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En defensa de la Objeción Fiscal al Gasto Militar

Rebelión

Sección:Objeción Fiscal al Gasto Militar
Sábado 20 de junio de 2009 7 comentario(s) 3619 visita(s)

Fuente

He leído, con cierta sorpresa, el artículo publicado en la web Rebelión y firmado por Ricardo Rodríguez “Crítica de la Objeción Fiscal”

En dicho escrito se realiza una amplia, que pretende ser pormenorizada, y dura crítica a esta herramienta política. No es la primera vez que personas a priori no tan lejos de nuestras ideas y prácticas realizan tales críticas de forma cainita y coincidiendo poco oportunamente con la época del año en que se realiza la campaña, y desde luego Ricardo Rodríguez no es la primera persona que enarbola estos mismos argumentos.

Aunque como bien dice Rodríguez existen diferentes posibilidades de realizar “Objeción Fiscal”, como persona que lleva años trabajando en ella desde el Movimiento Antimilitarista, trataré de defender de forma concreta lo que nosotros/as denominamos “Objeción Fiscal al Gasto Militar” respondiendo a las críticas formuladas.

Voy a tratar de resumir en cinco puntos los principales argumentos críticos que se desprenden del largo escrito de Rodríguez :

1. La Objeción Fiscal es elitista y reaccionaria ya que al proponer, en una de sus dos fórmulas, que el contribuyente desvíe un porcentaje determinado de su impuesto, quien más dinero tenga “se librará de pagar a Hacienda más dinero”, “el derecho a objetar crece en proporción con la riqueza del contribuyente”. Tal cosa, señala, es una “extraña noción de la justicia fiscal para ser avalada por grupos de izquierdas”. Por otra parte la mayoría de ciudadanos/as precarios que no están obligados a declarar, o que la declaración les sale “a devolver” etc. se quedan sin la posibilidad efectiva de realizarla. Podrán objetar “los empresarios, pero no los parados”, lo que supone un privilegio y un sinsentido ya que estas élites no van a estar particularmente interesadas ni en el desarme ni en otras mejoras sociales.

2. El desvío de dinero que se realiza con la Objeción Fiscal no repercute sobre el fin ambicionado. El Estado no aplicará esa mengua de ingresos a la partida reclamada por las personas objetoras, sino a la que considere conveniente. Y en el contexto actual lo más probable es que vaya a repercutir negativamente sobre los gastos de cobertura social y no sobre los militares, banca etc. De hecho podríamos estar contribuyendo a empeorar las condiciones de las capas más desfavorecidas de la sociedad.

3. Siguiendo con la argumentación anterior se adelanta a la posible respuesta de que “ aunque fuera así, en cualquier caso el dinero redundaría en necesidades sociales, ya que es a ese tipo de destinos al que los objetores y objetoras lo desvían”, y se autorresponde con el argumento de que tal cosa supone “un traspaso de recursos de servicios públicos universales y gratuitos a entidades privadas”, a “una red asistencial privada”, a “la caridad de buenos samaritanos” que usurpa el derecho que tenemos a recibir esas prestaciones de los “poderes públicos”.

4. La supuesta función simbólica de la Objeción Fiscal de servir de herramienta para transformar conciencias queda en entredicho. Los resultados de la campaña hablan por sí solos. Además, ésta sólo es conocida merced al esfuerzo de las propias entidades promotoras. Los escritos dirigidos a los gestores de la Agencia Tributaria, afirma, carecen por completo de significación política.

5. La campaña genera una pedagogía con resonancias neoliberales: propone que el pago de impuestos pueda ser algo decidido desde los individuos y no desde la “necesidad” colectiva determinada por el “Estado” o por algún tipo de instancia que vele por el interés común. Tal cosa es muy peligrosa ya que podría derivarse el derecho de cada individuo de oponerse a colaborar con lo que no está de acuerdo, deslizándose la cuestión de la aportación económica al interés común por una pendiente muy resbaladiza y poco objetivable (¿aceptaremos el derecho de los antiabortistas a objetar al gasto sanitario, o el de Emilio Botín a políticas sociales…?).

Mucho me agradaría hablar de las cuestiones de fondo que subyacen en el artículo de Ricardo Rodríguez, como el nerviosismo que parece producirle la libertad entendida como derecho individual, su fe –que deduzco leyendo entre líneas- en el “centralismo democrático de corte leninista” como forma de organizar la toma de decisiones colectiva, su apuesta por la institución estatal como garante supremo del bien público, y administradora final de los recursos que lo posibilitan o su animadversión a la “Objeción de Conciencia”, que también acaba imaginando y reduciendo a una especie de escrúpulo moral individual, ignorándolo o queriéndolo ignorar todo acerca de su dimensión política, pública y transformadora. Sin embargo no voy a alargar innecesariamente esta ya de por sí larguísima respuesta y me limitaré a comentar los argumentos relacionados con el tema en debate.

De la lectura del texto de Rodríguez se deduce que no habla de oídas y posee bastantes conocimientos con respecto a la mecánica de la Objeción Fiscal y a los objetivos pretendidos por las entidades que la impulsan. Sin embargo evidencia también importantes lagunas y déficits de enfoque.

La Objeción Fiscal al Gasto Militar, que es el caso concreto al que me voy a referir, ni es un fin en si misma, ni pretende agotar el trabajo antimilitarista (mucho menos el antiimperialista del que habla Rodríguez), ni quienes la proponemos la proclamamos como la herramienta definitiva o imperfectible.

De hecho la mayoría de grupos que la proponemos, procedentes y partícipes en su mayor parte del movimiento antimilitarista/pacifista llevamos décadas simultaneándola con otro tipo de tareas como la que fue en su día la Insumisión al Servicio Militar, el impulso a la pedagogía de la educación para la paz, las acciones directas contra instalaciones militares, la contrainformación etc etc. En la actualidad ni siquiera es una campaña en sí misma, sino que es parte de un trabajo más amplio que denominamos “Campaña contra el Gasto Militar” y que incluye más momentos, medios y actividades cada curso.

El objetivo inmediato y realista de esta propuesta no es la de derribar la institución militar merced a la fórmula de dejarla sin recursos económicos. Rodríguez no debería imaginarnos tan ingenuos/as. Ya nos gustaría que así pudiera ser, pero de momento nos conformamos con aprovechar este gesto- que como bien se cita es más simbólico que efectivo hoy por hoy- para amplificar nuestra denuncia, que lo es contra el gasto militar, pero también contra la institución a la que va dedicado ese gasto, y a su utilización al servicio de unos determinados intereses, que al final son los del sistema económico capitalista. Sí, Rodríguez, con este trabajo, a tus ojos elistista, reaccionario, neoliberal, y ¿por qué no decirlo? contrarrevolucionario, “políticamente infantil” y pequeñoburgués, tratamos, al igual que tú, de combatir y transformar el sistema capitalista.

La Objeción Fiscal al Gasto Militar nos ayuda cada año a que muchísimas personas –menos de las que nos gustaría pero más de las que habría si no lo hiciéramos- tomen conciencia de lo que supone la realidad del militarismo en esta sociedad y conozcan datos concretos relacionados con su importancia y omnipresencia, sus causas y consecuencias… y en concreto datos sobre lo que el erario público dedica a estos menesteres y no a otros.

Dice Rodríguez (punto 1) que la OF es elitista y reaccionaria: “a mayor poder adquisitivo mayor cantidad de dinero que se puede desviar…” Es una forma de verlo, pero debería conocer que la cuestión del monto económico es lo de menos en la campaña. Lo cierto es que apenas prestamos atención a las cantidades de dinero que se desvían cada año. Lo que nos importa es sumar personas objetoras. Nos da igual si han desviado un porcentaje de su impuesto, o la cantidad fina de 84 euros, o medio euro, o… No tiene mayor valor político una objeción de tres mil euros (que las hay) que una de diez céntimos. Además se equivoca en esta cuestión, ya que es posible realizar Objeción Fiscal al Gasto Militar, y así lo recomendamos, cuando la declaración de IRPF sale a devolver, cuando es cuota cero, o cuando no sería necesario legalmente declarar. No es verdad que personas paradas y precarias no puedan participar, y de hecho participan suponiendo la mayoría de las personas objetoras. Por el contrario, y como es lo natural, no hay muchas aportaciones procedentes de “las élites”.

Con respecto a la segunda argumentación (punto 2) de que el Estado detraerá el dinero que deja de recaudar de las partidas con fines sociales, no deja de ser una presunción subjetiva de Rodríguez. En todo caso las personas que realizamos este gesto hacemos un esfuerzo de comunicación para que los políticos/as y el resto de la sociedad sean conscientes de nuestro deseo de que ese dinero deje de financiar ejércitos, armamentos y guerras. Si tal exigencia es ignorada, la responsabilidad evidentemente ha de ser imputada a quien desobedece el mandato popular y no a nosotros/as como pretende acusar Rodríguez. Y efectivamente, y esta es cuestión de estrategia política, los cargos profesionales al servicio del Sistema podrán, como por otra parte hacen todo el tiempo y en cualquier tema, obviar el deseo y la exigencia ciudadana y actuar espuriamente, pero todo tiene un límite. Tengo la convicción de que en este caso el límite es cuantitativo. Si las personas objetoras representan un pequeño porcentaje de la población podrán ningunearlas, pero en el momento que supongan una cifra significativa ya no les resultará tan fácil.

Los planteamientos que he resumido en el punto 3 me resultan un tanto fuera de lugar porque vienen a reflejar una ideología política muy determinada. No cabe perder tiempo en cuestionar aquí la fe eurocomunista y de algunos grupos leninistas en el “Estado del Bienestar” y en el “Estado como garantía de servicios, derechos y libertades” interesada y maniqueamente opuesto a todo lo que no sea “Estado”, concebido esto último como “privatización, samaritanismo” y qué sé yo qué leviatanes. Es un punto de vista que me parece tendencioso y reduccionista. Comparar las entidades solidarias que reciben dinero de la Objeción Fiscal al Gasto Militar con empresas capitalistas en busca de beneficios y sin utilidad social creo que es del todo excesivo y preconizar que cualquier asistencia social que preste el Estado va a ser mejor que cualquier alternativa, pues también.

En cuarto lugar, según mi resumen, Rodríguez cuestiona el alcance de la Objeción Fiscal. Aquí me toca darle la razón. Cierto es que sólo el esfuerzo de las entidades promotoras logra que una parte de la sociedad acceda al mensaje político que se quiere transmitir. Por desgracia los mass media suelen ignorar la campaña salvo honrosas excepciones. Por cierto que Rodríguez propone como alternativa acciones tales como concentrarse ante las puertas de la agencia tributaria al comienzo de la campaña, acciones que por otra parte –como reconoce- solemos realizar. Quizá sea responsabilidad nuestra que el trabajo de la Objeción Militar al Gasto Militar tenga un alcance limitado. Pero aunque sea un sólido argumento en su contra no creo que eso por sí solo la pueda desautorizar. Hay luchas que tardan mucho tiempo en ofrecer fruto; y mientras logran y no resultados significativos llegan a afectar a la manera de ver las cosas de mucha gente, y, en este caso, como voy diciendo todo el tiempo, ésta no es más que una parte de un trabajo más amplio, es un complemento. Aunque, tal como están las cosas, y dando la vuelta a la tortilla, ¿qué lucha política revolucionaria hoy día está acabando con el Sistema? ¿Qué no la haya nos ha de llevar a la conclusión de que ninguna de las existentes tiene validez y sentido?

Por último, el punto quinto del resumen nos lleva a una disquisición de tipo ético-político. El determinante principal de los actos de cada cual ha de ser ¿la conciencia individual o el acuerdo colectivo? Rodríguez se queda con el segundo. Yo con el primero. Y de hecho creo que los acuerdos colectivos deben forjarse, y después aplicarse, merced a un consenso libre de voluntades personales y no a ningún tipo de victoria de mayorías sobre minorías. Porque ser mayoría no es sinónimo de tener razón, y porque nuestra conciencia individual –ese concepto que al parecer tan poca gracia hace a Rodríguez- es lo que nos hace personas y no piezas de una maquinaria. Tampoco coincidimos en la valoración que hacemos de la institución del Estado como administradora y árbitro de los recursos. Por ello no procede, por mi parte, tanto escrúpulo a la hora de posibilitar que personas de diferentes ideologías se nieguen a pagar impuestos. En un horizonte transformador y revolucionario, del que por desgracia hoy por hoy estamos tan lejos como Rodríguez apunta, hacia una sociedad sin Estado, sin acumulación de poder ni de riqueza, en la que las personas sean realmente libres y vivan relaciones de dignidad y de justicia, cabe dejar de pagar parte de o todos lo impuestos a la actual Administración, como cabe no tener mayor problema en que otras personas, desde la instancia que sea, hagan lo mismo.

No puedo dejar de referir un par de inexactitudes existentes en el texto de Rodríguez, a saber:

“…Es previsible que la Agencia Tributaria emita una declaración paralela y nos cobre lo que dejamos de ingresar. Para esta eventualidad, los promotores de la objeción nos piden que recurramos hasta el final, con el propósito de convertir cada escrito de recurso en un nuevo acto de protesta…”

Aunque Rodríguez parece desconocerlo hace ya bastantes años que se recomienda lo contrario. Este es un gesto político simbólico que trabaja de cara a la concienciación de la sociedad, no es masoquismo ni acto martirial. Sólo se recomienda la vía del recurso si hay condiciones y se va a utilizar efectivamente como medio de protesta para amplificar la denuncia al Gasto Militar a sabiendas de que los recursos no pueden prosperar técnica-jurídicamente, salvo los relacionados con multas.

«…Y si una vez detectada no se cobra es, o bien porque la deuda es tan exigua que resulta mayor el coste del procedimiento administrativo para instar el pago, o bien porque, dada la creciente escasez de personal, las oficinas de la Agencia Tributaria se concentran en las deudas mayores…»

Este argumento sólo tiene aplicación con respecto a las declaraciones a pagar, pero en las muchísimas en la que el resultado es a devolver y Hacienda devuelve lo que tenía que devolver más la OFGM ¿cómo se explica?

Por último me llaman poderosamente la atención las sugerencias que Rodríguez realiza como posibles alternativas, que no mejoras, a la Objeción Fiscal.

- Por una parte hace un llamamiento a la desobediencia de los impuestos indirectos (IVA etc) en lugar de a los “muy revolucionarios” –según Marx y Engels- impuestos progresivos como el IRPF. Impuestos indirectos, a los que, citando a Rosa Luxemburgo, atribuye mayor capacidad de financiar el militarismo.

- También, incongruentemente con lo anterior a mi modo de ver, propone dejar de pagar impuestos directos en determinados casos que juzga más legítimos que el considerado. Por ejemplo cita la negativa de algunos estadounidenses a pagar impuestos con motivo de la guerra de Vietnam. Tal gesto es considerado por Rodríguez como “verdadera desobediencia civil” mientras que la OFGM es tildada de “declamar contra el imperialismo y los crímenes masivos del sistema y a continuación conformarse con sisar la calderilla del monedero.”

- Por último hace una especie de encendido llamado a acciones anti banca a lo Enric Durán, algo así como el verdadero camino a seguir.

En conclusión:

No me parece muy afortunada esta crítica, y menos en este momento concreto del año. Si Ricardo Rodríguez es un activista revolucionario tan concienciado de la necesidad de derribar el sistema capitalista, ¿no se le ocurren realidades actuales más criticables y denunciables que ésta? Aún en el hipotético caso de que tuviera razón en todas o en parte de sus críticas, ¿realmente la Objeción Fiscal al Gasto Militar podría suponer un obstáculo tan mayúsculo como para dedicarle tal andanada? Y siguiendo con los interrogantes, ¿tan ocioso anda Ricardo Rodríguez en su tarea revolucionaria que no tiene otra cosa que hacer que disparar contra quienes, con medios más o menos lejanos a los suyos, trabajan por similar objetivo?

Es de creer que Ricardo Rodríguez sea un miembro activo de uno o varios colectivos revolucionarios y que se esté jugando seriamente el tipo –como muchas de las personas que impulsamos la Objeción Fiscal al Gasto Militar y que en su día realizamos la Insumisión al Servicio Militar- en el frente de lucha que él haya considerado más útil y práctico. Sin embargo la realidad actual en la que no hay muchas luchas en marcha que parezcan estar socavando seriamente el Sistema nos debería llevar a una cierta humildad y a una cierta consideración del trabajo ajeno. Porque no parece que los partidos leninistas de diferentes pelajes estén en ningún trance de ganar las elecciones, ni parece que ningún movimiento masivo antibanca esté a punto de lograr el colapso financiero.

Pero, porque creemos en la humanidad y tenemos esperanza seguimos caminando.

En cualquier caso dar las gracias también por el motivo para reflexionar, valorar y tomar conciencia que supone esta crítica pública.

Pablo San José, miembro del Grupo Antimilitarista Tortuga

Más información sobre la Objeción Fiscal al Gasto Militar

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Comentarios


  • En defensa de la Objeción Fiscal al Gasto Militar

    21 de junio de 2009, por Crates

    Para mí, lo más sorprendente del extenso artículo que comenta Pablo es que alguien se haya molestado en juntar tantas letras sobre una realidad sin molestarse en conocerla de cerca. Parece ser que se ha limitado a espigar citas en publicaciones de internet, buscando cómo meter el dedo en el ojo. Afirmar sin más que los destinos de la objeción fiscal son «asistencialistas» es afirmar un prejuicio que está desmentido por los hechos: es mucha la gente que desvia su objeción a destinos como cajas de resistencia o, como en mi caso, proyectos de información alternativa, destinos que, evidentemente, no van a ser asumidos por el Estado. Esto lo habría podido encontrar el mismo Rodriguez a nivel de las fuentes que ha consultado. La CGT apuesta claramente en su propaganda de objeción al gasto militar por las cajas de resistencia. Lo mismo sucede con el periódico «Diagonal»: ¿acaso son unos neoliberales los de Diagonal -o los de «Egin», en su caso- por producir prensa alternativa, en vez de pedir el ingreso en plantilla de RTVE?

    Incluso si no se diesen estos hechos, creo que lo suyo es proponer que se den: siempre será más positivo para todos proponer mejoras que ejercer de martillo de herejes. (Debo decir que la existencia de desvios a proyectos menos «radicales» no me parece rechazable en sí misma, y que creo que es positivo que en torno a la objeción fiscal se aglutinen gentes de tendencias diferentes),

    Por otro lado, las comparaciones ’competitivas’ que establece entre actos «genuinos» de desobediencia y la misma objeción fiscal hoy en día me parecen fuera de lugar. Por la misma regla de tres, podría escribirse un amplio artículo criticando como insustanciales las campañas de boicot a los productos israelíes, y diciendo que lo único sustancial es cometer un atentado suicida en la delegación de una empresa israelí. Aquí es oportuno recordar el refran «Lo mejor es enemigo de lo bueno».

    Yo mismo lamento que no hayan prosperado propuestas de profundización de la objeción al gasto militar que se hicieron en su día, como las relacionadas con impuestos indirectos o las de insumisión fiscal -negarse a pagar impuestos en conjunto-. Pero si no han prosperado no es porque los objetores al gasto militar no hayamos tenido hasta ahora la suerte de ser iluminados desde las páginas de Rebelión -pues, como digo, estas propuestas ya existen- sino porque una cosa es predicar y otra dar trigo. Claro, que los que las echamos en falta -Rodríguez o yo- podríamos llevarlas a la práctica en vez de denunciar que otros no lo hacen.

    Dicho todo esto, reconozco que hay un hecho que contribuye a que la propuesta de objeción al gasto militar se tope con estos rapapolvos: aunque los objetores al gasto militar son unos cuantos, su incardinación en un movimiento colectivo es mínima.



  • Respuesta de Ricardo Rodríguez en Rebelión al artículo anterior

    21 de junio de 2009

    Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=87366

    Aclaraciones sobre la Objeción Fiscal

    Ricardo Rodríguez
    Rebelión

    Pablo San José ha tenido la amabilidad de responder a mi crítica a las campañas de objeción fiscal en un artículo aparecido, como el mío, en Rebelión (http://www.rebelion.org/noticia.php...).

    Quisiera hacer algunas aclaraciones, con la promesa de que no volveré a aburrir a los lectores con un nuevo escrito sobre este mismo asunto:

    1.- La apreciación de la falta de oportunidad de mi escrito, habida cuenta de que nos encontramos en plena campaña de la renta, dependerá, naturalmente, de lo que uno opine sobre la objeción fiscal. El señor Pablo San José tendría que admitir que cabe la posibilidad de que haya quien no esté de acuerdo con ella y que, para quien tal cosa le suceda, la campaña de la renta es el momento más oportuno para expresar lo que piensa.

    2.- Sería saludable que alguna vez empezáramos a respondernos sin recurrir a los prejuicios más del gusto de cada uno. Como a don Pablo San José no le agrada lo que pienso, me encasilla sin dudarlo en el grupo de los defensores del “centralismo democrático de corte leninista” o, supongo que alternativamente, en el campo del “eurocomunismo” y de quienes tienen una fe ciega en el Estado. Colocado ya yo en el bando de los malos, es mucho más fácil continuar su artículo recurriendo al expediente del “nosotros” (los que hacemos cosas, los que nos arriesgamos, los antimilitaristas) y “ellos” (los comunistas cuadriculados que no hacen nada y se limitan a censurar las acciones de otros). Polemizar de esa forma es más sencillo, pero no es honesto.

    3.- En ningún lugar de mi escrito equiparo a las organizaciones que desarrollan proyectos de ayuda social con las empresas privadas con ánimo de lucro. Digo que constituyen una “red asistencial privada”. Según los casos, no sólo admiro sino que colaboro personalmente con su labor, pero defiendo que a lo que debemos a aspirar es a que la gestión de los servicios sociales sea pública, porque es ésta la única capaz de prestarlos con garantía de justicia plena y universalidad. Es encomiable que haya grupos de personas dispuestas a mitigar el sufrimiento de otros seres humanos, pero lo ideal es que sea la comunidad la que colectivamente atienda las necesidades de todas y todos. Mi meta es que el Estado llegue a desaparecer y sea sustituido por asambleas de ciudadanos y ciudadanas que tomen las decisiones fundamentales con la participación libre y consciente de todo el mundo. En tanto en cuanto conquistamos esa utopía, la privatización de los servicios públicos no se me aparece como la mejor manera de hacer el camino.

    4.- Sobre la cuestión del elitismo debí explicarme francamente mal y trataré de enmendarme ahora:

    En cuantos escritos favorables a la objeción fiscal he leído he encontrado dos vertientes relacionadas lógicamente entre sí. Por una parte se propone como acto de lucha simbólica contra el militarismo y otras injusticias del sistema. Por otro lado, se reclama que el derecho a objetar sea reconocido por la Ley como un derecho ciudadano. Pero, claro, cuando uno pide que se pueda ejercer un derecho se supone que está dispuesto a admitir que otros lo ejerzan con fines diferentes al suyo, y cuando alguien sugiere una forma de protesta, ha de prever que sirva para otros objetivos cuando otros vean que es una forma de protesta válida. Probablemente Pablo San José ignore que hay otras campañas de objeción fiscal, en concreto una que promueve un importante sector de la Iglesia católica en contra del aborto. Puede hallar información sobre ella en http://www.arbil.org/100fiscal.htm. Yo, como imagino que Pablo San José, soy enemigo acérrimo del militarismo y partidario, en cambio, del derecho de las mujeres a decidir libremente su maternidad; bajo ningún concepto compararía los fines de ambas campañas. Pero el medio sí es el mismo y el derecho que se reclama para poder llevarlo adelante también. Y, en realidad, en una sociedad democrática que admitiese la objeción fiscal, ¿por qué no iba a reclamar un ciudadano que con “su” pago del Impuesto de la Renta no se financien en la sanidad pública la práctica de abortos? De hecho, es bastante improbable que el Estado llegue a admitir que se pueda objetar a los gastos militares, pero no es nada descabellado imaginarse que, dentro de su capacidad normativa, gobiernos regionales como el de Madrid introduzcan en un momento u otro una opción semejante para el aborto. En tal caso, ustedes habrán ofrecido una parte esencial del arsenal argumental. Y es aquí donde tocamos el fondo que Pablo San José menciona pero en el que no ha querido profundizar: la libertad individual. En ningún lugar me opongo a ella. Lo que cuestiono es que uno pueda tener la opción de decidir individualmente qué hace toda la comunidad con lo que él aporta. Dije, y repito, que semejante pretensión es reaccionaria. Si la objeción fiscal fuese un derecho reconocido, sería la capacidad económica la que determinaría la facultad de influir sobre las decisiones colectivas, y entonces no estaríamos ante una sociedad de individuos libres e iguales. La carencia de democracia real en los Estados capitalistas modernos debe superarse con la fuerza colectiva de la ciudadanía organizada socialmente, tanto para un leninista como para un seguidor de las hermosas ideas de Kropotkin. Y si ése es el fin, los medios han de apuntar hacia él y no al contrario. Esto es lo que dije. En lo que se refiere a la práctica concreta de la objeción como forma de protesta también conviene explicar algo. No escribí que no puedan objetar aquellos a los que la declaración les sale a devolver, sino que para ellos es más difícil. Tampoco dije que fuera imposible para los no obligados a declarar, sino para los no obligados a declarar cuyo resultado de la declaración no sea a devolver. Sería absurdo que una persona no obligada a declarar, saliéndole la declaración a pagar (cosa que sabrá Pablo San José que no es infrecuente), presentase su IRPF para pagar lo que no está obligado a pagar y restarse la cantidad de la objeción. Vamos, digo yo. Y luego mencioné a las personas tan pobres que ni pagan IRPF, independientemente de su obligación de declarar, pero que pagan multitud de impuestos al consumo cada día. Lo de que “a mayor poder adquisitivo mayor cantidad de dinero que se puede desviar” (no usé yo esas palabras, así que no entiendo muy bien las comillas) lo refería sólo a cuando se use la fórmula de porcentaje sobre la cuota. Imagino que esto último no se negará: sea o no lo más importante la cuantía, es matemático que si se objeta con un porcentaje, en general dejarán de ingresar en Hacienda más dinero las personas de más ingresos.

    Pero, en suma, de nuevo no se rebate lo fundamental, que es que la facultad de protestar o de decidir se base en la capacidad económica, que ésta deje fuera de participación a un número determinado de ciudadanos, sean mil o tres millones. Por eso creo yo que es elitista, lo es en el fin de que el derecho de objetar sea legalizado y lo es como medio, porque los medios han de ajustarse a los fines. El autoritarismo no es el camino de la libertad y la exclusión económica no es la vía a la igualdad.

    5.- Señala San José dos imprecisiones en mi artículo. Dice, primero, que no es verdad que en la actualidad se recomiende que se recurra hasta el final si la Agencia Tributaria reclama la cantidad no ingresada. Me alegra poder corregir mi error en este extremo, pero debo aclarar que es en un artículo publicado esta semana en Kaos en la Red y tomado de Diagonal donde se habla de continuar “con la protesta, recurriendo tal requerimiento (el de la Agencia Tributaria) hasta agotar todas las vías legales” (http://www.kaosenlared.net/noticia/...), sin hacer prevención de consecuencias desfavorables. Al venir en una de las publicaciones promotoras de la objeción supuse que la información era correcta.

    En segundo lugar, se pregunta San José por la explicación de que en algunas declaraciones a devolver la Agencia Tributaria restituya lo previsto más la cantidad de la objeción. Pues la explicación es la misma que en las declaraciones a pagar. El control masivo de la corrección de las declaraciones es informático. Hay una serie de filtros. La mayoría de ellos son cruces con información facilitada a la Agencia por terceros, también filtros por la elevación de la cuantía o filtros específicos (por ejemplo, las declaraciones de fallecidos siempre se retienen para reclamar documentación acreditativa de la cualidad de herederos de quienes cobren la devolución). Si ningún filtro informático captura el desajuste, por su escasa cuantía o porque aparece en una casilla que no contrasta con ninguna información de terceros, el proceso sigue su curso: se valida la declaración sin emisión de paralela o recurso si es a pagar o bien se devuelve lo solicitado. Solamente las declaraciones retenidas por el sistema son revisadas por los funcionarios y no hay una decisión individual de un funcionario para cada una de las declaraciones. Ahora bien, si el señor San José quiere seguir pensando en otras posibilidades, puede hacerlo.

    6.- No voy a alargarme más (ya lo he hecho demasiado) con las propuestas que hago de protesta. Me da la sensación de que no se han entendido demasiado bien, se han mezclado alusiones históricas con lo que propongo en la actualidad o se equipara el simple hecho de sacar el dinero de una cuenta bancaria (acto legal que no comporta en principio riesgo alguno) con la acción de Enric Duran (que por lo demás he respaldado).

    Lo que más me preocupa es la poca importancia que parece darse a los impuestos en la izquierda. En este campo, la derrota ideológica es abrumadora. Se diría que da lo mismo un impuesto al consumo o indirecto que pagan todos los ciudadanos por igual que un impuesto que puede tener un efecto de redistribución de la riqueza; que no nos importa que los grandes patrimonios dejen de tributar, o que nos trae sin cuidado el premio constante a las empresas con las rebajas del Impuesto de Sociedades. No afirmo en ningún lado que el IRPF sea revolucionario; digo que es uno de los pocos impuestos que conservan algo de progresividad, y que si elegimos emprender una campaña de protesta con razones en principio legítimas, no estaría de más cuidar que no demos armas al adversario para nuevas vueltas de tuerca en la senda de la desigualdad económica. Con la que hay da más que de sobra, por desgracia.

    A mí me parecía que ésta era razón suficiente para perder mi insignificante tiempo en ofrecer mi opinión. Llevo casi veinte años de militancia política y social, colaborando en campañas muy diversas, seguro que no con tanta entrega como Pablo San José. Siempre opino con sinceridad y admito que puedo equivocarme. Pero jamás le he tolerado a nadie ni le voy a tolerar que me exija el currículo de luchador abnegado para tener derecho a hacerlo. Yo, por mi parte, tampoco se lo exigiré a ningún otro.



    • Segunda contestación a Ricardo Rodríguez

      21 de junio de 2009, por P. San José

      Más valoraciones:

      Creo que esta polémica tiende a ir repitiendo, resumiendo y concluyendo así que no considero necesario redactar un cuarto artículo para remitirlo a la página Rebelión. Realizaré unas cuantas matizaciones a la respuesta de Rodríguez aquí mismo. No sé si las llegará a leer, pero al menos generamos un espacio por si más personas desean aportar al debate, cosa que no puede hacerse en Rebelión.

      Seguiré el mismo orden de puntos que propone Ricardo Rodríguez:

      1. Por supuesto que no cabe negar el derecho de nadie a expresar una crítica y hacerlo en el momento que considere oportuno. Faltaría más. Como creo que tampoco podamos en consecuencia negar a nadie el derecho a cuestionar esa crítica y el momento en que se hace. Cada cual recoja la crítica o consejo ofrecido y vea si le es útil o no para enmendar alguna actitud.

      2. Me sorprende hasta qué punto han molestado a Ricardo Rodríguez las referencias a ideologías o visiones políticas concretas de las que, a mi juicio -siempre a mi juicio y en alguna ocasión destacando que era una interpretación que yo hacía tras una lectura entre líneas- venían a desprenderse algunas de sus afirmaciones. Quizá aquí he sido yo quien no se ha explicado bien ya que no había en ello intención alguna de utilizar esa relación entre ideologías y propuestas para descalificar al autor ni a sus afirmaciones, y ni mucho menos para establecer ninguna oposición entre malos y buenos. Me pareció útil, y me lo sigue pareciendo, ya que es una conversación que no se limita a valorar aspectos prácticos de la Objeción Fiscal sino que se adentra en una crítica a sus fundamentos políticos, el contextualizar unos y otros argumentos en esas diferentes visiones. Insisto en que no se trata de desautorizar sino de arrojar claridad para entender el hilo de ambos discursos. Además, no creo que haga falta recordar que fue el propio Rodríguez quien abrió esta línea de argumentación relacionando a las personas que impulsan la objeción fiscal con la ideología neoliberal, entre otras desagradables etiquetas.

      3. No voy a repetir argumentos anteriores en este punto. A pesar de la respuesta que pretende ser aclaratoria de Rodríguez sigo sin ver la relación que propone entre la objeción fiscal y la privatización de los servicios públicos. Quizá nos estamos olvidando de que el dinero que se desvía no se objeta a los presupuestos sociales sino a los militares y no tiene por qué suponer desmantelamiento de prestación social pública alguna. Si el Estado toma tal decisión es a él a quien debe dirigir Rodríguez sus críticas y no a nosotros/as. Es como si fuéramos a votar y luego el gobierno cambiara nuestras papeletas por votos a la ultraderecha; ¿también nos culparía a nosotros/as Rodríguez del triunfo electoral de la ultraderecha por el hecho de haber ido a votar? Y por otra parte seguirnos sin coincidir –y no quiero reiterar las ideologías políticas que subyacen detrás de tal desencuentro- en la concepción que tenemos de la institución del “estado”, la cual para mí hoy por hoy es la mayor y mejor herramienta del capitalismo para tratar de autoperpetuarse. No creo en absoluto en el discurso de “lo público” asociado a esa institución.

      4. Es importante no olvidar que en mis respuestas a Rodríguez me estoy refiriendo a la Objeción Fiscal al Servicio Militar que promueve desde hace décadas en el estado español el movimiento antimilitarista/pacifista, Lo digo porque quizá Rodríguez está metiendo en el mismo saco cosas diferentes. Por poner un ejemplo, nosotros/as jamás hemos reclamado una legalización de la Objeción de Conciencia, como apunta Rodríguez un par de veces. El objetivo de este trabajo no es lograr una casilla en la declaración del IRPF al lado de la de la Iglesia Católica instaurando así un derecho “legal” a objetar que indudablemente –y en eso tiene razón Rodríguez- automáticamente generaría el mismo derecho legal y además ético de quienes quisieran contribuir con el pago de sus impuestos, por ejemplo a financiar el militarismo o de quienes no quisieran colaborar con la sanidad etc. La Objeción Fiscal al Gasto Militar fundamentalmente es una Desobediencia Civil de una norma que consideramos injusta (no la recaudación de impuestos en sí, sino la financiación pública del militarismo) y no pretende regular legalmente el derecho a la protesta y la disidencia, sino obtener la desaparición de esa realidad militar. Creo que esta puntualización contesta a varios de los argumentos expresados por Rodríguez en este cuarto punto de su respuesta.

      Por otra parte descendiendo a la maraña casuística de diferentes circunstancias y formas de objetar desde las que Rodríguez teje su argumentación para calificar a la objeción de elitista e incluso de “autoritaria” como me parece entender de su respuesta, sigo sin poder otorgarle la razón. Ya expliqué en mi respuesta anterior que lo políticamente importante no es la cuantía de cada objeción sino el mismo hecho de haberla realizado, argumento éste del que Rodríguez no parece haberse dado por enterado. Ello equipara en un punto de igualdad a todas las personas objetoras, realicen el tipo de objeción que realicen. Trata de forzar la argumentación Rodríguez refiriéndose a diferentes supuestos de dificultad práctica a la hora de realizar la objeción. Extraño argumento para tratar de tildar de elitista a la estrategia. Pero sigo sin encontrar esas diferencias. No veo porqué, como afirma Rodríguez, les es más fácil realizar objeción fiscal a las personas que su declaración les sale a pagar, que a las que les sale a devolver. Lo único que encuentro razonable de toda esta argumentación de índole técnica es que efectivamente en el caso de las personas cuya declaración sale a pagar, pero que no están obligadas a declarar, la Objeción Fiscal puede resultarles perjudicial, aunque de ningún modo les impide realizarla si lo desean. Si este es el dato por el que se etiqueta de elitista a la objeción fiscal acusándola de dejar fuera de su práctica “a un número determinado de ciudadanos”, pues en fin…

      5. Sobre las dos imprecisiones, leo el artículo de Kaosenlared propuesto por Rodríguez y no veo en él el llamamiento a agotar las vías legales que según Rodríguez hacemos las entidades convocantes de la Objeción Fiscal, sino una simple información de que existe esa posibilidad como opción junto a la contraria. Recomiendo a Rodríguez la lectura de lo que se dice al efecto en la información sobre Objeción Fiscal al Gasto Militar de la página web del grupo al que pertenezco: http://www.grupotortuga.com/Campana-contra-el-Gasto-Militar

      Sobre el tema de porqué la Agencia Tributaria acepta unas objeciones y otras no hay que recordar que Rodríguez en su primer artículo afirmaba que ello sucede por dos razones: porque la agencia renuncia a cobrar deudas cuya cuantía sea menor que el coste de la recuperación y porque dada su falta de personal se concentra en las deudas de mayor entidad. Yo comentaba que esto podría explicar en todo caso lo que sucede con las objeciones en declaraciones a pagar, pero no en las a devolver. Ahora Rodríguez da nuevos argumentos para englobar también a estas últimas. El fin de toda esta argumentación, según entiendo, viene a ser la opinión rotunda por parte de Rodríguez de que no hay lugar a decisión individual alguna por parte de las personas funcionarias de la Agencia. Tengo que reconocer que desconozco los detalles concretos de cómo funciona internamente la Agencia Tributaria, pero también diré que me parece del todo categórica la afirmación de Rodríguez de que dichos funcionarios en ningún caso se van a interesar por nuestro gesto político por miedo a represalias o simplemente por una especie de universal desinterés.

      6. Por no extenderme tampoco mucho más –dadas nuestras importantes diferencias de concepto en torno a la institución estatal y la derivación del cobro de impuestos-, en este sexto epígrafe responderé sólo al último párrafo de Rodríguez. No sé que frase le ha hecho entender que se le pedía algún tipo de currículum para poder opinar. Simplemente le pedía un poco de prudencia, respeto al trabajo ajeno y humildad -como petición y no como exigencia- y pedía estas cosas recalcando que nuestras posturas en cuestiones fundamentales no deben andar tan lejos y que ambas partes es de creer que seamos gente comprometida en el activismo por un mundo mejor. Si se ha entendido otra cosa, pido mil disculpas.

      Pablo San José


      • Segunda contestación a Ricardo Rodríguez

        23 de junio de 2009, por P

        Un añadido al punto cinco.

        Me consta la existencia de personas funcionarias de la Agencia Tributaria que realizan Objeción Fiscal al Gasto Militar.


        • Una opinión muy adecuada

          30 de junio de 2009, por  gmail.com">ayllu

          Lo más interesante que he leído sobre este «debate» es lo que pego a continuación:

          CRÍTICA DE LA OBJECIÓN FISCAL Incluyo un enlace a un artículo de Ricardo Rodríguez acerca de la campaña de objeción fiscal. Más allá de cualquier otra consideración, me parece deslumbrante la lucidez y la independencia mental del autor a la hora de revisar unos planteamientos que provienen de grupos con los que comparte ideología. Por otra parte, aprovecho para salir al paso de un fenómeno que observo últimamente cuando alguien de izquierdas cuestiona el comportamiento de sus correligionarios. El fenómeno observado es, de un lado, la intensa ira de los cuestionados y, de otro, la complacencia del espectador de derechas, una especie de «por fin te has caído del guindo». Lo de la intensa ira es parte de la naturaleza humana en general y de la soberbia dogmática en particular. Lo de la complacencia podría deberse a una profunda e irrebatible convicción de estar en el buen camino. Ambas cosas me obligan a una puntualización a título personal: la independencia mental es, por desgracia, tan rara en estos tiempos, que se toma o bien como traición o bien como arrepentimiento. Nada más lejos de la realidad. La persona que cuestiona el comportamiento de sus correligionarios está sirviendo a su causa, sea la que sea, con una honradez y una limpieza de miras tan ejemplares que, si los airados y los complacientes fuesen capaces de ver un palmo más allá de sus narices, esa persona causaría la complacencia de los airados y la alarma de los complacientes. En todo caso, cualquiera que, como Ricardo Rodríguez, deje a un lado la comodidad de la tribu para explicar las cosas con inteligencia y honestidad merece el respeto de todos. http://luisacuerda.blogspot.com/


          • Una opinión muy adecuada

            30 de junio de 2009

            Sin ira alguna...

            Tras leer el debate completo, el texto de Ricardo Rodríguez me parece largo y espeso pero no lúcido. En algunas cosas no apunta del todo mal pero en otras evidencia bastante desconocimiento con respecto al tema que critica.

            Por otra parte las críticas fundamentales de Rodríguez no son nuevas y ya se llevan esgrimiendo desde hace años dentro del propio pacifismo.

            Me llama la atención que tantos medios alternativos se hayan hecho eco de él, y que apenas haya sido contestado, lo que habla bien a las claras de la falta de implicación con su propio trabajo y la no mucha solvencia política a la hora de entender y entrar en diálogo sobre estas criticas por parte de la gente que está detrás de las campañas de objeción fiscal. También habla claro de regusto morboso de ciertos sectores de izquierda, que entendiendo bien o mal las críticas, se ponen muy contentos de ver criticados a sus vecinos, máxime si son los hippis pacifistas esos, a quien casi nunca critica nadie...





    • Respuesta de Ricardo Rodríguez en Rebelión al artículo anterior

      5 de julio de 2009, por Crates

      Ricardo Rodríguez ha escrito

      Lo que más me preocupa es la poca importancia que parece darse a los impuestos en la izquierda. En este campo, la derrota ideológica es abrumadora.

      Puestos en ronda de confesión, a mí también me gustaría compartir un motivo de honda preocupación que demuestra una derrota ideológica abrumadora: la poca importancia que parece darse a los modelos de defensa en la izquierda. Un signo de ello es la serie de artículos de Ricardo Rodríguez sobre la objeción al gasto militar: en ellos podríamos encontrar muchas hipótesis sobre lo que ’en el fondo’ piensan los objetores o lo que en el fondo implican sus pensamientos, pero nada sobre los objetivos declarados de la objeción al gasto militar, nada sobre lo que la campaña de objeción podría (o no) aportar como paso hacia un modelo de defensa alternativo -defensa noviolenta del pueblo frente a defensa militar del Estado, arrebatar a las élites el derecho a decidir qué hay que defender y cómo hay que defenderlo-. Lo cual -junto a su defensa prioritaria de los impuestos progresivos, que parecería dar por bueno un ejército regular con tal de que lo pagasen las rentas altas- convierte a los esforzados escritos de Rodríguez en prueba de la derrota ideológica en la que andamos metidos.



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