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Godzilla en Madrid 2 y 3: violencia sexista en los ejércitos y las guerras

Sección:Recursos multimedia
Miércoles 28 de mayo de 2014 0 comentario(s) 672 visita(s)

GODZILLA EN MADRID

PROGRAMAS 2 Y 3

AUDIOS DE LOS PROGRAMAS:

Una vez más: mujeres, ejércitos, guerra y violencia sexista

Dejadnos hablar, dejadnos actuar

VIOLENCIA SEXISTA EN LOS EJÉRCITOS Y LAS GUERRAS [1]

Una batalla entre hombres que se libra en los cuerpos de las mujeres. Un terreno simbólico sobre el que escenificar el enfrentamiento, la destrucción física y moral del oponente. [2]

Los ejércitos son una de las instituciones donde más a las claras se pone de manifiesto el patriarcado. Esta mutua connivencia se materializa en la violencia sexista que se perpetra hacia dentro de los mismos, así como contra las mujeres que componen la población civil de los lugares donde se desarrollan las guerras. No podemos suponer que estas violencias son fruto de la casualidad, sino que, muy al contrario, están provocadas por la propia construcción de valores que impregna lo militar.

La masculinidad como construcción social basada en la superioridad del sexo masculino es la sustancia de la que se nutren los soldados durante su instrucción, con lo que emerge «una concepción en la que ser masculino equivale a dotarse de una capacidad de ejercer violencia, capacidad controlada pero latente, dispuesta a hacerse presente cuando las circunstancias hagan saltar las claves precisas» [3]. Nace así una construcción de lo femenino no como algo diferente, sino como lo rechazable. Los valores que tradicionalmente se asocian a las mujeres representan lo que no se puede ser. Lo femenino es un insulto.

Las mujeres en los ejércitos son puro maquillaje, coartada ética con la que vender a los cuatro vientos el fin del machismo en la institución.

El desprecio por las mujeres sumado a la capacidad para ejercer violencia de la que se pertrechan los militares componen un ambiente que desemboca, sin mucho esfuerzo, en la violencia sexista, pero para dibujar el cuadro de manera más completa nos falta incluir un elemento: lo sexual. La cultura militar está llena de apelaciones a lo sexual como forma de dominación. El pene se materializa en armas de diferente tipo, de manera que este se convierte en un arma de control y dominación. La imagen de la mujer oscila entre la santidad de madres, hermanas y novias y la obscena concepción del resto de las mujeres, las cuáles son consideradas objetos de disfrute más o menos accesibles. Esto hace que la mayoría de la violencia sexista que se despliega se traduzca en agresiones sexuales. [4]

Las agresiones sexuales no son patrimonio de ningún ejército en particular, sino que todos ellos la practican, sin olvidar a los ejércitos humanitarios. Así, según el Pentágono en una información publicada en el 2004, se han registrado en los últimos 18 meses 112 denuncias por violaciones y acosos sexuales de las mujeres soldado que sirven en Oriente Próximo y Afganistán. El rotativo inglés The Guardian afirmó en el 2006 que más de dos tercios de las mujeres soldado han sufrido abuso sexual. Y en el estado español entre el 2000 y el 2002 1220 mujeres soldado han solicitado la baja por depresión. ¿Detrás de cuántas de estas bajas se esconden acosos?

La violencia sexual se desata con especial virulencia en las guerras. La extrema exaltación de la masculinidad que se da en estas, así como el clima de violencia que envuelve todo pueden ser señalados como causas en un primer acercamiento al problema. Además, hay que poner de manifiesto que debajo de la supuesta irracionalidad que gobierna estos actos se encuentra un componente de utilidad. Estos episodios son fomentados desde las estructuras militares ya que tienen un aprovechamiento en la contienda. Sirve como acicate para que los combatientes, sumidos en el caldo del supermacho, deseen con fervor entrar en combate para penetrar, con sus armas, a las afeminadas huestes rivales [5], también como elemento de tortura y como desahogo de los soldados.

Mención aparte merece una de las utilidades que más funestas consecuencias presenta: la violación como arma de guerra, la cual se extiende por todos los lugares maldecidos por conflictos bélicos. A parte de su uso premeditado y con fines militares se dan una serie de condiciones que facilitan la participación de todos los soldados en estas. Podríamos decir, de forma general, que la violación es algo inherente a la guerra. Una sería el desprecio por la vida de la población enemiga, así un analista en temas militares se manifestaba de esta manera: “Si podemos matarlas, por qué no violarlas” [6]. También es importante señalar que el cuerpo de la mujer, durante los conflictos bélicos, es uno de los escenarios de enfrentamiento entre los oponentes. A esto ha de sumarse la cultura machista de los ejércitos, la situación de lejanía con respecto a su hogar en la que se encuentran los combatientes rodeados de una población que perciben como enemiga y la visión patriarcal y machista presente en el Derecho Humanitario, el cual considera la violación de la mujer atentado contra el honor y no un delito delito de violencia, lo que construye una visión estereotipada de lo femenino asentada en la castidad, la pureza y la virginidad. Los objetivos que persigue como arma de guerra se centran en destruir al enemigo mediante el terror y la ruptura de sus estructuras sociales, generar la cohesión de la propia tropa y la elevar de la moral de los soldados, provocar desplazamientos de poblaciones y contaminar la descendencia del otro bando.

Este panorama de barbarie se encona en la impunidad con la que se practican estas acciones, así como en el olvido que sufren las víctimas. Las repercusiones para estas son terribles e innumerables. Sufren las consecuencias de la brutalidad a la que han sido sometidas, en muchos casos son contagiadas de VIH y tienen que sobrellevar embarazos no deseados, los cuales son una prueba indeleble de la violación que han sufrido y por la que serán rechazadas, las más de las veces, por sus comunidades. Esta repulsa junto con el sentimiento de culpabilidad, que aparece asociada a la misma, termina de redondear un panorama desolador.

Pero muchas mujeres se han negado a ser estigmatizadas y han sido capaces de construir un discurso propio, extraño a la dinámica de la confrontación y es en estas experiencias de lucha en las que apoyamos nuestra esperanza.

[1] Este texto se basa en el libro de Gasteizkoak, Los Ejércitos Humanitarios y la Violencia Sexista Militar, Ed. Zapateneo, 2008. Agradecemos a este colectivo la publicación de este monumental trabajo.

[2] Extraído de Gasteizkoak, Los Ejércitos Humanitarios y la Violencia Sexista Militar, Ed. Zapateneo, 2008.

[3] Extraído de Gasteizkoak, Los Ejércitos Humanitarios y la Violencia Sexista Militar, Ed. Zapateneo, 2008.

[4] La violencia sexista incluye agresiones o malos tratos físicos de carácter no sexual, ataques psicológicos y violencia sexual. Consideramos como violencia sexual el acoso sexual, los manoseos forzados, la desnudez forzada, los insultos amenazas y humillaciones con contenido sexual; la violación, las relaciones sexuales no consentidas, cualquier intento insinuación o amenaza de violación, las mutilaciones sexuales; la esclavitud sexual, la prostitución forzada, la trata de personas; el embarazo forzado, el aborto forzado, la negación al derecho de usar contraconcepción o protegerse de enfermedades de transmisión sexual, la anticoncepción forzada, la esterilización forzada.

[5] Hace poco más de una década, durante la Guerra del Golfo de 1990-1991, los pilotos de los bombarderos estadounidenses pasaban horas viendo películas pornográficas para ponerse en forma con vistas a los bombardeos masivos que llevaron a cabo (vease The Washington Post, 26 de enero de 1991)... Semejante estrategia lleva a considerar a los iraquíes como mujeres y hombres afeminados a quienes los supermachos pilotos de bombarderos deben penetrar con sus misiles y bombas lanzados desde los aviones estadounidenses.

Joseph; Recuerdos Imperiales; publicado en Rebelión, 02-06-2004 (extraído de Gasteizkoak, Los Ejércitos Humanitarios y la Violencia Sexista Militar, Ed. Zapateneo, 2008)

[6] La guerra destapa lo peor que hay en muchos, porque fundamentalmente lo que se impulsa a hacer a una persona es a matar a otra. Entonces, si se la puede matar, ¿por qué no violarla?

Las enormes descargas de adrenalina que genera el combate liberan, como lo hace el alcohol en ocasiones, desinhibición, lo que hace que no respetemos determinadas reglas (...) Esas violaciones son algo inherente al conflicto y contra ellas se pueden hacer pocas cosas porque se podría elevar el nivel cultural de la tropa pero si se eleva demasiado lo mismo no combate.

Morales, Gustavo; analista en temas militares, director adjunto de la revista Defensa y profesor de la Universidad San Pablo, de Madrid. BBC Mundo, 22-06-2006 (extraído de Gasteizkoak, Los Ejércitos Humanitarios y la Violencia Sexista Militar, Ed. Zapateneo, 2008).

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