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Edoardo Bazzaco, en Diagonal

El triunfo del discurso xenófobo

El triunfo del discurso xenófobo

Diagonal

EDOARDO BAZZACO, Sociólogo y coordinador del Informe 2008 sobre el racismo en el Estado español publicado por SOS Racismo

Otro año más, no parecen disminuir en la sociedad española los casos de racismo social y de rechazo a la convivencia con los colectivos de personas inmigradas. Los hechos ocurridos en Alcorcón (Madrid), en enero de 2007, deben alertar sobre las diversas manifestaciones de racismo presentes en nuestra sociedad. Explosiones de odio de tintes racistas como la de Alcorcón, representan una ‘muestra’ de algo mucho más grave y profundo: el calado que en la sociedad está produciéndose de prejuicios y generalizaciones que criminalizan a personas y colectivos en función de alguna característica común, como es el origen. Estas explosiones no se pueden ignorar, ni se puede minimizar su importancia.
Lo ocurrido en el último año demostró una vez más cómo el tratamiento mediático puede agravar el problema del racismo social y sus consecuencias. Desgraciadamente, en varias ocasiones algunos medios de comunicación y diversas figuras políticas han contribuido a potenciar generalizaciones cargadas de prejuicios, que criminalizan a todo el colectivo inmigrante, alimentando el caldo de cultivo que da pie a expresiones y actos racistas. El último ha sido un año de campaña electoral; una campaña marcada por algunos partidos que han hecho de la inmigración el centro del debate electoral, poniendo el interés electoral por encima de la cohesión social.

Influencia alarmista

Una investigación realizada en el Departamento de Antropología de la Universidad de Granada ha demostrado en 2007 cómo la opinión de los parlamentarios que entienden la inmigración como “asunto potencialmente problemático”, asociado a violencia, marginalidad, delincuencia, policía... es mayoritaria. Como señala el estudio, “si tenemos en cuenta la posición preferente que tienen los discursos políticos en nuestro sistema social, la importancia de sus declaraciones es clave para crear un estado de opinión en relación a esta cuestión”.
Además, varios estudios analíticos del discurso racista en la política y en los medios de comunicación del Estado español han demostrado la influencia alarmista en las actitudes de la población que causan metáforas amenazantes como “avalancha” u “olas” al hablar sobre la inmigración a gran escala. Así, los políticos y los medios de comunicación no sólo controlan la discusión pública y sus temáticas dominantes, siendo capaces de definir la inmigración como una catástrofe nacional a la par con el terrorismo o el desempleo, sino también contribuyen a provocar sutilmente las actitudes y las ideologías xenófobas y racistas según las cuales las personas inmigrantes son vistas como una amenaza.

Cuanto dicho parece demostrar que los ‘discursos racistas oficiales’ no reflejan tantos sentimientos xenófobos existentes mayoritariamente entre la población (que teóricamente podrían basarse en hechos objetivos tales como experiencias personales), sino que son ellos la misma fuente de prejuicios extendidos sobre personas inmigrantes (y por ejemplo su relación con la criminalidad), prejuicios englobados dentro de un amplio complejo de sensaciones sociales con la etiqueta “inseguridad”. Con actitudes xenófobas tan ampliamente extendidas, en el Estado español no hace falta un partido declaradamente racista de derechas –como el Frente Nacional en Francia, la Liga Norte en Italia, el SPV-UDC en Suiza, el Vlaams Belang en Bélgica, etc.– para defender tales políticas e ideologías, puesto que dichas voces están bien representadas por el Partido Popular y sus líderes. Y puesto que siempre hay grupos racistas más explícitos en la extrema derecha, los líderes y los miembros del PP pueden sentirse (y manifestar) que por supuesto no son racistas, porque los “verdaderamente racistas” están en otro lado –una estrategia bien conocida del racismo cotidiano: “el racismo siempre está en otro lado”.

Por su parte, el principal partido de la izquierda, el PSOE, pocas veces se muestra explícitamente antirracista; mientras que en la coalición de izquierda la retórica racista puede ser menos ruidosa que en la derecha, y aunque la izquierda puede sentirse en algunas ocasiones más cercana a organizaciones, grupos y políticos antirracistas, esto no significa que el Gobierno liderado por el PSOE haya implementado políticas explícitas en este sentido. La interiorización de un discurso propio de la extrema derecha por parte de los partidos del arco democrático representa un peligro para la convivencia de los distintos colectivos que componen la sociedad española, así como el silencio y la ausencia de un real y eficaz discurso alternativo de los partidos de izquierda. En definitiva, la constante reproducción de los tópicos negativos sobre la población inmigrada con fines electoralistas, así como de las “amenazas de la inmigración” por parte de los partidos políticos, contribuye a la legitimación de la impunidad de las diferentes manifestaciones racistas y xenófobas.

Crear mensaje

Lo señalado hasta aquí es suficiente para ilustrar lo que queremos plantear, a saber, que en tanto no se produzca una transformación profunda en el tratamiento que los medios y la política dan a las cuestiones relacionadas con la inmigración y las minorías étnicas, las dificultades para lograr una sociedad cohesionada no van a dejar de aumentar. Para avanzar en ese camino es preciso, en primer lugar, tener conciencia tanto de la envergadura y perfiles del problema como de las posibilidades que existen de actuar.

A partir de ahí, los diferentes agentes sociales han de establecer una política concreta, duradera, de largo alcance, que minimice los efectos negativos de esa realidad. Y en este terreno, en el que los movimientos sociales podemos actuar, es evidente que estamos muy lejos de haber explotado todos los recursos a nuestro alcance. Porque pese a que el punto de partida descrito es francamente desfavorable, es necesario afirmar que las posibilidades de incidir, por parte de los diferentes agentes sociales, en el proceso de creación de los mensajes mediáticos es muy amplia, variada y absolutamente necesaria.

Para ello es preciso apoyarnos en los medios, para llegar a la población, aprovechar el significativo número de profesionales dispuestos a un periodismo de calidad, así como las muchas ventanas que abre su multiplicidad y variedad; reforzar la labor de análisis de los especialistas, la difusión de sus trabajos y el engarce de los mismos con los agentes del campo de la solidaridad, implicar al mundo intelectual y a la Universidad, exigir la puesta en funcionamiento desde las instituciones de organismos independientes de control al modo del resto de países de la Unión Europea, etc. Sólo aprovechando las múltiples sinergias de los sectores punteados se puede revertir, siquiera sea parcialmente, la situación actual, lo que nos remite a un concepto clave sobre el que los movimientos sociales estamos lejos de avanzar realmente: trabajo en red.

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