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Retrospectiva: Revisión de la campaña de la OTAN sobre Kosovo, 1ª Parte

Noam Chomsky

Sección:Intervencionismo humanitario y misiones de paz
Sábado 21 de marzo de 2009 0 comentario(s) 1308 visita(s)

Retrospectiva: Revisión de la campaña de la OTAN sobre Kosovo, 1ª Parte

Noam Chomsky

Calmado el asunto, debería ser posible abordar una revisión y un análisis relativamente desapasionados de la guerra de la OTAN en Kosovo. Se podría esperar que el asunto hubiese dominado el milenarismo de fin de año [1] , considerando la respuesta abundante que la guerra provocó en los círculos intelectuales occidentales y la ola de autocomplacencia de tanta gente respetable aclamando la primera guerra en la historia batallada «en el nombre de principios y valores», el primer paso audaz hacia una «nueva era» en la cual los «estados ilustrados» protegerán los derechos humanos de todos bajo la guía de un «Nuevo Mundo idealista decidido a terminar con la inhumanidad», ahora liberado de los grilletes de arcaicos conceptos sobre el orden mundial. Pero recibió una escasa mención.

Una rara excepción fue el Wall Street Journal (WSJ), que dedicó su artículo principal del 31 de Diciembre a un análisis en profundidad de lo ocurrido. El titular decía: «La guerra de Kosovo fue cruel, encarnizada, salvaje; genocidio no fue». La conclusión contrasta bastante con la propaganda durante la guerra. Una búsqueda en la base de datos de referencias a «genocidio» en Kosovo sólo durante la primera semana de bombardeos se interrumpía al alcanzar su límite de 1000 documentos.

Cuando las fuerzas de la OTAN entraron en Kosovo, se emprendieron tremendos esfuerzos para descubrir evidencias de crímenes de guerra, «modelo de rapidez y eficiencia», para asegurar que ninguna evidencia se perdiera o pasara por alto. Esfuerzos «basados en lecciones aprendidas de los errores pasados» que reflejaban «una creciente atención internacional en atrapar a los responsables de crímenes de guerra». Aún más, añaden los analistas, «probar la escala de los crímenes es también políticamente importante para la OTAN, para demostrar porqué fueron necesarios 78 días de ataques aéreos contra fuerzas e infraestructuras serbias».

Esta lógica ampliamente aceptada es intrigante. Indiscutiblemente, los enormes crímenes tuvieron lugar después de que comenzaran los bombardeos: fueron no una causa sino una consecuencia. Requiere un considerable atrevimiento, por tanto, tomar los crímenes como justificación con efecto retroactivo de las acciones que contribuyeron a provocarlos.

Una «lección aprendida», y rápidamente puesta en práctica, fue la necesidad de evitar una investigación seria de los crímenes en Timor Oriental. Aquí no hubo «modelo de rapidez y eficiencia». A pesar de las súplicas de la misión de pacificación de la ONU, fueron enviados pocos forenses, y con cuatro meses de retraso, bastante después de que la estación de las lluvias borrase evidencias esenciales. La propia misión fue retrasada incluso después de que el país hubiese sido virtualmente destruido y la mayoría de su población expulsada. La diferencia no es difícil de comprender. En Timor Oriental los crímenes eran imputables directamente al terrorismo de estado que había sido apoyado por Occidente justo hasta el final de las atrocidades. Consecuentemente, temas como el disuadir y el exigir responsabilidades difícilmente pueden estar en la agenda. En contraposición, en Kosovo puede aducirse la evidencia de crímenes terribles para dar una justificación con efecto retroactivo de la guerra de la OTAN, sobre el interesante principio establecido por el sistema doctrinal.

A pesar de los intensivos esfuerzos, los resultados de «la obsesión por la fosa común», como la llaman los analistas del WSJ, era decepcionantemente escasos. A pesar de «los enormes campos de exterminio que algunos investigadores esperaban... la norma ha sido la dispersión de los asesinatos», una forma de «limpieza étnica descafeinada». «La mayoría de las muertes e incendios sucedieron en áreas dónde el separatista Ejército de Liberación de Kosovo (ELK-UCK) había estado activo» o podía infiltrarse, informaron algunos investigadores pro derechos humanos, en un intento por «delimitar las áreas de apoyo al ELK-UCK, utilizando selectivamente amenazas, saqueos y asesinatos esporádicos». Estas conclusiones ganan apoyo con la detallada revisión de la OSCE publicada en Diciembre, la cual «sugiere un fundamento de tipo militar para las expulsiones, las cuales estaban concentradas en las áreas controladas por los rebeldes y las probables rutas para una invasión».

El análisis del WSJ concluye con que «la OTAN dio un paso más en sus afirmaciones sobre los ’campos de exterminio’ serbios» cuando «vio que un débil sector de la prensa se inclinaba por la historia contraria: civiles asesinados por las bombas de la OTAN». El portavoz de la OTAN Jamie Shea presentó «información» que podía ser rastreada hasta fuentes del ELK- UCK. El WSJ concluye con que muchos de los más espeluznantes y prominentemente reportajes publicados sobre atrocidades atribuidos a los refugiados y a otras fuentes eran falsos. Entretanto la OTAN buscaba negar sus propias atrocidades, por ejemplo, publicando un video falso «pasado al triple de su velocidad real» para simular que «la muerte de al menos catorce civiles a bordo de un tren sobre un puente en Serbia el pasado abril» era inevitable porque «el tren viajaba demasiado rápido para que la trayectoria de los misiles pudiese haber sido cambiada a tiempo».

Los analistas del WSJ sin embargo llegan a la conclusión de que los «horribles» crímenes, incluyendo la enorme campaña de expulsión, «pueden ser suficientes para justificar» la campaña de bombardeos de la OTAN, sobre el principio de justificación con efecto retroactivo.

El estudio de la OSCE es la tercera fuente más importante en cuanto a los crímenes serbios. La primera es el caso del Departamento de Estado contra Milosevic y sus cómplices en Mayo; la segunda, su acusación formal poco después por el Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra. Los dos documentos son muy parecidos, seguramente porque la «notablemente rápida acusación» por el Tribunal estaba basada en «espionaje y otras informaciones de EEUU/Reino Unido denegada durante largo tiempo al [Tribunal] por los gobiernos occidentales». Pocos esperan que tal información sea revelada para un Tribunal de Crímenes de Guerra en Timor Oriental, en el improbable caso de que haya uno. El Departamento de Estado volvió a abrir el caso en Diciembre de 1999, con lo que se pretende que sea la justificación definitiva para el bombardeo, añadiendo cualquier información que pudiese obtenerse de los refugiados y de las investigaciones tras la guerra.

En los dos informes del Departamento de Estado y en la acusación del Tribunal, la cronología detallada se restringe, casi por completo, al periodo que siguió a la campaña de bombardeos iniciada el 24 de Marzo. Así, el informe final del Departamento de Estado de Diciembre de 1999 se refiere vagamente a «finales de Marzo» o «después de Marzo», aparte de una única referencia a informaciones de refugiados sobre una ejecución el 23 de Marzo, el día de la declaración oficial de la OTAN de que las operaciones aéreas anunciadas el 22 de Marzo iban a empezar. La única excepción significativa es la masacre de 45 personas el 15 de Enero en Racak. Pero que no puede haber sido el motivo para el bombardeo, por dos razones suficientes: primero, los monitores de la OSCE y otros observadores internacionales (incluyendo la OTAN) informaron de que era un incidente aislado, que no tenía nada que ver con los meses posteriores hasta el bombardeo; volvemos a ese antecedente directamente. Y segundo, tales atrocidades preocupan poco a EEUU y sus aliados. Las evidencias sobre esta última conclusión es abrumadora, y fue confirmada una vez más poco después de la masacre de Racak, cuando las fuerzas indonesias y sus subordinados paramilitares asesinaron brutalmente a 50 o más personas que se habían refugiado del terror indonesio en una iglesia en el remoto pueblo timorés de Liquica. A diferencia de Racak, esta fue sólo una de las muchas masacres en Timor Oriental en aquella época, con una cifra de muertos mucho más allá de cualquiera de las atribuidas a Milosevic en Kosovo: entre 3 y 5 mil asesinados desde Enero de 1999, informaron fuentes fiables de la Iglesia el 6 de Agosto, aproximadamente el doble del número de asesinados en todo Kosovo en el año anterior al bombardeo, de acuerdo con la OTAN. El historiador John Taylor estima el número de muertos entre 5 y 6 mil desde Enero hasta el referéndum del 30 de Agosto.

Los EEUU y sus aliados reaccionaron a las masacres de Timor Oriental de la forma habitual: continuar proporcionando ayuda militar y de otras clases a los asesinos y manteniendo otros acuerdos militares, incluyendo ejercicios de entrenamiento conjuntos tan tarde como en Agosto, mientras que se insistía en que la seguridad en Timor Oriental «es responsabilidad del Gobierno de Indonesia, y no queremos quitarles esa responsabilidad».

En resumen, el Departamento de Estado y el Tribunal no hacen esfuerzos serios para justificar la campaña de bombardeos o la retirada de los observadores de la OSCE el 20 de Marzo en preparación de la misma.

La investigación de la OSCE se aviene claramente a las acusaciones producidas por el Departamento de Estado y el Tribunal. Recoge «el esquema de las expulsiones y el enorme aumento de saqueos, asesinatos, violaciones, secuestros y pillaje una vez comenzó la guerra aérea de la OTAN el 24 de Marzo». «El cambio de acontecimientos más visible sucedió después de que la OTAN lanzase sus primeros ataques aéreos» el 24 de Marzo, informa la OSCE. «Por un lado, la situación parecía haberse precipitado sin el control de ninguna autoridad, ya que el desorden reinaba en forma de asesinatos y saqueos de casas. Por el otro, la expulsión masiva de miles de residentes de la ciudad, los cuales principalmente tuvieron lugar en la última semana de Marzo y la primera de Abril, siguieron un cierto patrón y es concebible que fuese bien organizada con antelación».

La palabra «concebible» es seguramente un eufemismo. Incluso sin evidencias documentales, apenas se puede dudar que Serbia tenía planes de contingencia para la expulsión de la población, y que sería probable ponerlos en marcha ante un bombardeo de la OTAN, bajo la perspectiva de una invasión directa. Se arguye comúnmente que el bombardeo está justificado por los planes de contingencia que fueron implementados en respuesta al bombardeo. Una vez más, la lógica es interesante. Adoptando el mismo principio, los ataques terroristas sobre objetivos norteamericanos estarían justificados si producen como respuesta un ataque nuclear, de acuerdo con planes de contingencia –los cuales existen- para un primer ataque, incluso preventivo contra estados no nucleares que han firmado el tratado de no proliferación. Un ataque iraní con misiles sobre Israel con una amenaza creíble de invasión se justificaría si Israel respondiera poniendo en práctica sus precisos planes de contingencia –los cuales presumiblemente existen- para expulsar a la población palestina.

La investigación de la OSCE informa además de que «una vez la OSCE-KVM (sus monitores) se marchó el 20 de Marzo de 1999 y en particular después del comienzo de los bombardeos de la OTAN sobre la Federación Yugoslava el 24 de Marzo, la policía serbia y/o el Ejército, a menudo acompañados por los paramilitares, fueron de pueblo en pueblo y, en las ciudades de área en área amenazando y expulsando a la población albano-kosovar. La partida de los monitores también precipitó un incremento de las emboscadas del ELK-UCK sobre los oficiales serbios,»provocando una fuerte reacción«por parte de la policía, una escalada desde»la atmósfera de pre-guerra, dónde las fuerzas serbias se enfrentaban a los rebeldes, que estaban raptando civiles serbios y emboscando oficiales de policía y soldados".

Para comprender el recurso a la guerra de la OTAN, el periodo más importante es el de los meses que precedieron la decisión. Por supuesto, lo que la OTAN sabía sobre ese periodo es un tema de crucial significación para cualquier intento serio a la hora de evaluar la decisión de bombardear Yugoslavia sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Afortunadamente, ese es el periodo del cual tenemos la más detallada evidencia directa: particularmente, de los informes de los monitores KVM y otros observadores internacionales. Desafortunadamente, la investigación de la OSCE pasa por alto rápidamente estos meses, presentando pocas evidencias y concentrándose más bien en el periodo posterior a que los monitores fueran apartados. Una selección de informes del KVM está, sin embargo, disponible, junto con otros de la OTAN y observadores internacionales independientes. Éstos merecen un examen detallado.

El periodo relevante empieza en Diciembre, con la violación del alto el fuego que había permitido la vuelta de mucha gente desplazada por las luchas. A lo largo de estos meses, los monitores informaron que «las agencias humanitarias en general tienen acceso libre a todas las áreas de Kosovo», con un hostigamiento ocasional de las fuerzas de seguridad serbias y los paramilitares del ELK, así que la información se supone que es bastante amplia.

Los «incidentes más serios» de los que informó el ICRC en diciembre son enfrentamientos a lo largo de la frontera de la Federación Yugoslava y Albania, y «lo que parecen ser los primeros ataques deliberados sobre sitios públicos en áreas urbanas». Un informe de actualización de Naciones Unidas (24 de Diciembre) identifica éstos como un intento por parte de albaneses armados de entrar en Kosovo desde Albania, dejando a su paso al menos 36 hombres armados muertos, y el asesinato de 6 adolescentes serbios a manos de unos enmascarados en un tiroteo contra un café la ciudad mayoritariamente serbia de Pec. El siguiente incidente es el rapto y asesinato del concejal de Kosovo Polie, atribuido por OTAN al ELK-UCK. Después hay un informe de «secuestros atribuidos al ELK». El informe del Secretario General de la ONU (24 de Diciembre) repasa la misma evidencia, citando la figura de 282 civiles y policías secuestrados por el ELK desde el 7 de Diciembre (cifras de la Federación Yugoslava). La imagen general es que después del alto al fuego de Octubre, «las unidades paramilitares albano-kosovares han tomado ventaja en ese periodo de calma dentro de la lucha para restablecer su control en muchas poblaciones en Kosovo, así como sobre algunas áreas cerca de centros urbanos y autopistas... llevando a la afirmación (por parte de las autoridades serbias) de que si [KVM] no puede controlar esas unidades el gobierno lo hará».

La actualización de la agencia internacional de noticias de la ONU el 11 de Enero es similar. Informa de los combates entre las fuerzas de seguridad serbias y el ELK. Además, en «el incidente más serio desde la declaración del alto el fuego en Octubre de 1998, el periodo bajo revisión ha sido testigo de un incremento en el número de asesinatos (presuntamente perpetrados por el ELK), los cuales han incitado vigorosas represalias de las fuerzas de seguridad gubernamentales». La «violencia fortuita» mató 21 personas en los 11 días anteriores. Sólo se cita un ejemplo: una bomba frente a «un café en Pristina, hirió a tres jóvenes serbios y fue el detonante de represalias de los civiles serbios sobre los albaneses», el primer incidente semejante en la capital. Los otros principales incidentes citados son la captura de ocho soldados por el ELK, el asesinato de un civil serbio, y la noticia del asesinato de tres policías serbios. La revisión del periodo por la OTAN es similar, con detalles adicionales: bombardeo del Ejercito serbio sobre civiles y e instalaciones del UCK con «al menos 15 albano-kosovares» asesinados, muerte de jueces, policías y civiles serbios a manos del UCK, etc.

Después está la masacre de Racak del 15 de Enero, tras la cual los informes vuelven a lo anterior. El informe mensual de la OSCE del 20 de Febrero describe la situación como «volátil». El «choque militar directo disminuyó significativamente» entre los serbios y el ELK, pero los ataques del ELK sobre la policía y los «tiroteos esporádicos» continuaron, «incluyendo a veces el uso de armas pesadas por el Ejercito serbio». La «principal característica de la última parte del periodo en el informe ha sido un alarmante incremento en el terrorismo urbano con una serie de bombardeos indiscriminados o lluvia de balas sobre la población civil en lugares públicos de poblaciones de Kosovo»; éstos son «no-atribuibles», o bien «criminal o políticamente motivados». Entonces sigue un repaso de las confrontaciones policía-ELK, secuestro de «cinco civiles serbios de avanzada edad», y rechazo del ELK y del Ejército serbio a cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad. Cinco civiles fueron asesinados cuando la «violencia urbana creció significativamente», incluyendo tres muertos por una bomba a la salida de una tienda de comestibles albanesa. «Se recibieron más informes acerca del ’mantenimiento del orden’ sobre la comunidad albanesa por parte del ELK y de sus castigos a aquellos acusados de colaborar con los serbios», además de la muerte y secuestro de supuestos colaboradores albaneses y policías serbios. El «ciclo de la confrontación puede ser descrito generalmente» como ataques del ELK sobre la policía serbia y la población civil, «una desproporcionada respuesta por las autoridades de la Federación Yugoslava», y «actividad renovada del ELK en todas partes».

En su informe mensual, el 17 de Marzo, el Secretario General de la ONU informa que las confrontaciones entre las fuerzas de seguridad serbias y el KLA «continuaron a un bajo nivel relativamente», pero los civiles «crecientemente se convierten en los principales objetivos de actos violentos», incluyendo asesinatos, ejecuciones, malos tratos y secuestros. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) «registró más de 65 muertes violentas» de civiles albaneses y serbios, y de varios gitanos, desde el 20 de Enero hasta el 17 de Marzo. Aparecen en los informes como asesinatos aislados de francotiradores y ataques con granadas sobre bares y tiendas. Las victimas incluían supuestos colaboradores albaneses y «civiles conocidos como liberales y flexibles en sus relaciones sociales». Los secuestros continuaron, siendo las víctimas casi todas serbias y en su mayoría civiles. El informe de la OSCE del 20 de Marzo daba una imagen similar, informando de «ataques no provocados del KLA contra la policía» y un incremento de las víctimas entre las fuerzas de seguridad serbias, junto con «operaciones militares que afectan a la población civil», «ataques terroristas indiscriminados en la ciudad contra civiles», «muertes no atribuibles a nadie» mayoritariamente de albaneses, y secuestro de civiles albaneses, atribuidos a una «fuerza de seguridad controlada y centralizada» por el ELK. Después se detallan los incidentes concretos.

El último informe de la OTAN (del 16 de Enero hasta el 22 de Marzo) cita varias docenas de incidentes, la mitad iniciados por el ELK-UCK, la mitad por fuerzas de seguridad serbias, además de media docena de respuestas por parte de las fuerzas de seguridad serbias y enfrentamientos con el ELK, incluyendo «agresivos ataques serbios sobre pueblos sospechosos de cobijar fuerzas o centros de mando del UCK». Se informó de que las víctimas eran la mayoría militares, en los niveles de los meses anteriores.

Como un modelo con el que comparar, podríamos considerar que las habituales asesinas y destructivas operaciones militares israelíes en Líbano apoyadas por EEUU cuando las fuerzas israelíes ocuparon el sur del Líbano violando las órdenes del Consejo de Seguridad, o las de sus mercenarios locales, son atacadas por la resistencia libanesa. A través de los 90, como antes, éstas han excedido con creces cualquier cosa atribuida a las fuerzas de seguridad de la Federación Yugoslava dentro lo que la OTAN insiste en que es su territorio.

Dentro de Kosovo, no se informó de cambios significativos desde la ruptura del alto el fuego en Diciembre hasta la decisión del 22 de Marzo de bombardear. Incluso aparte de la (aparente aislada) masacre de Racak, no hay duda de que las autoridades y fuerzas de seguridad yugoslavas eran responsables de crímenes serios. Pero los antecedentes de los que se informó tampoco dan credibilidad a la afirmación de que estas eran las razones para el bombardeo; en el caso de atrocidades comparables o mucho peores durante el mismo periodo, los EEUU y sus aliados tampoco reaccionaron, o –más significativamente- mantuvieron e incluso incrementaron su apoyo a las atrocidades. Los ejemplos son demasiado fáciles de nombrar, Timor Oriental en los mismos meses, para mencionar sólo el más obvio de ellos.

Las grandes expulsiones de Kosovo comenzaron inmediatamente después de la campaña de bombardeos iniciada el 24 de Marzo. El 27 de Marzo, el ACNUR informó que 4000 habían escapado de Kosovo, y que el 1 de Abril, el flujo era suficientemente grande para que el ACNUR empezase a proporcionar cifras día a día. Su Programa Humanitario de Evacuación comenzó el 5 de Abril. Desde la pasada semana de Marzo hasta el final de la guerra en Junio, «las fuerzas de la Federación Yugoslava y serbias expulsaron más de 863.000 albano- kosovares de Kosovo», informa la OSCE, y cientos de miles de otros fueron internamente desplazados, mientras un número desconocido de serbios, gitanos y otros escaparon también.

Los EEUU y Reino Unido habían estado planeando la campaña de bombardeos durante muchos meses, y difícilmente podían haber fallado en anticipar las consecuencias. A principios de Marzo, el primer ministro italiano Massimo D’Alema advirtió a Clinton del enorme flujo de refugiados que seguiría al bombardeo; la asesora de Seguridad Nacional de Clinton Sandy Berger respondió que en ese caso «la OTAN continuaría el bombardeo», con resultados todavía más espantosos. La inteligencia norteamericana también advirtió de que habría «una explosión de refugiados» y una campaña de limpieza étnica, reiterando las anteriores predicciones de los monitores europeos.

Al comenzar la campaña de bombardeos, el comandante general de las tropas norteamericanas- OTAN Wesley Clark informó a la prensa que era «enteramente previsible» que el terror serbio se intensificase como consecuencia. Poco después, Clark clarificó otra vez que «las autoridades militares anticiparon totalmente la cruel estrategia que Milosevic adoptaría, así como también la terrible eficiencia con la cual la llevaría a cabo». Elucubrando lo que pasaría algunas semanas más tarde, él comentó que la operación de la OTAN planeada por «los dirigentes políticos... no fue diseñada como una forma de detener la limpieza étnica serbia. No fue diseñada como una manera de librar una guerra contra los serbios y sus fuerzas militares policiales en Kosovo. De ninguna manera. No hubo nunca ningún intento de hacer eso. Esa no era la idea». El general Clark manifestó además que los planes para la Operación Herradura «nunca han sido compartidos conmigo», en referencia al supuesto plan serbio para expulsar a la población, que fue difundida por la OTAN después de que la traumática reacción serbia al bombardeo se hubiese hecho evidente.

La agencia que tiene la principal responsabilidad para el cuidado de refugiados es ACNUR. «Al final de la guerra, el Primer Ministro británico Tony Blair reprendió en privado a la agencia por lo que él consideró un funcionamiento problemático». Evidentemente, el funcionamiento de ACNUR habría sido menos problemático si la agencia no hubiera sido dejada sin fondos por las grandes potencias. Por esta razón, el ACNUR tuvo que recortar personal más de un 15 por ciento en 1998. En octubre, mientras los planes del bombardeo estaban siendo formulados, el ACNUR anunciaba que tendría que eliminar una quinta parte del personal restante en Enero de 1999 por la crisis presupuestaria creada por los «estados ilustrados».

En resumen, los monitores del KVM fueron apartados y una campaña de bombardeos comenzó con la expectativa, rápidamente cumplida, de que la consecuencia sería una fuerte escalada de la limpieza étnica y otras atrocidades, después de que la organización responsable del cuidado de refugiados fuese dejada sin fondos. Bajo la doctrina de justificación retrospectiva, los horribles crímenes que sobrevinieron son ahora presentados como, quizás, «suficientes para justificar» la campaña de bombardeos de la OTAN.

La persona que comete un crimen carga con la principal responsabilidad por el mismo; aquellos que le incitan, anticipando las consecuencias, llevan una responsabilidad secundaria, lo cual sólo se agrava si actúan de manera que aumente el sufrimiento de las víctimas. El único argumento posible para la acción que incita a los crímenes es que hubieran sido aún más severos en el caso de no haberse actuado. Esa exigencia, una de las más notables en la historia del apoyo del crimen de estado, requiere evidencias sustanciales. En el caso presente, uno buscará evidencias en vano –e incluso el reconocimiento que tales evidencias requieren.

Supongamos, no obstante, que tomamos en serio el argumento. Pierde fuerza descaradamente hasta el punto de que los subsiguientes crímenes son algo estupendo. Si ninguno de los albano- kosovares habían sufrido como resultado de la campaña de bombardeos de la OTAN, entonces la decisión de bombardear podría estar justificada sobre la base de que se impedirían los crímenes en contra de ellos. La fuerza del argumento disminuye tanto como aumenta la escala de los crímenes. Es, por consiguiente, más bien curioso que los que apoyan el bombardeo busquen pintar el peor cuadro posible de los crímenes en los cuales comparten responsabilidad; debería ser el caso contrario. La extraña postura probablemente refleja el éxito en inculcar la doctrina de que los crímenes incitados por el bombardeo de la OTAN proporciona una justificación retrospectiva para ella.

Éste, en absoluto es el único gran logro de la dirección doctrinal. Otro es el debate sobre la supuesta «doble moral» de la OTAN, revelado por su «apartar la vista» de otras crisis humanitarias, o «hacer demasiado poco» para prevenirlas. Los participantes en el debate deben acordar que la OTAN fue guiada por principios humanitarios en Kosovo — precisamente la pregunta en disputa. Aparte de eso, la administración Clinton «apartó la vista» o «hizo demasiado poco» frente a las atrocidades en Timor Oriental, o Colombia, o muchos otros lugares. Más bien, junto con sus aliados, escogió incrementar las atrocidades, a menudo vigorosamente y decisivamente. Quizá el caso de Turquía -dentro de OTAN y bajo la jurisdicción europea- es lo más relevante en la presente conexión. Sus operaciones de limpieza étnica y otros crímenes, enormes en proporción, fueron efectuados con un flujo enorme de ayuda militar de la administración Clinton, que aumentó a la par que las atrocidades. También han virtualmente desaparecido de historia. No hubo mención a ellos en la reunión del 50 aniversario de la OTAN en abril de 1999, celebrada bajo la sombra de la limpieza étnica -un crimen que no puede ser tolerado, declararon participantes y comentaristas, cerca de los bordes de OTAN; sólo dentro de sus bordes, dónde los crímenes van a ser agilizados. Con raras excepciones, la prensa ha mantenido una actitud de disculpa, aunque la participación de Fuerzas Armadas turcas en la campaña Kosovo fue altamente reconocida. El más reciente debate sobre los problemas de «intervención humanitaria» evade el papel crucial estadounidense en las atrocidades de los turcos, o ignora el tema completamente.

Es un logro raro para un sistema de propaganda el haber asumido sus doctrinas como propias presuposiciones en el debate. Éstas están entre las «lecciones aprendidas», para ser aplicados en ejercicios futuros enmascarados tras el objetivo humanitario.


[1] Este artículo, así como su segunda parte, se publicaron como Epílogo a la edición francesa de New Military Humanism (Common Courage, 1999; Page Deux Lausanne, 2000.)

Título original: In Retrospect. A review of NATO’s war over Kosovo, part I Autor: Noam Chomsky
Origen: Z Magazine, abril de 2000
Traducido por Pedro Edu Hondo y revisado por Carlos Carmona, febrero de 2001

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