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Libia, Viagra y la propaganda de guerra

Tanto Amnistía Internacional como Human Rights Watch han investigado sobre el terreno la denuncia y no han encontrado pruebas

Sección:Libia
Martes 28 de junio de 2011 0 comentario(s) 1817 visita(s)

Guerra Eterna

La embajadora de EEUU en la ONU acusó al Gobierno libio de estar suministrando pastillas de Viagra a sus soldados para realizar violaciones. Lo hizo en una sesión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad. Si el tema no fuera tan serio, daría para algunos chistes (malos). En la historia de la guerra, los soldados, que suelen ser gente joven, no suelen necesitar ayuda química para cometer esos actos.

Al menos, Susan Rice no hizo como Colin Powell antes de la invasión de Irak. No enseñó ningún gráfico ni un bote de Viagra para sostener sus afirmaciones. Hubiera dado para una buena foto.

Antes de esa intervención, y también después, bastantes medios de comunicación incluyeron en sus informaciones esa denuncia. Desgraciadamente, cabe suponer que han ocurrido violaciones, pero es algo muy diferente saber que se han producido de forma deliberada como parte de una estrategia de guerra.

La denuncia concreta apareció por primera vez en una entrevista en Al Jazeera con un médico. No tenía ninguna prueba que la sustentara.

Tanto Amnistía Internacional como Human Rights Watch han investigado sobre el terreno algunas de estas denuncias y no han encontrado pruebas. Sospechan con motivo que muchas de ellas proceden de los rebeldes, muy interesados en forzar la intervención en su favor de la OTAN sin la cual no tenían muchas posibilidades de derrotar a las tropas del Gobierno.

El fiscal del Tribunal Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, emitió una orden de arresto de Gadafi en mayo en un ejemplo muy cuestionable de utilización de la justicia internacional. La idea de que es posible hacer justicia en tiempo real en una guerra no parece muy lógica por las inevitables dificultades que conlleva encontrar pruebas e indicios que no estén contaminados por razones políticas. Y en este caso, hace más difícil una solución política a la guerra que pueda permitir la salida de Gadafi del poder y del país sin más derramamiento de sangre. Pero el Tribunal Penal Internacional parece necesitar los titulares y justificar con ellos su existencia que por cierto se limita a investigar lo que ocurre en África, no en otras partes del mundo.

Otra historia que circuló por todos los medios fue el uso por Gadafi de mercenarios africanos. Hace unas semanas, el enviado especial de The Times entrevistó a varios de ellos, detenidos por los rebeldes, y confirmó que en su mayoría se trata de inmigrantes pobres a los que en su mayoría obligaron a coger un arma para que hicieran de carne de cañón.

Patrick Cockburn resalta que los periodistas tienen muy difícil o imposible entrar en varios países de Oriente Medio, como Siria, Bahrein o Yemen. Sin embargo, las limitaciones no existen en Bengasi, donde buena parte de la información que reciben procede de los rebeldes, obviamente una fuente interesada. No hacen mal al utilizar esa información, pero a veces hay que ponerla entre paréntesis.

The Libyan insurgents were adept at dealing with the press from an early stage and this included skilful propaganda to put the blame for unexplained killings on the other side. One story, to which credence was given by the foreign media early on in Benghazi, was that eight to 10 government troops who refused to shoot protesters were executed by their own side. Their bodies were shown on TV. But Donatella Rovera, senior crisis response adviser for Amnesty International, says there is strong evidence for a different explanation. She says amateur video shows them alive after they had been captured, suggesting it was the rebels who killed them.

El caso de la blogger lesbiana siria que en realidad era un norteamericano de 40 años revela los riesgos de utilizar información que aparece en las redes sociales. Muchas veces, los grupos de oposición colocan en YouTube vídeos de manifestaciones que en realidad son de días o semanas anteriores. Pocas opciones más hay cuando resulta imposible enviar a un periodista a ese país. El riesgo, sin embargo, es máximo.

Pero aparte de eso está la propaganda de toda la vida difundida por una de las partes del conflicto en beneficio de sus intereses. La falta de credibilidad del régimen de Gadafi no equivale en la práctica a que sus enemigos gocen de una confianza ilimitada por parte de la prensa.

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