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Violación, guerra y propaganda

Por Nazanín Amirian

Sección:Guerra y mujeres
Miércoles 29 de junio de 2011 0 comentario(s) 2209 visita(s)

Los soldados que participan en un conflicto armado no necesitan las órdenes del jefe del Estado o drogas estimulantes para la violación organizada de mujeres, niñas, niños e incluso hombres de la población agredida. Este viejo crimen de guerra desconoce fronteras políticas o culturales. Hasta las grandes religiones han considerado el cuerpo de la mujer como botín de guerra, al lado del ganado, el oro o la plata.

Mientras unas agresiones sexuales copan titulares, otras –cometidas por “nuestros” violadores-, se ocultan. Obama impone la ley del silencio sobre esta atrocidad ejercida por sus hombres en Abu Ghraib para no manchar la imagen de las tropas de la democracia. La masacre de Mahmudiyah (Irak 2006), en la que cinco marines violaron a una niña, la mataron junto a su familia e incendiaron la casa simulando un ataque insurgente (narrada en la película Redacted), es la punta del iceberg del calvario que sufren las iraquíes en su propio país, ultrajado.

La tortura sexual armada, lejos de ser un acto de violencia privada ejercida por soldados sin escrúpulos o un daño colateral inevitable de la guerra, es fruto de la ideología basada en la supremacía masculina que considera a la mujer una posesión para satisfacer sus necesidades. El conflicto armado sólo exacerba una actitud normalizada en la práctica diaria.

Una víctima en la República Democrática del Congo. Foto: Walter Astrada

La violencia sexual siembra terror en la población; es un castigo colectivo, pues el cuerpo femenino, despreciado por los atacantes, es el habitáculo del honor de los atacados. Producirá hombres avergonzados por no “cuidar su propiedad”, padres de “hijos bastardos” y niños señalados de por vida. Los lazos sociales y familiares de las “violadas” son destrozados, así como su dignidad e identidad. Ningún hombre las querrá. Unas, lesionadas o embarazadas, caerán en el abandono; otras se verán abocadas al suicidio o incluso serán asesinadas por la familia para lavar su maldita “honra” manoseada, y miles serán esclavas sexuales.

Una educación basada en la igualdad y la empatía, y el fin de la impunidad de los criminales podrán frenar esta perversión.


Fuente: Público

Fecha de publicación original: 19/06/2011

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