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La ofensiva de EE UU desestabiliza la zona afgana bajo control español

Crecen los incidentes tras instalarse una base de operaciones especiales de los norteamericanos en la zona

Sección:Afganistán
Martes 18 de noviembre de 2008 0 comentario(s) 1116 visita(s)

MIGUEL GONZÁLEZ

En Badghis, la provincia afgana bajo responsabilidad española, la insurgencia cuenta con unos 2.000 combatientes. Ésa es la estimación de los informes de inteligencia militar. El dato es de por sí preocupante. Pero lo es más que hace un año los mismos servicios cifraran el número de insurgentes en un máximo de 200. Diez veces menos.

Los insurgentes en la provincia de Badghis han pasado de 200 a 2.000 ¿Qué ha sucedido en tan poco tiempo para que crezca tanto el respaldo a los talibanes? «Que los afganos están cabreados», explica un mando militar que ha tenido responsabilidades en la zona. «Los talibanes de verdad son muy pocos. Y lo siguen siendo. Más numerosos son los forajidos que se dicen talibanes para dignificar sus desmanes. Pero la mayoría es gente que no tiene dónde caerse muerta y está dispuesta a luchar por unos pocos dólares. Por eso les hemos estado pagando para abrir zanjas y luego cerrarlas. El problema es que no puedes comprar a quienes han perdido a un pariente a manos de tropas occidentales. Y aquí todo el mundo es familia».

Los afganos tienen motivos para estar cabreados. En el distrito de Shindand, donde el pasado domingo fueron asesinados dos militares españoles, un bombardeo de EE UU mató en agosto a 96 civiles, incluidos 60 niños y 15 mujeres, según una investigación de la ONU. No se sabe si había algún vínculo entre el talibán que atacó a los españoles y las víctimas del verano pasado, pero sí que era un vecino de la zona. Hasta hace un par de años el terrorismo suicida era un fenómeno ajeno a los afganos. Los escasos kamikazes eran todos extranjeros.

Aunque no ha tenido tanta publicidad, el pasado 6 de noviembre, sólo tres días antes del atentado, un ataque aéreo de Estados Unidos mató a 13 insurgentes y a siete civiles en Ghormach, uno de los más conflictivos distritos de la provincia cuya reconstrucción corresponde a España. Según el jefe del distrito, Abdullah, una bomba impactó en la casa de un miembro del consejo local y acabó con la vida de dos mujeres y dos niños. «Yo mismo vi sus cuerpos», declaró Abdullah. La OTAN ha prometido abrir su enésima investigación sobre víctimas civiles. El relato de este episodio es similar al de muchos anteriores. Una unidad de operaciones especiales de EE UU se despliega a la caza y captura de un cabecilla talibán. Los aldeanos, por simpatía con la insurgencia o por solidaridad tribal, se consideran atacados y le hacen frente. En Afganistán, un hombre no es tal si no tiene un fusil, así que, en poco tiempo, los militares estadounidenses se ven desbordados por una muchedumbre armada y piden apoyo aéreo. Los aviones bombardean la aldea y dejan una estela de destrucción. Oficialmente, fue una «patrulla de reconocimiento de combate». Los militares estadounidenses no se marcharon muy lejos. Desde el pasado verano, disponen de una base de operaciones especiales en el vecino distrito de Bala Murghab. Les sirve para lanzar incursiones en la provincia bajo responsabilidad española.

La unidad estadounidense depende de la Operación Libertad Duradera, de lucha contra el terrorismo, y no de la Fuerza de Asistencia para la Seguridad (ISAF), en la que participan 800 soldados españoles. Así que España no ha sido consultada sobre la instalación de la base ni sobre sus cometidos. Como mucho, el jefe del Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) es informado. A veces, a posteriori.

A por el más vulnerable

Pero los españoles sí pagan las consecuencias. Los talibanes no distinguen uniformes y se revuelven contra los más vulnerables. Los incidentes se han multiplicado en los últimos meses y cada vez se acercan más a Qal-i-Naw, la capital de provincia, donde España tiene 232 militares y unos 10 cooperantes.

«Hace un año, la insurgencia estaba a 100 kilómetros de la capital. Ahora, la tenemos en la puerta», explica un militar. El pasado 30 de agosto se produjo una emboscada a 25 kilómetros de Qal-i-Naw. Dos días antes, cayeron dos granadas en el acuartelamiento. España se propone construir una nueva base, junto al aeropuerto, dotada de las máximas medidas de seguridad. «Pero hemos venido aquí a apoyar la reconstrucción del país, no a encerrarnos en Fort Apache», se lamenta el militar.

’Marines’ en Bala Murghab

España cuenta en Herat con una FSB (siglas en inglés de Base de Apoyo Avanzado); es decir, una base logística. Lo que Estados Unidos ha montado en Bala Murghab es una FOB (Base Avanzada de Operaciones); es decir, una base para golpear a los talibanes. Cuenta con una compañía de reacción rápida y equipos de instructores para formar a militares afganos, así como unidades de operaciones especiales. En total, más de 200 efectivos.

Estados Unidos se propone montar otra base de este tipo entre Bala Murghab y Qal-i-Naw, donde se encuentra el acuartelamiento español, para garantizar la seguridad de la ruta entre ambas localidades. La llegada de refuerzos por parte de Estados Unidos debería ser motivo de satisfacción para los militares españoles. Y también para el Gobierno, pues hace en teoría innecesario aumentar el contingente español en la zona, algo que siempre resulta políticamente controvertido. Hasta ahora, sin embargo, el desembarco de los marines ha traído poca tranquilidad. Más bien, todo lo contrario. «Los mulás lo han interpretado como una provocación», asegura un conocedor de la zona.

Los métodos de estadounidenses y españoles no parecen fácilmente conciliables. Los primeros confían en ganarse poco a poco a la población, hacen la vista gorda con el narcotráfico y sonríen antes de preguntar. Los segundos desconfían de los nativos, ignoran su forma de vida y disparan ante la menor duda.

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