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La sumisión de España a Israel

Carlos Sanchis, Rebelión

Sección:Documental
Domingo 15 de noviembre de 2009 0 comentario(s) 1234 visita(s)

Se ha hecho oficial la aprobación por el Congreso de los Diputados del Proyecto de Ley Orgánica complementaria de la Ley de Reforma de la Legislación Procesal para la Implantación de la Nueva Oficina Judicial, por la que se modifica la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial. Esto no es más que la materialización de la cercenación del principio de Jurisdicción Universal de nuestro ordenamiento jurídico, perpetrada por el PSOE y el PP de forma vergonzosa sin debate y precipitadamente.

Si todos fuéramos sinceros, admitiríamos que esta modificación de la ley del Poder Judicial se ha hecho ad hoc para garantizar la impunidad de presuntos criminales israelíes por encargo de altos cargos de ese país, como Ehud Olmert, Tzpi Livni y Ehud Barak . Cabe recalcar que Barak, el ministro de defensa encargado de la última «hazaña gloriosa» en la Franja de Gaza, es compañero de Zapatero en la Internacional Socialista, según sus propias palabras. Algunos pensamos entonces que habían tomado este país por una república bananera y nos indignamos. Vistos los resultados, hay que admitir que no iban muy descaminados.

La reforma, encargada bajo presiones de Israel, fue ampliamente criticada por prestigiosos juristas, asociaciones de derechos humanos, ONG y alguna fuerza política que rápidamente fue calificada, cómo no, de radical. Ni las críticas ni las peticiones lograron impedir que se consumara lo que ahora sale a la luz. Misión cumplida por fin, y al pie de la letra.

En la reciente visita de José Luis Rodríguez Zapatero a Israel, Shimon Peres, presidente del Estado judío, le daba las gracias públicamente por las garantías dadas de no enjuiciar a presuntos criminales israelíes en nuestro país. Zapatero bajó la vista y no respondió.

Una cabeza tocada con una kipá lava el agravio que produjo el incidente del pañuelo palestino a un gobierno que se cabrea con facilidad. Los inescrutables caminos del proceso de paz pasan también por unas merecidas vacaciones en las playas de la Costa del Sol donde dar reposo al ardor guerrero sin que un juez venga a incomodar. Porque los gobiernos al final además de intenciones tienen intereses.

Pocos días después de la visita del presidente español, el senador de l’Entesa, el señor Nuet, se dirigía en el pleno del Senado al Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, para pedirle explicaciones. Nuet le preguntaba si el gobierno pensaba denunciar las políticas israelíes que comportan segregación y discriminación para los no judíos, la violación de derechos humanos, terrorismo de Estado, eliminación del patrimonio cultural y, en general, las actuaciones que ignoran sistemáticamente las resoluciones de las Naciones Unidas y las normas básicas del derecho internacional sobre los derechos de un Estado y la convivencia pacífica con el pueblo palestino.

La pregunta se produjo un día después de que una delegación de la Red Euromediterránea de Derechos Humanos visitáramos a representantes de los diferentes grupos parlamentarios y expresáramos, entre muchas otras, la preocupación por las declaraciones que altos funcionarios españoles habían hecho con respecto al informe Golstone encargado por la ONU en relación con las actuaciones de las partes en conflicto durante el ataque militar a Gaza.

No me sorprendió que Moratinos respondiera que «lo que ocurrió en Gaza es el pasado, además de que las guerras, la violencia y la sangre derramada no se arregla mirando al pasado». ¿Quedará garantizada la impunidad, puesto que no se van a pedir responsabilidades?

Efectivamente, el presidente de nuestro gobierno dijo en Jerusalén y en Ramalah que España mirará al futuro y evitará que se repita el pasado. No hay que juzgar, sino actuar, mediar y retomar las negociaciones. Es decir, que los crímenes cometidos mejor que queden impunes porque necesitamos el Proceso de Paz a toda costa (¿también a cualquier precio?).

Moratinos afirmó además que la presidencia española de la Unión Europea será un momento importante a favor de la paz.

La mejora y ampliación de las relaciones con Israel en todos los campos podemos darla por hecha sin estar sujeta a ningún tipo de condicionamiento importante.

No voy a extenderme en detalles como los avales políticos que nuestro ministro de Exteriores concede al racista Avigdor Lieberman («un hombre pragmático con el que se puede hablar») o la sintonía personal con Benjamín Netanyahu para decir que nuestro país está dando un giro de 360º en las relaciones con Oriente Próximo.

Muchos tenemos la impresión que España quiere un lugar influyente en esta escena y con ello una mejor relación con EE.UU., lo cual es absolutamente legítimo.

Lo que no lo es tanto es que próximos a cumplir un año del desastre de Gaza las 1.400 victimas, mayoritariamente civiles desarmados, sean pasado y sólo pasado; que la devastación siga sin remedio y sin que nadie haga nada significativo para exigir responsabilidades; que se siga debilitando premeditadamente el papel de la ONU; que se presione a los miembros del consejo de Derechos Humanos de la ONU para que laminen y desfonden el Informe Goldstone o que el bloqueo siga siendo tan cruel y feroz como antes del horrible ataque. Sabemos todos que lo que allí se produjo no fueron daños colaterales, fueron crímenes de guerra que deben ser investigados, perseguidos y condenados.

Desde luego la impunidad de los criminales puede ser que favorezca el Proceso de Paz, puede que consigamos la preciada foto del Proceso de Paz. Aunque en estas condiciones lo que no llegará será la paz verdadera, la paz sobre el terreno, porque para que ésa llegue las víctimas necesitan reparación y después vendrá el perdón. La paz real entre los pueblos solo llegará de la mano de la justicia.

La reformada ley ofrece ya pocas posibilidades específicas y reales, tampoco es que antes fuera demasiado fácil, pero había más oportunidad.

Tendremos en lo sucesivo que recurrir a cuanto nos vincula con el Derecho Internacional, pero como que algunos ya peinamos canas, sabemos que por esa vertiente es mucho más difícil obtener algo más que bonita retórica, lo cual no es óbice para que sigamos luchando, intentando hacer presión e incidencia en la ciudadanía y que algún día, con otros gobernantes, podamos dar pasos significativos en este campo.

Soy optimista porque, pese a todo, concedo más votos a la esperanza que a la experiencia.

Desgraciadamente de lo que nuestro políticos y parlamentarios han hecho recientemente no podemos, en absoluto, sentirnos orgullosos porque ni han promovido ni han defendido (y me temo que a corto plazo no lo van a hacer) las herramientas propias que aportábamos a la Justicia Universal, más bien al contrario. Una cosa fue tratar con sudamericanos y otra con israelíes.

No quiero con ello favorecer el desánimo, tenemos mucho trabajo y debemos hacerlo. La lucha que se pierde es la que se abandona y por ello perseveraremos. Exactamente por eso es importante decir las cosas como las vemos, ponerles nombre, rostro y concretar para actuar.

Tiempos difíciles éstos que nos toca vivir, en los que hay que hacer pedagogía hasta de lo que es a todas luces obvio.

Carlos Sanchis es Vicepresidente de Acsur Catalunya

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