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«Spot Bosnia» [II]: el despliegue militar de UNPROFOR, un gran fraude con motivaciones muy poco humanitarias

El Misterio de Defensa prostituye la realidad de las misiones internacionales de las FFAA en sus campañas publicitarias

Sección:Intervencionismo humanitario y misiones de paz
Viernes 30 de enero de 2009 0 comentario(s) 3551 visita(s)

La emisión de un manipulador spot propagandístico del Misterio de Defensa con motivo de los 20 años de misiones internacionales de la FFAA españolas, nos ha dado pie para sacar nuevamente a la luz datos poco conocidos sobre la la misión militar española en Bosnia. En esta segunda entrega, y en la siguiente, reproducimos íntegramente del libro «Yugoslavia y los ejércitos. La legitimidad militar en tiempos de genocidio» (Xabier Agirre Aramburu, ed. «Los Libros de la Catarata», 1997) los dos primeros apartados de su capítulo II:

«UNPROFOR: la misión militar española y el fiasco de los cascos azules».

"Todos tienen su parte de verdad, sus intereses y su estrategia. Hacerlos coincidir a base de diplomacia, paciencia y, sobre todo, desde una absoluta imparcialidad, es parte de nuestra labor".
Coronel Luis Carvajal, Jefe de las Fuerzas Españolas de UNPROFOR.

«Tenemos la mejor opinión del contingente español en Bosnia y de la diplomacia española. España es la mas imparcial.»
Radovan Karadzic, reo de genocidio ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya

2.1. Introducción

El 30 de noviembre de 1995 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobaba la resolución 1.026 poniendo fin a la misión de UNPROFOR (Fuerzas de Protección de las Naciones Unidas) en Bosnia-Hercegovina. Terminaba así una odisea de tres años y medio que aguó las expectativas de desarrollo de las llamadas misiones de paz bajo dirección de la ONU tras el fin de la guerra fría, y se daba paso al nuevo despliegue de IFOR según lo previsto por los acuerdos de Dayton.

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El general serbo-bosnio Ratko Mladic , bebe aguardiente acompañado del comandante Tom Karremans y otros mandos del contingente holandés de UNPROFOR, en la aldea de Potocari, unos 5 kilómetros de norte de Srebrenica, el miércoles 12 de julio de 1995, pocas horas antes de iniciarse la masacre.

El descrédito de la misión de Naciones Unidas había alcanzado un punto de no retorno con el secuestro de más de 350 cascos azules por las fuerzas serbias en mayo de 1995, y su colapso final llegó con la caída del «enclave protegido» de Srebrenica en julio de ese mismo año. Sin embargo, las contradicciones de UNPROFOR (rebautizada posteriormente UNPF, Fuerzas de Paz de Naciones Unidas) dejaban poco lugar a sorpresas desde sus mismos comienzos.

Desde finales de 1991 el gobierno de Bosnia-Hercegovina venía solicitando el despliegue de una fuerza internacional de paz ante el deterioro acelerado de la convivencia en la república y las amenazas de guerra de los líderes serbios [1]. En abril de 1992 el secretario general de Naciones Unidas envió a Marrack Goulding, subsecretario para operaciones de mantenimiento de paz, a Sarajevo para estudiar esta posibilidad. Tras su visita, Goulding desaconsejó el despliegue en Bosnia-Hercegovina, y de hecho la mayor parte del contingente del cuartel general de UNPROFOR, instalado en Sarajevo para su operación en Croacia, fue retirado de la capital bosnia [2].

El motivo principal alegado para desaconsejar una misión de paz en Bosnia-Hercegovina en aquel momento era «la falta de acuerdo entre las partes en conflicto», lo que significaba en la práctica que los líderes serbios no deseaban la presencia de una fuerza de interposición que obstruyera sus operaciones de genocidio en marcha; por su parte la ONU no estaba dispuesta a tomar medidas que contravinieran estos deseos.

El secretario general afirmaba en un informe para el Consejo de Seguridad, demostrando un conocimiento preciso de los términos del conflicto, que el bando serbio estaba realizando un «esfuerzo concertado (...), con la aquiescencia, o al menos algún apoyo, del Ejército Yugoslavo, para crear regiones ’étnicamente puras’», mediante «la ocupación de territorio por la fuerza militar y la intimidación de la población no serbia». No obstante, Bosnia-Hercegovina no era «en la fase actual (...) susceptible de tratamiento como una operación de mantenimiento de paz de Naciones Unidas», pues «soldados borrachos, a veces imposibles de identificar, roban los vehículos y los símbolos de Naciones Unidas. Nuestras fuerzas no son respetadas ni existe ya una paz que garantizar». En consecuencia, el Consejo de Seguridad descartaba el despliegue, se limitaba a un llamamiento genérico al cese de las hostilidades, cooperación con las instituciones internacionales y respeto a la integridad territorial de Bosnia-Hercegovina, y decidía mantener sólo un reducido contingente de UNPROFOR en Sarajevo (en torno a 100 cascos azules), con un mandato limitado a la apertura y control del aeropuerto de la ciudad para vuelos humanitarios [3].

Este pequeño contingente inicial dio comienzo ya a la acelerada carrera de desprestigio de la ONU en Bosnia. Para el mes de junio los ciudadanos de Sarajevo comenzaban a mirar con desprecio a UNPROFOR y, frustrados por su neutralidad, lo comparaban con el Ejército Yugoslavo. En palabras de un vecino de Sarajevo: «Están actuando como el Ejército Federal al principio de la guerra (...) decían que formaban un tapón entre las etnias y en realidad ayudaban al agresor. UNPROFOR dice tratar a ambas partes igual, es decir a los agresores y a las víctimas. Así sólo ayuda al agresor, que es el más fuerte» [4].

Ya en agosto de 1992 los cascos azules se enfrentaban en Sarajevo a ’’un clima cada vez más hostil«.»En Sarajevo todos odian ya a las tropas de la ONU«, se afirmaba en El País, pues»para quien vive en Sarajevo, está llegando a ser intolerable el espectáculo de los soldados de la ONU que atraviesan la ciudad sin disparar contra los serbios, excepto en defensa propia" [5].

En este mes de agosto se producía un acontecimiento que conmocionaría la opinión pública internacional y terminaría provocando el despliegue de UNPROFOR: la aparición en los televisores de todo el mundo de las imágenes de los campos de concentración serbios con sus famélicos internos tras las alambradas. Se mul­tiplicaron las comparaciones con los horrores del nazismo, «los campos de concentración vuelven a Europa» y otras consignas de indignación eurocéntrica proliferaron, y el Consejo de Seguridad anunció la adopción de «todas las medidas necesa­rias», no para detener la limpieza étnica, sino para facilitar la distribución de ayuda humanitaria a sus víctimas [6]. . En septiem­bre de 1992 se definió el mandato de escoltas armadas a los convoyes del ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) y se extendió el mandato de UNPROFOR a toda Bosnia-Hercegovina [7].

Las condiciones que habían llevado a la ONU a desestimar el despliegue de una fuerza de paz seguían vigentes, si no agra­vadas, con la consolidación de la ocupación militar serbia de la mayor parte del país. Más aún, los responsables de la misión internacional tenían conocimiento de la existencia de los cam­pos de concentración con antelación a su descubrimiento tele­visivo, sin que lo hubieran denunciado ni tomado ninguna medida para cerrarlos o auxiliar a los prisioneros" [8].

Lo que había cambiado era el impacto de los medios de comunicación sobre la opinión pública internacional, de mane­ra que los cascos azules llegaron a Bosnia-Hercegovina más por la necesidad de los gobiernos occidentales de responder a la alarma de su propio público, que por tratarse de la respuesta adecuada para ayudar a las víctimas del genocidio, siendo ésta una diferencia crucial que marcará el desarrollo posterior de la misión.

A lo largo de tres años UNPROFOR vio ampliado su mandato con nuevas responsabilidades, su contingente hasta más de 38.000 soldados (incluyendo unos 1.200 españoles) y su presupuesto hasta 140 millones de dólares al mes. Sin embargo, cuanto mayor desarrollo alcanzaba la misión militar de la ONU, más insostenibles se hacían las contradicciones que la atenazaban desde el primer momento [9] .

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Composición muy significativa en la web de veteranos del contingente británico en Bosnia

Desafiando la evidencia del deterioro de la situación y la impotencia de los cascos azules, las fuentes oficiales se empeñaron en defender la utilidad y logros de UNPROFOR. Para ello evitaron cualquier valoración rigurosa de la misión y, sobre todo, la que sus teóricos beneficiarios, la población local, pudieran hacer, y en su lugar insistieron en ofrecer a sus opiniones públicas una imagen basada en la utilidad y altruismo de sus Fuerzas Armadas. Al margen de las verdaderas necesidades de las víctimas de la guerra, Bosnia se convirtió en motivo de una vasta campaña de imagen para ejércitos como el español, que veían sumarse a sus tradicionales problemas de legitimidad el vacío estratégico de la postguerra fría.

Nada habría de malo en mejorar la imagen si en justicia la labor realizada lo mereciera. Sin embargo, un repaso de la realidad de la misión militar española y el conjunto de UNPROFOR sobre el terreno tomando en cuenta el punto de vista de la población afectada y sus necesidades de protección permitirá no sólo cuestionar el optimismo y autocomplacencia oficial, sino afirmar con claridad que se trató de un fraude de grandes dimensiones.

Continuación:

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[1] Ver Miliailo Crnobrnja. The Yugoslav Drama (McGill-Queen’s UP, Montreal, 1994), pg. 176, y El País. 28-III-92. «Bosnia-Hereegovina pide la intervención do la ONU para impedir la guerra civil».

[2] Ver Marc Weller, «The International Response to the Dissolution of The Socialist Federal Republic of Yugoslavia», en The American Journal of International Law, vol. 86, pgs. 601-002. Ver también El País, 18-V-92, «Las fuerzas de la ONU completan su retirada de Sarajevo». El propio Goulding fue víctima de un ataque: ver El País, 6-V-92, «El responsable de las operaciones de paz de la ONU a punto de morir por una granada en Sarajevo».

[3] Resoluciones del Consejo de Seguridad 752 (15-V-92) y 759 (8-VI-92). Ver también UN Doc. s/23900 (1992), citado en Weller. loc. cit., y El País, 15-V-92, "La ONU, dispuesta a tirar la toalla en Yugoslavia".

[4] El País, 21-V1-92. «La chapuza de las fuerzas de la ONU». Los bosnios se referían irónicamente a UNPROFOR como «Unpriskofor», haciendo un juego de palabras con el término «prisko», algo así como «chapuza» en bosnio.

[5] El País, 14-VII-92. Similares opiniones sobre UNPROFOR por parte de la población de Sarajevo quedan recogidas en Juan Goytisolo, Cuaderno de Sarajevo (El País-Aguilar, Madrid, 1993).

[6] Sobre la revelación en los medios de comunicación de la existencia de los campos de con­centración y su impacto político internacional, ver el relato de uno de sus protagonistas, Roy Gutman, A Witness to Genocide (Mcmillan, New York, 1993).

[7] Resoluciones 770 (13-VIII-92) y 776 (14-IX-92).

[8] Ver un detallado estudio del descubrimiento de los campos y su conocimiento pre­vio por UNPROFOR en lain Guest, «On Trial», en Ben Cohen y George Stamkoski, eds., With no Peace to Keep. United Nations Peacekeeping and the War in Former Yugoslavia (Grainpress, Londres, 1995). Todo el libro es una excelente referencia para el estudio de la intervención internacional en este conflicto.

[9] Ver Felice D. Gaer, «Making and Keeping the Peace / 2. The Former Yugoslavia», en A Global Agenda: Issues Before the 48th. General Assembly, publicación anual de la United Nations Association of the USA (University Press of America, Maryland, 1993), pg. 8.

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