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Conflicto en torno a la construcción de la estación S21: la cultura de contestación de los ciudadanos de Stuttgart

Desobediencia civil imaginativa

Sección:Campañas
Domingo 17 de octubre de 2010 0 comentario(s) 1928 visita(s)

Por David Weyand

Creativa, variada y con mucho humor, la resistencia contra la construcción de la estación en Stuttgart alcanza un punto culminante. ¿Qué caracteriza las protestas y qué vendrá después?

Contra la estación, con cerveza. Por cada botella de "Resist 21" vendida se donan 21 céntimos a la Alianza contra Stuttgart 21. Tres personas de la ciudad crearon el logotipo del burro y en julio pusieron en marcha este proyecto, que está teniendo un enorme éxito: según datos de la fábrica de cerveza Rössle, que elabora la cerveza, a comienzos de octubre se habían vendido ya 15.000 botellas, lo que permitió recaudar casi 3.100 euros. La cerveza "Resist 21" se vende en una docena de bares de Stuttgart y un puñado de tiendas de productos ecológicos.

“Aunque no es una cerveza ecológica, la hemos incluido en nuestras estanterías porque se trata de una acción importante", dice Thomas Becker, de la cooperativa de consumo de alimentos ecológicos "plattsalat-west". A Becker la idea le pareció tan buena que ahora, en colaboración con otros, quiere poner en venta productos similares. Se llamarán Merlot K-21, zumo de manzana K-21 y limón K-21, y estarán en venta en las próximas semanas. K-21 es el nombre de la estación que se propone como alternativa a Stuttgart 21. Becker asegura que las bebidas no son ningún producto de marketing de algunas personas o tiendas ecológicas, sino una contribución al servicio de la protesta.

Para la próxima gran manifestación contra Stuttgart 21, que tendrá lugar el sábado, Becker tiene preparada otra idea: quiere vender “adoquines de Stuttgart”, castañas envueltas en celofán y adornadas con un lazo. Habrá el modelo “manifestante ocasional”, con una castaña, “manifestante profesional”, con dos castañas, y el modelo “malacostumbrados por el bienestar”, con tres castañas. Para él es una manera de responder con humor, y a la vez en serio, a las acusaciones —difamaciones, a su juicio— según las cuales en las últimas semanas los manifestantes han arrojado piedras a los policías. Lo único que se les habría lanzado fueron pequeñas castañas, nada más. Las ganancias irán a un fondo para asistencia jurídica. “Las acciones contra S-21 son auténticas protestas de cooperación. La gente se plantea aquello en lo que otros puedan participar”, dice Becker.

La protesta es también multimedia y está bien coordinada
Así se lo parece también a Fritz Mielert, portavoz de la iniciativa "Parkschützer" (Defensores de los parques). Valora en particular el amplio espectro de la oposición: "Mientras se trate de la oposición al S-21, da igual si uno vota al FDP o qué ideas políticas tenga”. Es bonito en una comunidad ver en las calles a punks y votantes de la CDU, codo con codo, pidiendo lo mismo.

Cada cual puede involucrarse como mejor le parezca. Algunos sólo van a las manifestaciones y llevan pancartas hechas por ellos mismos, otros asisten a concentraciones o colaboran en puestos de información, y otros hasta participan en bloqueos sentándose en medio de la calle. Los interesados pueden informarse del lugar y la hora de los actos en páginas de internet o a través de Twitter. La protesta es también multimedia y está bien coordinada. La alianza "Bei Abriss Aufstand" (Contra la demolición, rebelión) hace público semanalmente el calendario de acciones: manifestaciones en bicicleta, grandes manifestaciones, encuentros de los mayores y los empresarios contra S-21, ensayos corales públicos, actos de desobediencia civil o ensayos de bloqueos por medio de sentadas.

En el calendario de protestas hay dos citas fijas: las manifestaciones semanales de cada lunes (ha habido ya 46 desde el pasado otoño) y la "Schwabenstreich" (chanza suabia), en la que a diario, a partir de las 19:00h y durante un minuto exacto, los opositores al S-21 hacen todo el ruido posible con pitos y cacerolas. Ha habido "Schwabenstreiche" en más de 120 lugares; sobre todo en Baden-Württemberg, pero también en otras ciudades alemanas y en alguna ocasión incluso en Nueva York, Santiago de Chile y en la ciudad mexicana de Guadalajara.

“Esto podría convertirse en modelo a imitar en toda la República Federal”

Para el sociólogo y estudioso de los movimientos de protesta Dieter Rucht, del WZB (Centro Científico de Investigaciones Sociales en Berlín), la resistencia contra Stuttgart 21 es un completo éxito. “Es sorprendente que un proyecto regional haya conseguido despertar tanta atención", afirma. Además, es de destacar que la oposición procede de la sociedad misma, sin que hasta el momento ni los partidos ni los grupos violentos hayan conseguido instrumentalizar las protestas para sus propios fines.

Manifestación contra el proyecto Stuttgart 21: “Esto podría servir de modelo en toda la República Federal”© Marijan Murat/DPA

Esas protestas no tienen que ver únicamente con el proyecto de la estación en sí, se trata también, más en general, de la participación democrática de la ciudadanía. Rucht constata que la ciudadanía de Stuttgart ha “despertado”. A su juicio, los ciudadanos se han dado cuenta de que no se trata sólo de cifras, hechos y argumentos en torno a Stuttgart 21, sino de la intervención activa de los ciudadanos, también frente a quienes toman las decisiones y los responsables de la planificación. Habrían tomado conciencia de que la construcción de una nueva estación es también asunto suyo y que hay que implicarse en él. “Esto podría convertirse en modelo a imitar en toda la República Federal. A la gente ya no le basta con votar cada cuatro años, quieren implicarse democráticamente”, afirma Dieter Rucht. A este respecto le ha impresionado la constancia y capacidad de sacrificio de gran cantidad de manifestantes en Stuttgart. Según el sociólogo, no hay duda de que en el futuro estas personas verán la política de otra manera.

De universitario a “manifestante profesional”

Fritz Mielert es un ejemplo de lo consecuentes que son algunos manifestantes. Hasta comienzos de año trabajaba en la Universidad de Stuttgart, en el Instituto de diseño de construcción ligera. Su jefe participa en el diseño detallado de Stuttgart 21. Para Mielert, la situación era insoportable, así que no renovó el contrato y ahora es casi un “manifestante profesional”. Pero para la mayoría ésta es la primera vez que toman parte en acciones de protesta y lo hacen en su tiempo libre, confirma Mielert.

Si en los próximos días y semanas hay conversaciones entre defensores y detractores del proyecto, el futuro de las protestas contra el S-21 dependerá, según Mielert, del resultado de las negociaciones. Pero este activista está convencido de que la gente seguirá saliendo a la calle, y entre ellos muchos simpatizantes de la CDU y el FDP. Él cree que las posibilidades de detener el proyecto van en aumento.

El experto en movimientos de protesta Rucht, por el contrario, duda de que se vaya mucho más allá de unas conversaciones preliminares. Pero si éstas se producen, las dos primeras semanas posteriores serán decisivas, ése es el periodo crítico. Si en ese tiempo se producen acontecimientos que despierten la indignación de los opositores al S-21, la protesta podría recrudecerse. Pero no cree que la resistencia pueda mantenerse durante meses con la misma intensidad que hasta ahora. Por el momento, lo que más le interesa al jefe del Gobierno, Stefan Mappus (CDU), es rebajar la tensión. Respecto a si al final los opositores al S-21 conseguirán o no salirse con la suya, todo las posibilidades están abiertas.

En cualquier caso, por el momento los planes de nuevas protestas continúan adelante con la misma fuerza. Este sábado hay otra gran manifestación, la semana que viene habrá de nuevo grandes y pequeñas acciones y, por último, el 26 de octubre una manifestación en Berlín.

Sea como fuere, en el trayecto de este viaje colectivo siempre quedará tiempo para brindar con "Resist-21" o "Merlot K-21" por los éxitos pasados.


Fuente: Stern

Fecha de publicación del artículo original: 09/10/2010

Traducido por Javier Fernández Retenaga y editado por Fausto Giudice para Tlaxcala.

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