En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
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Herramientas tecno-políticas contra la represión: el caso del movimiento 15M en España (Miguel Aguilera)

El Fusil Roto (Internacional de Resistentes a la Guerra), nº 94

Sección:Represión
Lunes 7 de enero de 2013 0 comentario(s) 1764 visita(s)

Publicado en El Fusil Roto, diciembre de 2012, nº 94

El pasado 25 de septiembre de 2012 y los días posteriores, decenas de miles de personas rodearon en Madrid el Congreso de los Diputados del Gobierno Español con los parlamentarios dentro en una acción llamada “25S Rodea el Congreso”. El objetivo de la acción del 25S era pedir la dimisión del gobierno como un primer paso para poner en marcha un proceso constituyente para conseguir una sociedad realmente democrática. La acción, anunciada con casi dos meses de antelación, recordaba vagamente a las contra-cumbres del movimiento antiglobalización de hace una década, y el gobierno no dudó en poner en práctica el mismo tipo de medidas para atacar al movimiento. El congreso fue rodeado por vallas y 1350 policías antidisturbios que no dudaron en agredir salvajemente a manifestantes pacíficos, utilizar policías infiltrados vestidos de black bloc para actuar como provocadores. La gran mayoría de los manifestantes resistieron de forma pacífica, incluso hubo bastantes que, a pesar de las cargas contra ellos, permanecieron durante horas frente a las puertas del congreso en una gran sentada. Hubo otros que cuando la policía comenzó a cargar indiscriminadamente decidieron defenderse lanzando piedras contra la policía. Nada que no conozcamos ya, la policía buscó crear miedo y violencia, y en parte lo consiguió. Los medios de comunicación hicieron su papel hablando de ’choques’ y ’enfrentamientos’, omitiendo en gran parte las imágenes de policías agrediendo indiscriminadamente a gente que resistía pacíficamente, o que sólo intentaba ponerse a salvo de las cargas.

Sin embargo, lo sorprendente llega unos cuantos días después, cuando las encuestas señalan que un 77% de los ciudadanos españoles comparten los argumentos de los manifestantes del 25S. Y un 50% no sólo comparte los argumentos sino la forma de actuar. Más aún, un 61% de los votantes del Partido Popular (el partido conservador en el gobierno), comparte los argumentos de la manifestación. ¿Qué a pasado aquí? ¿Por qué las estrategias de represión y criminalización del gobierno contra los manifestantes no han funcionado? Al contrario, a pesar de que las imágenes de encapuchados (infiltrados o no) atacando a la policía se han repetido mil veces en los informativos, un 57% de los encuestados consideran excesiva la actuación policial. ¿Por qué las estrategias de manipulación policial ya no funcionan en España?

Para encontrar una respuesta necesitamos conocer un poco mejor al movimiento que estuvo detrás de las protestas. Desde el pasado 15 de mayo de 2011, ha surgido en España un movimiento de protesta masivo que demanda una revolución democrática. Organizados a través de internet y las redes sociales, millones de ciudadanos descontentos se manifestaron por todo el país reclamando una ’democracia real’ y acampando en las plazas principales de cada ciudad. Entre 6’5 y 8 millones de personas participaron en un movimiento que tomó el nombre de movimiento 15M. Este movimiento se configura de forma parecida al de otros movimientos como los de la Primavera Árabe, el movimiento Occupy y otros movimientos anti-austeridad europeos. Pero la principal diferencia entre el movimiento en España y el de otros países, es que el 15M cuenta con lo que probablemente sea la mayor masa crítica de activistas en redes sociales del mundo. Y con activistas en redes sociales no nos referimos a ’clickactivistas’ difundiendo peticiones de change.org, sino a personas que usan las redes sociales para organizarse para hacer acciones en la calle. Manifestaciones multitudinarias, acciones para parar desahucios, encierros en centros educativos contra los recortes, campañas para denunciar y llevar a juicio a los responsables de la crisis económica... cada semana las redes españolas bullen con convocatorias que atacan los cimientos de un sistema político que genera cada vez más injusticia.

Esta composición del movimiento, en la que se entrelazan la acción en las redes sociales con la desobediencia civil en la calle, permite crear nuevas herramientas para enfrentarse a la represión y la criminalización policial. De hecho, el movimiento ha conseguido jugar a su favor los ataques por parte de la policía y los medios de comunicación, volviéndose más fuerte cada vez que los desactivaba. Ya durante los primeros días del movimiento, tras las manifestaciones multitudinarias que reclamaban una “Democracia Real Ya”, la policía desalojó una pequeña acampada que se había instalado en la plaza de Sol de Madrid. Inmediatamente, la red se llena de videos del desalojo, en el que los manifestantes resisten sentados en el suelo y la policía va sacándolos uno por uno. Estas imágenes son interpretadas por los participantes en las manifestaciones, en ese momento indignadas por la desinformación de los medios de comunicación sobre la jornada de manifestaciones del 15 de mayo, como la mejor muestra de que no tenemos una democracia de verdad. La mañana siguiente, pequeños grupos de personas empezaban sus propias acampadas en todas las ciudades principales del país. Esa misma tarde, decenas de miles de personas tomaban la plaza de Sol y otras muchas, sin que la policía pudiera hacer nada para impedirlo. Al día siguiente, las acampadas ya se habían convertido en puntos de reunión masivos y permanentes, en los que participaban millones de personas de todo el país.

Dos semanas más tarde, el Gobierno de Cataluña dice que ha llegado el momento de poner fin a las acampadas, mandando a los antidisturbios a disolver violentamente las acampadas de Barcelona y Lleida. Al momento, empiezan a circular por la red imágenes en directo de antidisturbios pegando a gente que resiste pacíficamente sentada en el suelo. Las imágenes son impactantes, miles de personas resisten frente a una policía totalmente desquiciada que carga contra los manifestantes y dispara pelotas de goma indiscriminadamente. Durante ese día, todos los ’trending topics’ de Twitter en España están relacionados con el desalojo de la acampada de Barcelona. Las imágenes, videos y comentarios incendian la red. De nuevo, cientos de miles de personas ocupan las plazas de las acampadas de cada ciudad, incluida la de Barcelona donde la policía es expulsada de la plaza.

Este esquema se ha ido repitiendo una vez tras otra durante el año y medio que el movimiento lleva en marcha. Cuando la policía ataca a manifestantes, la red se activa, difundiendo sin parar imágenes de lo sucedido, aglutinando la indignación y organizando respuestas creativas y empoderadoras a la represión. En esos momentos, la red está totalmente tomada por el movimiento, y los políticos, los medios de comunicación y la policía poco tienen que hacer para influir a la opinión pública. Y eso mismo fue lo que pasó el 25S. Durante toda la acción, los activistas retransmitieron en directo todo lo que iba pasando. Desde las sentadas de desobediencia civil a las puertas del congreso enfrentándose a las cargas policiales de forma noviolenta a los encapuchados que primero atacaban a la policía para después cambiar de bando y empezar a detener manifestantes.

La tecnología está permitiendo a los movimientos crear herramientas para superar sus limitaciones comunicativas y desarticular las herramientas que el poder usa para anularlos y desacreditarlos. Desde la Primavera Árabe, está teniendo lugar un cambio radical en las formas de organización de los movimientos activistas de base. Todavía estamos experimentando, pero todo indica que en los próximos años veremos muchos más ejemplos de sinergias entre movimientos sociales y tecnologías de la información, avanzando hacia un cambio social profundo que cada vez es más inminente.

Miguel Aguilera

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