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Retrospectiva: Revisión de la campaña de la OTAN sobre Kosovo, 2ª Parte

Noam Chomsky

Sección:Intervencionismo humanitario y misiones de paz
Miércoles 25 de marzo de 2009 0 comentario(s) 1364 visita(s)

Retrospectiva: Revisión de la campaña de la OTAN sobre Kosovo, 2ª Parte [1]

Título original: In Retrospect. A review of NATO’s war over Kosovo, part II
Autor: Noam Chomsky
Origen: Z Magazine, abril de 2000
Traducido por Pedro Edu Hondo y revisado por Carlos Carmona, febrero de 2001

Noam Chomsky

Hasta cierto nivel, seguramente, se reconoce el disparate de la justificación retrospectiva. Por consiguiente muchos intentos de justificar el bombardeo de la OTAN siguen una línea diferente. Una versión típica dice que «Serbia invadió Kosovo para aplastar un movimiento separatista albanés pero mató 10.000 civiles y expulsó a 700.000 personas hacia Macedonia y Albania. Entonces, la OTAN atacó a Serbia desde el aire para proteger a los albaneses de una limpieza étnica [ pero] mató centenares de civiles serbios y produjo un éxodo de decenas de miles de ellos desde las ciudades al campo». Si asumimos este orden de los acontecimientos se podría armar una base racional que justifique el bombardeo, pero, sin ningún tipo de dudas, el orden real es exactamente el opuesto.

El dispositivo es de uso habitual en los medios y los especialistas con frecuencia adoptan una postura similar. El historiador David Fromkin, en su libro ampliamente elogiado sobre la guerra, afirma sin argumentos que los EEUU y sus aliados actuaron únicamente por «altruismo» y «fervor moral», forjando «un enfoque novedoso sobre el uso de la fuerza en política internacional» al «reaccionar a la deportación de más de un millón de kosovares de su patria» con el bombardeo, para salvarlos de «horribles sufrimientos o la muerte». Se está refiriendo a aquellos expulsados como consecuencia anticipada de la campaña de bombardeos. Al abrir su defensa legal de la guerra, la profesora en leyes, Ruth Wedgwood asume sin argumentos, que el objetivo del bombardeo de la OTAN fue «detener la expulsión de los albaneses de Kosovo» a manos de Belgrado; esto es, la expulsión precipitada por el bombardeo, un objetivo desconocido y enérgicamente negado por el comandante militar de la operación.

El especialista en asuntos exteriores y seguridad Alan Kuperman escribe que en Timor Oriental y Kosovo «la amenaza de sanciones económicas o de bombardeo provocó una trágica reacción violenta» y que «la intervención occidental llegó demasiado tarde para prevenir atrocidades masivas». En Kosovo el bombardeo no llegó «demasiado tarde para prevenir atrocidades masivas» mas bien las precedió y tal como fue anticipado, las incitó. En Timor Oriental, ninguna acción occidental «provocó una reacción violenta». No se propuso el uso de la fuerza e incluso se retrasó la amenaza de sanciones hasta después de que se consumaran las atrocidades. La «intervención» la realizó una fuerza de paz de la ONU que ingresó en el territorio administrado por Portugal en principio bajo jurisdicción de la ONU, después de que las potencias occidentales finalmente retiraran su apoyo directo a la invasión de Indonesia y sus masivas atrocidades, causando la rápida retirada de su ejército.

Tal revisión del registro de los hechos ha sido un procedimiento habitual durante todo este tiempo. En una peculiar versión anterior, el especialista en política exterior del New York Times (NYT) Thomas Friedman, escribió al final de la guerra que «al comenzar la expulsión de los refugiados, ignorar a Kosovo hubiera sido un error.... por lo tanto el uso de un»enorme poder de fuego aéreo«en pos de un objetivo concreto era la única opción lógica. El desalojo de los refugiados al que él se refiere siguió al uso del»enorme poder de fuego aéreo" tal como se anticipó. De nuevo la inversión que ya nos es familiar, comprensible ya que sin ella la defensa de la violencia de estado se vuelve verdaderamente dificultosa.

Una justificación retrospectiva usualmente empleada es que el uso de la fuerza hizo posible el retorno de los albano-kosovares a sus hogares; un logro significativo si ignoramos el hecho que casi todos fueron expulsados como reacción a los bombardeos. Según éste razonamiento, una alternativa preferible, grotesca pero algo menos que el plan de acción que se siguió, hubiera sido esperar a que los serbios consumaran la supuesta amenaza y si lo hacían, bombardear la República Federal Yugoslava (RFY) para asegurar el retorno de los kosovares, que hubieran sufrido bastante menos daño que al huir bajo los bombardeos de la OTAN.

Una variante interesante aparece en la introducción al libro de documentos sobre Kosovo editado por el profesor en leyes Marc Weller de la Universidad de Cambridge. Él reconoce que el bombardeo de la OTAN, al que apoyó enérgicamente, es una clara violación del derecho internacional y podría justificarse solamente sobre la base de un supuesto «derecho a la intervención humanitaria». Esta justificación a su vez, se basa en el supuesto que el rechazo de la RFY a «aceptar un detallado acuerdo sobre el tema de Kosovo [ el ultimátum de Rambouillet] constituiría una circunstancia que desencadenaría una descomunal emergencia humanitaria. Pero los sucesos en el terreno»disculparon«a la OTAN de tener que contestar este punto», escribe: particularmente «el inicio de una campaña de deportación masiva previamente planificada de lo que pareció en algún momento ser la totalidad de la población de la etnia albanesa de Kosovo justo antes del comienzo de los bombardeos».

Hay dos problemas con este planteamiento. Primero, el registro documental, incluyendo el libro que el editó, no brinda ninguna evidencia en apoyo de este crucial argumento y de hecho lo niega (dada la falta de evidencia a pesar de los importantes esfuerzos para sacarla a luz). Segundo, aún en el caso que se hubiera descubierto a posteriori que la expulsión comenzó antes de los bombardeos, esto difícilmente podría justificar el empleo de la fuerza, por simple lógica. Además, como fue ya discutido, aún si el inicio de la expulsión se hubiera conocido antes del bombardeo (aunque misteriosamente esto falta en la evidencia documental) hubiera sido altamente preferible permitir que la expulsión se llevara a cabo y entonces iniciar el bombardeo que llevaría al retorno de aquellos deportados: grotesco pero en bastante menor grado que lo finalmente decidido. Sin embargo, a la luz de las evidencias disponibles, todo esto es una discusión académica, que simplemente muestra los desesperados esfuerzos para justificar la guerra.

¿Es que existían opciones menos grotescas en Marzo de 1999? El peso de la prueba está obviamente del lado de aquellos que optaron por la violencia de estado, un gran peso que no ha tenido intentos serios de ser levantado. Pero dejemos esto de lado y miremos al abanico de opciones disponibles.

Una pregunta importante, hecha por Eric Rouleau es si «las atrocidades serbias habían llegado a proporciones tales que obligaban a romper el proceso diplomático con el fin de salvar a los kosovares de un genocidio». Anota que «la continua negativa de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE) a difundir el informe [ sobre las observaciones de los monitores de la Misión de Verificación de Kosovo (KVM) desde noviembre hasta su retirada] solamente alimenta las dudas sobre la veracidad de tal alegato. Como se dijo antes, los autos de procesamiento del Departamento de Estado y el Tribunal no brindan ningún apoyo significativo a tal alegato, lo cual no es un hecho insignificante puesto que ambos buscaron desarrollar el caso más contundente. ¿Qué hay entonces del informe de la OSCE, difundido después del artículo de Rouleau? Como ya fue comentado, el informe no hace ningún esfuerzo serio para apoyar tal argumento, de hecho brinda poca información acerca del período crucial. Sus referencias confirman de hecho el testimonio de Jacques Prod´home, miembro francés del KVM citado por Rouleau, de que»en el mes previo a la guerra, durante el cual se movió libremente en la región de Pec, ni él ni sus colegas vieron nada que pudiera ser descrito como persecución sistemática, crímenes colectivos o individuales, incendio de casas o deportaciones." Los detallados informes del KVM y otros observadores omitidos en la revisión de la OSCE socavan aún más el alegato, como ya hemos dicho.

El argumento central, componente clave del caso de la OTAN tal como reconocen aún sus más fervientes defensores, Weller por ejemplo, permanece sin apoyo. Una vez más debe subrayarse que el mayor peso de la prueba está del lado de aquellos que lo emplearon para justificar el uso de la fuerza. La discordancia entre lo que se requiere y la evidencia presentada es «impresionante», si bien el término «contradicción» sería mas adecuado, en particular cuando se consideran otras evidencias pertinentes, como el testimonio directo del comandante militar, General Clark.

Kosovo había sido un lugar extremadamente desagradable durante el año previo. Cerca de 2,000 personas murieron asesinadas según la OTAN, la mayoría albaneses, en el curso de una lucha encarnizada que comenzó en Febrero con acciones del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) que los EEUU denunciaron como «terrorismo», y una brutal respuesta Serbia. En el verano el KLA controlaba cerca del 40% de la provincia, desencadenando una cruenta reacción de las fuerzas de seguridad serbias y de paramilitares dirigida a la población civil. De acuerdo con el consejero legal de los albano-kosovares Marc Weller, «en pocos días [ después de la retirada de los monitores el 20 de Marzo] , el número de desplazados se incrementó hasta 200,000», números que concuerdan grosso modo con los de la inteligencia norteamericana.

Supongan que los monitores no hubieran sido retirados en la preparación del bombardeo y que se hubieran proseguido los esfuerzos diplomáticos. ¿Eran éstas opciones factibles? ¿Hubieran conducido a un a un peor desenlace, o incluso a uno mejor?. Ya que la OTAN se negó a explorar esta posibilidad, no lo sabemos. Pero al menos podemos considerar los hechos conocidos y preguntarnos lo que sugieren.

¿Podían los monitores de la KVM haber permanecido, incluso haber aumentado su presencia? Parece posible, particularmente a la luz de la condena inmediata a la retirada realizada por la Asamblea Nacional Serbia. No se ha argumentado que el incremento de las atrocidades después de su retirada se hubiera producido incluso si se hubieran quedado y mucho menos que la masiva escalada fue la consecuencia prevista del bombardeo marcado por la partida de los mismos. La OTAN también puso poco esfuerzo en utilizar otros medios pacíficos; incluso un embargo de petróleo, la base de cualquier régimen de sanciones serio, no fue considerado sino hasta después del bombardeo.

Sin embargo, la cuestión más importante, tiene que ver con las opciones diplomáticas. En la víspera del bombardeo había dos propuestas sobre la mesa. Una era el acuerdo de Rambouillet, presentado a Serbia como un ultimátum. La segunda era la posición Serbia, formulada en el «Borrador del Acuerdo Revisado» del 15 de Marzo y la Resolución de la Asamblea Nacional Serbia del 23 de marzo. Una preocupación seria por proteger a los kosovares bien podría haber puesto en consideración también otras opciones, incluso tal vez, algo parecido a la propuesta del presidente Serbio de Yugoslavia, Dobrica Cosic, de 1992-93 que proponía la partición de Kosovo y su separación de Serbia, con la excepción «de una cantidad de enclaves Serbios». En su momento, la propuesta fue rechazada por la República de Kosovo de Ibrahim Rugova que había declarado la independencia y formado un gobierno paralelo; pero podría haber sido de utilidad como base de una negociación en las circunstancias diferentes de comienzos de 1999. Quedémonos entonces con las dos posiciones oficiales al final de marzo: el ultimátum de Rambouillet y la Resolución Serbia.

Es importante y a la vez revelador que, con excepciones marginales, los contenidos esenciales de ambas posiciones fueron mantenidos fuera del alcance de la opinión pública, aparte de medios disidentes que llegan a poca gente.

La Resolución de la Asamblea Nacional Serbia, si bien reportada enseguida por los servicios cablegráficos, ha permanecido prácticamente como un secreto. Ha habido escasos indicios incluso de su existencia, y menos aún de su contenido. La Resolución condena el retiro de los monitores de la OSCE y hace un llamado a la ONU y la OSCE para permitir un acuerdo diplomático a través de negociaciones «hacia la concreción de un acuerdo político basado en una amplia autonomía para [ Kosovo] , asegurando la completa igualdad de todos los ciudadanos y comunidades étnicas y el respeto a la soberanía e integridad territorial de la República de Serbia y la República Federal de Yugoslavia.» Abre la posibilidad de una «presencia internacional» de «tamaño y características» a determinar a los efectos de llevar a cabo el «acuerdo político sobre la autodeterminación acordada y aceptada por los representantes de todas las comunidades nacionales que viven en [ Kosovo] .» La conformidad de la RFY para «discutir el alcance y el carácter de la presencia internacional en [ Kosovo] para aplicar el acuerdo a ser aceptado en Rambouillet» había sido transmitida formalmente a los negociadores el 23 de Febrero, y anunciada por la RFY en conferencia de prensa el mismo día. Si esas propuestas tenían alguna sustancia no lo podemos saber puesto que nunca fueron consideradas y permanecen desconocidas.

Es quizás más llamativo aún que el ultimátum de Rambouillet, descrito universalmente como la propuesta de paz, fue ocultado a la opinión pública, en particular las cláusulas aparentemente introducidas en los últimos momentos de las conversaciones de París en Marzo, después que Serbia manifestara su acuerdo con las principales propuestas políticas, garantizando así su rechazo. De singular importancia son los términos de los Apéndices de aplicación que otorgaban a la OTAN el derecho de «entrada libre y sin restricciones y acceso autorizado a todo lo largo de la RFY incluyendo el espacio aéreo y las aguas territoriales,» sin límites, obligaciones ni ataduras respecto a las leyes del país o la jurisdicción de sus autoridades, quienes, sin embargo, deberán seguir las órdenes de la OTAN «con la mayor prioridad y todos los medios apropiados» (Apéndice B).

El Anexo fue ocultado a los periodistas que cubrían las conversaciones de Rambouillet y París, informa Robert Fisk. «Los serbios dicen que lo denunciaron en su última conferencia de prensa en París, un encuentro pobremente cubierto en la embajada Yugoslava a las 11de la noche el 18 de Marzo.» Los disidentes serbios que participaron en las negociaciones sostienen que tales condiciones les fueron entregadas el último día de las conversaciones de París, y los rusos no sabían de su existencia. Estas cláusulas no estuvieron a disposición de los miembros de la Casa de los Comunes Británica hasta el 1 de Abril, el primer día del receso parlamentario, una semana después del inicio del bombardeo.

En las negociaciones que comenzaron después del bombardeo, la OTAN abandonó completamente estas demandas junto con otras a las cuales Serbia se había opuesto, y no existe ninguna mención a ellas en el acuerdo final de paz. Sin que le falte razón, Fisk pregunta: ¿Cuál era el propósito real de la exigencia de última hora de la OTAN? ¿Era un caballo de Troya? ¿Para salvaguardar la paz? ¿O para sabotearla? En cualquier caso, si los negociadores de la OTAN hubieran estado preocupados por el destino de los albano-kosovares, deberían haber intentado determinar si la diplomacia podía tener éxito retirando las demandas más provocativas y obviamente irrelevantes de la OTAN, aumentando el vigilancia, y no terminándola; y amenazando con el uso de sanciones significativas.

Cuando se han formulado tales preguntas, los líderes de los equipos negociadores de los EEUU y Gran Bretaña han alegado que estaban dispuestos a retirar las demandas exorbitantes que luego dejaron de lado, pero que los serbios se negaron. El alegato es difícilmente creíble. Hubieran tenido toda la razón del mundo de hacer públicos esos hechos de inmediato. Es interesante que ellos no fueron llamados a responder por este asombroso desempeño.

Destacados partidarios del bombardeo han empleado alegatos similares. Un importante ejemplo es el comentario sobre Rambouillet realizado por Marc Weller. Éste ridiculiza los «alegatos extravagantes» sobre los Apéndices de aplicación, los cuales dice «fueron publicados junto con el acuerdo,» esto es el Borrador del Acuerdo fechado el 23 de marzo. Donde fueron publicados no lo dice, ni explica porqué los periodistas que cubrían las conversaciones de Rambouillet y París los desconocían; ni tal parece, el parlamento Británico. El «famoso Apéndice B», afirma, establecía «los términos habituales de un acuerdo de fuerzas para la KFOR (las fuerzas de ocupación de la OTAN).» No explica porqué tal exigencia fue retirada después que empezara el bombardeo, y evidentemente no lo necesitan las fuerzas que entraron en Kosovo bajo mando de la OTAN en Junio, y que son mucho más grandes que las contempladas en Rambouillet y por tanto deberían ser aún más dependientes del acuerdo de fuerzas. También queda sin explicar la respuesta de la RFY del 15 de marzo al Borrador del Acuerdo del 23 de febrero. La respuesta de la FRY analiza el Borrador de Acuerdo con gran detalle, sección por sección, proponiendo extensos cambios y supresiones a lo largo del mismo, pero sin hacer ninguna referencia a los apéndices- los acuerdos de aplicación, que tal como Weller enfatiza, eran con mucho la parte más importante y el tema de las negociaciones de París que tenían lugar en ese momento. La única forma de ver esta descripción es con escepticismo, incluso dejando fuera su actitud descuidada hacia el hecho crucial, ya apuntada, y sus claros cometidos. De momento, estos importantes asuntos permanecen sepultados en la oscuridad.

A pesar de los esfuerzos oficiales para prevenir el conocimiento público de lo que estaba sucediendo, los documentos estaban disponibles para cualquier medio noticioso que se decidiese a profundizar en el asunto. En los EEUU, la demanda extrema (y claramente irrelevante) de una práctica ocupación de la RFY por parte de la OTAN recibió su primer mención en una conferencia de prensa de la OTAN el 26 de abril, cuando se hizo un pregunta al respecto, pero fue rápidamente desechada y no profundizada. Los hechos fueron informados cuando las demandas fueron formalmente retiradas y se volvieron irrelevantes con relación a una opción democrática. Inmediatamente después del anuncio de los acuerdos de paz el 3 de junio, la prensa citó los pasajes críticos del «tómelo o déjelo» del ultimátum de Rambouillet, anotando que «una fuerza únicamente de la OTAN iba a tener permiso completo para ir a cualquier parte de Yugoslavia donde quisiera, inmune a cualquier proceso legal,» y que «fuerzas lideradas por la OTAN hubieran tenido prácticamente acceso libre por toda Yugoslavia, no solamente Kosovo.» Durante los 78 días de los bombardeos las negociaciones continuaron, cada lado haciendo compromisos -descritos en los EEUU como fraude serbio, o capitulación bajo las bombas. El acuerdo de paz del 3 de junio fue un compromiso entre las dos posiciones sobre la mesa a finales de marzo. La OTAN abandonó sus exigencias más extremas, incluyendo aquellas que aparentemente minaron las negociaciones en el último minuto y el texto que se interpretó como un llamado a referéndum sobre la independencia. Serbia aceptó a la «presencia de una fuerza de seguridad internacional con participación prominente de la OTAN», la única mención a la OTAN en el acuerdo de paz o la Resolución 1244 confirmatoria del Consejo de Seguridad. La OTAN no tenía la intención de ajustarse a los pedazos de papel que había firmado e inmediatamente actuó violándolos, aplicando una ocupación militar de Kosovo bajo su mando. Cuando Serbia y Rusia insistieron en el cumplimiento de los acuerdos formales, fueron castigados por su fraude, y el bombardeo fue renovado para hacerlos entrar en vereda. El 7 de junio, los aviones de la OTAN bombardearon de nuevo las refinerías de petróleo en Novi Sad y Pancebo, centros de oposición a Milosevic. La refinería de Pancebo se prendió fuego liberando una gran nube de gases tóxicos, mostrada en una foto de un artículo del NYT del 14 de julio que discutía los severos efectos sobre la economía y la salud. No se informó del bombardeo aunque fue cubierto por los servicios cablegráficos.

Se ha argumentado que de haberse llegado al mismo en marzo, Milosevic hubiera intentado evadir los términos de un acuerdo. Los antecedentes apoyan fuertemente esta conclusión así como apoyan la misma conclusión acerca de lo que hubiese hecho la OTAN - no sólo en este caso, incidentalmente; el desmantelamiento por la fuerza de los acuerdos firmados es la norma por parte de las grandes potencias. Tal como ahora se reconoce tardíamente, los antecedentes también sugieren que "habría sido posible [ en marzo] iniciar una verdadera ronda de negociaciones- no el desastroso dictado Americano presentado a Milosevic en la conferencia de Rambouillet - e introducir un gran contingente de observadores externos capaces de proteger a civiles albaneses y serbios por igual.

Al menos todo esto parece claro. La OTAN prefirió rechazar las opciones diplomáticas que no estaban agotadas y lanzar una campaña militar que tuvo terribles consecuencias para los albano- kosovares, tal como se esperaba. Otras consecuencias preocupan poco a occidente, incluyendo la destrucción de la economía civil Serbia por operaciones militares violando en forma flagrante las leyes de la guerra. Si bien este asunto fue presentado al Tribunal de los Crímenes de Guerra tiempo atrás, es difícil imaginar que será seriamente considerado. Por similares razones, es poco probable que el Tribunal preste atención a las 150 páginas del «Sumario de la Operación Tormenta: Un caso prima facie», que revisa los crímenes de guerra cometidos por las fuerzas croatas que expulsaron 200.000 serbios de Krajina en agosto de 1995, con participación crucial de los EEUU y que produjo «prácticamente una falta total de interés en la prensa y el Congreso de los EEUU,» observa David Binder, corresponsal del NYT en los Balcanes.

El sufrimiento de los kosovares no concluyó con la llegada de la fuerza de ocupación de la OTAN (KFOR) y la misión de la ONU. A pesar de los billones de dólares que estuvieron rápidamente disponibles para el bombardeo, siendo octubre, los EEUU «aun no han pagado uno solo de los 37.9 millones de dólares estimados para cubrir los gastos de la puesta en funcionamiento de la operación civil de la ONU en Kosovo»; tal como en Timor Oriental, donde la administración Clinton solicitó una reducción de la pequeña fuerza de paz. Cerca de noviembre, «la Oficina para la Asistencia a Desastres en el Exterior de los EEUU aún no había distribuido ningún kit de trabajo pesado y estaba únicamente entregando trastos viejos» por el programa de protección contra el invierno en Kosovo; la ACNUR y la agencia humanitaria de la UE, ECHO han insistido en sus críticas por las demoras y la falta de previsión«. Las actuales necesidades de la misión de la ONU cuestan»el precio de medio día de bombardeos«, dijo un amargado funcionario de la ONU y sin tal ayuda,»este lugar fracasará", para el regocijo de Milosevic. Una conferencia de donantes llevada a cabo por los gobiernos occidentales prometió sólo 88 millones de dólares para cubrir el presupuesto de la misión de la ONU en Kosovo y ofreció para el próximo año 1 billón de dólares en ayuda para la reconstrucción - fondos públicos que serán transferidos a las arcas de los contratistas privados, si se llega a una solución de las controversias dentro de la OTAN sobre como se distribuirán los contratos. A mediados de diciembre la misión de la ONU suplicó nuevamente con poco éxito, por fondos para maestros, la policía, funcionarios y otros empleados públicos.

A pesar de la limitada ayuda, el atractivo de un desastre que puede ser atribuido al enemigo oficial y explotado (en forma curiosa) «para demostrar porqué 78 días de ataques aéreos contra las fuerzas y la infraestructura serbia eran necesarios» ha sido suficiente para introducir cortes severos en la ayuda en otros lugares. El senado de los EEUU está proyectando un corte en decenas de millones de dólares de los programas relacionados con Africa. Dinamarca ha cortado la ayuda fuera de Kosovo en un 26%. El Cuerpo Médico Internacional está suspendiendo su programa en Angola, ya que mientras recaudaron 5 millones de dólares para Kosovo, han buscado en vano 1.5 millones de dólares para Angola, donde 1.6 millones de desplazados se enfrentan a la muerte por inanición. El Programa Mundial de Alimentación anunció que deberá recortar sus programas que atienden a 2 millones de refugiados en Sierra Leona, Liberia y Guinea, al haber obtenido menos del 20% de los fondos solicitados. La misma suerte espera a 4 millones de personas que sufren hambruna en la región africana de los Grandes Lagos -cuyas circunstancias no están desvinculadas durante muchos años de las acciones de las potencias occidentales, así como de la negativa a actuar en momentos críticos. El ACNUR gasta 11 veces más por refugiado en Kosovo que en Africa. «Los centenares de millones de dólares gastados en los refugiados de Kosovo y el amontonamiento entre las agencias deseosas de gastarlos fue casi una obscenidad», dijo Randolph Kent,«quien dejó los programas de la ONU en los Balcanes por el trabajo en Africa Oriental. El presidente Clinton mantuvo una reunión con las agencias de ayuda más importantes»para destacar su propio entusiasmo en apoyar a Kosovo«Todo esto sucede va contra del trasfondo de importantes reducciones de la ayuda en los EEUU, en»la cima de su gloria«(Fromkin), con sus dirigentes complacidos de adulación por su»altruismo" sin precedentes históricos, al tiempo que prácticamente desaparecen de la lista de donantes para los pobres y miserables.

El informe de la OSCE brinda una detallada documentación de los crímenes cometidos bajo la ocupación militar de la OTAN. Si bien no se comparan con aquellos cometidos por Serbia bajo el bombardeo de la OTAN, no son insignificantes. La provincia ocupada se encuentra bajo «la falta de legalidad que ha dejado una violencia incontrolada» mucha de la cual es atribuida al ELK-UCK, indica la OSCE, mientras la «impunidad» ha prevalecido sobre la justicia. Los albaneses opositores al «nuevo orden» bajo el dominio del UCK, incluidos los dirigentes del «principal rival político de este grupo rebelde» han sido secuestrados, asesinados, atacados con granadas, amedrentados y obligados a abandonar la política. La selección del informe de la OSCE aparecida en el NYT se refiere a la ciudad de Prizren cerca de la frontera albanesa, atacada por los serbios el 28 de marzo, pero «el resultado global es que mucho más daño ha sido causado .....después de la guerra que durante ella.» La policía militar británica informa de la participación de la mafia albanesa en ataques con granadas y otros actos criminales como el asesinato de ancianas por «hombres autoidentificados como representantes del ELK.»

La minoría serbia ha sido en su mayor parte expulsada. Robert Fisk informa que «el número de serbios asesinados en los 5 meses desde la guerra se acerca al de albaneses asesinados a manos serbias en los 5 meses previos al inicio del bombardeo por la OTAN en marzo,» tal como indica la evidencia disponible; recordar que la ONU informó de «65 muertes violentas» de civiles (principalmente albaneses y serbios) en los 2 meses previos a la retirada de los monitores y el bombardeo. Los crímenes no son investigados, ni siquiera el asesinato de un empleado serbio del Tribunal Internacional. La comunidad croata «huyó en masa» en octubre. En noviembre, «el presidente de la pequeña comunidad judía en Pristina, Cedra Prlincevic huyó a Belgrado después de denunciar»un pogromo contra la población no-albanesa.«Amnistía Internacional informó al finalizar el año que la»violencia contra serbios, gitanos, eslavos musulmanes y albaneses moderados en Kosovo ha crecido dramáticamente durante el mes pasado«, incluyendo»asesinatos, secuestros, ataques violentos, intimidación e incendio de casas a diario,«del mismo modo que la tortura y las violaciones, y los ataques a los medios y organizaciones políticas independientes en lo que parece ser»una campaña orquestada para silenciar las voces moderadas en la sociedad de etnia albanesa," todo esto ante los ojos de las fuerzas de la OTAN.

Los oficiales de la KFOR informan que sus órdenes son pasar por alto los crímenes: «Por supuesto que es una locura,» dijo un comandante francés, «pero esas son las órdenes de la OTAN, desde arriba.» Las fuerzas de la OTAN asimismo «parecen completamente indiferentes» a los ataques de «bandas armadas de etnia albanesa» que cruzan la frontera entre Serbia y Kosovo «para aterrorizar aldeas fronterizas, robar madera o ganado y, en algunos casos, para asesinar,» produciendo el abandono de estos pueblos.

Actualmente, todo indica que Kosovo bajo la ocupación de la OTAN se ha transformado en el sitio que fue a principios de 1980, después de la muerte de Tito, cuando fuerzas nacionalistas se movilizaron para crear «una república Albanesa étnicamente pura», tomando tierras de los serbios, atacando iglesias, y participando en «premeditados actos de violencia» para lograr el objetivo de una región albanesa «étnicamente pura» , con «episodios de violación, incendio, robo y sabotaje industrial aparentemente pensados para enviar a los indígenas eslavos que permanecían en Kosovo ... fuera de la provincia.» Este problema «en apariencia ingobernable», otra fase en una terrible historia de violencia intercomunitaria, condujo a una respuesta particularmente brutal de Milosevic, despojando a Kosovo de su autonomía y de los importantes subsidios federales de los cuales dependía, imponiendo un régimen de «Apartheid». Kosovo comenzó a parecerse a Bosnia, «un antro de ladrones y evasores de impuestos» sin una economía operativa, dominado por «una adinerada clase criminal que ejerce una enorme influencia política y que se apodera anualmente de cientos de millones de dólares de los impuestos.» Lo peor puede estar por venir cuando la lucha por la independencia para Kosovo viene intrincada con presiones por una «gran Albania», de sombríos presagios.

Los países pobres de la región han sufrido enormes pérdidas por el bloqueo del Danubio causado por el bombardeo de Novi Sad, otro centro de oposición a Milosevic. Estos ya venían sufriendo de las barreras proteccionistas que «impiden que los barcos lleven sus productos a la UE,» lo mismo que «una barrera de cuotas y tarifas occidentales sobre sus exportaciones.» Pero el "bloqueo del [ Danubio] es realmente un regalo para Europa Occidental, particularmente Alemania, que se beneficia del incremento de su actividad en el Rhin y en los puertos sobre el Atlántico.

Hay también otros ganadores. Al final de la guerra, la prensa económica declaró como «los verdaderos ganadores» a la industria militar occidental, refiriéndose principalmente a la industria de tecnologías punta. Moscú está esperando «un gran año para las exportaciones de armas rusas» ya que «el mundo se está rearmando aprensivamente gracias sobre todo a la aventura balcánica de la OTAN», buscando una disuasión, tal como fue ampliamente previsto durante la guerra. Aún más importante, los EEUU fueron capaces de imponer su dominio sobre la región estratégica de los Balcanes, desplazando, al menos temporalmente, las iniciativas de la UE, una causa primaria de la insistencia que la operación estuviera en manos de la OTAN, una subsidiaria de los EEUU. Una Serbia venida a menos se mantiene como la última que no está de acuerdo, probablemente no por mucho tiempo.

Una consecuencia adicional es un golpe a los frágiles principios del orden mundial. La acción de la OTAN representa una amenaza para «el corazón del sistema de seguridad internacional» fundado por la Carta de las Naciones Unidas, observa el Secretario General Kofi Annan en su informe anual a la ONU en septiembre. Esto importa poco a los ricos y poderosos, que actúan a voluntad, rechazando decisiones de la Corte Internacional de Justicia y vetando resoluciones del Consejo de Seguridad cuando es necesario; es útil recordar que, contrariamente a lo que habitualmente se cree, los EEUU han sido por lejos los que han vetado más resoluciones del Consejo de Seguridad en una gran gama de temas, incluyendo terrorismo y agresión, desde que perdieron el control de la ONU en el curso de la descolonización, con Gran Bretaña como segundo, seguidos de lejos por Francia como tercero. Las víctimas habituales, sin embargo, se toman estos asuntos más seriamente como demuestra la reacción global a la guerra en Kosovo.

El punto esencial -para nada oscuro- es que el mundo enfrenta dos opciones con relación al empleo de la fuerza: 1) algo parecido a un orden mundial, ya sea la Carta o incluso algo mejor si puede ganar cierto grado de legitimidad; o 2) los estados poderosos hacen lo que quieran a menos que sufran restricciones internas, guiados por intereses de poder y ganancias, como en el pasado. Tiene mucho sentido luchar por un mundo mejor, pero no complacerse con en pretensiones e ilusiones sobre el mundo en que vivimos.

Los archivos y otras fuentes de información brindarán mucha más información sobre la última guerra en los Balcanes. Cualquier conclusión a la que se llegue hoy, será como máximo tentativa y parcial. Por lo pronto, sin embargo, las «lecciones aprendidas» no parecen ser particularmente atractivas.


[1] Este artículo, así como su primera parte, se publicaron como Epílogo a la edición francesa de New Military Humanism (Common Courage, 1999; Page Deux Lausanne, 2000.)

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