casco insumissia fusil roto
x
casco insumissia fusil roto

Para ponerse en contacto con nosotr@s envíanos un email a noticias @ antimilitaristas.org.

Israel está hipotecando el bienestar de sus hijos y la vida de sus nietos

Israel debe entender que no puede ser como EE. UU.

Israel debe entender que no puede ser como EE. UU.

Por Amira Hass

En aras de la hegemonía, Israel está hipotecando el bienestar de sus hijos y la vida de sus nietos, junto con el bienestar y la vida de todos los hijos y nietos de la región.

La maraña de distribuidores de autopistas y carreteras a la entrada de Jerusalén nos habla de planificadores, ministros, alcaldes y contratistas que piensan “a la americana”. Nos acostumbramos a dimensiones que empequeñecen todo lo que no es asfalto, como las personas y los árboles. Por ejemplo, nos hemos acostumbrado a “soluciones de transporte” que devoran la naturaleza. Es más, parece que, sin proponérselo, estas supuestas soluciones destruyen el tejido social existente.

Si sólo fuera una cuestión de ministros, planificadores y asfalto, bueno. Pero el pensar a la americana se ha convertido en un rasgo de la personalidad de Israel. Pensar a la americana es lo que guía a la sociedad judía israelí en su política con respecto a nuestros propios “indios”.

¿Por qué íbamos a tener menos éxito que EE. UU., Canadá o Australia, que en el proceso de su fundación y desarrollo borraron del mapa –en distinto grado— las sociedades y comunidades que vivían en ellos? Con respecto a nosotros, ¿por qué no iba la gente a olvidar lo que ha olvidado sobre esos países, que ahora se presentan como baluartes de la ilustración?

Ahora, cuando los miembros que quedan de esos pueblos nativos se atreven a reclamar derechos, participación en los recursos e indemnizaciones, ya no suponen peligro alguno para los blancos y su hegemonía. Entonces hagamos lo mismo nosotros: aguantemos otros 20, 50 años, continuemos robando la cabra y la colina, aplastando al desamparado, fomentando migraciones, comprando y sometiendo a sus líderes, armándonos y yendo a la guerra… hasta que la molestia de esa entidad nacional, cultural y política que exige sus derechos desaparezca.

Es tan lógico este hilo de pensamiento que la gran mayoría en Israel no está interesada en dialogar sobre soluciones. Esa mayoría por supuesto no se interesa por los hechos y los detalles que tejen la realidad obscena, despreciable y repugnante de la tiranía israelí. Lo que interesa a esa mayoría es que su seguridad personal no se vea amenazada y, si lo está, cómo de fuerte es el ejército israelí y cuántos pasajes de la Biblia demuestran nuestra propiedad sobre la tierra.

Pero afortunadamente, para nuestro alivio, los palestinos son un solo pueblo (no como los cientos de pueblos nativos que había en América), y el proceso de asentamiento judío no lo aniquiló. Estamos en un tiempo y un lugar distintos. Pensar a lo grande nos hace olvidar que, en oposición al modelo que admiramos y queremos emular, somos minoría en la región. Y esta región está cambiando y pidiendo cambiar las reglas del juego que han sido hasta ahora tan cómodas para Israel y EE. UU.

La verdadera cuestión no es si la solución está en “dos estados” o en “un estado”. La historia en cualquier caso no reconoce puntos finales: cada etapa lleva a otra. Tampoco son visiones lo que falta. Las visiones deben desarrollarse y cambiar durante la lucha por la igualdad y la justicia. De lo contrario se transformarán en gulags.
La cuestión era y sigue siendo cuánto más derramamiento de sangre, sufrimiento y catástrofes hacen falta para que se desmorone el régimen judío de discriminación y segregación que hemos creado aquí en estos 64 años.

Los palestinos nos dieron a los israelíes una escalera que nos hubiera ahorrado todo el sufrimiento y las pérdidas que les hemos causado a ellos. Una escalera con la que podríamos haber subido hasta un peldaño histórico en el que haber sido aceptados en la región como vecinos que también poseen raíces en esta tierra y derechos, no limitarnos a ser invasores hostiles.

Pero los sucesivos gobiernos de Israel, con el apoyo de sus electores, han derribado la escalera. Sabían muy bien por qué hacer fracasar la solución de los dos estados (en su formato original, anterior a las fronteras de 1967). Habría abierto vías diferentes para vivir en común y compartir la tierra. Pero la lógica de base de estos modos de vida exigía renunciar a la hegemonía y la superioridad judías.

Hay que decirlo: en aras de la hegemonía, Israel está hipotecando el bienestar de sus hijos y la vida de sus nietos, junto con el bienestar y la vida de los hijos y nietos de toda la región.


Fuente: Haaretz

Fecha de publicación original: 11-4-12

Traducido por Rolando Gómez y editado por Ana Atienza

Alternativa Antimilitarista - Moc
Administración