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Haití: 5 años de ocupación desconocida, 5 años de resistencia ignorada

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Sección:Observatorio de conflictos
Lunes 2 de marzo de 2009 0 comentario(s) 2125 visita(s)

5 años se han cumplido desde que Ayití, paradójicamente la primera república latinoamericana en emanciparse del yugo colonial, se encuentra bajo ocupación militar foránea. En estricto rigor, es el único país latinoamericano bajo ocupación militar en la actualidad. Clavada en medio del Caribe, compartiendo territorio con República Dominicana, de cara a Florida y a Cuba, esta pequeña nación desde hace un lustro que está ocupada por 7.036 soldados y 2.053 policías de la ONU (que hacen parte de una misión «humanitaria», la MINUSTAH). No es primera vez que Ayití es ocupada militarmente: aún quedan profundos traumas de la ocupación norteamericana que desde 1915 a 1934 enlutó todos los hogares campesinos ayisien. Desde entonces, la intervención política imperialista, principalmente norteamericana, pero también canadiense y francesa, ha sido una constante.

Pero esta ocupación iniciada el 29 de Febrero del 2004 es diferente: y no sólo porque es una ocupación a cargo de la ONU, lo que da un cierto velo de «legitimidad» a esta violación a la dignidad del pueblo ayisien. Esta ocupación es radicalmente diferente a las anteriores, pues por primera vez son países latinoamericanos que invaden y ocupan a otro.

En Febrero del 2004, tras un mes de insurrección armada, financiada y preparada por la CIA en contra del gobierno populista de Jean Bertrand Aristide, tropas de los EEUU, Francia, Canadá y Chile, desembarcan en Ayití y secuestran al presidente Aristide, quien se había logrado ganar la desconfianza de Washington y París, y quien desde siempre había enfrentado la enconada oposición de una oligarquía makoute, reacia a ceder siquiera una pulgada de su poder atesorado en dos siglos de vida republicana. La excusa para este desembarco es la aparentemente altruista labor de restaurar el orden y proteger la seguridad de los ayisien (cabe destacar que estos sentimientos altruistas brillaron por su ausencia durante años de sanciones económicas y saqueo abierto a la economía ayisien por parte de yanquis y franceses). El derrocado presidente es enviado a la República Centroafricana en un avión, los «rebeldes» al servicio de la CIA consuman innumerables masacres de miles de partidarios del presidente Aristide en los barrios populares, los bidonville, y establecen un régimen de terror en las Zonas Francas, donde operan importantes empresas trasnacionales como Levis y Walt Disney. Esto, sin que los autoproclamados defensores del pueblo ayisien siquiera se inmutaran. Luego, se instala a un títere de la oligarquía haitiana y de la Casa Blanca, en el poder, Gerard Latortue, y lo que se termina así de fraguar, es un Golpe de Estado sui generis en un país sin ejército, con la participación de bandas armadas al servicio de la CIA y ejércitos extranjeros.

Ayití, un protectorado custodiado por los cascos azules

A mediados del 2004, como una manera de dar un cierto velo de legitimidad a la ocupación, y en medio de crecientes dificultades militares en Irak para los EEUU, se llama a la ONU para que se haga cargo de una situación caótica en el país. Así, los EEUU se retiran de la escena principal y la presencia de la ONU da un certificado «humanitario» a la ocupación. Tal es el origen de la MINUSTAH: es la continuación de las fuerzas militares, a la vez golpistas y de ocupación, que se impusieron a sangre y fuego en ese cada vez más lejano golpe del 2004[1]. Pero para que la fachada humanitaria y democrática fuera aún más creíble, y para que nadie pudiera hablar de que Ayití nuevamente era víctima del imperialismo, se aseguró que la comandancia así como el grueso de las tropas de la MINUSTAH fueran latinoamericanos. A Brasil, como era de esperarse, le tocó el rol protagónico en la MINUSTAH, seguido de Chile y de Argentina. Pero prácticamente todos los países latinoamericanos tiene tropas en Ayití. Incluso países «progresistas» como Bolivia o Ecuador[2].

Esta ocupación, aunque haya quienes tengan algo concreto que ganar más allá de los favores de Washington[3], en última instancia, refleja los cambios en el balance de fuerzas en la región y el mayor peso de los actores locales para mantener la «seguridad hemisférica», demostrando que hay otros potenciales interesados en establecer que, después de todo, ellos también tienen patio trasero.

La elección de Préval en Febrero del 2006 no ha alterado el carácter de la ocupación, y éste ha demostrado ser nada más que un presidente de bolsillo de la ocupación, de la oligarquía haitiana y de sus patrones extranjeros, que ha continuado la senda de Latortue y que ha seguido profundizando el saqueo de Ayití, mediante tratados de libre comercio como las EPAs con la Unión Europea y la ley HOPE con los EEUU[4].

De momento, no hay signos de que haya la menor intención de terminar la ocupación. O al menos esto se desprende de la resolución 1840 (2008) del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada el 14 de Octubre del 2008, que casi irónicamente comienza con las siguientes palabras: "reafirmando su firme determinación de preservar la soberanía, independencia (...) de Haití", para luego concluir en la decisión de extender el mandato de la MINUSTAH hasta el 15 de Octubre del 2009, "con la intención de renovarlo de nuevo"[5]. O sea, que hay ocupación para rato, con lo cual podemos suponer que el proyecto es de un protectorado más o menos permanente al servicio de las trasnacionales...

La muerte lenta del Ayití ocupado...

Los efectos de la ocupación sobre el pueblo han sido desastrosos: ya hemos incluido en varios otros artículos un pormenorizado análisis de éstos[6]. El principal efecto ha sido que se ha profundizado, a la fuerza, un modelo de hambre, miseria y exclusión. Y la ha profundizado a tal grado que en Abril del 2008 tras noticias grotescas de que los ayisien no tenían más opción para paliar el hambre que recurrir a comer galletas de barro, reventó en todo el país una rebelión porque el pueblo, literalmente, estaba muriéndose de hambre[7].

Un artículo de la revista The Economist (12/02) nos señala que los «avances» de la ocupación se reducen a dos cosas, por lo demás, irrisorias. Nos dice, sin ninguna vergüenza, que "la misión de la ONU ha mejorado la seguridad: los secuestros denunciados han caído de 722 en el 2006 a 258 el año pasado (...) Las calles de Puerto Príncipe están mucho más limpias"[8]. Uno no sabe si reír o llorar con esta farsa que pretenden hacer pasar por «éxito»... ¡más de 9.000 uniformados ocupando la isla solamente para tener calles más limpias! ¡Para que haya «apenas» 258 secuestros! Ni qué hablar de lo que se gasta en la MINUSTAH: para el año que va de Julio del 2008 a Junio del 2009, se aprobó un presupuesto de U$ 601.580.000... ¡la mitad del presupuesto de que dispone el fisco haitiano anualmente!

Resulta morboso que en la ocupación se gaste el dinero que podría utilizarse en construir infraestructura, vivienda digna, hospitales, escuelas, etc. Hay dinero para mantener una ocupación que debiera utilizarse mejor en cancelar la deuda externa haitiana, oneroso legado de las dictaduras de los Duvalier. Resulta morboso que haya dinero para fusiles pero no haya para pan. De más está aclarar que esta fuerza militar, hábil para masacrar a unos 10.000 ayisien haya sido completamente inoperante para ayudar a los miles de damnificados por la temporada de huracanes que azotó a la isla caribeña con apocalíptica cólera en Septiembre, matando a 793 personas, víctimas más de la pobreza que del clima[9].

El mismo artículo del «Economist» señala que la economía haitiana se contraerá en un 0,5% durante el 2009, algo difícil de imaginar para una economía tan devastada y atrofiada como la ayisien, que ha sido reducida a escombros, tras dos décadas de violenta supresión de las alternativas populares y democráticas que surgieron en el Ayití post-Duvalier y sus consecuentes ciclos de dictaduras, intervenciones militares norteamericanas y sanciones económicas. Esta historia reciente es la responsable de que Ayití hoy sea un país que sobrevive «gracias» a la caridad, con un presupuesto nacional que en un 65% depende de préstamos y ayuda internacional...

Pero también los cascos azules han demostrado no ser más benignos en lo que respecta al trato de la población civil que cualquier otra fuerza militar de ocupación: han sido tolerantes con las incursiones de los makoutes para reprimir selectivamente a activistas populares, han participado ellos mismos en masacres y han practicado de manera sistemática la violación de mujeres y menores de edad ayisien[10].

La Resistencia ignorada

Lamentablemente, esta ocupación ocurre en nuestras narices y ante un silencio oprobioso por parte del grueso del movimiento popular latinoamericano. Salvo ciertas declaraciones de apoyo, como en Lima durante la cumbre de los pueblos (mayo del 2007), la constante ha sido ignorar la responsabilidad de nuestros propios gobiernos en la ocupación que padece un pueblo hermano... ¡por tanto tiempo nos hemos acostumbrado a sufrir de las arbitrariedades del «frío país del norte» que parece que creemos a nuestras propias repúblicas incapaces de practicar actos de sub-imperialismo! Parece que el movimiento popular latinoamericano no entiende el grave precedente que se sienta con Ayití: en adelante, las ocupaciones militares en nuestro continente no tendrán por qué ser realizadas directamente por el imperialismo norteamericano, si éste puede contar con una eficaz red de apoyo local de los países latinoamericanos que actúan de mercenarios[11].

Pero este protectorado sin fin en que se quiere convertir a Ayití, encuentra una persistente resistencia en la misma cultura ayisien, cultura forjada en una secular resistencia a la imposición foránea y a una élite tan ajena al pueblo como sus patrones imperialistas. Cultura en la que persiste la altanería rebelde del cimarrón que rompió sus cadenas a fines del siglo XVIII, dando por primera vez sentido a la palabra «libertad» y pariendo en esta gesta libertaria un potente torbellino que inspiró todas las luchas anti-coloniales de los últimos dos siglos.

El ayisien es paciente y su resistencia también lo es. Renovarán cuanto quieran el mandato de la MINUSTAH y el pueblo ayisien seguirá tocando el manducumán, los tambores radás, congos, los tambores de Boukman, los tambores de los Grandes Pactos, los tambores todos del Vudú. Por eso es que toda protesta termina en demostraciones de repudio a los ocupantes: ocurrió tal cosa con las protestas por el hambre en Abril del 2008, que se convirtió rápidamente en una manifestación contra la ocupación[12], y ocurrió también con la conmemoración de la elección de Aristide en 1990, celebrada el 16 de diciembre por decenas de miles de manifestantes[13]. Sabemos que hoy, cumplido el quinto aniversario del funesto golpe de Estado que abrió las puertas a la ocupación, saldrán nuevamente decenas de miles de ayisien a demostrar que las calles les pertenecen. Esas calles «limpias» gracias, según el «Economist» a la ocupación. La resistencia tiene raíces muy profundas en Ayití y seguirá respirando en boca de millones de ayisiens.

José Antonio Gutiérrez D.
28 de Febrero del 2009

Notas:

[1] Para más referencias sobre el golpe y la ocupación de Ayití, puede consultarse el artículo previo "Ayití, una cicatriz en el rostro de América" http://www.anarkismo.net/article/1063

[2] Tienen tropas en Ayití los siguientes países latinoamericanos: Argentina, Bolivia. Brasil, Chile, Colombia (sólo policías), Ecuador, El Salvador (sólo policías), Granada (sólo policías), Guatemala, Jamaica (sólo policías), Paraguay, Perú, Uruguay.

[3] Brasil ha utilizado la ocupación como una manera de presionar por su ingreso como miembro permanente al Consejo de Seguridad de la ONU

[4] Para más detalles sobre la política de Préval en el poder y la estrategia neoliberal de saqueo en Ayití, ver el artículo "Ayití, entre la liberacion y la ocupación" http://www.anarkismo.net/article/4651

[5] http://daccessdds.un.org/doc/UNDOC/GEN/N08/548/99/PDF/N0854899.pdf?OpenElement

[6] Ver particularmente los ya citados "Ayití, entre la liberación y la ocupación«y»Ayití, una cicatriz en el rostro de América", pero ver también «Ayití, ¿hacia un nuevo dechoukaj?» http://www.anarkismo.net/article/8633 el cual trata fundamentalmente con el problema de la desnutrición y la hambruna.

[7] Ver «Ayití, ¿hacia un nuevo dechoukaj?»

[8] «Rebuilding Haiti –Weighed down by disasters», The Economist, 12 de Febrero del 2009.

[9] Ver un breve artículo sobre los huracanes y el contexto político en que ocurren, «Ayití, mucho circo, pero nada de pan» http://www.anarkismo.net/article/9797

[10] Información de la masacre y de la represión, así como de la colusión con los makoutes, la podemos encontrar en los artículos citados anteriormente. Información sobre los casos de violación, los podemos encontrar en el artículo «La violación en (de) Ayití» http://www.anarkismo.net/article/7616

[11] Para una discusión más detallada ver el artículo "Ayití y los Anarquistas" http://www.anarkismo.net/article/4714

[12] Ver «Ayití ¿hacia un nuevo dechoukaj?»

[13] http://www.haitiaction.net/News/HIP/12_17_8/12_17_8.html

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