En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
Secciones
> Campañas
  Objeción Fiscal al Gasto Militar
  Desobedece a las guerras
  Contra la I+D Militar
  Comercio y producción de armas
  Juguete bélico
  Feminismo y antimilitarismo
  Locales
  Varios
  Banca
  Educación para la paz
  La guerra empieza aquí. Parémosla desde aquí
  Recortar lo militar
  Contrarreclutamiento
> Observatorio de conflictos
  Iraq
  Palestina
  Colombia
  EEUU
  Guerra y mujeres
  Infancia y guerra
  Varios
  Afganistán
  Libia
  Costa de Marfil
  Siria
  Mali
  Sáhara Occidental
  Ucrania
  Turquía
> Documental
  Talleres
  Historia del antimilitarismo
  Noviolencia
  Objeción de conciencia
  Recursos gráficos
  Recursos multimedia
  Teoría política
  Represión
  Medio Ambiente
  Mujeres y antimilitarismo
  Anticapitalismo
  Instituciones militares
  Varios
  Intervencionismo humanitario y misiones de paz
> Informativa
  Movimiento 15M
> Cajón de sastre
  Humor
  Creación
  Comentarios gráficos
  Contactos
  Varios
> Solidaridad entre los pueblos

India: violaciones, leyes y clase media

La violación de la mujer de Delhi no ha sido un hecho aislado

Sección:Informativa
Jueves 3 de enero de 2013 0 comentario(s) 1778 visita(s)

Por Walter Fernandes, SJ

El trauma de la mujer de Delhi violada ha desembocado en su muerte. La salvajada de la que fue objeto ha enfurecido a la clase media de todo el país. Las emociones se han disparado en torno a esta atrocidad cometida por unos borrachos, y los manifestantes han exigido castigos tales como la pena de muerte por violación o la castración en público. Este estallido de cólera es comprensible dada la crueldad de los autores del crimen.

Sin embargo, cabe preguntarse si va a ser esta una de tantas reacciones en respuesta a un caso aislado sin ser conscientes del mal de donde provienen estos delitos. La amplia repercusión de este suceso se debe a que ha tenido lugar en Delhi, lo cual no resta un ápice de atrocidad al crimen. Pero para que se produzca un cambio a favor de las mujeres hay que ir más allá de este caso en concreto y abordar los problemas que confluyen en él. Hay que recordar que lo sucedido en Delhi no es una excepción. Ha recibido publicidad por haberse producido en la capital, pero es habitual que muchos otros casos se encubran o no salgan a la luz. Según los archivos policiales, durante 2011 se produjeron en India 228 650 delitos contra mujeres, de los cuales 24 206 fueron violaciones y 35 565 secuestros y raptos.

Estos son los casos publicados. Sin embargo, es probable que la cifra de casos silenciados sea mucho mayor debido al estigma que esto trae consigo. Por otra parte, según los archivos policiales, alrededor del 90 % de las violaciones las cometen conocidos de la víctima, la mayoría de ellas parientes suyos. En tercer lugar, un gran número de víctimas pertenecen a comunidades sin voz. Por ejemplo, en un artículo publicado en Counter-currents, Cynthia Stephen cita a una niña dalit (paria) de un pueblo de Tamil Nadu según la cual “no hay ninguna niña de nuestra calle que no haya sido coaccionada o violada por los hombres de la casta dominante cuando van a los campos a por agua o a trabajar”.

Los hombres de las castas dominantes amenazan a las dalits con terribles consecuencias si se atreven a denunciarles a la policía, por lo que estos casos no se dan a conocer. Para colmo, a menudo la policía no hace sino empeorar el trauma. Por ejemplo, una chica de 18 años del pueblo de Badhshapur en Patiala se suicidó el 26 de diciembre, seis semanas después de haber sido violada por tres hombres. Su madre declaró que cuando fue a la comisaría a poner la denuncia los agentes la humillaron con preguntas lascivas de tipo “¿Cómo te tocó el pecho? ¿Qué te abrió primero, los vaqueros o el abrigo?”. Solo se detuvo a los criminales después de que ella se suicidara.

También tenemos el caso del oficial de policía de Haryana que fue ascendido al puesto más alto a pesar de que una incipiente estrella del tenis le hubiera acusado de violarla. Ella también se suicidó porque no fue capaz de soportar el acoso. El policía fue condenado a seis meses de prisión varios años después de jubilarse.

Estos y otros casos son un símbolo de las actitudes que imperan en nuestra sociedad. La clase media convoca manifestaciones por los casos de más relieve y pasa por alto el resto. Lo mismo hacen los denominados medios de comunicación nacionales, como cuando el 23 de diciembre de 2005 un grupo de universitarias entró en el compartimento de un tren en Kokrajhar sin saber que era un vagón militar. Todas ellas fueron violadas por unos hombres a los cuales se paga por proteger a los ciudadanos. Pero eso no fue noticia a escala nacional.

JPEG - 49.7 KB
Mujeres bodo víctimas de violencia étnica en un campo de refugiados de un pueblo del distrito de Kokrajhar, Assam, el 25 de julio de 2012. Anupam Nath/Associated Press

Incluso en Assam el problema ha seguido siendo exclusivo de las mujeres bodo[1], no de todas las mujeres. En otras palabras, los delitos contra las mujeres son consecuencia de los fuertes valores patriarcales de nuestra sociedad, pero también están condicionados por las actitudes étnicas y de las castas, y en muchos casos por un falso sentido del patriotismo. Por ejemplo, cuando miembros de las fuerzas de seguridad violan a mujeres, se les dice que no denuncien esos casos para salvaguardar su honor. Las víctimas no importan. Incluso existen leyes, como la de Poderes Especiales de las Fuerzas Armadas[2], que protegen a estos criminales uniformados.

JPEG - 40.8 KB
Varias manifestantes protestan desnudas y gritan consignas contra la presunta violación, tortura y asesinato de Thangjam Manorama Devi, de 32 años, por soldados paramilitares (Fusileros de Assam) en Imphal, capital del estado nororiental indio de Manipur, el 15 de julio de 2004. En una protesta inusual, alrededor de 40 mujeres se desnudaron y organizaron una airada manifestación en el exterior de la base de los Fusileros de Assam en protesta por esta muerte producida mientras ella se hallaba bajo custodia.

Ante estas actitudes, uno se pregunta si una nueva legislación, e incluso la pena de muerte, podrían evitar estos crímenes. Es obvia la necesidad de reformar la Policía y de instaurar una legislación fuerte; pero esto por sí solo no va a resolver los problemas profundamente arraigados en nuestra cultura que se traducen en acciones como los centenares de miles de abortos de fetos de sexo femenino que se producen cada año porque a las mujeres se les considera una carga. Si hubiera que ahorcar a todos los violadores, las víctimas perderían a varios miembros de su familia como autores de esos delitos.

Asimismo, la aceptación del valor de la superioridad masculina por parte de la mayoría de las mujeres garantiza el silencio en torno a dichos abusos con la excusa de proteger el honor de la niña o de la familia. También sucede que las leyes tribales consuetudinarias del noreste otorgan todo el poder social exclusivamente a los hombres. Los líderes rehúsan cualquier cambio en la legislación. Por ejemplo, en Nagaland no se han podido convocar elecciones municipales debido a la oposición por parte de los líderes tribales a dejar un cupo del 33 % a las mujeres. Argumentan que sus leyes consuetudinarias no permiten que una mujer tenga poder político.

Así pues, está claro que la legislación no va a poder cambiar este sistema: ya prohíbe las dotes, el trabajo infantil y la discriminación por casta. Pero esas leyes no se pueden poner en práctica si no se modifican las actitudes que han dado lugar a estos abusos. Con la corrupción, las castas y las actitudes étnicas sucede lo mismo que con la situación de las mujeres. Ninguna ley puede ser eficaz sin una infraestructura social que la sustente. Y la clase media se ve tentada a encabezar manifestaciones contra las violaciones, la corrupción y otros abusos aislados sin pensar en las actitudes ni en los sistemas sociales de los que surgen.

Por ejemplo, esta clase social ha acertado en señalar la corrupción política como causa por la que luchar, pero muy poca gente se ha preguntado si quienes protestan tienen las manos limpias. Este colectivo también protesta por la injusta detención y encarcelamiento del Dr. Binayak Sen[3], lo cual era necesario. Pero no ponen en entredicho la Ley Antisedición[4] ni las necesidades de la clase media por las cuales se desplaza a las comunidades tribales. Su empobrecimiento es una de las causas que han dado lugar a la rebelión maoísta en la región central de India.

Hay que asegurarse de que el problema de las violaciones no se acabe centrando en un solo caso. Es preciso abordar las actitudes de género, clase y casta que dan pie a dichos abusos. No se puede dejar de condenar a los políticos y a las instancias policiales. Es cierto que hay que dar ese paso, pero la promulgación de leyes nuevas no hará sino acallar conciencias sin llegar a resolver el problema. Tenemos que examinar nuestro interior y los valores sociales y culturales que subyacen a estos delitos. Si la violación de esta mujer en Delhi abriera la puerta a una autorreflexión de estas características, esta paramédica de 23 años no habría entregado su vida en vano.


[1] Bodo: principal comunidad tribal de Assam, incluida entre las «tribus registradas» protegidas por la Constitución a la cual se aplican medidas de discriminación positiva. En agosto de 2012, los actos violentos llevados a cabo por musulmanes provocaron la muerte de 78 bodos y la huida de 400 000 miembros de esta comunidad.

[2] La ley AFSPA (Armed Forces Special Powers Act) se promulgó en 1958 para conceder poderes especiales al Ejército en los estados de Arunachal Pradesh, Assam, Manipur, Meghalaya, Mizoram, Nagaland y Tripura. Se hizo extensiva a Jammu y Cachemira en 1990. Esta ley amplía considerablemente los poderes de las fuerzas de seguridad para luchar contra los movimientos secesionistas. La AFSPA ha encubierto numerosos actos violentos de los militares, que han causado la muerte de decenas de miles de personas.

[3] Pediatra y activista en favor de los derechos humanos de los naxalitas (guerrilleros maoístas), condenado a cadena perpetua según la Ley Antisedición y actualmente en libertad bajo fianza. Considerado prisionero de conciencia por Amnistía Internacional.

[4] Artículo del Código Penal que data de 1860 y, por tanto, heredado de los antiguos colonizadores británicos, que se utiliza contra los militantes que incomodan al poder.


El Dr. Walter Fernandes, jesuita y sociólogo, fue fundador y director del Centro de Investigaciones Sociales del Noreste (North Eastern Social Research Centre, NESRC) en Guwahati, estado de Assam (India), desde 2000 hasta principios de 2012.

Fuente: http://cmpaul.wordpress.com/2012/12/30/rape-the-law-and-the-middle-class/

Fecha de publicación original: 30/12/2012

Traducción: Ana Atienza

Comenta este artículo   Volver arriba

Nota: los comentarios ofensivos podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación

   
Volver a la página Principal
Ver comentarios
Spip Sitio desarrollado con SPIP v1.9.2 , un programa Open Source escrito en PHP bajo licencia GNU/GPL.
Licencia de Creative Commons Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons, mientras no se indique otra cosa.