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Mujeres que construyen la paz en contextos de guerra (Montserrat Cervera)

«Por una paz que sea la nuestra»

Sección:Feminismo y antimilitarismo
Miércoles 9 de marzo de 2011 1 comentario(s) 2577 visita(s)

Publicado en Viento Sur, nº 101, noviembre de 2008

"El futuro del planeta depende del activismo político de sus mujeres y de su abarcadora concepción de la democracia, los derechos humanos, la dignidad de todos, el respeto y la abolición de las humillaciones, la integridad del cuerpo humano y el reconocimiento de que es un todo integral”

Patricia McFadden

Corren malos tiempos para la paz y para el feminismo. La capacidad de banalización de los presupuestos feministas y la tergiversación de los presupuestos de igualdad en los que nos hemos empeñado desde siglos las activistas feministas y antimilitaristas, han convertido casi en una moda la incorporación del género en los discursos políticos, sin ningún contenido emancipador ni integral.

Y esto ha trascendido a las nuevas generaciones de tal modo que parece algo absurdo y desfasado buscar estrategias y energías en el feminismo, que es visto muchas veces como algo sectario y contra los hombres.

De esto se han encargado los medios de comunicación, invisibilizando las acciones de las mujeres en todo el mundo, ya que sigue siendo más fácil vemos como víctimas o vengadoras que como sujetas políticas (con honrosas excepciones por supuesto, ya que hablamos desde la esperanza).

Pero sobre todo debido a una concepción de la igualdad, desde la derecha y también desde la izquierda, que entiende el feminismo como la acción de las mujeres para ser como los hombres, y no como una alternativa global para hombres y mujeres de acabar con el patriarcado, como una necesidad para hombres y mujeres de incorporar esta dimensión en la necesaria abolición y alternativa al capitalismo neoliberal. Aquí nos vienen a la memoria los dolorosos ejemplos de Condolezza Rice, de las soldados torturadoras y las comandos suicidas, reales y mediáticos, fruto de la manipulación de los intereses de las mujeres a favor de la «igualdad», —pero contra la idea de liberación y la emancipación de éstas, y a favor de intereses imperiales o de subordinación a otros intereses pretendidamente superiores a los que hemos reclamado desde el feminismo revolucionario.

Y estas consideraciones vienen a cuento cuando hablamos de las aportaciones de las mujeres a la paz, de sus concepciones sobre la no violencia, el cuerpo y un futuro donde sea posible una paz para todas y todos, también para las mujeres. Y aquí retomamos nuestro ímpetu en algo que no es nuevo pero que ha sido muy difícil de entender y de llevar sistemáticamente a la práctica: cualquier acción emancipadora debe contener un análisis, una crítica y un reconocimiento de que el patriarcado existe, de que va cambiando de formas pero que resiste y actúa contra los hombres y las mujeres en todo el mundo; y en los conflictos amados es de una monstruosidad inmensa. A pesar de que el discurso del género y el sexo no sea tan nítido como antes, si lo es la capacidad de sumisión, de humillación y de deshumanización que produce el patriarcado.

“Por una paz que sea la nuestra”

Este lema siempre ha sido un punto de partida para el feminismo antimilitarista y pacifista. Lo hemos contado hasta la saciedad: no nacemos más pacíficas y amorosas y el único gen que nos ayuda es el de una concepción del género que pretendemos cambiar, el «gen feminista» que nos decía, con sorna pero con experiencia probada, nuestra amiga chilena Marisa Matamala.

Por lo tanto, para las mujeres, conseguir una paz que sea la nuestra sin opresión para nadie, también es, como para los hombres, una opción política, una práctica consciente de transformación del mundo partiendo de nuestra experiencia como mujeres.

Es de estas prácticas y experiencias de las que tratamos. De las muchas aportaciones y reflexiones que existen, nos referimos a las más recientes, a las que mejor conocemos y de las que formamos parte con toda su variedad y especificidad: las de la Red Internacional de Mujeres de Negro contra la Guerra (http://www.womeninblack.org), que comparten sus ideas con muchas otras y otros con los que pretendemos ampliar esta red y tener relación.

Estas prácticas no nacen de la nada, se inscriben a lo largo de la historia del feminismo contemporáneo tanto a nivel teórico como práctico. Como siempre, hay una genealogía femenina y feminista a favor de la paz que recuperamos, releemos y reelaboramos a la luz de nuestra experiencia.

Cuando hablamos de la experiencia de las mujeres como género en este tema nos referimos fundamentalmente a tres cosas: j

1. El patriarcado nos ha situado en los márgenes de la política, en el sentido de no tener opción de planificar directamente las políticas de la guerra ni de nada, de no ser las responsables directas, de ser unas «extrañas», como dice Virginia Wolf en Tres Guineas, y por tanto tener la posibilidad de reclamar nuestros derechos políticos, sociales y económicos no como lo han hecho los hombres sino encontrando nuestro propio camino y nuestras propias palabras.

2. La experiencia de las mujeres de dar, o poder dar, vida, de tener, también por impositivo patriarcal, el cuidado de la vida de las personas, de conocer en directo y a diario el valor de la vida humana, nos sitúa en la posibilidad de hacer otra política que no entre en contradicción con esta experiencia fundamental para muchas mujeres y conocida por todas. Y de esta experiencia puede nacer y nace para algunas mujeres la necesidad de poner la vida humana y la del planeta en el centro de la política. La guerra y la violencia que engendra contra las vidas humanas están en contradicción extrema con esta experiencia. Como decía Wolf; «entre morir y matar hay otra lógica: vivir». Esta idea ha inspirado también a muchas «extrañas», a muchas feministas antimilitaristas.

3. La experiencia directa de la violencia contra nuestros cuerpos para mantener nuestra opresión o mejor dicho, la comprensión en carne propia de la injusticia que representa estar a disposición de los hombres, ser concebida como propiedad de «otro» durante muchos siglos, de ser botín de guerra, de ser violada, acosada y violentada, de no ser reconocida por nuestros actos sino por nuestro «cuerpo a disposición de». De esta experiencia también las «extrañas» buscamos nuestras propias estrategias para un futuro distinto para todos y todas. Hemos defendido la no violencia como relación entre las personas. Hemos escogido no causar daño, no causar sufrimiento humano, como la mejor estrategia política para cambiar el mundo.

Como decíamos al principio, convertir estas experiencias en alternativa política, en feminismo antimilitarista revolucionario, es un proceso largo y difícil y aún muy minoritario. Pero es un experiencia tan arraigada en nosotras que nos permite conectar con otras mujeres o entender como las Madres de la Plaza de Mayo o las mujeres de Srebrenica o algunas madres de los soldados americanos emprenden una lucha política a partir de la pérdida de sus hijos, de su desaparición, una acción por la justicia a partir de la pérdida y el dolor que nos permite transformar esta experiencia en alternativa política global y establecer redes de solidaridad y respeto para reflexionar juntas y proponer nuevas estrategias para la paz.

A lo largo de la historia podemos ver diversas maneras de interpretar estas experiencias, de dejarse atraer por el discurso del patriarcado en relación a la guerra: madres de la patria, enemigas de las enemigas de la patria, estimuladoras de los valores patrióticos y machistas de la sociedad. .. La experiencia del género al servicio de los que ostentan el poder ha sido mayoritaria a pesar de todas las contradicciones, pero estas mismas contradicciones nos han permitido a veces establecer algún vínculo con las mujeres atrapadas en el discurso chovinista del patriarcado fundamentalista que nos rodea.

Así hemos visto como sufragistas abnegadas claudicaron a favor de sus gobiernos y de la guerra y otras no. Y cómo podemos sentimos herederas de Rosa Luxemburgo también en contra de la guerra. Más recientemente en los años 80, la experiencia de las mujeres del Campamento de la Paz de Greenham Common (1981-2000) www.greenhamwpc.org.uk, cerca de Londres, fue capaz de movilizar a miles de mujeres contra los misiles, a partir de trascender estas experiencias, de defender la vida de sus hijos y del planeta: «No son los misiles, son todas las cosas». Este campamento de mujeres por la paz inspiró a muchas mujeres a crear grupos, a pensar desde el feminismo la paz del planeta, con acciones de desobediencia civil, sabotajes, manifestaciones. .. Solo con mujeres de manera permanente, para hacer esta experiencia a partir de ellas mismas. Por supuesto, esto no excluye que los hombres apoyaran y participaran en las movilizaciones.

Al movimiento de mujeres en general, pero sobre todo a los grupos de mujeres por la paz se nos ha acusado de esencialistas y sectarias, y es por eso muy importante que lo consideremos como una opción política, minoritaria y que como en el resto del movimiento feminista la opción de solo mujeres no representa una exclusión de los hombres sino una opción política para garantizar nuestra autonomía desde otra experiencia, con todas las complicidades y alianzas que sea necesario. Nuestros principios

La red de Mujeres de Negro nace en 1988 en Jerusalén Occidental. Ocho mujeres feministas, pertenecientes a la izquierda radical, salen a la calle para manifestarse públicamente, vestidas de negro y en silencio, en protesta contra la ocupación de los territorios palestinos por parte de Israel.

Esta red está ahora en muchos países de todo el mundo (en más de cincuenta) y celebrará el próximo Encuentro Internacional en Colombia el año próximo.

Las ideas que comparten estos grupos son las siguientes:

- Que nadie hable en nuestro nombre, hablamos por nosotras mismas. Asumimos la responsabilidad de denunciar públicamente a los que hablan por nosotras.

- No queremos ser engañadas por nuestro propio pueblo, ni tampoco queremos ser engañadas por otros. Esta idea se transformó en un principio de desobediencia a todos los elementos fanáticos y nacionalistas del país en que vivíamos y, después, de los otros países.

- Aceptar el rol de traidoras, de mujeres desleales al Estado y a la nación. La lealtad al Estado y a la nación significa aceptar el principio patriarcal de la separación y el odio entre mujeres basado en el principio de etnicidad.

- Construir la confianza con mujeres de otras naciones, sobre todo con aquellas que se rebelaron contra la guerra y contra «su bando».

- Aceptar el estigma de la vergüenza social, la condena y las sanciones morales, porque todavía seguimos siendo una vergüenza para el pueblo serbio y renunciamos a ser cómplices del régimen.

- Transformar los sentimientos de culpabilidad en actos de responsabilidad. Responsabilidad por el dolor y el sufrimiento que el régimen serbio infligió a los otros.

- Apoyar a los desertores y a los objetores de conciencia, nuestros aliados por el cambio de la mentalidad patriarcal.

- Alentar la responsabilidad de los ciudadanos. Superar el rol de víctimas y cómplices del régimen que promovió una guerra.

- Sensibilizar a la opinión pública por los crímenes cometidos en contra de la población civil.

- Impulsar la conciencia de la responsabilidad por la guerra.

- Reclamar la verdad sobre las personas desaparecidas.

- Exigir juicios contra todos los autores, organizadores y ejecutores de los crímenes de guerra.

- Prestar apoyo y solidaridad a los/as refugiados/as, desplazados, expulsados y a todas las víctimas de guerra.

- Apoyar a los hombres que se niegan a ir a la guerra.

- Promover la objeción de conciencia en el servicio militar.

- Reclamar la disminución de los gastos militares y policiales, la prohibición de minas antipersonales y la conversión de la industria militar.

- Cambiar la mentalidad patriarcal.

- Hacer visibles nuestros vínculos y objetivos comunes con movimientos y redes internacionales pacifistas y feministas.

- Promover los valores de la no-violencia, el feminismo, el pacifismo y el antimilitarismo.

- Condenar todo tipo de guerra, intervenciones militares, en cualquier lugar donde se den.

- Condenar a todos los criminales de guerra.

- Promover el internacionalismo pacifista-feminista.

- Promover el antifascismo con un contenido y patrimonio importante del movimiento de mujeres por la emancipación.

- Promover y practicar la solidaridad interétnica e intercultural.

- Promover la tolerancia como respeto de los otros y diferentes, pero también promover sanciones de todos los actos que instigan el odio, la xenofobia y el fascismo.

- Promover y ejercer acciones para la desmilitarización local, regional, global.

- Promover la globalización de la justicia, la paz, la solidaridad y actuar en contra de una globalización neoliberal injusta.

- Promover el activismo cultural feminista que cultiva la estética de paz e impulsa la cultura de paz a través de redes de solidaridad de mujeres contra la guerra.

Las experiencias de los grupos de mujeres de PaIestina-IsraeI, ex Yugoslavia y Colombia

De todas estas experiencias queremos destacar algunos aspectos de las tareas concretas que han abordado grupos de `mujeres que están en zonas de conflicto.

Uno de los aspectos más conocidos de su acción es el que se ha señalado más arriba: construir la confianza con mujeres de otras naciones, sobre todo con aquellas que se rebelaron contra la guerra y contra «su bando».

En este aspecto las mujeres de Israel y Palestina en unas condiciones muy difíciles han apostado por acciones que promuevan la posibilidad de un futuro para los dos países, realizando actividades de encuentro y solidaridad con mujeres de los dos países que creen bases de confianza para un futuro de respeto y justicia:

Uno de sus textos más conocidos expresa su posicionamiento:

¡Dejen a las mujeres hablar! ¡Dejen a las mujeres actuar!

Nosotras sabemos que los dos pueblos, israelí y palestino, pueden vivir en esta tierra. Nosotras sabemos que nuestros hijos merecen una vida con paz y dignidad No queremos que nuestros hijos sean asesinados, y no queremos que ellos se conviertan en asesinos. Tenemos que hacer cesar la locura. Tenemos que hacer cesar el uso de la fuerza brutal.

Dejen a las mujeres palestinas e israelíes guiar el camino. Las mujeres israelíes lograron cambiar la opinión pública sobre la terrible y sin sentido guerra del Líbano. Las mujeres palestinas fueron valientes luchando en unión con las mujeres israelíes en las iniciativas por la paz. Nosotras las mujeres podemos también encontrar el fin de este círculo de violencia.

Construir la confianza con mujeres de otras naciones, sobre todo con aquellas que se rebelaron contra la guerra y contra “su bando " al ir a la guerra. Queremos que ellos conozcan la autodeterminación y la dignidad sin necesidad de luchar por esto.

Nosotras sentimos el dolor, estamos indignadas, estamos asustadas. Antes de que sea tarde: dejen a las mujeres hablar.

Los grupos realizan concentraciones semanales de mujeres vestidas de negro y en silencio cerca de los controles o en las plazas de las ciudades de Israel, con el lema «Fin de la ocupación de Palestina». Las mujeres palestinas raramente pueden acudir aunque saben cuando se realizan. Participan mujeres árabes de Jerusalén y ocasionalmente de los territorios ocupados. Cuando no es posible su asistencia mantienen el contacto por teléfono, denunciando la situación concreta en cada momento (demoliciones, detenciones, muertes, etc.).

En los puestos de control (check point) toman nota de todas las irregularidades que se ejercen en ellos, y las denuncian, pero sobre todo quieren que los palestinos sepan que en Israel hay alguna gente que defiende sus derechos y actúan contra su impunidad. Llevan 20 años realizando estas acciones, junto con la propuesta de desmilitarización de Israel, apoyando a los objetores de conciencia y a los desertores, y visibilizando el machismo y la violencia que genera el Ejército y el patriarcado en cada uno de los pueblos.

Han consolidado una Coalición de Mujeres, www.coalitionofwomen.org, que trabaja en distintos aspectos y necesita de la solidaridad internacional de todos los grupos de mujeres.

Las Mujeres de Negro de Belgrado, wwvv.zeneucrnom.org, son el grupo de mujeres más activo y con más proyección internacional y jugaron un papel clave en los conflictos armados de los Balcanes, en contra de la guerra y de su gobierno, y a favor y junto a las mujeres de Bosnia y Croacia.

De ellas ha partido la idea de los Encuentros Internacionales y de la creación de una red internacional. Y de sus principios. Han participado en todos los foros internacionales, han escrito libros e impartido seminarios de educación por la paz en todo el territorio y han sido objeto de escarnio de su propio pueblo.

Ahora están trabajando en la introducción de una perspectiva feminista en lo que llaman justicia transicional, que definen como un conjunto de instituciones, procesos y decisiones, tanto morales y jurídicas como políticas, que han sido adoptadas y puestas en práctica en el Curso de la transición democrática, o sea, en la transición desde regímenes criminales/dictatoriales hacia la democracia.

Lo están realizando a través de acciones que consisten en intentar crear nuevas formas de enfrentar el pasado, nuevas formas de reconocer el pasado criminal y de crear nuevos modelos de justicia transicional, creando una estrategia feminista para enfrentar el pasado, que implica mitigar hasta hacer desaparecer el sentimiento de culpabilidad por todos los crímenes cometidos por el régimen serbio.

La mayor responsabilidad, pero también la culpabilidad, el dolor y el sufrimiento son sentimientos que experimentan las mujeres de Serbia, que desde un comienzo se han rebelado contra la guerra, han promovido acciones antiguerra, antinacionalistas y antimilitaristas. Estas mujeres siguen siendo las más activas en la construcción de una paz justa.

Por ejemplo, están elaborando alternativas a la idea patriarcal del cuidado, asignada a las mujeres, introduciendo otros elementos que supongan una alternativa política para la paz que pueda ser debatida por toda la red.

El cuidado de otras/os como libre opción y no como deber o la ética feminista del cuidado:

Cuidado de si misma como respeto de los propios límites y las propias necesidades, porque la negación de si misma engendra la indignación, la rabia y el descontento.

Cuidado de sí misma es la transformación de la rabia y la indignación en actos de autonomía y espacio para el compromiso público.

Cuidado de otras/os, no sólo como cuidado de su familia sino de la comunidad de la humanidad. Este concepto debe estar acompañado de la noción y conciencia de que ese cuidado puede ser objeto de abusos. Éste es un elemento significativo de la ética feminista del cuidado.

La resistencia a la explotación en forma del trabajo doméstico e invisible, no reconocido, no remunerado, que se puede manifestar en forma de boicot o huelga, es un acto legítimo del compromiso feminista/pacifista.

El cuidado de los demás debe ser una labor compartida por todos y no sólo asumida por las mujeres; si el cuidado sobre los demás es un poder compartido, las mujeres tienen la posibilidad de ocuparse de tareas publicas, O sea, de la prevención de la guerra y de la construcción de.la paz.

El cuidado de los demás como poder compartido (tanto en lo privado como en lo público) empodera a las mujeres y consolida la responsabilidad cívica.

En Colombia forman parte de la red la Ruta Pacífica de Mujeres contra la Guerra (www.rutapacifica.org.co) y la Organización Femenina Popular (www.ofp.org.co).

«No queremos parir hijos e hijas para la guerra» es uno de sus lemas más originales, que les ha permitido conectar con grupos de mujeres contra la guerra de todo el estado.

Empezaron con grandes movilizaciones en las zonas de desplazamiento y de mayor conflicto para conectar con las mujeres de cada región, fomentando el encuentro y la confianza para actuar juntas contra el miedo, la violencia y la guerra.

También han aportado una gran imaginación, aprovechando símbolos propios para conectar entre ellas a favor de la verdad, la justicia y la reparación que ellas proponen como alternativas para conseguir la paz.

Los símbolos son la expresión plástica y estética que contrarresta la propuesta militarista y autoritaria. En ellos se manifiesta la vida, la fiesta, la creación, la resistencia.

Recuperar el lenguaje de los símbolos en un mundo donde la tecnología impone la pauta y donde se nos quiere convertir en una sociedad transgénica. Lo simbólico transgrede la cotidianidad; con ellos andamos y desandamos. Son nuestras metáforas poéticas para invitar a otro diálogo. Son una propuesta para construir otras maneras de interrelación, para quebrar esquemas y lógicas preestablecidas.

Los colores:

- Amarillo: el de la verdad Para no ocultar, no esconder. Para mostrar la realidad de las mujeres. Amarillo de libertad y justicia, de conciencia. Es visibilizar nuestra realidad visibilizar los crímenes contra la población civil y específicamente contra las mujeres. Identificar a los responsables de los diferentes actores armados en hechos que atentan contra la población y específicamente contra las mujeres en las guerras.

- Blanco: Justicia. Simbiosis entre la verdad y la esperanza. El derecho a la verdad y a la dignidad al respeto y a la no impunidad Es lo que las mujeres exigimos frente a todas las violencias. Para que la paz sea posible es preciso sanar las heridas que rompen los hilos que queremos tejer de la reconciliación. Es la reparación de todo lo que impide vivir con dignidad humana. Es la exigencia de que los responsables de las guerras y los crímenes contra las mujeres y la población civil sean juzgados.

- Verde: de la esperanza, esperanza de que la verdad la justicia y la reparación devuelvan la dignidad a todas las víctimas. Es la posibilidad de un país viable, habitable, amable y acogedor. Es un futuro digno para nuestras hijas e hijos. Es sanar las heridas causadas por la guerra.

- Azul: De la reparación. Es volver sobre lo andado y corregir. Tomar conciencia del dolor. Es sanar el daño y el dolor causados por los actores armados sobre la población civil y que sean juzgados por los actos cometidos. Es recuperar la dignidad Es un acto de justicia, responsabilidad y generosidad Es liberarse, reencontrarse, reinstalarse, perdonarse. Es reconocer los daños causados en la vida y en los cuerpos de las mujeres y desarrollar una política de sanación real y simbólica. Sanación individual y colectiva que conlleva no olvidar los crímenes cometidos, pero que a la vez es fundamental tener un proceso de reconciliación en el cual el otro y la otra tengan un lugar dignos. La reparación pasa por la justicia.

- La olla vacía: la memoria y el recuerdo de las personas muertas. Pero a la vez son los recipientes con los que las mujeres han tenido tanta cercanía. Símbolo de resistencia en la pobreza.

Las ollas vacías, el negro del luto, las flores amarillas, el silencio, el tejido… Todos ellos forman parte del universo simbólico de las mujeres de la Ruta Pacífica de Mujeres contra la Guerra. Este lenguaje, este simbólico femenino, desubica a los guerreros y a los patriarcas, porque desconocen este lenguaje, más allá del de las armas o del discurso tradicional del hacer política tradicional, de la del poder reconocido.

Con este tipo de lenguaje simbólico las mujeres recuperamos el derecho a la calle, el derecho a la desobediencia civil no armada. Creamos y hacemos resistencia pacífica de mujeres contra la guerra.

En conclusión

De estas experiencias, prácticas reflexiones… las feministas antimilitaristas hemos aprendido a conocemos, a respetamos y a unir nuestras fuerzas en todo el mundo, contra el patriarcado militarista que nos domina y nos lleva a las guerras. Como movimiento específico es aun joven y sus propuestas y acciones deben Ser conocidas por el movimiento pacifista y antimilitarista con el que trabajamos conjuntamente. Nuestra apuesta es que también aquí, en el Estado español, nos ayuden a actuar contra el militarismo de nuestra sociedad, que ahora se dedica a ensalzar a nuestro Ejército —utilizando una vez más a las mujeres como señuelo de igualdad para enmascarar su militarismo, y a avanzar propuestas de paz desde las mujeres para el conflicto del País Vasco, cada vez más estancado, dando a conocerla situación real de las mujeres que actúan por la paz desde postulados muy distintos y que son invisibilizadas, machacadas. La paz es posible, pero está lejos. Actuemos juntas por una paz que sea la nuestra, sin opresión y sin violencia.

Montserrat Cervera forma parte del colectivo Dones x Dones

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Comentarios


  • Mujeres que cambian el mundo

    27 de octubre de 2011

    He tenido la oprtunidad de conocer a las mujeres de la OFP que llevan casi 40 años luchando, desde la resitencia activa al conflicto armado y a toda forma de violencia, por los derechos fundamentales de las mujeres y sus pueblos, luchando contra la guerra y la militarización de la sociedad, en definitiva luchando por la paz con justicia social en Colombia.

    Desde aquí les envío mi reconocimiento y mi total apoyo a su labor. Hago mía su consigna de resitencia: «Las mujeres no parimos ni forjamos hijos e hijas para la guerra»

    http://organizacionfemeninapopular....



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