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Artefactos sangrientos: mis razones para viajar al Congo

Iara Lee - Traducido por Atenea Acevedo para Tlaxcala

Sección:Observatorio de conflictos
Jueves 9 de septiembre de 2010 1 comentario(s) 1413 visita(s)

La política exterior del gobierno de Israel y su creciente militarismo deben seguir constituyendo una preocupación fundamental de todo ser humano que luche por la paz y la justicia en el mundo. No obstante, creo que el sufrimiento del pueblo palestino no ha de eclipsar otros conflictos. Ante los recientes hechos y mi reacción estridente, entiendo que algunas personas que no me conocen y no conocen gran parte de mi trabajo puedan suponer que no es así. Quienes sí me conocen, sin embargo, saben que los hechos en Medio Oriente son una de varias facetas de mi quehacer.

Otro de los temas que me interesan es la guerra en el Congo. Es por ello que hace tiempo estoy intentando entrar en el país a fin de documentar los execrables crímenes que ahí tienen lugar, crímenes que gran parte del mundo ha ignorado. Más de 5 millones de personas, entre ellas millones de niños, han muerto desde el estallido de la guerra hace 14 años en un conflicto que se reconoce como el más cruento desde la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un conflicto en el que la violación se usa como arma de destrucción masiva, se destruyen ecosistemas selváticos vitales y se envenenan los sistemas de agua.

Cuando pensamos en la magnitud y la brutalidad de la situación en el Congo es desconcertante constatar lo poco que se ha hablado del tema en los últimos diez años. Ya sea por racismo, cobardía o una combinación de ambos factores (que no son mutuamente excluyentes), resulta que de alguna manera lo que sucede en el centro de África es aceptable en Occidente o, peor aún, digno de ser ignorado por tratarse de algo distante y abstracto. El hecho es que la cuestión no es en absoluto abstracta, sino una realidad sin miramientos que afecta a muchísimos de nuestros semejantes, una realidad de la que somos (me incluyo) cómplices de un sinfín de maneras.

El conflicto empezó cuando Ruanda y Uganda invadieron el Congo so pretexto de buscar a los rebeldes que ahí se refugiaron a mediados de la década de 1990. Desde entonces, tanto las fuerzas gubernamentales como los rebeldes se han enriquecido gracias al saqueo de los vastos recursos minerales de esas tierras, al tiempo que la inestabilidad del Congo ha favorecido la rápida deforestación de lo que comúnmente se conoce como “el pulmón del mundo” (el Congo, junto con la Amazonia, es el “sumidero de carbono” más importante del globo y atrapa el carbono que, de lo contrario, se convertiría en dióxido de carbono). Las corporaciones extranjeras también se han sumado al saqueo ilimitado de las riquezas del Congo, hecho que llevó a Antonio Guterres, al frente del ACNUR, a declarar en una entrevista con el Financial Times en 2008: “La comunidad internacional ha saqueado sistemáticamente a la República Democrática del Congo, no debemos olvidarlo”.

Una de esas riquezas es el llamado coltán, el compuesto columbita-tantalito, un mineral muy codiciado por su uso en diversos productos electrónicos, entre otros. Tras su extracción, el mineral se vende a corporaciones internacionales que lo usan para satisfacer nuestro insaciable apetito de iPods, teléfonos celulares, reproductores de DVD y otros artilugios. En otras palabras, estamos alimentando directamente la violencia más atroz que el mundo haya visto en 65 años y estamos subsidiando aquello que el activista Kambale Musavuli denomina “la violación masiva de personas y tierras”.

Recientemente Barack Obama promulgó una muy limitada enmienda a la ley de reforma financiera que exigirá a las empresas estadounidenses revelar las medidas que están adoptando para asegurarse de que sus productos no contengan “minerales del conflicto” en el Congo. Según la nueva disposición, las corporaciones que cotizan en bolsa y emplean “minerales del conflicto” en la manufactura de sus productos tendrán que presentar un informe en el que se documente el origen de esta materia prima y si se descubre que sus compras apoyan a grupos militantes tendrán que reportar cómo planean dejar de hacerlo. Y nada más; de hecho, las corporaciones tienen la libertad de informar que seguirán comprando coltán a las milicias asesinas siempre y cuando lo declaren.

Hay quienes piensan que esta medida constituye un paso en la dirección correcta. Yo creo que es una prueba de lo poquísimo que hemos logrado hasta ahora. Necesitamos presionar a las personas que ostentan cargos de elección popular y que durante demasiado tiempo han evadido su responsabilidad en lugar de ver porque nuestros aliados africanos (Ruanda y Uganda, dos de los principales compradores de estaño y oro) pongan fin a esta guerra, y debemos boicotear a las empresas que siguen enriqueciéndose con estas atrocidades. Además, haríamos bien en exigir a nuestros representantes la observancia de la Ley para promover la ayuda, la seguridad y la democracia en la República Democrática del Congo, iniciativa auspiciada por Obama en calidad de senador en 2006. Dicha ley faculta a la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien también auspició la iniciativa cuando era senadora, para suspender el financiamiento a cualquier país que contribuya a desestabilizar al Congo. La plena aplicación de la ley (PL 109 - 456) ayudaría a expeditar el fin del conflicto, tal como lo exhorta Eve Ensler mediante el Día-V.

Además, necesitamos reconocer que, en tanto parte beneficiada de esta violencia, cada uno puede y debe adoptar una actitud solidaria hacia el pueblo congolés. Soy cineasta y quiero filmar una película sobre el Congo. Piensa en alguno de tus talentos y úsalo para dar a conocer lo que está pasando en el corazón de África. Después de todo, lo que está en juego no es únicamente el destino del Congo o del continente africano, sino también la conciencia de la humanidad. No debemos ser capaces de mirar en retrospectiva y reconocer sin que se nos mueva un pelo que preferimos mirar hacia otro lado mientras millones de personas morían a cambio de la comodidad de nuestros teléfonos celulares y otros artefactos modernos.

Visita el sitio de Friends of the Congo, donde encontrarás información sobre modalidades de incidencia solidaria con el pueblo congolés, aun a la distancia: FriendsOfTheCongo.org/

Fuente: http://www.countercurrents.org/lee110810.htm

Fecha de publicación del artículo original: 11/08/2010

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Comentarios


  • Artefactos sangrientos: mis razones para viajar al Congo

    14 de octubre de 2010

    Muchas gracias por compartir esta información, termino de encontrar esta pagina y me parce muy interesante.

    Animo que cada vez somos mas y estamos mejor preparados

    Saludos



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