en
cada noche, al refugiado en la inerme carretera de la fuga
", "al
rebelde, al libertino, al infortunado, al abandonado y olvidado, al
marginado que arde constantemente en la pira
", "a la maltratada madre
soltera y a la mal llamada prostituta
" y "al fuera de la ley por un
delito insignificante, acosado y engañado por la persecución
"... entre
otros.

Cuentan las crónicas que los asistentes no se esforzaron demasiado por
ocultar su disgusto. El impertinente había vuelto a las andadas.

Es cierto que acudió a presentar sus respetos a Juan Pablo II (imagino
que para tocar las narices a cuantos se pensaron que sería incapaz de
hacer algo así), pero no lo es menos que, cuando el show business
norteamericano decidió boicotear a Sinéad O’Connor porque rompió durante
una actuación pública una foto del Papa (del Papa, no del Rey) al grito
de "¡Combatid al verdadero enemigo!" -lo hizo en protesta por el
silencio papal tras las denuncias de abusos sexuales cometidos por
sacerdotes católicos contra niños a su cargo-, Dylan invitó a la
cantante irlandesa a participar en el concierto de homenaje que le
montaron para celebrar sus 30 años de carrera. Lo cual desató otro
escándalo de mucho cuidado.

De tener que aceptar algo parecido a una definición, supongo que no le
molestaría demasiado que se le atribuyeran adjetivos tales como
"iconoclasta". O "gamberro", incluso.

Un audaz reportero le preguntó hace muchos años: "¿Qué clase de
canciones son las suyas?
" "Pues, verá", le contestó. "Tengo canciones de
tres minutos, de cinco minutos, de siete minutos y hasta de diez
minutos. Le parecerá increíble, pero es así
".

A Dylan le divierte chotearse de los bobos. Aunque concedan premios.

Javier Ortiz: Apuntes del Natural

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Comentarios


  • Dylan, fiel a sí mismo (Javier Ortiz)

    2 de agosto de 2008, por Pedro Armendariz

    Increíble, me considero un tipo al tanto de lo que pasa en el mundo, y no tenía idea que no se había presentado Bob a la hora de recibir en Oviedo tal premio. Parece que hubo poco interés por los medios dominantes en dar la noticia, a diferencia de cuando anunciaron que le habían concedido el premio, información que fue ampliamente divulgada. Es divertido. El mismo cuento de siempre, y Dylan, por delante. (Santiago Chile)




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