En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
Secciones
> Campañas
  Objeción Fiscal al Gasto Militar
  Desobedece a las guerras
  Contra la I+D Militar
  Comercio y producción de armas
  Juguete bélico
  Feminismo y antimilitarismo
  Locales
  Varios
  Banca
  Educación para la paz
  La guerra empieza aquí. Parémosla desde aquí
  Recortar lo militar
  Contrarreclutamiento
> Observatorio de conflictos
  Iraq
  Palestina
  Colombia
  EEUU
  Guerra y mujeres
  Infancia y guerra
  Varios
  Afganistán
  Libia
  Costa de Marfil
  Siria
  Mali
  Sáhara Occidental
  Ucrania
  Turquía
> Documental
  Talleres
  Historia del antimilitarismo
  Noviolencia
  Objeción de conciencia
  Recursos gráficos
  Recursos multimedia
  Teoría política
  Represión
  Medio Ambiente
  Mujeres y antimilitarismo
  Anticapitalismo
  Instituciones militares
  Varios
  Intervencionismo humanitario y misiones de paz
> Informativa
  Movimiento 15M
> Cajón de sastre
  Humor
  Creación
  Comentarios gráficos
  Contactos
  Varios
> Solidaridad entre los pueblos

El Hijo de África quiere hacerse con las joyas de la corona de un continente

Se reanuda la «disputa por África»

Sección:EEUU
Martes 25 de octubre de 2011 0 comentario(s) 1507 visita(s)

Por John Pilger

El presidente Barack Obama anunció el 14 de octubre que iba a enviar tropas especiales estadounidenses a Uganda para unirse a la guerra civil que se está desarrollando allí. Durante los próximos meses, EE.UU. enviará tropas de combate a Sudán del Sur, al Congo y a la República Centroafricana. Sólo «intervendrán» para labores de «autodefensa», dice satíricamente Obama. Una vez asegurada Libia, se empieza a preparar una invasión del continente africano desde Estados Unidos.

La prensa ha calificado la decisión de Obama de «enormemente inusual», de «sorprendente» e incluso de «extraña». Pero no es nada de eso. Persevera en la misma lógica que ha seguido la política estadounidense desde 1945. Pensemos en el caso de Vietnam: la prioridad consistía en detener la influencia de China —un rival imperialista— y «proteger» Indonesia, que para el presidente Nixon era «la reserva de recursos naturales más rica de la región (...) el mejor premio». Vietnam simplemente se había entrometido en su camino; y la matanza de más de tres millones de vietnamitas y la devastación y envenenamiento de su territorio fue el precio que pagaron para que EE.UU. consiguiera su objetivo. Al igual que en todas las invasiones estadounidenses posteriores, con su rastro de sangre que va desde América Latina hasta Afganistán e Iraq, el motivo es generalmente de «autodefensa» o «humanitario», palabras que hace ya tiempo perdieron el significado que les otorgan los diccionarios.

En África, dice Obama, la «misión humanitaria» consiste en ayudar al gobierno de Uganda a derrotar al Ejército de Resistencia del Señor (más conocido por sus siglas en inglés, LRA), que ha «asesinado, violado y secuestrado a decenas de miles de hombres, mujeres y niñ@s en África central». Pero esta descripción exacta del LRA evoca las múltiples atrocidades administradas por Estados Unidos, como el baño de sangre que tuvo lugar en la década de los 60 después del asesinato organizado por la CIA de Patrice Lumumba, líder independentista congoleño y primer ministro elegido legalmente, y del golpe de estado de la CIA para instalar en el poder a Mobutu Sese Seko, considerado uno de los tiranos más corruptos de África.

La otra justificación de Obama invita también a la sátira: la «seguridad nacional de los Estados Unidos». El LRA lleva 24 años cometiendo atrocidades, lo cual había despertado un interés mínimo por parte de EE.UU. En la actualidad este grupo cuenta con menos de 400 combatientes y nunca ha sido tan débil. Sin embargo, cuando Estados Unidos habla de «seguridad nacional» por lo general quiere decir comprar a un régimen corrupto y mafioso que tiene algo que desea Washington. El «presidente vitalicio» ugandés Yoweri Museveni ya recibe la porción más grande de los 45 millones de USD que forman el paquete de «ayuda» militar estadounidense, incluyendo los drones favoritos de Obama. Es su soborno para librar una guerra subsidiaria contra el último enemigo islámico fantasma de Estados Unidos, el calamitoso grupo Al Shabaab de Somalia. El LRA desempeñará el papel de relaciones públicas para distraer a los periodistas occidentales con sus sempiternas historias de terror.

Sin embargo, el motivo principal por el que EE.UU. está invadiendo África no es distinto de aquél por el cual se encendió la chispa de la guerra en Vietnam. Se trata de China. En ese mundo de paranoia oportunista institucionalizada que justifica lo que, según insinúa el general David Petraeus (antiguo mando militar estadounidense y ahora director de la CIA) es un estado de guerra permanente, China está sustituyendo a Al Qaeda como «amenaza» oficial para EE.UU. Cuando el año pasado entrevisté a Bryan Whitman, ayudante del secretario de defensa en el Pentágono, le pedí que describiera cuáles eran los peligros actuales para Estados Unidos. Con visible dificultad, repitió: «Amenazas asimétricas... Amenazas asimétricas». Esto justifica el blanqueo de dinero de los conglomerados armamentísticos patrocinados por el gobierno y el mayor presupuesto bélico y militar de la historia. Con Osama Bin Laden relegado a un segundo plano, China ha tomado el relevo.

África ha sido todo un éxito para China. Donde los estadounidenses llevan drones y desestabilización, los chinos construyen carreteras, puentes y presas. Lo que buscan son recursos, en especial combustibles fósiles. Con las mayores reservas de petróleo de África, la Libia de Muammar Gaddafi era una de las principales fuentes de petróleo para China. Cuando estalló la guerra civil y la OTAN apoyó a los «rebeldes» basándose en una historia inventada sobre los supuestos planes de Gaddafi para cometer un «genocidio» en Bengasi, China evacuó a los 30.000 trabajadores que tenía en Libia. La posterior resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que permitió la «intervención humanitaria» de Occidente quedó explicada de manera sucinta en una propuesta al gobierno francés por parte del Consejo Nacional de Transición «rebelde» revelada el mes pasado por el periódico Libération, según la cual a Francia se le ofrecía el 35% de la producción nacional bruta de petróleo «a cambio» (sic) de un apoyo «total y permanente» por parte de Francia al CNT. Enarbolando la bandera de las barras y estrellas en Trípoli tras su «liberación» el mes pasado, al embajador estadounidense Gene Cretz se le escaparon estas palabras: «¡Sabemos que el petróleo es la joya de la corona de los recursos naturales de Libia!».

La conquista material de Libia por parte de EE.UU. y de sus aliados imperialistas augura una versión moderna de la «disputa por África» de finales del siglo XIX.

Al igual que sucedió con la «victoria» en Iraq, los periodistas han desempeñado un papel crítico a la hora de dividir a los libios en víctimas buenas y malas. Una portada reciente de The Guardian llevaba una fotografía de un combatiente «partidario de Gaddafi» aterrorizado y a sus captores con cara de enajenados que, según el pie de foto, lo estaban «celebrando». Según el general Petraeus, ahora estamos ante una guerra «de percepción (...) continua por parte de los medios de comunicación».

EE.UU. lleva más de una década tratando de establecer un comando en el continente africano, el AFRICOM, pero la idea había sido rechazada de plano sistemáticamente por los gobiernos, temerosos de las tensiones regionales que eso podría causar. Sin embargo, Libia y ahora Uganda, Sudán del Sur y el Congo son los países que ofrecen más posibilidades en este momento. Como revelan los cables de WikiLeaks y la Estrategia Nacional estadounidense contra el Terrorismo, los planes de EE.UU. para África forman parte de otro proyecto a escala mundial en el que 60.000 fuerzas especiales —incluidos escuadrones de la muerte— están ya operando en 75 países, y pronto se convertirán en 120. Como señaló Dick Cheney en su plan de «defensa estratégica» de la década de los 90, América simplemente quiere gobernar el mundo.

El hecho de que sea éste el obsequio que recibe ahora el continente de manos de Barack Obama, el «Hijo de África», es el colmo de la ironía, ¿no? Como explicaba Frantz Fanon en Black Skin, White Masks (Piel negra, máscaras blancas), lo que importa no es tanto el color de la piel como el poder al que se sirve y los millones de personas a los que se traiciona.


Fuente: http://www.johnpilger.com/articles/the-son-of-africa-claims-a-continents-crown-jewels

Fecha de publicación original: 20/10/2011

Traducido por Ana Atienza

Comenta este artículo   Volver arriba

Nota: los comentarios ofensivos podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación

   
Volver a la página Principal
Ver comentarios
Spip Sitio desarrollado con SPIP v1.9.2 , un programa Open Source escrito en PHP bajo licencia GNU/GPL.
Licencia de Creative Commons Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons, mientras no se indique otra cosa.