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El Plan de Acción del Movimiento (MAP): una herramienta para analizar el avance de vuestro movimiento

Silke Kreusel y Andreas Speck

Sección:Guías prácticas de acción noviolenta
Jueves 5 de agosto de 2010 0 comentario(s) 1361 visita(s)

A menudo los y las activistas sienten que no tiene poder aunque su movimiento lo esté haciendo bien y vaya camino del éxito. Entender cómo funciona el movimiento y reconocer su éxito puede por tanto fortalecer los grupos y activistas del movimiento.

El Plan de Acción del Movimiento (MAP), desarrollado en los años 80 por Bill Moyer, es una buena herramienta para ello, ya que describe las 8 fases de los movimientos que logran sus objetivos y los cuatro roles que deben desempeñar los y las activistas.

Puntos de partida estratégicos

El MAP se basa en 7 puntos de partida estratégicos:

1. Los movimientos sociales han demostrado ser poderosos en el pasado, y es de esperar que lo sean en el futuro.

2. Los movimientos sociales están en el centro de la sociedad. Están basados en valores sociales más progresistas: justicia, libertad, democracia, derechos civiles... Aunque se opongan al Estado o al Gobierno, los movimientos sociales promueven una sociedad mejor, no trabajan contra ella.

3. El tema principal es “justicia social” contra “intereses creados”. El movimiento trabaja por la justicia social y los que están en el poder representan los intereses creados.

4. La estrategia global es promover la democracia participativa. La falta de democracia real es fuente principal de injusticia y problemas sociales. En la lucha por los fines del movimiento (el derecho a la objeción de conciencia en Turquía o detener la construcción de una carretera en el RU) es un factor clave el desarrollo de la democracia participativa.

5. El objetivo es el respaldo del ciudadano ordinario, que da poder a los que detentan el poder dándoles su consentimiento. La cuestión central en los movimientos sociales es la lucha entre el movimiento y los que detenta el poder para obtener el apoyo de la mayoría de la población, la cual en última instancia tiene el poder para preservar el status quo o crear cambio.

6. El éxito es un proceso a largo plazo, no un suceso. Para conseguir el éxito, el movimiento necesita tener éxito en una larga cadena de subobjetivos.

7. Los movimientos sociales deben ser nonviolentos.

Ocho fases de los movimientos sociales

Un movimiento empieza sin darse cuenta. En la Fase I, lo de siempre, el objetivo principal de los grupos del movimiento es conseguir que la gente piense, demostrar que existe un problema.

El paso siguiente es demostrar el fracaso de los canales establecidos (Fase II). Mediante juicios, procedimientos legales, participación en procedimientos administrativos, etc., el movimiento tiene que demostrar que esas instituciones no van a actuar a favor de la población para resolver el problema, y que la gente tendrá que actuar por sí misma.

Esto conduce a las condiciones de maduración (Fase III) para el desarrollo de un movimiento social. La gente empieza a escuchar y a formar nuevos grupos, pequeñas acciones de desobediencia civil comienzan a dramatizar el problema. Los que detentan el poder se irritan un poco, pero la cosa sigue más bien como siempre.

Si el movimiento hace bien sus deberes (organizar nuevos grupos, haciendo contactos y formando alianzas) puede conseguir el despegue (Fase IV) tras un suceso desencadenante. Éste puede ser organizado por el propio movimiento (la ocupación de una zona de obras en Wyhl, Alemania, en 1974 desencadenó el movimiento antinuclear alemán) o algo hecho por los detentadores del poder. El suceso desencadenante lleva a manifestaciones masivas, grandes campañas de desobediencia civil y amplia cobertura mediática. Aunque el movimiento a logrado una gran simpatía pública, los detentadores del poder normalmente no se rinden en esta fase.

Esto conduce a menudo a una sensación de fracaso (Fase V) en muchos y muchas activistas. Esto es potenciado por la participación decreciente en los actos del movimiento y la cobertura mediática negativa.

Pero a la vez, el movimiento está convenciendo a la mayoría (Fase VI). Hasta ahora, el movimiento se ha centrado en la protesta. En este momento es importante aportar soluciones. Casi tres cuartos de la sociedad está de acuerdo en que hacen falta cambios. Ahora es importante ganar la lucha acerca de qué tipo de cambios hacer.

Los que detentan el poder intentarán engañar al movimiento, incrementar la represión, hacer trampas (el gobierno alemán ahora intenta enviar los residuos nucleares a Ahaus en vez de a Gorleben)

El movimiento debe tener como objetivo frustrar la trampas y promover una solución alternativa.

El éxito real (Fase VII) es un largo proceso y a menudo es difícil percibirlo. La tarea del movimiento no es sólo conseguir que se cumplan sus exigencias, sino también un cambio de paradigma, una nueva manera de pensar. Desactivar todas las centrales nucleares sin cambiar nuestro punto de vista sobre la energía, sólo desplaza el problema desde la radiactividad hasta el dióxido de carbono (aunque no deja de ser un éxito). Sólo con que aumente el número de mujeres en las oficinas no se cambia la estructura de una sociedad patriarcal.

Después de que el movimiento triunfe, bien por lucha confrontativa o por un debilitamiento a largo plazo de los detentadores del poder, el movimiento necesita que su éxito sea implementado. La consolidación del éxito y abordar nuevas luchas (Fase VIII) es ahora la tarea del movimiento.

Cuatro roles activistas

Los y las activistas tienen una gran variedad de tareas en las 8 etapas. No todas pueden ser hechas por el mismo tipo de persona, y típicamente se pueden identificar cuatro clases principales de activistas. Es necesario que todos trabajen eficientemente para que el movimiento tenga éxito.

El rebelde es la clase de activista que mucha gente identifica con los movimientos sociales. Por medio de las acciones directas noviolentas y diciendo “no” públicamente, los y las rebeldes sitúan el problema en la agenda política. Pero pueden ser ineficaces al identificarse como una voz solitaria en el borde de la sociedad y representando el papel de militantes radicales.

Los y las rebeldes son importantes en las fases III y IV, y después del suceso desencadenante, pero normalmente se van a otros movimientos en maduración en la Fase VI o más tarde.

El reformista a menudo es infravalorado en los movimientos, pero es quien demuestra el fracaso de los canales existentes o promueve soluciones alternativas. Sin embargo, tiende a menudo a creer en las instituciones o a proponer reformas demasiado pequeñas para consolidar el éxito del movimiento.

El ciudadano proporciona la seguridad de que el movimiento no pierde contacto con su principal respaldo. Demuestra que el movimiento actúa en el centro de la sociedad (docentes, médicos y granjeros participando en las protestas en Gorleben), y lo protege frente a la represión. Puede ser muy inefectivo cuando todavía cree las afirmaciones de los detentadores del poder de estar al servicio de los intereses públicos.

El agente del cambio es el cuarto rol y en cierta manera es el rol clave en cualquier movimiento. Promueve la educación y convence a la mayoría de la sociedad, organiza redes horizontales y promueve estrategias a largo plazo. También puede ser inefectivo al promover visiones utópicas o defender un único enfoque. Tiende también a ignorar las cuestiones y necesidades personales del resto de activistas.

¿Y ahora qué?

Los movimientos sociales son fenómenos complejos que no siguen el MAP como un camino en un mapa. Pero intentar identificar la fase de vuestro movimiento y la clase de activistas participantes ayuda muchísimo a darse cuenta del éxito y a desarrollar el futuro. Si os habéis perdido por el camino, ¡échale una ojeada al MAP!

Publicado en Peace News, No 2423, Marzo 1998

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