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Aliado Civil: los veteranos militares como población afectada por el militarismo

Conferencia internacional contra la militarización de la juventud, Darmstadt (Alemania)

Sección:Contrarreclutamiento
Miércoles 13 de junio de 2012 0 comentario(s) 1198 visita(s)

Este manual se centra en la organización de un movimiento de resistencia de soldados, y esto requiere comprender de qué forma los veteranos reciben el impacto directo de la guerra y el militarismo. Los organizadores civiles deben tomar conciencia de ello para crear relaciones y organizarse con efectividad dentro de la comunidad militar. A continuación exploramos experiencias de veteranos con el ejército.

Cultura y estructura militares

La cultura militar es creada y sostenida gracias al mantenimiento de gruesos muros entre la vida militar y la vida civil, que aislan a los soldados en un ambiente de intensa disciplina y entrenamiento en preparación para la guerra, lo cual está dirigido a separarlos de su propia humanidad. Muchos veteranos cuentan que fueron entrenados en el ejército para deshumanizar al “enemigo”, con el resultado de que ellos mismos fueron deshumanizados. Esta experiencia traumática compartida perpetúa un sentimiento de aislamiento respecto al resto de la sociedad, y alimenta un profundo e increíblemente intenso sentido de la camaradería, lo cual es a menudo el motivo que mantiene a la gente en el ejército e impulsa su defensa de los demás y sus acciones.

Al unirse al ejército, el mundo de un soldado se pone patas arriba, y el recluta pasa a estar totalmente controlado por el ejército. Los soldados en activo viven según un conjunto de reglas completamente nuevo que determinan todo en sus vidas: desde su agenda hasta la manera de hablar, lo que visten y lo que hacen; se convierten en propiedad del gobierno de EEUU. El ejército los desmonta, deshecha las diferencias entre ellos, y los obliga a identificarse como parte de una institución en lugar de como individuos.

La jerarquía estructural militar es rígida e inclusiva, con capas de oficiales ejerciendo privilegios sobre grandes cantidades de soldados. La deshumanización explícita y la devaluación de los soldados rasos basada en sus funciones de rango es como una estructura de clases dentro del ejército. Aunque siempre ha habido excepciones (la más reciente, el caso del teniente Ehren Watada, que rechazó públicamente ser enviado a Iraq en 2006), los oficiales tienden a alinearse con sus superiores en la cadena militar de mando, y raramente participan en una resistencia abierta.

La jerarquía y la autoridad juegan papeles críticos en el ejército y esto lleva a menudo a que los militares en activo relaten fuera del ejército estas relaciones de una manera muy negativa. Los relatos de las relaciones de los soldados con los oficiales varían mucho. Algunos soldados se sintieron cuidados por sus oficiales al mando, mientras que otros se sintieron completamente traicionados. Existen varias clases de personal, que se indican a continuación en orden de rango creciente:

- Alistados (soldados E1-E5, marineros, pilotos y sargentos son los más probables candidatos para organizar, ya que son lo de menor rango, y en el frente hacen el trabajo sucio)
- Suboficiales
- Oficiales de complemento
- Oficiales de carrera
- Cinco estrellas (Generales)

Muchos militares en activo sienten que nadie entiende su valentía, su sacrificio y el sufrimiento que han soportado, y en consecuencia, reintegrarse en la vida civil (sobre todo después de haber sido desplegado en el extranjero) es extremadamente difícil. El entrenamiento militar está diseñado para convertir a civiles en soldados, pero no existe entrenamiento para que estos soldados vuelvan a la vida civil posteriormente.

Cada sección tiene su subcultura: banderas, insignias, símbolos, identidad fuerte y orgullo. El ejército y cada sección tiene también su propio lenguaje (palabras, términos y acrónimos), algunos de los cuales son parte de la comunicación institucional y otros son parte de la jerga diaria. Estas cosas contribuyen a formar una cultura intensamente interna.

Una tarea para un aliado civil es aprender cómo derribar el muro entre los ex militares en activo y los civiles. Puesto que los veteranos están fuera del ejército y viven vidas civiles, ya intentan hacer esto. Siempre existirán algunas diferencias, pero tenemos que vivir y trabajar más allá de ellas.

Muchos aspectos de la cultura militar reflejan el sexismo, la homofobia, el racismo y la violencia que son parte de la cultura profunda de EEUU, pero están amplificados dentro del ejército. Los actos de violencia y abuso a menudo son aplaudidos, ignorados o tratados inadecuadamente.

La mayor parte del apoyo psicológico es menos que inadecuado o apoya institucionalmente la guerra; en general no hay lugar para las emociones excepto si son canalizadas hacia la furia y la agresión. La vulnerabilidad es atacada.

Los veteranos aprenden diferentes estrategias de supervivencia para moverse en un entorno brutal emocionalmente; algunos se cierran totalmente, y la mayoría lucha de diferentes maneras por el regreso a la salud emocional y la plenitud.

Por qué se alista la gente

Tras el espectacular cuestionamiento al reclutamiento y al ejército por parte de los soldados en activo y los objetores de conciencia durante la guerra de Vietnam, el ejército de EEUU sustituyó el reclutamiento obligatorio por el servicio voluntario (que obliga a los ciudadanos varones a registrarse). Este nuevo plan para llenar las filas, descrito explícitamente en comunicaciones internas por los que construyeron esta estrategia, era forzar el alistamiento de jóvenes de clase obrera con escasas opciones viables.

Las comunidades que ya se enfrentan a una militarización incrementada en forma de una gran presencia policial y el encarcelamiento de sus miembros, son también el objetivo de los reclutadores militares.

El “reclutamiento de la pobreza”, cuyos objetivos son todas las personas de bajos ingresos, y particularmente la población negra e inmigrante, es una red para atrapar a la gente y por ello un arma en manos de los reclutadores.

A continuación, unas citas reales de reclutadores:

- “Tienes dos opciones: ir a la cárcel como tus amigos, o unirte al ejército y salir del agujero,”
- “¿De qué otra manera vas a poder permitirte ir a la universidad?”
- “¿Y dónde si no vas a conseguir formación laboral? ¿Es que quieres trabajar toda tu vida en un McDonald’s?”

La gente se alista por éstas y otras muchas razones. Pueden estar confundidos, deprimidos o buscando una dirección en la vida, o sentido, estructura y disciplina. Puede que sean inmigrantes a los que se les ha prometido la nacionalidad a cambio del servicio en el ejército. Puede que hayan sido presionados por los amigos, la familia o los reclutadores. Puede que hayan sido influidos fuertemente por una familia militar. Pueden tener un deseo de ayudar a la gente y servir, o al revés, quieran mandarlo todo “a tomar por culo”. Puede que crean en “la misión”. Puede que se hayan alistado después del 11S por una multitud de motivos.

Es muy importante no hacer suposiciones sobre por qué una persona se alista, sobre sus creencias o su experiencias dentro del ejército.

Experiencias dentro del ejército

Las experiencias de soldados en el ejército varían dependiendo de sus experiencias individuales previas, sus razones para alistarse, su raza, clase, género y sexualidad. Por supuesto, las poblaciones que sienten la opresión y la violencia en el mundo civil (incluyendo la población negra, mujeres y gente queer), las experimentarán aún más intensamente en el ejército.

Desde el principio de la guerra en Iraq, más de 30.000 soldados han desertado o se han ausentado sin permiso. Una tercera parte de la tropa que regresa a EEUU padece algún tipo de problema psicológico y el 18,5% de todos los militares en activo de vuelta a EEUU cumplen los criterios o bien de un Síndrome de Estrés Postraumático (PTSD) o de una depresión. Dieciocho veteranos se suicidan cada día, 5 de ellos mientras están bajo la atención de la Administración para los Veteranos (VA). Una cifra estimada de 360.000 veteranos pueden haber sufrido heridas cerebrales traumáticas, y el 23% de la población sin techo en EEUU son veteranos. El trauma físico y psicológico de la guerra, junto con la propia institución militar, abandona a los veteranos en medio de su lucha contra alguna herida física o discapacidad, o algún desorden mental o emocional. La violencia doméstica, incluido el asesinato, y la violencia intrafamiliar, y el abuso infantil, son graves problemas para las esposas, parejas y familias de los militares. Todas estas cosas son costes del militarismo que nuestras familias y comunidades están soportando, a menudo en silencio.

Para colmo de males, el sistema de servicios de la Administración para los Veteranos es disfuncional e inadecuado para proporcionar a los veteranos y los soldados la atención sanitaria que necesitan. La mayoría de los veteranos experimentan durante el resto de su vida algún tipo de impacto sobre su salud física, emocional y/o mental, y muchos nunca reciben los servicios básicos que les prometieron al alistarse.

No es sorprendente que las poblaciones más oprimidas en el ejército sean también las poblaciones que desproporcionadamente resisten y cuestionan su autoridad y control. Históricamente, en el movimiento de resistencia de los soldados, los sectores más progresistas, abiertos y valientes han sido los soldados negros, queer y las mujeres. Dar apoyo al liderazgo de este valientes veteranos es necesario para un movimiento de resistencia de soldados que sea saludable, fuerte y con éxito.

El racismo, el clasismo, la homofobia, los ataques sexuales y las novatadas están tejidos con el hilo de la vida cotidiana en el ejército, lo cual quiere decir que muchos soldados y veteranos son supervivientes de la opresión y la violencia institucionalizada.

Estas experiencias debilitadoras y la internalización de la opresión afectan profundamente a los entornos de organización de resistencia de soldados, a veces reproduciendo relaciones de poder en el interior de los círculos en los que se intenta cuestionar el militarismo. Es importante que los aliados en la sociedad civil sean conscientes de este peligro y apoyen a los que luchan contra la opresión dentro de sus propias comunidades. Este apoyo puede adoptar muchas formas, pero siempre requiere prestar atención a la situación y ser conscientes de las mayores relaciones de poder que se reproducen en los lazos interpersonales y comunitarios. Puesto que estas relaciones de poder están tan enraizadas en nuestra sociedad, son como el aire que respiramos: nos rodean completamente y son más automáticas que conscientes. Cada vez que no tenemos en cuenta las cuestiones de privilegio, incluso con nuestras mejores intenciones estamos contribuyendo a reproducir estos sistemas de opresión.

La opresión y el privilegio internalizados afectan a la manera en cómo nos relacionamos entre nosotr@s como activistas, cuyo trabajo es reconocido y valorado, y cuyas voces y liderazgo son respetados y buscados. En ocasiones, el apoyo de los aliados puede ser tan básico como negarse a dejar que alguien degrade su propio valor y capacidades, o intervenir si alguien está siendo marginado en el transcurso del trabajo de organización. Nuestra meta al construir un movimiento lo más fuerte posible es tener completamente integrados todos los talentos particulares, las voces y las contribuciones únicas de cada persona.

Sobrevivir al ejército

Dentro de EEUU todos y todas experimentamos los costes del militarismo de diferentes maneras. Los civiles tienen unas relaciones muy diversas con el militarismo. Estudiaremos este tema en el capítulo de aliados civiles. Además de las formas en que el militarismo impacta en nosotros y nosotras, los veteranos de guerra son también supervivientes de la institución en sí misma, y muchos padecen síntomas del Síndrome de Estrés Postraumático y otros impactos en su salud mental y física. Algunos resistentes han sobrevivido al encarcelamiento militar (el calabozo).Muchos son también veteranos de combate, supervivientes de la guerra.

El entrenamiento de los militares en activo para interiorizar el militarismo les afecta física, emocional, espiritual y mentalmente. Como parte del ejército, sus vidas están rodeada de la cultura militar, desde los uniformes que visten, sus cortes de pelo, sus nombres, las palabras que dicen, donde viven, las normas que tienen que seguir, sus pagas, y, por supuesto, sus jefes. Muchos han sido desplegados en zonas de combate. Algunos han participado en el combate y la violencia. Algunos han sido testigos de ello. Algunos limpiaron los resultados de la violencia, y otros la propagaron.

Diferentes actividades, respuestas, personalidades y sistemas de apoyo, producen reacciones diversas por parte de los militares en activo a las numerosas formas de trauma y violencia que envuelven la vida de los militares en activo. Además, todos de una manera o de otra han apoyado las acciones del ejército, ya sea en sus bases o desplegados, así que es importante reconocer la experiencias de cada militar en activo con el ejército. Hayan servido como médicos o aunque “no hayan visto nada”, sólo por haber estado en el ejército han sido afectados hasta el núcleo de su ser.

El denominador común que convierte en población afectada a soldados y veteranos es el hecho de que son parte de una institución de la que nadie tiene derecho a marcharse o abandonar voluntariamente, nadie tiene voz y los derechos civiles de todo el mundo están suspendidos. Ninguna otra sector de la mano de obra, a excepción del trabajo penitenciario y, en algunos lugares, los trabajadores migrantes o víctimas del tráfico de mano de obra, trabajo bajo condiciones parecidas.

Implicaciones para los resistentes de la resistencia de los soldados ¿Por qué algunos militares en activo, que en cierto momento se alistaron voluntariamente, se arriesgan más tarde a ser encarcelados o algo peor por negarse a colaborar en guerras injustas, inmorales e ilegales?

Casi siempre, un individuo habrá atravesado un proceso de transformación que incluye el cuestionamiento y la reflexión, poniendo en una balanza por un lado el “deber” y su entrenamiento para la obedecer, y por otro, experiencias directas conflictivas y el estudio. Para algunos, este periodo de debate interior dura años. Para otros, cristalizan nuevas perspectivas en cuestión de días, a menudo en respuesta a momentos clave.

Muchos militares en activo llegan a un punto en que sencillamente no pueden obedecer las órdenes en conciencia. Para muchos, esta conclusión se traduce en depresión. Algunos creen erróneamente que el suicidio es “la única salida” para escapar de la autoridad militar. A otros, estos conflictos interiores les motivan para resistir de diferentes maneras.

El sistema militar de justicia es en realidad un sistema para hacer cumplir la disciplina. A pesar de su nombre, no existe para hacer justicia. Eso tiene implicaciones para los soldados en activo que resisten. Animamos a cualquiera que esté pensando en resistir a que busque asesoramiento de alguien formado en el Código de Justicia Militar (UCMJ). Los consejeros pueden ayudar a explorar las opciones disponibles, solicitar la retirada de los cargos y/o definir una estrategia legal.

Más abajo pueden encontrarse algunas breves descripciones de acciones habituales de resistencia y sus implicaciones legales. Por favor tened en cuenta que es imposible predecir con precisión cuáles serán las consecuencias. Esto es así porque, dentro del ejército, las implicaciones de cualquier acción o acciones son muy arbitrarias. En muchos eslabones de la cadena de mando de un militar en activo, las figuras de autoridad pueden influir en los resultados.

Por ejemplo, el mismo oficial al mando puede decidir levantar los cargos administrativamente a un soldado ausentado sin permiso, y después presionar para que se celebre un consejo de guerra por mala conducta para otro. Aunque ambos soldados hayan estado el mismo periodo de tiempo ausentes, el mando militar puede tomar esta decisión basándose en su historia con cada individuo, el rango de los soldados que se ausentaron sin permiso, y su necesidad percibida de dar ejemplo disciplinario al resto de la tropa, en oposición al esfuerzo que supone convocar un consejo de guerra. El comandante general de la base también puede jugar un papel importante en esas decisiones. Históricamente, la raza también ha resultado un factor central, con los soldados negros recibiendo castigos más severos.

Finalmente, cualquiera que haya servido en el ejército sabe que gran parte de los castigos y la disciplina no se aplica a través del sistema de justicia militar formal, sino informalmente a través de la presión de los compañeros, la asignación de tareas, y convirtiendo a alguien en un marginado.

(de: Civil Ally (Aliado Civil). Guía para organizar con veteranos y militares en activo un movimiento de resistencia de soldados)

Civilian Ally (Aliado Civil) fue publicado por Civilian-Soldier Alliance, Iraq Veterans Against the War, y War Resisters League.

Se pueden pedir copias del manual completo a través de War Resisters League en http://www.warresisters.org/store/handbook-organizing-guide/civilian-ally


Contra la militarización de la juventud - Dossier de conferencia internacional contra el reclutamiento, Darmstadt (Alemania), 8-9-10 de junio de 2012

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